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Archive for the ‘Etiopia’ Category

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May 07

CAMINO A LA PERDICIÓN

Cuando uno comienza a trabajar en nuestro proyecto, sea como profesora, cocinera o voluntaria, atraviesa varias etapas. Los primeros días, la Santa Infancia te parece lo mejor que te ha pasado en la vida. A las pocas semanas, te desesperas profundamente porque son increíblemente desobedientes. Posteriormente, ante el caos que te rodea, como no puedes abarcar todo, decides salvar a C.

En los cinco años que hace que lo conozco -ahora tiene quince-, nunca he entendido la fascinación que parece despertar C. en los que lo rodean. Desde mi punto de vista -y estoy tratando de ser objetiva-, no es un chaval excepcionalmente simpático, ni demasiado educado, ni muy gracioso, ni muy guapo, ni, desde luego, muy inteligente.

Su historia es dura, pero no menos que otras muchas historias de otros miembros de la Santa Infancia. Su madre se piró de casa cuando C. tenía cinco años, llevándose a todos sus hijos, menos al pequeño C. (con los años, no podemos menos que pensar que a lo mejor tonta del todo no era la señora). C. quedó al cuidado de su padre, un borracho simpaticón absolutamente incapaz de cuidar de su hijo. Desde hace siete años, C. ha vivido en varias casas con familias de acogida. Su padre falleció en la indigencia hace unos tres años, motivo que aprovechó su madre para aparecer de la nada y reafirmarse en su determinación de no vivir con un hijo que, con el pasar del tiempo, ni la quería ni la necesitaba. O eso pensaba él.

C. ha sido, y es, uno de los niños más queridos y ayudados de nuestro centro. Hemos hecho de todo por él. Ha asistido a más actividades extraescolares que una niña de Puerta del Hierro: ha practicado kárate, aprendido algo de guitarra, piano y flauta, malabares, manualidades varias, teatro y baile moderno. Cuando lo expulsaron de la primera escuela, le compramos un pequeño rebaño de ovejas para tenerlo ocupado durante el día. Le construimos hasta una caseta en la que debía encerrar las ovejas al caer la tarde y que quedaba bajo su entera responsabilidad. Creo que es la vez que más emocionado lo he visto. Pegó una foto suya en una de las paredes de la caseta. En una esquina colgó un impermeable que le dimos y en la otra guardó las botas de goma que también le proporcionamos como parte de su indumentaria de trabajo.

Poco más de un mes después, una noche uno de los perros mató una oveja, porque C. había perdido la ilusión y pasaba de encerrarlas en la caseta. Y tengo que decir que el pastoreo fue la actividad en la que mostró mayor perseverancia.

Como digo, C. es el niño que todos hemos querido salvar. Y es que no hay nadie que no lo haya intentado, al menos, una vez. Es algo sobrenatural. De hecho, cuando haces tus primeras fotos de la Santa Infancia, al poco de llegar, te garantizo que C. sale en una de las diez primeras fotos. Hasta ahora, ha figurado ya en calendarios de cuatro asociaciones distintas. Incluso los niños de la calle de un proyecto cercano al nuestro, de los cuatrocientos miembros que componen nuestra Santa Infancia, prefieren sin duda a C. Ellos también piensan que nunca hemos sabido entenderlo ni apreciarlo.

C. ha sido ayudado por tres proyectos distintos. Ha vivido en cuatro casas diferentes, con gente que, realmente, intentó quererlo y ayudarlo. Ha sido expulsado de dos escuelas. Lo hemos pillado robando (robándonos, se entiende) cinco veces. Y siempre le hemos dado otra oportunidad. Lo único constante en su vida ha sido nuestro cariño y su decidida tendencia a tomar decisiones equivocadas en momentos inadecuados.

La última semana la ha pasado en la cárcel. Le rompió la pierna de una pedrada a otro chaval de su escuela. Un chaval con posibles -se ve- cuya familia denunció la agresión. Además, la primera vez que la policía lo llevó al cuartelillo, se escapó. Hemos dejado pasar varios días antes de pagar la fianza para ver si así aprende la lección. Y hemos ido a buscarlo para darle otra oportunidad. Otra más. Además, hemos contratado una psicóloga hace poco, y ella también ha decidido salvarlo.

Yo no sé que tiene, que no podemos dejar de intentarlo.

Abr 24

Y YO CON ESTOS PELOS

Vivir en Etiopía es bastante difícil. Y, si llevas el pelo corto, un poquito más difícil todavía. Supongo que por eso, hay muchos frenjis que cuando viven aquí se dejan y parece que estén permanentemente de camping: sin depilar y armados de complementos del Decathlon. Yo no. Yo saco lo mejor de mi misma en mi batalla cotidiana contra la desidia estética.

Si por la Santa Infancia fuera, yo me cortaría únicamente el pelo cuando empezara a tropezarme con él. No les gusta el pelo corto. Como mis amistades saben, durante mucho tiempo tiré de home made en lo que a estilismo capilar se refiere, pero no funcionó del todo (la Santa Infancia no es todo lo habilidosa que parece, y la Doctora sabe coser cabezas pero no arreglar el pelo que crece en ellas), y el año pasado me decidí a empezar a ir a la pelu.

Animada por La Doctora, nos fuimos a la armenia, que es una señora de Armenia (por si alguno lo dudaba) que tiene una peluquería enfrente del Gandhi Hospital donde va lo más granado del frenjerío local (esta palabra me la acabo de inventar, me temo). Mola bastante, en primer lugar porque tiene revistas de cotilleos en inglés, francés e italiano. Eso sí, son revistas del año del catacrac, con lo cual te tienes que conformar con ver a Lourdes María cuando todavía no tenía vello facial.

Lo mejor de la armenia, en cualquier caso, es la propia armenia, que es una señora que ha crecido en Addis y, mientras te corta y peina, te cuenta historias de la cuidad de hace mil años, en varias lenguas. Yo la oí hablar en francés, inglés, armeno e italiano, mientras recordaba cómo una vez intentaron mover el matadero de sitio y lo tuvieron que dejar ante el aluvión de serpientes que salían al remover los restos animales que hay alrededor, y que todavía hoy el visitante puede apreciar cuando pasa por Kera. Además, te sirve para enterarte un poco de los avatares de la comunidad armenia, que son un poco como lo judíos, que se han quedado esparcidos por todo el mundo.

Centrándonos en el terreno estético, la señora armenia está especializada en melena plisada con bucle al final, por lo que encuentra cierta dificultad -ella también- en los estilismos cortos, siendo los flequillos todo un desafío que no siempre solventa con éxito. Yo no salí descontenta del todo, porque me dejó un poco como la rubia de los Ángeles de Charlie. El problema es que llegué a casa y alguien me dijo que no parecía un ángel de Charlie, sino Camilla Parker Bowles. Y eso me dolió.

Con lo cual, la vez siguiente, la Doctora y yo nos encaminamos a Miki, una pequeña peluquería en frente del Club Griego, donde la dueña (que supongo que será Miki) sólo habla amárico. El resultado no fue malo (sobre todo teniendo en cuenta que cuesta tres veces menos que la armenia), pero, tras haber vuelto una segunda vez, tengo que decir que Miki es bastante independiente, y siempre me acaba plantando el estilismo “hongo nuclear”. Porque tú llegas a Miki y más o menos le dices lo que quieres, señalando los pósters de la pared. Como los pósters tienen pinta de ser de mediados de los ochenta, no escoges el que más te gusta, sino el que menos grima te da. Y luego Miki te hace el peinado “hongo nuclear” y a correr. Como esta vez se le fue la mano cortando -“esto te crece enseguida, ya verás”, me consoló ella misma- una vez que me deshice el hongo me ha quedado una cosa a medio camino entre Julie Andrews y Amelie. O eso creo yo. La Santa Infancia, como siempre que me corto el pelo, ya me ha dicho que estoy horrible. Me gusta la épica de las batallas perdidas.

Abr 03

EN EL NIDO DEL CUCO

Finalmente, nena, me he convertido en una asidua del Amanuel Hospital. Me gusta frecuentar los sitios más cool del momento. Vamos a ver a T. un día sí y uno no. Los días que no voy, me llama por teléfono a la noche para decirme que está bien y que no me preocupe. Es como tener un hijo de campamentos (supongo).

A fuerza de visitas, nos hemos hecho un pequeño círculo de selectas amistades entre los internos. Una de las cosas que más destaca es el buen nivel de inglés que exhiben la mayoría. Como ustedes pueden imaginar, en cuanto ven una frenji, se lanzan a practicar como locos gente que tiene muchas ganas de practicar el inglés. Hay uno que debe llevar allí la pera de tiempo, que sabe hablar francés, inglés, español e italiano, además del amárico. Me saluda todos los días en perfecto castellano:
_ Hola, ¿cómo está?
_ Bien, gracias, ¿y usted?
_ Bien también. Que pase un buen día.

Como dos jubilados.

Suelo ir por las tardes, cuando ya les han hecho efecto las drogas de la mañana. Están más tranquilos. Si voy por la mañana, necesito un seveñá al lado mío todo el tiempo, porque si no vienen todos a saludarme a la vez y no me dejan hablar con T.

El mejor amigo de T. ahí dentro se llama Miki, tiene 18 años, y afirma que hasta hace un par de meses era un buen estudiante de undécimo grado en una de las más prestigiosas escuelas de la ciudad. Yo no sé cómo sería hace dos meses, pero actualmente a Miki lo tienen de drogas hasta las cejas y se le cae la baba cuando habla inglés. Yo le digo que se atenga al amárico. Camina como un robot y le tiemblan las manos todo el tiempo. La semana pasada reunió las fuerzas necesarias para saltar el muro y pirarse, pero volvió al día siguiente por su propio pie. Con la Santa Infancia le hemos cogido cariño, y le hemos comprado una camiseta del Arsenal para Pascua.

Al lado del Amanuel Hospital está la iglesia del mismo nombre. T. me cuenta que, algunas noches, él y Miki se acercan hasta el muro, al lado de las cocinas, desde donde pueden ver la cruz que corona la iglesia. Y rezan. Rezan para que Dios vaya a buscar a sus ovejas perdidas. Y para que les devuelva la cordura.

Mar 25

COPING ETHIOPIA

Mis últimos días libres fueron aquellos que pasé en Nairobi, hace ya más de dos meses. Desde entonces, he trabajado como una china del Sol Naciente día sí, día también. ¿Por qué? Pues porque la Santa Infancia tiende a sabotear mis planes de descanso con artimañas tan pintorescas como fiebres tifoideas, apendicitis, pulmonías o el recientemente reseñado trastorno bipolar. Mira que oculto celosamente mis planes de fuga. Pues nada. En cuanto se huelen que me quiero pirar unos días, comienza a subirles la fiebre. Matemático. Hace algunos años pasé seis meses trabajando sin parar porque, después de varias carreras al hospital, ya llegó un momento en que me daba miedo siquiera hacer planes. Me daba cosa poner en riesgo su salud de esa manera.

Cuando cuento estas cosas, la gente me mira como con admiración. De verdad. Por eso las cuento. Es un círculo vicioso. Esa misma gente, una vez que se le pasa la admiración (2,5 segundos de media), me suele preguntar que de dónde saco la fuerza para seguir adelante día a día, así, como una Madre Teresa cualquiera (la comparación es mía). Y a mí me encantaría responder que me basta el amor que me profesa la Santa Infancia, que su cariño me sostiene y me alimenta, que no necesito nada más que el saber que me esperan para acudir a su encuentro. Pero sería un poquitín inexacto y un bastante mentira. Yo hay días que a la Santa Infancia la mandaría a tomar por saco y me quedaría tan ancha.

¿Que cómo hago para levantarme cada día, salir de mi estupendo edredón de plumas (imported, of course) y pasar diez horas preocupándome por cosas tan diversas como compras de material escolar, abusos a menores, fracaso escolar, inflamaciones de hígado y grupos de mujeres, por nombrar algunos de los temas que han llenado la jornada de hoy?

Pues yo, amigos todos, hay días que, cuando se pone el sol, me robo el proyector de la Santa Infancia, y con la recua de voluntarias que me ha tocado en suerte este año, me abro una cervecita, me preparo un mix de cacahuetes y pasas, y me veo a todo color en la pared del salón, en tamaño gigantísimo, dos capítulos de Anatomía de Grey. O de 30 Rock. O de House. O de Gossip Girl. Y me olvido de la Santa Infancia. Se me formatea el cerebro. Se me atonta el entendimiento justo lo necesario para sacudirme la niebla de tristeza que a veces nos envuelve. Y se me cae hasta la babilla, de lo relajada que me quedo. Y, ya si eso, al día siguiente me acuerdo de lo mucho que me quiere la Santa Infancia, y salgo de la cama para ir a su encuentro. Un día más.

Mar 23

SHINE A LIGHT

El viernes pasado, a T. se le encendió una luz. Y no sabemos cómo hacer para apagarla.

Descubrió que somos diferentes. Que hay pobres y ricos, hombres y mujeres, ángeles y personas, luz y sombra, mar y tierra, frenjis y abeshás, niños y adultos, perros y gatos… y así hasta el infinito. Se quedó atascado allí, en la diferencia. Y en Dios. Porque Dios nos ha hecho diferentes. Dios nos ha creado hombres y mujeres, pobres y ricos, frenjis y abeshás…

Como la ocasión lo merecía, el domingo fuimos a comprobar si hay urgencias en el Amanuel Hospital . Y mira, sí. Y allí nos dieron la llave del purgatorio en dos palabras: trastorno bipolar. Desde entonces, T. vive envuelto en luz. Una luz tan fuerte que no le deja dormir. Una luz tan fuerte que lo está cegando.

Alguien que quiso ayudarle le escribió esto en un papel:

“El Señor es mi pastor, nada me falta.
En verdes praderas me hace reposar,
me conduce junto a aguas tranquilas
y repone mis fuerzas.
Me guía por la senda del bien,
haciendo honor a su nombre.
Aunque pase por un valle tenebroso,
ningún mal temeré:
porque tú estás conmigo;
tu vara y tu cayado me dan seguridad
(…)
Tu amor y tu bondad me acompañan
todos los días de mi vida:
y habitaré en la casa del Señor
por días sin término.”

A veces se lo saca del bolsillo, y me lo lee en voz baja. Y luego me repite, “el Señor es mi pastor. No tengo miedo”. Y leo en sus ojos que está aterrado. Sólo que no se da cuenta. Dice que Dios le cambió la vida el viernes, y que le está muy agradecido. Y a mí, que cuando pasan estas cosas procuro no pensar demasiado en Dios, se me hace un nudo en la garganta, y miro hacia otra parte.

Antes del viernes, yo sé que T. me quería mucho. Ahora me quiere todavía más, y me lo repite quinientas veces al día. Hablamos durante horas. ¿Por qué soy pobre?, ¿por qué eres frenji?, el Señor es mi pastor, no tengo miedo, te quiero, no te preocupes, estoy bien, el Señor es mi pastor, estaré bien. Algo preocupada sí estoy, porque me siento completamente en sintonía con él. A él le pasa lo mismo, y así pasamos todo el día juntos.

La Santa Infancia ha cerrado filas, y lo protegen como buenamente pueden. Lo van a buscar a casa todas las mañanas y me lo traen. A la tarde, lo acompañan y le dan las pastillas antes de dormir. Es uno de los nuestros, y está sufriendo.

Mañana tenemos una nueva cita con el médico, y nos dirán si lo ingresan o no. Por si acaso, hoy le he puesto dos mudas en una bolsa, una toalla, una pastilla de jabón y un rollo de papel higiénico. Todos dicen que es mejor que lo ingresen, que no podemos hacernos cargo, que no puedo protegerlo y controlarlo 24 horas al día, que es una bomba de relojería, que tengo 400 niños más a los que también tengo que proteger. Y yo no sé si tienen razón o no, pero cuando he salido con la bolsa y los ojos cargados de lágrimas, T. me ha abrazado: “Piensas demasiado en mí”, me ha dicho, “el Señor es mi pastor, Dios me quiere, no pienses, no te preocupes”.

Es verdad. Dios lo quiere. Dios nos ha creado. Ricos y pobres. Frenjis y abeshás. Enfermos y sanos.

Cuerdos y locos.

Hay días que llegas a casa, y sólo tienes ganas de llorar.

Mar 13

RADIO ESCUCHA

Últimamente me ha dado por escuchar la Afro FM cuando voy en coche. Es una radio etíope que emite en inglés. El grueso de la programación la compone música estadounidense, normalmente pop o rap (más rap que pop). A mí la musiquilla que ponen me da bastante asquillo (mis allegados saben que, en el terreno musical, soy difícil de complacer), pero la escucho porque las locutoras me fascinan. Son chicas etíopes que intentan hablar un inglés tipo Jenny-from-the-block, muy suburbial, pero no lo acaban de conseguir del todo. Las que hablan por el día dan bastante el pego, pero, cuando el sol cae, se ve que dan vía libre a las que todavía están acabando el CCC y las pobres hacen lo que pueden.

Además de la musiquilla, la radio debe estar patrocinada por Naciones Unidas o something like that, porque tratan también temáticas concienciadas. Por ejemplo, la locutora de esta mañana, se ha marcado un rap sobre la mortalidad materno-infantil que me ha dejado muerta del susto. No mother should dye while giving life. Yeah.

Además, tienen perfil en Facebook e intentan hacer debates en los que los oyentes pueden participar a través de Facebook o enviando sms. El otro día la chica intentó hacer un debate titulado -lo juro- “raping and tradition”. El argumento a debatir era si los oyentes pensaban que era correcto la tradición presente y practicada en muchas etnias etíopes de raptar a una chica, violarla y luego, ya si eso, arreglarse con la familia y casarse. Teniendo en cuenta que la participación llegaba a través de Facebook y móviles, pues uno pensaría que vaya tontuna debatir con gente de clase media-alta una cosa tan evidente. Pues no. El pueblo etíope nunca deja de sorprenderte. Hubo mensajes del tipo “es una tradición y forma parte de nuestros valores, y son los americanos y extranjeros en general que nos quieren despojar de nuestras tradiciones”. Es verdad que hubo muchos más mensajes en contra de la violación, pero el hecho es que hubo mensajes a favor de perpetuar la tradición por el simple hecho de ser éso, una tradición. No fui yo la única sorprendida, porque la locutora llegó un momento en que casi se hecha a llorar. C’mon, men.

Ese mismo día, por la noche, el debate era más light. Era sobre peleas en los bares. La locutora se pasó una hora de reloj explicando por qué está feo pegarse en los bares, repitiendo incansable que, si te pegas en un bar, corres el riesgo de desconcentrar al DJ y la fiesta se va al garete. Esto es otra cosa que tienen, que estiran los temas un poco demasiado. Y que a veces las locutoras van cortitas de argumentos de peso en torno a los temas.

Para que no se diga que yo critico por criticar (es verdad, pero no es lindo que me lo echen en cara), aquí va la propaganda: la Afro FM se puede escuchar en el 105.3 en Addis. En el gueter, para variar, no tengo ni la más remota idea, pero me da de que no se escucha. Tienen página web apañá (yo nunca he conseguido abrirla del todo, pero lo poquito que entreveo me parece bastante fashion) y el susodicho perfil de Facebook. Ahí queda.

Mar 10

Boquita de Piñón

La Santa Infancia tiene un punto de oscuridad caracterial que resulta bastante inquietante. Por otro lado, es verdad que siempre decimos que nuestro centro es como una gran familia, y, en esta línea, resulta bastante gratificante ver cómo nuestros pupilos se insultan y se pegan como buenos hermanos. Y así, fruto de mis largas horas de recreo, hoy les traigo un elenco de lo más granado en lo que a insultos y exabruptos en amárico se refiere.
. Balegué: Yo lo traduzco como desgraciado. Es un insulto bastante insultante, que lo llevan siempre colgando del labio. Vamos, que les sale muy espontáneo, muy natural. Como un yogur con bífidus activo. Pero con afrenta.
. Moñ: Éste es más suave. Quiere decir “tonto”. Una cosa que digo mucho y que la Santa Infancia identifica como una muletilla mía, es “ye moñoch buden, sefi neu”, que quiere decir “el equipo de los tontos es amplio”. Así, les doy a entender que yo los quiero a todos por igual, en toda su tontería.
. Wusa: Perro. Muy común. Y muy feo.
. Yekomata liy: Literalmente, “hijo de leproso”. Resulta bastante extraño lo frecuentemente que lo usan, teniendo en cuenta que un porcentaje bastante significativo de ellos son, efectivamente, hijos de leprosos. Yo pensaba que era un modo de autoafirmarse, pero no. Es un improperio. Aunque seas hijo de leproso.
También se usa komata (leproso), sin la precisión de ser “hijo de”.
. Chekañ: Cruel. En amárico también queda bastante fino, por lo que no lo usan mucho.
. Afer bela/ Afer Bey / Afer belú: Literalmente “come (o comed) tierra”. Sería un “vete a tomar por culo”, pero interculturado.
. Men agebah/ Men agebash: Literalmente, “¿qué tienes tú que ver?”. Traducido y adaptado: “¿a tí qué coño te importa?” Pues eso, que no es asunto tuyo y ya. Pero no es bonito que te lo digan así.
. Gurreña: Creído, macarra, chulo pera.
. Dedeb: Estúpido, no inteligente.
. Kofo: Cabeza hueca.
Y hasta aquí los más normales que entiendo yo. Paso a la parte gore, recabada ex profeso para este post entre mis informantes:
. Enat tibeda: Mecagüentuputamadre. O al menos así lo traduzco yo. La Santa Infancia me ha dicho que quiere decir “mother fucker”. Dí que sí.
. Shale, buda o shermuta: Ambas tres puta, ramera y/o zorra. Con saña.

Y ya, que se me está poniendo mal cuerpo. Lógicamente hay más, pero no los conozco. Ni ganas, mire usted.

Feb 26

DICES

Dices que ya no te quiero. Que hago caso a todos menos a ti. Que quiero a todos menos a ti. Que nunca te hemos entendido. Que nunca te hemos ayudado. Gritas que estás solo. Que no tienes a nadie. Lloras y dices que me odias. Que nos odias a todos.

Y yo me callo. Me callo todas las veces que caíste y te levanté. Me callo la vez que, mientras intentaba que no te mordieras la lengua, me preguntaba cuán profundo podías hundirte sin dejar de vivir. Me callo la vez que te recogí, como a un perro, y te cargué hasta el centro. Me callo que a lo mejor tienes razón, pero no tanta como crees.

Sé que es cuestión de tiempo. Sé que volverás a caer. Que volveré a correr a tu encuentro. O que volverán a traerte a mí. Roto. Desmadejado. Vencido. Y, cuando abras los ojos, cuando te despiertes, estaré otra vez allí. Y entonces, lo sé, volverás a quererme.

A veces, ¿sabes, D.?, a veces me gustaría que pudieras, de verdad, dejar de quererme. Que fueras libre. Que no me necesitaras.

Feb 23

MI MOMENTO

Mi momento preferido del día es después de comer, cuando vuelvo al porche donde todavía está comiendo la Santa Infancia. Me siento en el lavadero de metal donde lavan su ropa los fines de semana. Las piernas me cuelgan en el borde, sin tocar el suelo, y el metal me calienta el culo. El sol me da en la cara, y M. (19 años) se sienta a mi lado y me da conversación. A veces me dice que estoy tan guapa que parece que me voy a morir, que es una expresión que ella asegura que es muy etíope, pero que yo creo que se la ha inventado. Sabe que me hace gracia, y nos reímos las dos. Algunos de los pequeños se acercan, y se acomodan entre mis piernas, pero como también ellos han acabado de comer, pues también son felices y no se pegan ni discuten. Comienzan a llegar los del segundo turno de comida, y pasan a mi lado saludándome. Y tampoco se pegan ni discuten, porque están concentrados en su próxima comida.

Es mi pequeño momento de paz. El momento donde todo encaja: el sol, el calor del metal, la Santa Infancia que me acaricia el pelo, M. que me cuenta alguna gracieta, alguien que me da un trozo de pan o un macarrón de su plato, alguien más que me da la mano o me abraza al pasar… Soy feliz. Sin más . Cada día, a esa hora, soy feliz.

Feb 19

SHOPPING INDUSTRIAL

Aprovechando que estaba por aquí el Chaval Que Ya No Vende Bragas (uno de nuestros pintorescos voluntarios), decidimos instalarnos un sistema de sonido en el teatro, no vaya a ser que venga Shakira y nos pille con el culo al aire. Este tipo de decisiones las tomamos sin pensarlas mucho, porque si no, nos vendrían angustias y no haríamos nada. ¿Por qué? Porque, si comprar bricolage es ya una aventura en sí mismo, comprar material especializado de cualquier tipo (sanitario, eléctrico, informático…) es como un recorrido por los Siete Infiernos de Dante. Así, sin exagerar.

Si llegas a la tienda antes de las nueve y media de la mañana, encontrarás únicamente al chico que limpia y abre la verja (es una persona multifuncional), aunque el horario de apertura colgado en la puerta especifique que la actividad comercial comienza a las ocho. Cuando la Sales Manager de turno aparezca (aquí nadie es dependienta, aquí todas son Sales Managers), descubrirás en aproximadamente dos minutos que no tiene ni idea de lo que está vendiendo. Básicamente, repite un mismo concepto continuamente, dando igual lo que le preguntes:
_ Estos altavoces, ¿se pueden conectar en paralelo?
_ Van conectados al amplificador, que admite hasta cuatro altavoces
_ Ya, pero, además, ¿se pueden conectar en paralelo?
_ Van conectados al amplificador, que admite hasta cuatro altavoces
_ Ya, ya sé que se conectan al amplificador, y que puedo conectar hasta cuatro altavoces (por si además de Shakira, se planta aquí Celine Dion), mi pregunta es, y le pido por favor que me escuche, ¿se pueden conectar en paralelo?
_ Esto… siéntese y le traigo un café

Esto lo hacen mucho. Cuando no saben qué decir, te ofrecen un café. Yo suelo rechazarlo, en un vano intento de acortar mi permanencia en la tienda. Y porque sólo me falta ponerme más nerviosa.




Las tiendas etíopes presentan siempre un overbooking de dependientes, de los cuales sólo uno sabe realmente lo que se está vendiendo. El problema es que esa persona que sabe lo que se vende no suele estar en la tienda, por lo que tienes que volver otro día, cuando esa persona esté. “Es que él es el profesional”, te explican. ¿Y los otros cinco qué sois? ¿Plantas de interior? En este punto, la sensación es de que allí nadie tiene mucho interés en venderte nada. Lo lógico sería irte a otra tienda, pero coincide que, normalmente, lo que quieres y de la marca que lo quieres, sólo lo venden en esa tienda en toda Addis. Así de rarita eres tú. Y tienes que volver otro día, cuando esté el enterao.

Y luego, cuando por fin consigues comprar todo y te vas a tu casa a montar lo que has comprado, comienza el crucigrama: ¿dónde está el error? Porque, para hacer tu vida más amena, rara vez te venden todo bien. Siempre hay alguna tara, alguna cosa que se han olvidado, y que convierte tus jornadas en un rompecabezas sin fin. En el caso del equipo de sonido, la terminación de los cables que unían el amplificador con los altavoces estaba conectada en el canal incorrecto. Dos días para descifrar el enigma.

En los últimos tiempos, cuando acometes este tipo de trabajos, tienes también a la China en tu contra. Porque, a nada que quieras instalar, necesitarás cables, tornillos, tuercas, clavos, clavijas… y, actualmente en Etiopía, todas esas cosas, o las compras Made in China, o las compras a precio de perfume de Calvin Klein. O haces como yo, que te compras primero las Made in China para ahorrarte dos duros y, cuando todo se te deshace en las manos, te vas a comprar los tornillos de Calvin Klein. Yo metería en un contenedor todas las cosas rotas antes de usar (clavos, interruptores, destornilladores, enganches…) y las mandaría de vuelta a la China. Que se jodan y gestionen ellos sus residuos.

Y así, después de un par de días, tienes tu sistema de sonido montado. Y, cuando los pequeños de la Santa Infancia se marchan por la tarde, entras en el teatro y te pones esta canción a todo volumen. Y se oye perfecta. Tan perfecta que los mayores la escuchan desde fuera, y entran a ver qué pasa, y se quedan estupefactos de lo bien que se oye, y nos ponemos todos a saltar como locos en el centro del salón, con una euforia que no parece nuestra, que parece robada.

Ya puede venir Shakira cuando quiera. Hasta un café le daríamos, mira.

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