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tarike.Org

Este blog no es una declaración de principios. No es un canto a la solidaridad, ni a la multiculturalidad, ni a nada. No aspira a ser un estudio en profundidad sobre el país en el que vivo o del país del que procedo. No representa necesariamente lo que la organización a la que pertenezco piensa, ni la realidad objetiva del proyecto en el que trabajo. Este blog es sólo mi historia. Como la vivo y/o como la invento. Sólo eso. Mi percepción y la percepción de quienes me rodean, en su mayoría menores de edad. No es objetivo, y tal vez ni siquiera sea cierto, pero para mí es tan verdad como mi propia vida.

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dic 30

QUERIDOS REYES MAGOS

QUERIDOS REYES MAGOS:

Este año creo que he sigo bastante buena, y aunque a mí mis padres me ponían siempre un límite de tres regalos, este año me gustaría que me trajeráis algunos (pocos) más. Prometo no pedir nada imposible:

A la señora T. traedle algo de salud de una puñetera vez. Y una cama nueva, que se le ha descuajeringado la que tiene y duermen los cuatro en el suelo.

A S. traedle una mamá nueva que se preocupe por ella más que la que le vino de serie. Bueno, que he dicho que no iba a pedir imposibles. Traedle una conciencia a la mamá de S., entonces.

A la gente de Huesca que está bailando y haciendo un montón de cosas más por mi Santa Infancia, traedles sonrisas tan bonitas como las que la Santa Infancia me regala todos los días.

A T. traedle algo de esperanza y el amor que yo no supe darle. Porque está en la cárcel y ya no puedo preocuparme por él. Porque tengo miedo de que ni siquiera sepa que es Navidad.

A A. traedle un vestido con el que esté tan preciosa como yo la veo.

A la señora F. traedle otro hígado, u otro año de vida, u otra familia que pueda encargarse de sus cuatro hijos cuando ella ya no esté. Lo primero que encontréis en el pasillo de oportunidades del Ikea, vaya. Este regalo es muy, muy urgente.

A Brother House no le traigáis nada, porque ya sabéis que no suele aceptar regalos. Pero comparte la intención de esta lista.

A la madre de B. traedle el valor para decirle a su hijo que ha descubierto que tiene Sida, pero que piensa vivir muchos años todavía hasta que él sea mayor.

A M. traedle esas zapatillas de fútbol que tanto quiere.

A G. traedle todos los abrazos que nadie le ha dado jamás. Él no sabe que los necesita, pero ya veréis que si se los traéis se va a poner súper contento.

A M. quitadle los mocos que lleva siempre colgando. Y recordadle a su madre que no es un animal, y que hay que lavarlo.

A Y. traedle un cirujano que se atreva a colocarle hombro en su sitio, porque le gustaría volver a mover el brazo de nuevo.

A mi Santa Infancia, a todos, traedles la ropa que siempre quisieron. Unos vestidos maravillosos con los que dejen de parecer pobres.

A mí traedme mucha paciencia, la tercera temporada de Glee y la octava de Anatomía de Grey. Y la ilusión para esperar con todo mi corazón que la Noche de Reyes, Melchor, Gaspar y Baltasar paren en Mekanissa. Sigo mirando al cielo…

Y nada más. Un abrazo:

Kaktus

P.D: Y si no podéis llegar a todo, no os preocupéis. Ya lo haré yo.
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dic 13

THY WILL BE DONE

Hoy vamos a volver a hablar de religión, porque el tema política está como copao estos días, y a mí de pequeñita me enseñaron que lo poco gusta, pero lo mucho cansa. Educación General Básica.

Hace años visité en la ínclita Universidad de Navarra –aquí donde ustedes me leen, yo soy ex-alumni de tan magno centro- una exposición sobre la doctrina de mi paisano San José María. Como se puede imaginar, la exposición era rompedora como un concierto de Lady Gaga en Chueca: adoctrinamiento para fans y conversos.

Se recordaban varias frases del santo, entre ellas una que me llamó la atención. Decía más o menos así: “Dios te ha dado diez hijos, mujer. Afortunada tú, porque Él ha confiado en ti”. Por si tenías alguna duda acerca de la conveniencia de dedicar tu vida a la procreación de la especie, que sepas que no tienes tantas opciones, según determinadas personas.

Hace poco le explicaba yo a Brother House estos pequeños matices que la Iglesia Católica mantiene contra viento y marea en el tema de la salud reproductiva, puntualizando que, según nuestros jefes menos directos, cada vez que Dios envía diez hijos a una de las madres de la Santa Infancia, lo único que cabe es alegrarse. Y que como nos pillen haciendo algunas cosas que hacemos y diciendo algunas cosas que decimos, puede que no les guste un pelo. Brother House, que se fía bastante poco de mí, me respondió:
_ Hombre, esas ideas serían hace años. Tú es que te has quedado anticuada. Seguro que han cambiado de opinión.

No sé si la jerarquía católica es consciente, pero en ese pensamiento recurrente de “Dios lo quiere” o “es la voluntad de Dios”, coinciden con las madres de mi Santa Infancia: “Es la voluntad de Dios que yo tenga un tumor benigno que me ocupa media cara, por lo que no pienso ir al médico”, “si mi hijo acaba en la calle, será que es la voluntad de Dios”, “si la niña entra en un bunna-bet (prostíbulo) ”, -adivina-, “será que Dios lo quiere”. Aquí son muy de respetar la voluntad de Dios. Cuando les conviene. Porque si Dios insiste en su confianza ilimitada en tus capacidades, y te manda un sexto hijo, puede que no te apetezca, o que ya no puedas seguir su voluntad, y decidas abortar, y agonices durante una semana en casa hasta que por fin Dios te conceda la gracia de morir, dejando huérfanos a tus otros cinco hijos que serán internados separadamente en varias instituciones estatales de uno de los países más pobres del mundo. ¿Es esa la voluntad de Dios? Una cosa son renglones torcidos, y otra es no querer enderezarlos.

Cuando estas señoras empiezan a hablar de la voluntad de Dios, honestamente, me pongo de los nervios. A veces hasta las dejo solas en la oficina, y salgo a tomar el aire, lo que las desconcierta bastante. Cuando me calmo y vuelvo, les suelto: “Noticia: Dios me ha enviado a mí. Yo soy la voluntad de Dios”. Sin medias tintas.

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nov 24

QUE TE ALABEN LOS DJs

Dios me habla.

No, no son ese tipo de voces; y no, no contestaré a quien me pregunte en qué oído lo escucho.

Dios me habla a través de la radio. Me explico: un día, hace ya años, iba yo en un minibus. A mi lado tenía a una niña de unos diez años de la Santa Infancia que no paraba de toser. Concretamente, llevaba más de tres meses sin parar de toser. Además, en ese Qué Apostamos que en ocasiones es mi vida cotidiana (sin la Obregón, gracias al cielo), tenía que encontrar ese mismo día casa para un chaval terrible de unos quince años, que, por azares del destino, se había quedado sin sitio donde dormir.

Así iba yo rumiando mis desventuras y, como no podía hacer nada porque estaba en el bus, pues me puse a rezar. Yo es que soy católica. Y con poca personalidad, porque eso de rezar en los buses se me ha pegado de unas monjas muy lindas que nos quieren mucho. Y entonces, en mitad del barullo, el locutor etíope de la radio dejó de hablar y empezó a sonar una canción de Shakira: La Tortura, con Alejandro Sanz.

Y ustedes pensarán que, para provenir de Dios, el mensaje era bastante chabacano. Pues sí, pero el caso es que a mí me alegró el día. Y al final resultó que la niña no tenía tuberculosis –era sólo una pulmonía de ná- y, cuando volví a la misión, una de las trabajadoras tenía una habitación libre para acoger a la bestia sin techo.

Desde entonces voy súper atenta a las canciones de la radio. Específicamente, si estoy en el coche a esa hora, me pongo una especie de radio fórmula de canciones en inglés que transmiten en red varias emisoras del África, entre ellas la 102,1 de Addis, y donde a veces me ponen Rihanna y/o Katy Perry, o incluso canciones de la banda sonora de Glee.

Estos días, como voy en coche traficando con material escolar (la situación comercial en Etiopía no ha cambiado, y en vez de hacer compras parece que traficas), oigo mucho la radio, ergo Dios tiene cienes de oportunidades de mensajearme. Y me anima un web, porque todos los días me suena esto :

Todavía estoy trabajando en el desencriptado de los mensajes musicales, pero mientras tanto voy la mar de contenta, sobre todo después de la paupérrima calidad de la música predominante en la piel de toro este verano: Danza Kuduro, “Ayer la ví…”, y ya, porque no había nada más. Probé hasta a rezar en los bares, a ver si Dios se decidía a enviarme mensajes también en España, pero no funcionó. Lo de “si cierro los ojos fuerte, fuerte, cuando los abra el pesado ya no estará allí” tampoco funciona. Y lo de “si me concentro mucho podré hacer explotar los bafles con el poder de mi mente”, tampoco. Como se ve, mi vida intelectual en los bares es (era) de lo más intenso.

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nov 16

RESISTENCIA

Aprovechando que yo estaba de vacaciones, dos unidades (individuos) de la Santa Infancia decidieron ir a robar piezas de hierro a una fábrica de ventanas china que tenemos en las inmediaciones. Su plan estratégico era “nos han contado que no hay seveñás”. Por supuesto que había seveñás. Los seveñás de la fábrica los pillaron con las manos en la masa, y durante varias horas les dieron la del pulpo, hasta que los llevaron a comisaría, de allí al juzgado, y de allí a pasar ocho meses en la prisión de Kaliti.
Tras preguntar a ambas familias qué hacía falta para entrar a verlos en la cárcel –basta que lleves tu tarjeta de identidad, me dijeron-, nos fuimos un domingo de mañanita yo, la madre de L. y la hermana de M. a visitarlos.

Y allí estaba yo, ya casi dentro de la prisión, pasando los múltiples controles (“lo que usted está palpando se llama salva slip”), cuando apareció el aschekari de turno. Aschekari es una palabra que me encanta. Viene de chikir (o chekir, o cheker), que quiere decir problema, y puedes hacer lo que te dé la gana con ella: puedes conjugarla, aschekeraleu, y quiere decir “doy problemas”; en impersonal “aschekeral”, el problema no lo darás tú, que lo dará una situación o una cosa; y si eres un “aschekari”, es que eres un problemático. El clásico follonero.

Llega el militar:
_ Buenos días, ¿qué hace usted aquí?
_ Vengo a ver a esta persona –nombre de uno de los niños-, que está aquí- mi primer impulso era contestar, “nada, buscando una rave”, pero me contuve.
_ Pues no puede entrar.
_ ¿Por qué?- soy una utópica, lo sé. Pedir explicaciones coherentes.
_ Porque usted no es etíope- allí me dí cuenta de que el aschekari tenía estudios.
_ ¿Y…?
_ Pues que no puede usted entrar
_ ¿Por?
_ Porque usted no es etíope- y nos quedamos enganchados en el bucle como unos dos minutos, hasta que me dí cuenta de que la hermana y la madre de los chavales seguían esperándome, y les indiqué que fueran entrando y que, ya si eso, o nos veíamos dentro o las esperaba en el coche en unas dos horas.

Y allí elaboré un plan de acción. Tenía delante de mí dos horas en las que, o entraba en la prisión, o esperaba a las dos chicas. O me dedicaba a amargarles la mañana a los guardianes de la entrada, vamos, lo que viene siendo aschekerar (una cosa que me encanta hacer es conjugar verbos amáricos en español o italiano. Me río sola y todo cuando lo hago).

Así, solicité ver al responsable directo del aschekari:
_ Es que la oficina del coronel no está aquí.
_ Pues lléveme adónde está –y me llevó a otro recinto cerca.
_ Es que el coronel está ocupado
_ Pues lo esperaré
_ Es que igual tarda
_ Pues que tarde –y me quedé de pie delante de la puerta. Que la gente espere de pie es una cosa que a los etíopes les causa gran desazón. No sé por qué, pero es así. Si te sientas, desapareces. Si esperas de pie, es como si tuvieran un palo finito metido por el culo. No les duele, pero les molesta mucho, mucho.
_ Siéntese, por favor- y me señalaba un banco cercano
_ No gracias, estoy bien
_ Pero es que el coronel igual tarda
_ No se preocupe, que yo lo espero
_ Pero es que estaría más cómoda sentada
_ Pues estoy más cómoda de pie
_ Pero es que no se puede esperar en medio de la puerta
_ ¿Por qué?
_ Por si entra un coche
_ Si entra un coche, me apartaré
_ Pero es que no puede esperar aquí
_ Es la vía pública. Es de libre circulación.
_ Es que usted no está circulando, está parada.
_ Pues ya me muevo –y empecé a patrullar la parte exterior de la verja de lado a lado, lo que todavía puso al guardia más de los nervios -¿así mejor?

El militar cada vez estaba más angustiado, y a mí ya me estaba entrando la risa. Como se puede imaginar, en ese punto de la discusión, el corrillo de curiosos era ya bastante nutrido.

En estas estábamos (“vamos, mujer, no haga eso, siéntese”, “entiéndalo, no me siento”), cuando salió el coronel a explicarme el racismo reinante en todas las instituciones etíopes. Me repitió que yo no podía entrar porque no era etíope. Yo le enseñé mi tarjeta de identidad expedida por el Gobierno Federal de la República de Etiopía, donde no dice que el titular no pueda entrar a la cárcel. Él me contestó que mi embajada tenía que pedir oficialmente que se me permitiera entrar en la prisión. Yo le contesté que era una solemne tontería, sobre todo teniendo en cuenta que una de las chicas que iban conmigo había entrado ¡con el carnet de la biblioteca de su colegio! Me dijo que era una cuestión de nacionalidad. Yo le dije que era una cuestión de racismo. Él me dijo que fuera como fuese no me iba a dejar entrar y punto. Y se piró.

Allí, volví a quedar en manos del primer seveña. Como todavía me faltaba media horita para que mis chicas volvieran, elaboré un plan B:
_ Pues yo no me voy hasta que no me dejen entrar.
_ Pero ya ha oído al coronel
_ Pues aquí me quedo hasta que cambie de idea – amenacé – y me quedo de pie.
Allí volvimos a empezar la discusión sobre la vía pública, los derechos de cada quien, la comodidad de estar sentado… Treinta minutos donde el señor intentó, por este orden:
. Convencerme por las buenas de que o me fuera o me sentara
. Convencerme por las malas de que o me fuera o me sentara. “Si me pone un dedo encima, entonces sí que van a venir los de mi Embajada”, y ya no me puso el dedo encima.

Al final, salieron mis chicas. Me dijeron que los niños estaban bien y que ya podíamos irnos.
_ Bueno, pues adiós –le dije al seveñá
_ ¿Y ahora se va, así sin más?
_ Sí
_ ¿Y no se podría haber ido hace dos horas, sin más?
_ No, tenía que esperarlas.
_ Pues menuda mañana me ha dado.
_ Ya, es que no soporto estar sin hacer nada- cosa que es radicalmente cierta. Soy culo inquieto.
_ ¡Aschekari!
_ ¡Presente!
Cuando yo les contaba mis avatares a la Santa Infancia, ayudada por la hermana de M. que, de lo que había escuchado incluso dentro de la prisión dedujo parte de la diversión, se meaban de la risa, aunque no acababan de entender por qué no me había resignado a esperar pacíficamente sentada. Les expliqué que era una cuestión de principios: no podían decirme que no sólo por mi nacionalidad. Yo sólo quería una razón válida para no dejarme entrar. Me parecía que se estaban vulnerando mis derechos. Y se reían todavía más, con la sola idea de que a veces quedarse de pie es mejor que sentarse a esperar. Son gente de humor fácil, y en el fondo lo que les encanta es verme perder los nervios cuando lucho por ellos.

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nov 11

FEKER

Hay días en los que no creo mucho en la Iglesia Católica, especialmente cuando desde las esferas de poder de la misma emanan mensajes de intolerancia y falta de respeto hacia la gente que cree o ama cosas distintas. En cualquier caso, también considero que en muchas familias hay primos que a lo mejor te son menos simpáticos, pero que no por eso dejas de pertenecer a esa familia, por lo que al final me defino como católica practicante. Intento cuidar mi fe del mismo modo que intento cuidar mi pelo o el modo en que me visto, esto es, intentándolo cada día pero con escasos resultados en ninguno de los tres campos; y respeto profundamente a todos aquellos que no precisan de una fé que les dé fuerzas para luchar cada día por aquello que creen digno de ser combatido.

Mi jefe directo aquí es Brother House. Como su título indica, es una persona consagrada (tiene votos de castidad, pobreza y obediencia). Más allá de sus votos, Brother House es una persona de pocas palabras, convicciones sencillas y trabajo incansable. Hace tres años, cuando empezamos un proyecto con una agencia oficial de desarrollo, nos hicieron cienes de assesments, que son reuniones interminables donde entre cuatro y cinco personas te hacen miles de preguntas con la única intención de rellenar el correspondiente report-cuestionario. Bueno, no exactamente. Lo que quieren es ver en qué fallas y ayudarte a solucionarlo, pero en vez de preguntarte abiertamente cuáles crees que son tus carencias, pues te montan diez o doce reuniones que te apartan temporalmente de tu cotidiana lucha contra tus carencias, y que se limitan a concluir lo que ya sabías.

En este marco, nos hicieron un assesment sobre nuestras capacidades educativas, al que yo obligué a asistir a Brother Hourse. Metidos en harina, una de las preguntas era:

_ ¿Qué retos enfrentáis cotidianamente en el cuidado de vuestra Santa Infancia?- no dijeron “Santa Infancia”, pero sí utilizaron el término “retos”, porque en la Cooperación nunca “tienes problemas”, siempre “se te presentan retos”.

_ La desintegración familiar, la movilidad campo-ciudad, la violencia doméstica, bla, bla, bla –esta era yo, que me sé la lección de memoria. Todas las personas assesment rellenaban incasables las celdas de sus cuadros.

_ ¿Y qué tácticas ponéis en práctica para afrontar esos retos?- como se ve, el lenguaje sobrecargado en estas reuniones es parte fundamental de las mismas.

Y allí, misteriosamente, porque no suele intervenir, habló Brother House: _ Feker -, dijo. “Amor” –los queremos un montón-, completó. Y retornó a su mutismo.

Las personas assesment se quedaron blancas. Comenzaron a mirar sus cuadros con aparente desazón, sin saber muy bien dónde poner la palabra. Al final, tras cinco minutos de deliberación, alcanzaron un acuerdo: “Quiere decir ‘orientación tradicional’ (‘traditional counselling’ en inglés)”, y eso es lo que pusieron en el report. Y respiraron satisfechos. Cuando salimos, Brother House comentó lacónico que no pensaba venir a ningún assesment más, porque le ponen nervioso las personas que no quieren escuchar.

Esta anécdota me vino el otro día a la cabeza cuando a T. se le volvió a ir la pinza. Esta vez el pollo nos lo montó a mí y a Brother House, que no accedimos a una de sus pretensiones. Y así estuvo dando el coñazo todo el día, inmerso en una espiral de ira que alcanzó su punto álgido cuando, tras cinco minutos de descanso, volvió a enfrentarnos con un pedrusco gigante en la mano. Cuando lo vimos venir, directo hacia nosotros, yo le susurré a Brother House “¿el pedrusco crees que te lo comes tú o yo?”, a lo que él me respondió, también por lo bajini, “quietos, sólo tenemos que quedarnos quietos”. Tensión máxima, mientras yo lamentaba mis nulas habilidades como portera de fútbol.

T. alzó la piedra y la lanzó con toda la fuerza que pudo… encima del futbolín que estaba justo delante de Brother House y de mí, que quedó lo que viene siendo destrozao. Luego, se dirigió hacia mí e intentó pegarme, y Brother House se interpuso, y así T. empezó a empujar a Brother House, mientras el resto de mayores de la Santa Infancia le suplicaban que parara, y Brother House nos indicaba que era mejor no acercarse.

Y allí, en ese momento de caos, con T. empujando a House, que se dejaba hacer, quedándose quieto, sólo quieto, sin moverse un centímetro, sin decir nada, sólo intentando alcanzar los ojos de T., intentando entender su ira, pensé con aboluta claridad: “cuánto Amor desperdiciado”. Amor de ese raro, de ese incondicional, del que perdona siempre, aguanta siempre y espera siempre.

Después de dos horas de hablar con Brother House, T. se calmó finalmente y pidió perdón. A mí, de la angustia, me dio un subidón de adrenalina que me duró toda la tarde, y que, en el lado positivo, me hizo traducir la película con una brillantez que parecía el cine una reunión de Naciones Unidas. No me pude dormir hasta la una de la mañana, cuando conseguí dejar de hablar compulsivamente. Un poco como me está pasando en este post.

La Iglesia en la que yo creo es la Iglesia de Brother House, de nuestra Santa Infancia y de tanta otra gente que cada día intenta equilibrar de nuevo la balanza. La Iglesia que cada día sale al patio de recreo, a las calles del chabolerío, a los pasillos de los hospitales más guarros del mundo. La Iglesia que es capaz de mirar a nuestro T. como si todavía creyera que puede ayudarle. La Iglesia que nunca pierde la esperanza.

El domingo 22 de Octubre, la Iglesia Católica celebró el Domingo Misionero. Gracias a todos aquellos que rezaron y se acordaron de gente como Brother House.

P.D: Brother House es un Salesiano de Don Bosco, y el centro donde él y yo trabajamos pertenece a esta misma congregación.

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nov 06

TABLAS

Tenemos un grupo de teatro, formado por cuatro adolescentes de la Santa Infancia, que cada sábado representan algo para los más pequeños del centro. Y son la monda. En serio: llevo muchos años haciendo teatro con niños, y lo de estas chicas se sale de lo común. Son muy, muy buenas.

Normalmente, representan escenas de temática familiar, con temas que suelen repetirse de semana en semana: son familias monoparentales (niños que sólo tienen madre o viven con su abuela) o, en caso de haber un padre, es ese señor que en un momento u otro de la obra saca el bastón y pega a la fémina que tenga más a mano. Los niños de la familia se desmandan (se dan a las drogas, o faltan a la escuela, o se emborrachan, o roban) y al final siempre vuelven arrepentidos a su redil.

A mí la que más me gusta es A., que hace siempre papeles de komche: habla al teléfono gritando al auricular desde una distancia de varios centímetros, se lía al marcar, le habla a la televisión… También a veces hace de loca, y es muy graciosa porque le queda como muy auténtico. La semana pasada hizo de señora que iba a ver a su hijo a la cárcel, y se perdía dentro de la cárcel y hablaba con varios presos con historias bastante curiosas.

Colaboré una temporada con ellas, y de nuestro trabajo en común surgió La Abuela Karateka. Yo hacía de una abuela que criaba a varios nietos gamberros, que se metían en problemas. Cuando el problema parecía irresoluble, yo me transformaba en karateka (de joven había salido de mi Wello natal para limpiar en casa de Jackie Chan), y usando mi bastón de madera como katana, salvaba a mis nietos del macarra de turno. A los peques les fascinaba verme dar patadas con mi vestido verde hierba. Como yo hacía el papel de cateta, durante esos sábados A. se cambió de papel y hacía de mala.

La Santa Infancia se muere de la risa con A., y sus hermanas están súper orgullosas de ella. Le dije que un día debería traer a su madre, para que la vea crecerse encima del escenario, pero rechazó la idea de plano. Me dí cuenta de que había sido una mala idea: A. no interpreta a un komche cualquiera, interpreta a su madre. Y es su hermano el que lleva en la cárcel un mes. Y supongo que es a ella a la que le encantaría ser tan macarra como para que le diera todo igual, pero no puede.

Cuando era pequeña, A. también lloraba mucho. Sobre todo cuando su madre oía voces que no existían. Ahora ya no llora. Ahora hace teatro. Y lo hace mejor que nadie.

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oct 31

BANDERA

Hoy celebramos el día de la bandera. Si tenemos suerte, ustedes leerán esto después de Meskel, una vez que Míster K., ese poder en la sombra, vuelva de recorrerse Andalucía en bici. Como se ve, no soy la única que ha estado de vacaciones. Esto ya parece el suplemento dominical del País, donde no hay columnista que no se sienta en la necesidad de puntualizar que ellas escriben con quince días de anticipación, y que el mundo da muchas vueltas en quince días.

Como les digo, hoy hemos reunido a todos en el patio, la gente ha desfilado vestida de aranguadi-bicha-key (verde, amarillo, rojo), hemos cantado el himno nacional y todos tan contentos. Es una fiesta que el gobierno se inventó hace un par de años y que plantó en la última semana de Septiembre, que es una semana así como tonta, ya pasado el Año Nuevo y con Meskel aún por venir, y en la que, de no mediar el Día de la Bandera, a lo mejor habría hasta que trabajar.

A la Santa Infancia le asombra bastante mi escasez de orgullo patrio en lo referente a la cuestión simbólica. Léase: nunca me visto con los colores de mi bandera, que tampoco me parecen el colmo de la combinación cromatil. Y que viví en Pamplona cuatro años, y vestirte en cualquier combinación de rojo y amarillo te abocaba a convertirte en involuntaria protagonista de diversos tipos de expresiones de opinión ciudadana, ninguno de ellos placentero.

Para la Santa Infancia, lo de la bandera es súper necesario. Si les das a elegir tres colores del mundo mundial, hasta los niños de teta elegirán, por este orden, araguadi, bicha, key (verde, amarillo y rojo). Para lo que sea: un dibujo de una casa, la pintura para un muro o los colores de una camiseta.

Esta mañana les decía yo a los mayores que la identidad nacional es mucho más que los vivas a un trozo de tela, poniéndoles como ejemplo que, si tanto, tanto quieren a su país, cómo es que casi ninguno de los mayores de 18 años se molestó en ir a votar las pasadas elecciones. Me han contestado que no fueron a votar porque total iba a salir el mismo gobierno, y a ellos este gobierno les encanta. Tal cual.

Y allí hemos empezado con la discusión de “os encanta porque os tiene totalmente controlados y porque no habéis conocido otro”. Ellos saben que yo el alma de periodista todavía la llevo en mi interior (uno de esos lastres que atesoro), y hemos entablado una larga discusión sobre los medios de comunicación en Etiopía, poniendo ejemplos de cómo ven ellos ciertas noticias (percepción basada únicamente en lo que dicen los medios del Gobierno), y cómo veo yo la misma noticia (percepción ligeramente ampliada por mi macarrónico acceso a Internet).

Ellos están convencidos que a la comunidad internacional está exagerando la hambruna en Etiopía, y que realmente nadie quiere aflojar la pasta. Yo les he comentado que el acceso a la zona, hasta hace algunos meses, era bastante limitado (por el gobierno etíope, se entiende) y que en los últimos años las ONGs cada vez encuentran más trabas para trabajar aquí. Y que la pasta ya ha sido aflojada, pero que hay muchos intereses en juego, entre ellos los intereses del gobierno etíope.

Allí se han salido por la tangente, y me han dicho que debería volver al periodismo, porque, según ellos, tengo que ser una gran periodista (¡angelicos!). Les he cazado cuando les he dicho que ese gobierno que les encanta me expulsaría del país si yo me pasara al periodismo así, sin previo aviso. “Hombre, tampoco es tan raro que te expulsaran. Ni siquiera nos haces cantar el himno por las mañanas”. Si al final tendrán razón y todo….

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oct 16

TÍO MATT

A raíz de la muerte del señor Jobs, leí en un periódico que una de las grandes contribuciones del genio –más allá de discursos de graduación, brand names, manzanas u ordenadores súper cool -, fue el haber contribuido decisivamente a que “todos llevemos Internet en el bolsillo”. Todos, dear.

Este verano, llegué a casa extasiada después de mi vuelo El Cairo-Madrid. “No sabéis lo que he visto en el avión”, expliqué nada más llegar a mi familia, “había gente que tenía como una especie de pantallas súper planas donde miraban cosas. He echado un vistazo a una de ellas cuando mi vecino de asiento se ha ido al baño y ¡estaba leyendo un libro en PDF!”. “Ah, sí, se llaman tablets”, me respondieron escuetamente. Me sentí un poco como Matt el viajero de los Fraggle.

Siguiendo con el verano, en ese intento desesperado de integrarme en la sociedad actual que Míster K. realiza cada año, me dio un móvil más actualizado que el que tengo en Addis. El que tengo en Addis me costó unos 20 euracos al cambio, y el proceso de compra se desarrolló más o menos así:
_ Buenos días, quisiera el móvil más barato que tengan.
_ Pues éste. Cuesta 400 birr
_ Ah, qué mono. ¿Y qué tiene?
_ Linterna. Tiene linterna.

Míster K. me dio un móvil que no tenía linterna, pero que tenía pantalla táctil, Interné incorporada y cienes de aplicaciones. A los dos días, desesperada, volví a sacar del cajón mi móvil con linterna y lo encendí. Con la pantalla táctil no era capaz ni de descolgar el bicho ése. Mis amigas estaban empezando a acostumbrarse a comunicarse con perdidas, como cuando teníamos 25 años (a nuestros 15 el único que tenía móvil era Michael Knight en El Coche Fantástico).

Llevo años oyendo lo de la “brecha digital”, que a mí me sonaba a “yaya, no hace falta que pongas otro cubierto, que el señor del telediario no va a salir de la tele para sentarse a comer con nosotros”. Me hacía mucha gracia, esa gente que no sabía ni lo que era Facebook. Hace ya algunos años empecé a entender que en el lado oscuro de la brecha digital se encuentran todos los países que quedan sumidos cada vez más en esa densa ignorancia que supone el no tener acceso más que a una versión de la realidad, todos esos millones de personas que ni siquiera saben que existe un universo paralelo en el que todos tienen derecho a participar. Y este año he entendido que me hallo suspendida en mitad del barranco tecnológico: tengo este mi blog, sé lo que es Facebook, pero el sólo capricho del gobierno etíope puede dejarme sin voz en cualquier momento. Basta una reunión de la African Union para que todos mis privilegios tecnológicos se vean revocados radicalmente (no hay conexión para todos). Y empiezo a no entender muy bien de lo que habla la gente común (mi gente común del Primer Mundo) cuando hablan de estos nuevos modos de comunicarse.

Vamos, que yo en el bolsillo llevo el móvil (con linterna) y las llaves. A ver si un día de éstos me encuentro el Interné ese que el señor Jobs le proporcionó a todo (todo) el mundo…

P.D: Los comments sí los leo y me animan muchísimo. No los contesto porque me costaría light years (años luz)

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oct 10

YO VENGO DEL CAMPO

Nuestra niña Mariamawit finalmente no sabemos si se llamará Mariamawit. Papá Soltero apareció y, a sus tiernos veinte años, decidió cambiarle el nombre antes de desaparecer nuevamente. Estrategia guerrilla: golpea fuerte y desvanécete en el aire. Según él, Mariamawit se debería llamar Shewaye, que viene de la región de Shoa, que es donde se ubica Addis Abeba. La traducción de este nombre es: “como yo soy más de pueblo que una boina, quiero que todos sepan que mi hija ha nacido en Addis Abeba y será una ciudadana cosmopolita y panaafricana”. Otra traducción, en esta Etiopía llena de prejuicios y racismos, es “a la niña le tomarán el pelo por cateta durante toda la Primaria y la Secundaria hasta que, si llega a la High School, decida renunciar a su identidad y se cambie el nombre, y se ponga Mary, Helen, Samerawit, Selam (paz) o Niggist (reina), que se ve que son socialmente más aceptados”.

Lo mismo aplica para otros nombres como Ketama (que literalmente quiere decir “ciudad”); o nombres que se identifican con gente mayor como Turiye (“mi bien”), Tiliksew (persona grande), Belachew (que no tengo muy claro si quiere decir “me lo dijo” o “me pegó”), Gashaw (escudo); nombres de cosas típicas del campo como Godada (que es un tipo de grano, aunque no tengo muy claro cuál), o Masresha (cosecha); o con nombres demasiado comunes como “Habtamu” (rico) y todos sus derivados, o “Tiggist” (paciencia). A mí se me escapa un poco la distinción entre nombres cools y nombres no cools, pero la gente aquí la tiene bastante clara. Una muestra de ello es que nuestra M., a la sazón madre de la niña Mariamawit, se ha negado en redondo a aceptar lo de Shewaye, provocando el primer desencuentro en esta pareja circunstancial.

Y es que, a pesar de la pasión con que se viven las Semanas Culturales y de todos los orgullos patrios, los Komche son siempre Komche, y nunca son “señores” o “señoras”. Tú vas al mercado, compras un baúl de madera de veinte kilos, y no te llaman un “chico” para que te ayude a llevártelo. Te llaman un “komche”. Y cuando tu les puntualizas que el “komche” es un “chico” se te quedan mirando como diciendo “mira la lista, que no sabe ni siquiera qué es un komche”. Y uno esperaría que, ante estas acometidas, siguiendo el tópico del orgullo local, los komches se reafirmaran en su identidad, pero lo cierto es que no les gusta un pelo lo de ser komches. Y así queman sus vestidos verdes y sus pantalonetas, se ponen la primera camiseta del Barsa que pillan, se aprenden el estribillo de “Loca, loca, loca” (y eso que muchos no conocen la misteriosa conexión entre ambos elementos), y se creen que son más felices en la ciudad. Benditos ellos.

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oct 04

LAS QUE TIENEN QUE SERVIR

Tras un verano lleno de sorpresas tecnológicas –estoy sinceramente convencida de que los Iphone tienen una aplicación para criar niños del Tercer Mundo que podría hacer mi trabajo mucho mejor que yo y con menos gritos-, aquí que me tienen ustedes again.

A pesar de la gigantesca atención mediática dedicada por el mundo mundial a la emergencia somalí, aquí a lo que viene siendo el mainstream local, pues es una cosa que no le inquieta mucho. O por lo menos no la nombran demasiado. Como además en Addis Abeba llueve que es un gozo, la lógica conclusión es que si llueve en Addis, llueve en el mundo entero.

Lo que ahora copa la atención de las noticias es la revolución libia. Como siempre, a los etíopes lo que es la realidad del mundo se la suda bastante, pero cuando la cosa les afecta aunque sea de refilón, allí que vuelcan toda su atención y sentimientos.

Estos días, la gente no hace más que hablar de Shewaye . ¿Que quién es Shewaye? Pues Shewaye Mollah es una señora etíope que se fue a trabajar a Libia, a través de una de las numerosas agencias que contratan chicas etíopes para servir en casas en países árabes, y que acabó de sirvienta en casa de la mujer de uno de los hijos de Gadafi.

Resultó que en la nevera de esa casa faltaron galletas (¿quién coño mete galletas en la nevera? La señora del hijo de Gaddafi, por lo que se ve, que era modelo libanesa), y la señora acusó a Shewaye. Y no sólo la acusó, sino que para castigarla le echó encima una olla de agua hirviendo, desoyando vida a Shewaye. La chica se encuentra actualmente en un hospital de Trípoli, bastante desfigurada. Al parecer, David Cameron le ha ofrecido asilo en el Reino Unido. El gobierno etíope, por el momento no ha realizado ningún tentativo de repatriarla, con lo cual Shewaye sigue en Trípoli, concediendo entrevistas con bastante frecuencia.

La historia está en todos los medios de comunicación del país y ha servido, por lo menos, para que se empiece a reflexionar sobre las condiciones de vida de los miles de chicas etíopes que trabajan en países árabes como personal de servicio doméstico. Igual que en España en los noventa se “llevaban” las filipinas como señoras de la limpieza para familias bien, pues se ve que en el Oriente Medio (Líbano, Libia, Emiratos, Dubai…) se llevan las etíopes.

De nuestra Santa Infancia, ya hay dos que viven en Beirut. De la última que se fue todavía no sabemos nada, pero la chica que ya lleva unos años dice que la tratan medio bien. Hasta le dejan salir de la casa. Un señor libanés con el que me crucé en una fiesta, me dijo que la verdad es que la gente allí trata bastante mal a las etíopes, porque tienen fama de vagas y ladronas. Así me lo dijo el señor. Y que las encierran en las casas porque también tienen fama de levantar el vuelo cuando menos te lo esperas y dejarte con las chilabas sin planchar.

El hecho, por otro lado, es que a pesar de los racismos y prejuicios reinantes, la gran mayoría de etíopes (no todos, eso sí), darían medio brazo por vivir en un país extranjero. En el que fuera y haciendo lo que fuera. Para muestra, un botón de muestra: para la Jornada Mundial de la Juventud, la Diócesis de Addis Abeba mandó un grupo de 31 personas como representación. Su tour incluía una parada en Ginebra, una semana en Oviedo y la traca final en Madrid. Entre los participantes había abogados, trabajadores sociales y otros profesionales bien situados. La organización se quedó con los pasaportes en cuanto pisaron suelo europeo, precisamente para prevenir la tentación de quedarse rezando más de la cuenta en el Viejo Continente. A pesar de todas las precauciones, sólo volvieron quince. Entre las que volvió figura una amiga y compañera mía de trabajo, que quedó encantada con la acogida que le brindó la familia española con la que estuvo en Oviedo (¡gracias, Asturias!), y que me comentó que fueron perdiendo gente durante todo el trayecto. Gente que tenía un sueldo y un trabajo más que dignos, y que estarán ya malviviendo en España. Y espera, que todavía no ha empezado el invierno, porque se van a cagar.

Volviendo a Shewaye, por fin los etíopes han comprendido las bases de la revolución libia: si tratan así a la gente, como para no rebelarse. Y a lo mejor tienen razón.

P.D: De la emergencia somalí, todavía me estoy formando una opinión. Cuando haya empezado a entender algo, se lo comunicaré a todos ustedes.

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