_¡Kaktus, Kaktus!, ¡G. se ha sacado una lombriz del culo en el patio!
Una conversación que comienza así sólo puede mejorar. Me dirijo a comprobar el hecho denunciado. Efectivamente, en el fondo de una de las acequias de desagüe que bordean el patio, reposa el cuerpo sin vida de una lombriz blanca, de unos veinte centímetros de largo. La Santa Infancia y yo guardamos silencio ante los restos del animal.
_ Perdona -yo soy muy educada- ¿cómo coño te has sacado semejante serpiente del culo? – también soy muy clara hablando, porque el amárico tampoco lo domino tanto.
_ Se la he sacado yo -señala orgullosamente M.- Me he ganado un caramelo, ¿no?
_ No, te has ganado un lavado de manos en profundidad
_ No, no hace falta -replica- he cogido un papel del suelo para agarrarla
Las arcadas me recorren de pies a cabeza, y mientras superviso el correcto lavado de manos de G. y M., quién sabe por qué, me viene a la cabeza una canción que aprendí en el cole y que decía: “Mi corazón es una caja de música donde Dios colocó su canción”. Mientras pongo el piloto automático para comenzar la charla de “está totalmente prohibido sacarse cosas del culo los unos a los otros”, reflexiono (polivalente soy) sobre las diferencias culturales: mientras las niñas de colegio femenino católico crecimos convencidas de que nuestro interior albergaba un artefacto mecánico musical depositario de canciones celestiales, la Santa Infancia vive con un terrario en sus entrañas que les proporciona bastante más distracción que nuestra cajita de música católica.
A veces, yo sé que se me va la olla.
May 20


Desde luego es increible la cantidad de chorradas que te acuerdas de hace miles de años. Una canción en la que tu corazón hace música de Dios? ya nos podían haber enseñado un segundo idioma las monjas!!
Esto sólo podías redactarlo tú y conseguir que siga haciéndome tanta gracia como cuando me lo contaste la primera vez. Aunque también te digo que me has contagiado la arcada.
Me decido a escribirte, con pudor (es mi primera vez y soy tímida), por no ser esto un correo privado y porque no manejo las palabras tan bien como tú, con el único motivo de agradecerte los ‘retratos que pintas’, leer tus escritos me ha hecho reir hasta llorar. Cuando yo era joven los diarios tenían llave para que nadie leyera tus pensamientos íntimos (no servía de nada, tus hermanos forzaban el mini candado y gritaban a todos ¡Marisa tiene novio!), supongo que soy vieja para comprender que haya personas que decidan volcar el diario de sus vivencias en páginas de la web (lo justifican como un ansiolítico mientras llega la asignación de su hijo etíope, pero siguen escribiendo cuando han regresado de Addis…), así que cuando tras poner en el buscador ‘Etiopía’ me salió la página de Mama Etiopía me hice asidua lectora suya y a través de ellos llegue a este tu rincón que me ha refrescado las imágenes y sensaciones que dejaron impronta en mi hace 4 años. Es posible que en un par de semanas compartamos un tiempo/espacio en Addis a la que regreso por mi segundo hijo, o tal vez no, que aquello es muy grande pero seguro que si veo a una joven blanca (presupongo) seguida de un barullo de guajes no podré evitar recordarte. Espero no ofenderte si te califico de genial caricaturista de la vida etíope. Espero de todo corazón que seas feliz. Muchas gracias por las emociones que me has provocado. Gracias.