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Posts Tagged ‘Santa Infancia’

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Jun 15

CÚRALO

Dicen que rula por el bosque del barrio. Dicen que ya no tiene la cabeza en su sitio. Él lo explica más sucintamente: “Me fumé todo lo que se podía meter en una botella de plástico”. Punto pelota.

Mis niños L. y M. ya están fuera de la cárcel. Los ocho meses pasados en chirona les han abierto un mundo de posibilidades desconocidas hasta el momento. Concretamente, el mundo de las drogas, que aquí hasta hace unos años era limitadito, pero que se ve que la gente se ha puesto las pilas y le está echando bastante imaginación: gasolina, disolvente, y todo lo que te quepa en la susodicha botellita, con la que te fabricas una cachimba o shisha casera. Muy Bricomanía.

Nuestros elementos empezaron con el consabido hachis, y cuando se acabó el hachis, pues se dieron a la improvisación. Ocho meses después, a L. se le cae la babilla de vez en cuando y se queda atascado en pensamientos obsesivos tipo “tengo que ir al Tzebel” o “yo quiero ir a la Universidad”. Duerme gran parte del día y, cuando sale de casa, rula por el bosque. Dicen que habla solo. Yo pasé dos horas intentando hablar con él, pero no saqué nada en claro. He vuelto varias veces con idéntico resultado, y esta semana volveré otra vez. La gente me dice que lo deje correr, pero la gente no sabe que K., su hermano pequeño, vino y me dijo que fuera a su casa: “Cúralo”, me dijo, “haz que vuelva a ser el de antes”. Sólo que L. no está enfermo. Y que nunca volverá a ser el de antes.

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Feb 09

TU ESPALDA

La imagen de tu espalda, M. me persigue desde hace unos días. Las marcas, los moratones, las cicatrices. Me cuentas que perdiste los zapatos, y mamá se enfadó mucho. Tú no lo sabes, M., pero tu madre a un perro no se atrevería a pegarle así. Porque un perro se revuelve. Tú prometes no volver a perder los zapatos. Yo prometo sacarte de esa casa en cuanto tenga oportunidad y en cuanto sepa adónde llevarte.

Vamos a varias oficinas, y a ti te encanta el viaje porque casi nunca vas en coche. Ahora te estás acostumbrando, porque raro es el día que no voy a gritarle a tu madre, y, ya que estoy, te llevo a casa en coche. Tú no lo sabes, pero lo he intentando todo. Cuando cierro la puerta de korkoró* para que no me oigas, intento explicarle a tu madre que no eres tonto, porque no lo eres. Le digo que aprendes bien y rápido, que te gusta el cole y que la quieres mucho. Y que si te vuelve a poner la mano encima le mando los policías. Tú no lo sabes, pero entonces ella me contesta “pues que se lo lleven los policías”.

Volvemos de las oficinas, y sigo con muchas preguntas y pocas respuestas. Decido documentar todo con fotos, mientras me muerdo la rabia, porque no entiendo por qué ella no puede quererte sólo la mitad de lo que yo te quiero, porque no puedo entender que no se dé cuenta de lo listo, lo gracioso y lo guapo que eres. Porque tienes cinco años y la espalda llena de líneas moradas. Te pegó con un bastón.
_ ¿Por qué me haces fotos?- me preguntas
_ Para que no se me olvide

Y entonces haces lo que siempre haces cuando no entiendes algo, lo que siempre haces cuando te saco una foto: sonreír.

Tú no lo sabes, M., pero tu madre no te quiere.

*Korkoró, además de una palabra la mar de sonora, en amárico designa la lámina de metal con la que se construyen las casas donde nuestra Santa Infancia malvive.

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Nov 11

FEKER

Hay días en los que no creo mucho en la Iglesia Católica, especialmente cuando desde las esferas de poder de la misma emanan mensajes de intolerancia y falta de respeto hacia la gente que cree o ama cosas distintas. En cualquier caso, también considero que en muchas familias hay primos que a lo mejor te son menos simpáticos, pero que no por eso dejas de pertenecer a esa familia, por lo que al final me defino como católica practicante. Intento cuidar mi fe del mismo modo que intento cuidar mi pelo o el modo en que me visto, esto es, intentándolo cada día pero con escasos resultados en ninguno de los tres campos; y respeto profundamente a todos aquellos que no precisan de una fé que les dé fuerzas para luchar cada día por aquello que creen digno de ser combatido.

Mi jefe directo aquí es Brother House. Como su título indica, es una persona consagrada (tiene votos de castidad, pobreza y obediencia). Más allá de sus votos, Brother House es una persona de pocas palabras, convicciones sencillas y trabajo incansable. Hace tres años, cuando empezamos un proyecto con una agencia oficial de desarrollo, nos hicieron cienes de assesments, que son reuniones interminables donde entre cuatro y cinco personas te hacen miles de preguntas con la única intención de rellenar el correspondiente report-cuestionario. Bueno, no exactamente. Lo que quieren es ver en qué fallas y ayudarte a solucionarlo, pero en vez de preguntarte abiertamente cuáles crees que son tus carencias, pues te montan diez o doce reuniones que te apartan temporalmente de tu cotidiana lucha contra tus carencias, y que se limitan a concluir lo que ya sabías.

En este marco, nos hicieron un assesment sobre nuestras capacidades educativas, al que yo obligué a asistir a Brother Hourse. Metidos en harina, una de las preguntas era:

_ ¿Qué retos enfrentáis cotidianamente en el cuidado de vuestra Santa Infancia?- no dijeron “Santa Infancia”, pero sí utilizaron el término “retos”, porque en la Cooperación nunca “tienes problemas”, siempre “se te presentan retos”.

_ La desintegración familiar, la movilidad campo-ciudad, la violencia doméstica, bla, bla, bla –esta era yo, que me sé la lección de memoria. Todas las personas assesment rellenaban incasables las celdas de sus cuadros.

_ ¿Y qué tácticas ponéis en práctica para afrontar esos retos?- como se ve, el lenguaje sobrecargado en estas reuniones es parte fundamental de las mismas.

Y allí, misteriosamente, porque no suele intervenir, habló Brother House: _ Feker -, dijo. “Amor” –los queremos un montón-, completó. Y retornó a su mutismo.

Las personas assesment se quedaron blancas. Comenzaron a mirar sus cuadros con aparente desazón, sin saber muy bien dónde poner la palabra. Al final, tras cinco minutos de deliberación, alcanzaron un acuerdo: “Quiere decir ‘orientación tradicional’ (‘traditional counselling’ en inglés)”, y eso es lo que pusieron en el report. Y respiraron satisfechos. Cuando salimos, Brother House comentó lacónico que no pensaba venir a ningún assesment más, porque le ponen nervioso las personas que no quieren escuchar.

Esta anécdota me vino el otro día a la cabeza cuando a T. se le volvió a ir la pinza. Esta vez el pollo nos lo montó a mí y a Brother House, que no accedimos a una de sus pretensiones. Y así estuvo dando el coñazo todo el día, inmerso en una espiral de ira que alcanzó su punto álgido cuando, tras cinco minutos de descanso, volvió a enfrentarnos con un pedrusco gigante en la mano. Cuando lo vimos venir, directo hacia nosotros, yo le susurré a Brother House “¿el pedrusco crees que te lo comes tú o yo?”, a lo que él me respondió, también por lo bajini, “quietos, sólo tenemos que quedarnos quietos”. Tensión máxima, mientras yo lamentaba mis nulas habilidades como portera de fútbol.

T. alzó la piedra y la lanzó con toda la fuerza que pudo… encima del futbolín que estaba justo delante de Brother House y de mí, que quedó lo que viene siendo destrozao. Luego, se dirigió hacia mí e intentó pegarme, y Brother House se interpuso, y así T. empezó a empujar a Brother House, mientras el resto de mayores de la Santa Infancia le suplicaban que parara, y Brother House nos indicaba que era mejor no acercarse.

Y allí, en ese momento de caos, con T. empujando a House, que se dejaba hacer, quedándose quieto, sólo quieto, sin moverse un centímetro, sin decir nada, sólo intentando alcanzar los ojos de T., intentando entender su ira, pensé con aboluta claridad: “cuánto Amor desperdiciado”. Amor de ese raro, de ese incondicional, del que perdona siempre, aguanta siempre y espera siempre.

Después de dos horas de hablar con Brother House, T. se calmó finalmente y pidió perdón. A mí, de la angustia, me dio un subidón de adrenalina que me duró toda la tarde, y que, en el lado positivo, me hizo traducir la película con una brillantez que parecía el cine una reunión de Naciones Unidas. No me pude dormir hasta la una de la mañana, cuando conseguí dejar de hablar compulsivamente. Un poco como me está pasando en este post.

La Iglesia en la que yo creo es la Iglesia de Brother House, de nuestra Santa Infancia y de tanta otra gente que cada día intenta equilibrar de nuevo la balanza. La Iglesia que cada día sale al patio de recreo, a las calles del chabolerío, a los pasillos de los hospitales más guarros del mundo. La Iglesia que es capaz de mirar a nuestro T. como si todavía creyera que puede ayudarle. La Iglesia que nunca pierde la esperanza.

El domingo 22 de Octubre, la Iglesia Católica celebró el Domingo Misionero. Gracias a todos aquellos que rezaron y se acordaron de gente como Brother House.

P.D: Brother House es un Salesiano de Don Bosco, y el centro donde él y yo trabajamos pertenece a esta misma congregación.

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Nov 06

TABLAS

Tenemos un grupo de teatro, formado por cuatro adolescentes de la Santa Infancia, que cada sábado representan algo para los más pequeños del centro. Y son la monda. En serio: llevo muchos años haciendo teatro con niños, y lo de estas chicas se sale de lo común. Son muy, muy buenas.

Normalmente, representan escenas de temática familiar, con temas que suelen repetirse de semana en semana: son familias monoparentales (niños que sólo tienen madre o viven con su abuela) o, en caso de haber un padre, es ese señor que en un momento u otro de la obra saca el bastón y pega a la fémina que tenga más a mano. Los niños de la familia se desmandan (se dan a las drogas, o faltan a la escuela, o se emborrachan, o roban) y al final siempre vuelven arrepentidos a su redil.

A mí la que más me gusta es A., que hace siempre papeles de komche: habla al teléfono gritando al auricular desde una distancia de varios centímetros, se lía al marcar, le habla a la televisión… También a veces hace de loca, y es muy graciosa porque le queda como muy auténtico. La semana pasada hizo de señora que iba a ver a su hijo a la cárcel, y se perdía dentro de la cárcel y hablaba con varios presos con historias bastante curiosas.

Colaboré una temporada con ellas, y de nuestro trabajo en común surgió La Abuela Karateka. Yo hacía de una abuela que criaba a varios nietos gamberros, que se metían en problemas. Cuando el problema parecía irresoluble, yo me transformaba en karateka (de joven había salido de mi Wello natal para limpiar en casa de Jackie Chan), y usando mi bastón de madera como katana, salvaba a mis nietos del macarra de turno. A los peques les fascinaba verme dar patadas con mi vestido verde hierba. Como yo hacía el papel de cateta, durante esos sábados A. se cambió de papel y hacía de mala.

La Santa Infancia se muere de la risa con A., y sus hermanas están súper orgullosas de ella. Le dije que un día debería traer a su madre, para que la vea crecerse encima del escenario, pero rechazó la idea de plano. Me dí cuenta de que había sido una mala idea: A. no interpreta a un komche cualquiera, interpreta a su madre. Y es su hermano el que lleva en la cárcel un mes. Y supongo que es a ella a la que le encantaría ser tan macarra como para que le diera todo igual, pero no puede.

Cuando era pequeña, A. también lloraba mucho. Sobre todo cuando su madre oía voces que no existían. Ahora ya no llora. Ahora hace teatro. Y lo hace mejor que nadie.

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Oct 31

BANDERA

Hoy celebramos el día de la bandera. Si tenemos suerte, ustedes leerán esto después de Meskel, una vez que Míster K., ese poder en la sombra, vuelva de recorrerse Andalucía en bici. Como se ve, no soy la única que ha estado de vacaciones. Esto ya parece el suplemento dominical del País, donde no hay columnista que no se sienta en la necesidad de puntualizar que ellas escriben con quince días de anticipación, y que el mundo da muchas vueltas en quince días.

Como les digo, hoy hemos reunido a todos en el patio, la gente ha desfilado vestida de aranguadi-bicha-key (verde, amarillo, rojo), hemos cantado el himno nacional y todos tan contentos. Es una fiesta que el gobierno se inventó hace un par de años y que plantó en la última semana de Septiembre, que es una semana así como tonta, ya pasado el Año Nuevo y con Meskel aún por venir, y en la que, de no mediar el Día de la Bandera, a lo mejor habría hasta que trabajar.

A la Santa Infancia le asombra bastante mi escasez de orgullo patrio en lo referente a la cuestión simbólica. Léase: nunca me visto con los colores de mi bandera, que tampoco me parecen el colmo de la combinación cromatil. Y que viví en Pamplona cuatro años, y vestirte en cualquier combinación de rojo y amarillo te abocaba a convertirte en involuntaria protagonista de diversos tipos de expresiones de opinión ciudadana, ninguno de ellos placentero.

Para la Santa Infancia, lo de la bandera es súper necesario. Si les das a elegir tres colores del mundo mundial, hasta los niños de teta elegirán, por este orden, araguadi, bicha, key (verde, amarillo y rojo). Para lo que sea: un dibujo de una casa, la pintura para un muro o los colores de una camiseta.

Esta mañana les decía yo a los mayores que la identidad nacional es mucho más que los vivas a un trozo de tela, poniéndoles como ejemplo que, si tanto, tanto quieren a su país, cómo es que casi ninguno de los mayores de 18 años se molestó en ir a votar las pasadas elecciones. Me han contestado que no fueron a votar porque total iba a salir el mismo gobierno, y a ellos este gobierno les encanta. Tal cual.

Y allí hemos empezado con la discusión de “os encanta porque os tiene totalmente controlados y porque no habéis conocido otro”. Ellos saben que yo el alma de periodista todavía la llevo en mi interior (uno de esos lastres que atesoro), y hemos entablado una larga discusión sobre los medios de comunicación en Etiopía, poniendo ejemplos de cómo ven ellos ciertas noticias (percepción basada únicamente en lo que dicen los medios del Gobierno), y cómo veo yo la misma noticia (percepción ligeramente ampliada por mi macarrónico acceso a Internet).

Ellos están convencidos que a la comunidad internacional está exagerando la hambruna en Etiopía, y que realmente nadie quiere aflojar la pasta. Yo les he comentado que el acceso a la zona, hasta hace algunos meses, era bastante limitado (por el gobierno etíope, se entiende) y que en los últimos años las ONGs cada vez encuentran más trabas para trabajar aquí. Y que la pasta ya ha sido aflojada, pero que hay muchos intereses en juego, entre ellos los intereses del gobierno etíope.

Allí se han salido por la tangente, y me han dicho que debería volver al periodismo, porque, según ellos, tengo que ser una gran periodista (¡angelicos!). Les he cazado cuando les he dicho que ese gobierno que les encanta me expulsaría del país si yo me pasara al periodismo así, sin previo aviso. “Hombre, tampoco es tan raro que te expulsaran. Ni siquiera nos haces cantar el himno por las mañanas”. Si al final tendrán razón y todo….

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Jun 29

DIENTES, DIENTES

Hace ya algunos años, fuimos con un grupo de la Santa Infancia a la clínica de la Doctora, donde había una dentista israelí que se había comprometido a pasar consulta a una docena de nuestros niños así, por la jeta. De los niños, claro.

Nuestra Santa Infancia es verdad que cuando más se lucen es cuando los sacamos de casa (y del barrio). Así, vinieron todos repulidos a la visita con la doctora israelí y esta chica se emocionó ya un bastante cuando le expliqué que no es que todos los días vengan con chándales con brillos plateados, sino que los brillos eran fruto de la impresión de acudir a un dentista de verdad.

Al final de las consultas, tras una breve deliberación con la Santa Infancia, decidimos pagar a la doctora. Como la cosa no iba de dinero, la Santa Infancia le pagó con la historia de la versión local del Ratón Pérez.

Aquí lo que hay no es un ratón, sino un pájaro. El pájaro no tiene nombre y sólo se llama así, Pájaro. Pájaro tiene el pico lleno de dientes preciosos. El pico es grande, largo y dentudo. Así, cuando se te cae un diente, tienes que tirarlo encima de un tejado para que Pájaro pueda venir a buscarlo. Pájaro se lleva tu diente, y ¿qué te da a cambio? Pues un diente nuevo directamente de su pico, y vas que te matas. Después de la historia, la dentista de Israel se enterneció tanto que nos saturó de cepillos de dientes, tubos de pasta con las etiquetas escritas en hebreo y enjuagues bucales.

Como la Santa Infancia tiene los tejados de las casas algo destartalados, normalmente tiran los dientes en los tejados del centro para asegurarse de que Pájaro vendrá a buscarlos y les dará dientes nuevos y bonitos (dientes retornables, vaya). Así, te vienen a buscar en mitad de reuniones sobre reasignamientos de presupuesto con unas ansias tremendas porque se les ha caído un diente. Y tienes que dejar la reunión, abrir una de las clases, y cantar con ellos una cancioncilla que básicamente dice “Pájaro, Pájaro, llévate mi diente y tráeme un nuevo”. Y luego tiras el diente. Es mejor que lo tires tú, porque así se queda más lejos. Y da menos asco, porque no hay nada que dé más bajón que abrir la ventana de una clase y encontrarte cinco dientes justo en el alféizar. Y luego, con el diente correctamente posicionado en el tejado, te vuelves a tus reasignaciones de presupuesto con formatos Excel para rellenar, mientras las personas Excel te miran un poco raro porque ellos no creen en Pájaro. Peor para ellos, que Pájaro no les dará dientes nuevos.

P.D: Según mis investigaciones, Pájaro no vuela en toda Etiopía, sino sólo en ciertas regiones como Wello.

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Jun 01

UNDER CONTROL

Me he quedado de encargada del garito. Brother House ha tenido que ausentarse repentinamente durante un par de semanas y, según la Santa Infancia, esta circunstancia me hace ascender automáticamente en nuestra sencilla escala de mando. Soy la boss.

Y lo llevo divinamente, oiga usted. De momento:
. T. ha decidido dejar sus benditas medicinas y se pasa todo el día enfadado con el mundo. Ayer intentó que aceptáramos “cuchillo”como “complemento de moda”. Dice que lo trajo para pelarse el mango. Así dicho queda un poquitín ordinario, pero es verdad que ahora les damos mangos casi todos los días para postre. De momento, apenas sale el sol, me tengo que levantar y darle en la boca sus drogas. Lo mismo antes de que el sol se ponga. Para que no se transforme en vampiro, supongo.

. Z . nos reveló finalmente que lo que la consumía hace algunas semanas no era una maldición, sino un embarazo. Y que lo de excavar las aguas benditas era mayormente una mentira como un piano. Cuando descubrió que estaba embarazada, contrariamente a lo que hizo M . decidió tirar por el camino más corto y acudió a Marie Stopes, que es una red de clínicas fundada por una señora cuando menos particular (esto lo digo basándome únicamente en la Wikipedia), en las que se dedican a “ayudar” a chicas “en problemas”. Afortunadamente para Z., hay una de estas clínicas cerquita de nuestro barrio (las hay que nacen con suerte), y, dado que ya es mayor de edad y el aborto se legalizó completamente hace unos meses en Etiopía, pues pudo deshacerse de su “problema” sin mayores consecuencias. No me lo dijo porque yo jamás la habría dejado abortar. Z. es bastante perspicaz, como se ve. Una pena que la perspicacia le venga cuando ya no le hace falta para nada, cuando todos los principios que hemos intentado inculcarle en los últimos diez años se han demostrado totalmente carentes de sentido.

. Llevo tres días seguidos enviando un niño diario a la clínica a que le cosan la cabeza. El pegote de esparadrapo forma ya parte del uniforme de la guarde. Se ve que con el inicio de las lluvias, a nuestra Santa Infancia le pesa más la cabeza y se me desequilibran constantemente.

. A G . lo han vuelto a expulsar del colegio. Sus padres han decidido secundar al colegio, y lo han echado también de casa. Duerme cada día con una familia diferente del barrio.

Como ven ustedes, todo bajo control. Una balsa de aceite. Nada me turba, nada me espanta.

P.D. Hoy me dijeron que tu niña J. nació demasiado chiquita para este mundo tan grande. Mientras esperamos a que crezca, os envío esta canción . Ánimo, campeonas. Os pienso.

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May 19

LA CHARLA

A. (quince años) va al catecismo a la iglesia ortodoxa. Está encantada, porque dice que al final del año, si aprueba el curso este del catecismo, la pasarán al coro de la iglesia, y le darán una túnica para que cante acompañando al Arca de la Alianza en la fiesta de Timket, que como ustedes pueden imaginar es lo más parecido a una ilusión de vida que tiene la Santa Infancia.

Un día vino a decirme que el grupo de catecismo estaba organizado una excursión a una iglesia en los alrededores de Addis:
_ Hay una lista en la que se pueden apuntar los niños huérfanos, y así la iglesia les paga la excursión –me explicó, mirándome de un modo un poco raro
_ Ah, qué apañados
_ Yo no me he apuntado – A. es huérfana desde hace mucho, mucho tiempo
_ ¿Y eso?
_ Porque esa lista es para niños que no tienen a nadie. Y yo te tengo a ti –concluyó, triunfal -,¿verdad?
_ Esto… ¿y cuánto dices que cuesta la excursión esta?

Como ya he explicado más de una vez (concretamente aquí y aquí ), a A. le encanta pregonar que yo soy su madre. Y es verdad que es un poco limitada (si se ríe mucho, hasta se le cae la baba), pero así y todo siempre he intentado que viera la realidad, que es que la quiero mucho, mucho, pero que no soy su madre. Y así, algunos días más tarde me decidí a mantener La Conversación:
_ A., tú sabes que yo no soy tu madre real, ¿verdad?
_ Sí, claro –me respondió -, pero yo te quiero como si lo fueras
_ Y sabes que un día me voy a ir…
_ Ya…– y allí le falló un poco la determinación – pero me da igual – se recuperó- yo te voy a querer igual si estás aquí que si no estás.

Igual sí que tiene razón, y Dios me ha dado una hija. Una hija tonta y que se le cae la baba. Porque alguien que te quiere tanto tiene por fuerza que ser familia, ¿no?

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May 03

LAGARTO, LAGARTO

La semana pasada, a la hora del recreo, sufrimos un pequeño (diminuto) tornado. Duró poco y el viento sólo empujó a una niña que jugaba, haciéndole un raspón en la rodilla. Y ya. La Santa Infancia extrajo sus conclusiones en 0,2 segundos: Satán. Les dije que Satán está súper bussy en el Infierno y que dudo mucho que tenga tiempo de venir hasta nuestro compound para organizar pequeños tornados con el único objetivo de que una niña se haga un raspón en la pierna. Por supuesto, no me creyeron.

Los etíopes tienen fama de orgullosos. Los aragoneses también nos consideramos un pueblo orgulloso. Sólo que donde nosotros lucimos el “orgullosos”, el resto de España nos asigna un “tozudos como mulas”. Cabezudos o cabezones. Los etíopes son un poco así también, y desarraigar cosas como la presencia constante del diablo mismo en nuestras vidas, pues es un poco cansado y bastante improductivo.

La Santa Infancia está llena de supersticiones. Por ejemplo, están convencidos de que si a un niño pequeño se le da miel para comer, el niño será tartamudo. Los defensores de las culturas tradicionales (de todo hay en este mundo) me dirán que normalmente estas cosas tienen un fondo de verdad, a saber: a los bebés no se les puede dar azúcar. Supongo que si a un niño de meses le das miel, sí que le puede dar un tabardo y quedarse perjudicadín, pero no entiendo por qué tiene que quedarse precisamente tartamudo. La Santa Infancia dice que esto es una verdad universal, y que lo saben hasta los niños de pecho. Y esto me lo dicen los tartamudos. Se ve que los niños de pecho saben más que sus madres.

Otro de los grandes mitos cuenta que, si a un bebé le da la luz del sol, se quedará bizco. Así, las recién paridas y sus hijos se quedan en casa, encerradas a cal y canto, durante cuarenta días después del parto si es una niña, u ochenta días si es un niño. Este período varía según las etnias. A partir de esa fecha, cuando finalmente salen al mundo exterior, al niño lo llevan envuelto en siete netelás (por lo menos). En la práctica, una cierta cantidad de sol ayuda a que el calcio se fije en los huesos de los bebés. El estrabismo lo tienen bastante controlado, pero Etiopía sería el stand oficial del raquitismo en una hipotética feria de las enfermedades, con niños de huesos frágiles como cañas.

Mi Santa Infancia de rodillas deformadas y frentes en las que se podría proyectar un Power Point, me contaba también que, siempre que una gallina incuba una hornada de huevos (¿hornada? ¿alguien sabe cómo se llama el conjunto de huevos que incuba una gallina?), uno de los huevos nunca llega a eclosionar. Vamos, que uno de los huevos vendrá sin pollito. Esto me lo creo. La Santa Infancia dice que es que se lo queda la Virgen María, que tiene que estar ya amarilla limón de tanto huevo. Dicen que, por otro lado, cuando los ratones paren, siempre se comen una de las crías de la camada, y esto es una ofrenda que la señora ratona le hace a Satán, que se ve que también controla la natalidad del sector roedores. Pongo estas dos creencias juntas, porque otro mito dice que, donde hay pollos, hay ratones. Esto es verdad. Y encima, los ratones adoran a Satán. Por si no tenías bastante con su sola presencia.

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Mar 14

ANIMALICOS

Hace ya unos años traté de hacer un juego con los pequeños de la Santa Infancia. La dinámica era bastante sencilla: uno se ponía en el medio del corro, imitaba a un animal, y los demás lo tenían que adivinar. Como mi Santa Infancia a veces es un poco cortita de entendederas, pues empecé yo poniéndome en el centro, para dar ejemplo. Con mi mejor voluntad, me puse a cuatro patas y empecé:
_ ¡Muuu!, ¡muuu!– mientras pensaba “tener estudios pa’ esto”
Por si la humillación no fuera ya bastante, la Santa Infancia no conseguía adivinar el animal que yo estaba representando, y me miraban con cara de “ya está. El día ha llegado. Se ha vuelto loca”. Después de cinco minutos mugiendo desesperadamente, me levanté y les comuniqué que el animal que yo intentaba representar era la vaca. Una simple vaca, coño.
_ Aaahhh… es que lo estabas haciendo mal– me repusieron
_ ¿…?– nunca se me había ocurrido que se pudiera errar en el imitar a una vaca
_ Las vacas hacen embuá, embuá– y todos se pusieron a hacer embuá.
Tras haber experimentado en mis propias carnes este episodio de desencuentro cultural, como soy una persona curiosa me documenté sobre el particular. Así, en el libro de ciencias de Primero de Primaria encontré que:
. el gallo no hace kikirikí, que hace kukulukú
. el burro no hace ia, ia, sino hi, hi, hi
. la oveja ni hace be, sino ba
. los pollos no hacen pío. Hacen pí. Y basta.
Y luego habrá quien hable de globalización. Si ni siquiera las bestezuelas se ponen de acuerdo…

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