• Home
  • tariKe.org
Blue Orange Green Pink Purple

Posts Tagged ‘Tarike’

You can use the search form below to go through the content and find a specific post or page:

nov 13

CABELLOS AFRICANOS

Sé que entre el colectivo adoptante el tema “pelos” es un asunto bastante espinoso (obsérvese cómo evito el obvio juego de palabras “pelo-peliagudo”). Porque si hay algo que nos diferencia de los abeshás, amigos, es nuestro cabello. Decídmelo a mí, que me es imposible encontrar un champú que no me deje el pelo chorreando aceite, que parezco un gladiador (se ve que los indios y los chinos también tienen el pelo muy seco, y los champús fabricados en ambos países intentan compensar estas carencias).

Para la Santa Infancia, el pelo también es un tema importante. Cuando eres pobre como las ratas, intentas conservar lo poco que tienes, que en este caso es pelo. Básicamente, las mamás gueter lo que hacen es rapar a sus hijos con una cuchilla nada más nacer y durante los primeros meses de vida, para que el pelo se fortalezca. Cuando comienza a salir que pincha, lo dejan crecer.

Para hidratar y peinar esa maraña de pelo, utilizan distintos productos, siendo los más populares la vaselina líquida o parafina. Además, una vez a la semana se untan mantequilla en todo el pelo, se ponen una bolseta de plástico y se lo dejan así varias horas, para que absorba. La bolseta, además, permite al resto de la población continuar con sus actividades cotidianas, dado que la mantequilla tradicional que se usa para estos menesteres a.p.e.s.t.a. y, de no mediar la bolseta, resulta humanamente imposible permanecer a menos de diez metros de la cabeza untada. De hecho, normalmente, las escuelas prohíben a sus alumnas entrar en clase con la mantequilla puesta, porque así no hay quien enseñe.

Los que son un poco más apañados, de vez en cuando sustituyen la mantequilla por una mascarilla que huele muy bien a base de coco que venden en todas las tienduchas del barrio. Pero sólo de vez en cuando porque la mantequilla es el abc del cuidado capilar abeshá y nadie renuncia a ella, ni siquiera la gente con posibles.

Como se puede deducir, entre vaselinas, mantequillas y cocos, lo que tienen es una película de grasa que luego, en la ducha, resulta imposible de quitar. Para lavarse el pelo utilizan jabón tipo Lagarto. Hay que frotar bastante hasta que consigues abrir una grieta en la capa de grasa preexistente, pero una vez que empieza a hacer espumilla es un gustazo masajearles el pelo. A mí me relaja un montón.
Y luego, una vez lavado y vuelto a untar de nuevo, queda ya a la habilidad de cada quien el trenzarlo con mayor o menor fortuna. Una cosa muy frenji es hacerte trenzar los pelos cuando vienes a Etiopía. Yo le veo varios inconvenientes:
1. Es un coñazo destrenzarlos
2. En las cabezas frenjis, las cosas como son, queda bastante mal. O tienes una buena mata, o se te ve demasiado el cuero cabelludo blanco.
3. DUELE. Para hacer las trenzas, la Santa Infancia tiende a pasarse tirando (si se afanan, te resultará difícil cerrar los ojos después). Más allá de que pierdes media mata en el proceso de trenzado (a tí nadie te rapó cuando eras cría), duele que te cagas.

Un problema común a frenjis y abeshás son los piojos. En el caso del pelo abeshá, cuando pillan piojos, las opciones se reducen básicamente a…¡bienvenida señora cuchilla! Es muy, muy difícil conseguir sacar todos los piojos y huevos de una buena mata de pelo abeshá. Yo sólo lo he logrado una vez, y tuvimos que hacer turnos con las niñas mayores para liberar a nuestra pobre A. de sus molestos visitantes.

Como veis, el cabello africano es fuente inagotable de entretenimiento y emoción. A algunos miembros de la Santa Infancia, la vida les ha dado sólo eso: pelo. Un pelo precioso, eso sí.

oct 31

DE VISITA

Hay un juego de corro muy cuco que la Santa Infancia practica con cierta frecuencia. No es nada del otro mundo, pero a mí me encanta. Básicamente, hay uno que se queda en el centro del corro, parándola. El resto, gira a su alrededor mientras canta: “vámonos, vámonos al bosque a ver si han venido las hienas. Hiena, ¿estás ahí?”
Y entonces la hiena contesta: “Sí, estoy”
_ ¿Y qué estas haciendo?
Y ahí cada uno dice lo que le da la gana. Normalmente, las hienas son gente bastante hogareña, que se lava la cara, prepara la comida, barre su casa o se peina el pelo. Hasta que, después de tres o cuatro veces de cantar la cancioncilla y preguntarle a la hiena por su actividad presente, ésta contesta: _ ¡Estoy comiéndoos a todos! Y los incautos excursionistas cantarines rompen a correr. Al que pilla la hiena, es el que la paga la siguiente vez.

¿Que por qué me gusta? Pues porque la cancioncilla de vayámonos al bosque a ver si están las hienas me encantaría cantarla en Dónde Estas Corazón o en la recepción de la COPE (por lo de las hienas). También es un juego que me da un poco de rabia, porque a mí, cuando la paro y me preguntan “¿qué estás haciendo?”, me encantaría responder “estoy releyéndome la Larousse” o “estoy rizándome las pestañas”, pero lo de la Larousse no lo iban a entender y no sé cómo se dice rizar en amárico. Y así, me conformo con decir, “me estoy tirando un pedo”, imito una pedorreta y nos meamos todos de la risa. Para algo tuve dos asignaturas de guión televisivo y cinematográfico en la universidad: la pedorreta nunca falla como gag.

oct 28

REFUGIO

Hay un trozo de mi camiseta donde a veces se refugian los niños que no saben adónde ir. Es la parte baja, el dobladillo, a la derecha de mi espalda. Se agarran ahí, y, simplemente, me siguen. Se adaptan a mi ritmo, giran cuando yo giro, se paran cuando yo lo hago… A veces no me doy cuenta de que llevo colgando un piojo de quince kilos.

Hay quien ha pasado allí horas. Otros días, e incluso semanas. Saben que no pueden quedarse indefinidamente, porque es un lugar bastante concurrido. Pero les gusta. A mí también.

Refugio

El momento dobladillo es una de las fases que atraviesa la Santa Infancia en ese vadear suyo por las aguas de la pobreza, en ese despertar, encenderse, aprender a vivir al que asistimos cotidianamente. Es apasionante ver cómo cambian durante las primeras semanas. A veces no te das ni cuenta, y, de repente, un día te preguntas desde cuándo sonríe H. o cuándo perdió Y. ese aire de niño perpetuamente enfermo que le caracterizaba. A veces, también, te preguntas dónde está el interruptor de apagado, porque hay plantas que florecen tan espectacularmente, tan sin control, que te cuesta asimilar su belleza, su energía (y su constante necesidad de alguien que atestigüe y celebre todos y cada uno de sus progresos).

Y, a veces, si la burbuja explota o su mundo se tambalea, se vuelven al dobladillo, como quien retoma el chupete olvidado, como quien busca la seguridad de un trozo de tela deformado. Como quien sufre.

oct 22

ESPAÑOL PARA PRINCIPIANTES

Cuando A. y M. eran pequeños y todavía se sometían ciegamente a los dictados de mi voluntad, me pidieron que les enseñara algunas nociones útiles de español. Comenzamos por lo básico, con conversaciones de dos frases, en las que yo les preguntaba:
_ ¿Men tefelegalachu? (¿qué queréis?)
Y ellos me contestaban al unísono, levantando el puño:
_ ¡Kalimocho!
A la misma pregunta, también sabían responder:
_ ¡Dog cañas!- así, con acento madrileño, por si, llegado el caso, no les gustara el kalimotxo.
De ahí pasamos a frases divididas en dos partes, que yo comenzaba y el uno o el otro completaban:
_ Soy un…
_ ¡fiera!

_Estamos como unas…
_ ¡maracas!

M., además, aprendió por su cuenta a decir “M., me tienes hasta las narices”, que era una cosa que ocasionalmente se me escapaba. Era gracioso, porque pronunciaba “narises” y quedaba bastante latinoamericano.

Este verano, como hubo varios españoles rondando por aquí, me pidieron que les enseñara algo nuevo. Y así lo hice. Siguiendo la misma estructura, yo comienzo:
_ ¡Españoles!
Y ellos completan:
_ ¡Franco ha muerto!

Nos lo pasamos chicha.

P.D: Gracias por las felicitaciones. Y por los poemas. Y por leerme. Gracias.

sep 14

BACK TO BLACK

Ante la preocupante proliferación en algunos bares de canciones con insistentes estribillos formados únicamente por la onomatopéyica frase “papa parrapa parrapa parrapa pa”; y habiendo vivido el inevitable comienzo de la liga nacional de fútbol, he tomado la única opción posible: volverme a mi morada cercana a un basurero del tercer mundo. Como mis amigas bien saben, esto de “vivo en un basurero del tercer mundo” lo he explotado hasta la saciedad este verano, pero creo que “estoy ansiosa por estrenar mis nuevas tetas de silicona” hubiera dado mejor resultado en lo que a alcohol gratis y canciones solicitadas a DJs sin escrúpulos se refiere. Aunque bien es verdad que esta última declaración de principios, sin una base empírica, no creo que cuele.

Así, trámite El Cairo, he vuelto a Addis. Ahora vivo a nivel del suelo (antes vivía en un primer piso. Hay quien asciende, y hay quien no), por lo que hoy he desecho la maleta con un nutrido grupo de la Santa Infancia que miraba por la ventana abierta y comentaba mis pertenencias: “esos pantalones ya los tenía el año pasado, esa camiseta es nueva, qué bonito jersey”. Se entretienen con cualquier cosa. Tendré que marcar las distancias porque, si no, me arriesgo a vivir en Gran Hermano y, mira, no es plan.

La Santa Infancia me ha recibido con la usual algarabía. Y con una duda existencial de insólita profundidad: “¿Nos has traído la segunda parte de Crepúsculo?” Están obsesionaos. Les he dicho que Crepúsculo 2 (lo que será Luna Nueva) no ha salido todavía, pero que he traído un montón de medicinas para curarles los hongos en las uñas y las tiñas en las cabezas, y que les he comprado el DVD de Mamma Mia! (el musical de Meryl Streep). Me han dicho que vaya asco de maleta he compuesto. Son niños de emociones fugaces: la alegría del reencuentro les dura más bien poco.

ago 04

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

La Santa Infancia está preocupada: “Estás demasiado delgada”, me dicen.

_ No es para tanto, más delgados estáis vosotros -respondo, apoyándome en la evidencia.

_ Ya, pero tú tienes la muñeca igual que la mía, y yo tengo doce años -alega A., que también es muy empírico él.

A la Santa Infancia le gusta analizar cualquier mínima incidencia en mi físico. Y comienzan a hacer hipótesis:

_ Tienes la tripa hacia adentro, como los tuberculosos

_ No toso. No tengo tuberculosis

_ Tienes las mejillas marcadas, como los del HIV/AIDS

_ Tengo la vida emocional de una piedra de río. No puedo tener Sida.

B., con su habitual pragmatismo, ha sentenciado:

_ Es que piensas demasiado. No tienes que pensar tanto.

A B. le gustaría que me volviera tonta, feliz y ortodoxa. Por ese orden.

Al final, A. ha dado con la solución:

_ Ya lo tengo. Tú te vas a tu casa, con tu familia, y ahí te engordas.

Los demás lo han mirado raro. Al fin y al cabo, hace sólo tres meses que me pillé cuatro días libres para ir a Harar.

A. se repone rápidamente:

_ Y, una vez que te hayas engordado, tolo nei (ven deprisa).

Y ahí sí hemos encontrado el quórum. Sobre todo yo, porque las señales comienzan a acumularse: hace un mes se me paró el reloj y hace dos días se me rompieron las gafas

Pues eso, a engordarme voy. Que a todo cerdo le llega su San Martín. Y su San Lorenzo, en mi caso. Nos vemos en los bares.

jul 17

RITMOS AFRICANOS

    Hoy he dado dos horas de inglés, desatascado cuatro lavabos, hecho diez camas, participado en una terrible charla con la madre de M., jugado una hora al pañuelo, otra hora arbitrando torneos de ping-pong, buscado zapatos para una pierna con elefantiasis y rellenado un quaterly report.

    Y habrá quién diga que la vida en el África es relajada.
    Tocotó.

jul 14

DRAMATIS PERSONAE 1: LA SANTA INFANCIA

Yo crecí en un tiempo en el que todavía existían las fronteras. Para pasar a Francia te pedían el pasaporte, teníamos los consabidos dos canales de televisión y nuestro concepto del fashion incluía los calentadores. Lo poco que conocíamos del África era lo que nos contaban los misioneros que venían al cole de vez en cuando, y, cada año, nos recorríamos la ciudad solicitando donativos para la Santa Infancia. Así lo decíamos: por favor, un donativo para la Santa Infancia.

Esta Santa Infancia se nos aparecía como una serie de caritas oscuras que atravesaban desgracias sin fin y que morían de hambre por culpa de lo que nosotros no nos queríamos comer. La Santa Infancia eran niños mucho mejores que nosotros, dónde iba a parar, y que realmente se merecían nuestra vida más que nosotros, sólo que la injusticia cósmica les había dado a ellos una vida sin zapatos y a nosotros la posibilidad de decir “no me gusta”.

A la Santa Infancia se le presuponía siempre una altura moral más allá de cualquier duda. La Santa Infancia eran niños perfectos con una vida mayormente imperfecta. Por eso ellos eran santos y nosotros no.

La Santa Infancia pertenecía a culturas ancestrales, habitaba entre leones y elefantes y, según la imagen que nos inculcaron, venía con un imprescindible cántaro de barro en la cabeza como complemento todoterreno. Esta era mi idea de la Santa Infancia.

En la realidad real, la Santa Infancia no ha visto un león en los días de su vida. De vez en cuando los llevamos a Furry* y se entretienen un rato persiguiendo hienas. En vez de cántaros en la cabeza llevan a la espalda garrafas de plástico, que duran más. Y de su cultura ancestral se acuerdan entre poco y menos.

A la Santa Infancia, más que las historias sobre la reina de Saba y el rey Salomón, lo que les fascina es la película Crepúsculo y sus vampiros adolescentes de anémica tez. Tú a la Santa Infancia le pones una película concienciada, tipo La Misión, y la Santa Infancia se mea de la risa. Porque a la Santa Infancia ver indígenas acribillados le parece una cosa súper graciosa. Eso y que no se acaban de creer que la película transcurre en América, porque a ellos los indígenas esos les parecen China (pronunciado chaina, como en inglés). Y es que, para la Santa Infancia, los habitantes del mundo mundial se dividen en abeshá, frenji y china, y en este último contenedor meten todo lo que no cabe en los dos anteriores, incluidos Pocahontas y los polinesios.

Si la Santa Infancia viniera a nuestro mundo, ni se fijarían en lo que nosotros dejamos en los platos, porque en la cultura de la Santa Infancia es de buena educación dejar algo en el plato, aunque también es verdad que la Santa Infancia pasa bastante de los buenos modales y se come todo, hasta la mayonesa. En nuestro mundo, lo que les alucinaría de verdad de la buena serían los contenedores de basura, porque para la Santa Infancia no existen objetos desechables. Todo tiene una utilidad, por lo que van acaparando porquerías todo el día que al final acaban perdiendo a través de los múltiples agujeros de sus bolsillos: tapones de botellas, tazas descascarilladas, trozos de alambre… Lo que sea. Para algo servirá. La Santa Infancia, con la basura de uno de nuestros contenedores, se construiría un adosado de dos plantas con chimenea, trastero y catálogo del Ikea en la mesilla del salón.

Como proyectos de vida, la Santa Infancia se decanta básicamente por dos opciones: futbolista o piloto de avión. Entre los siete y los diez años, ésas son sus metas. Luego pasan a querer ser doctores, científicos o maestros, para acabar estudiando peluquería, electricidad y secretariado. Todo muy africano y muy ancestral y muy distinto de la Infancia No Santa Consumista.

La Santa Infancia son niños y, como tales, de vez en cuando, crueles. Se dirigen insultos tan pérfidos como “desgraciado”, “perro” o “leproso” sin que se les tuerza el gesto. Presentan también una preocupante tendencia a la pedrada impulsiva y desproporcionada, por lo que no es tan raro que una pelea entre niños de ocho años por una partida de canicas acabe con tres puntos de sutura.

Al final, lo que distingue a la Santa Infancia de la Infancia No Santa Consumista no es lo que tienen o lo que comen o cómo se visten. Es lo que sufren y los motivos de su sufrimiento. Porque no es lo mismo llorar porque mamá y papá se están separando, que llorar porque no tienes ni mamá ni papá ni perro que te ladre. No es lo mismo que te discriminen por llevar pantalones de cintura alta (que sepas que te discriminan con toda la razón del mundo) que por ser hijo de un leproso. No es lo mismo que La Ciudad de la Alegría te impacte por la dureza de su argumento o que te quedes flipado de lo mucho que se parece a tu barrio. No es lo mismo.

Yo no sé si son santos o no. Sé que cada día me sorprenden. Que son distintos, pero no por vivir aquí, sino porque son ellos. Sé que su capacidad de vivir, de reír, de jugar, de perdonar y de sufrir no tiene límites. Como la de todos los demás niños del mundo.

* Furry es el nombre de la montaña que tenemos enfrente de la misión

P.D: Sí, plagio al ex marido de Jaydi Michel. Pero no pongo la canción, que me da asquito.

jun 29

A LA ÚLTIMA

    En las últimas semanas, hay dos cosas que se han puesto de moda en Etiopía. La primera, estas manoletinas:

Etiopía | Manoletinas

    La mitad de la población femenina etíope se las compró en varios colores para la pasada Pascua por 25 – 30 birr, que a mí me parece un atraco a mano armada para un cacho de plástico de dudosa calidad, dado que por la mitad de esa cantidad te puedes comprar otras sandalias tan bonitas como éstas:

Etiopía | Sandalias

    La otra cosa que se ha puesto de moda modísima es el shortage (escasez). Al igual que las manoletinas, lo encuentras un poco por todas partes, en varias modalidades. Shortage de luz, que a pie de calle quiere decir que te cortan la luz día y medio sí, y medio día no. La Yeshi está que brinca del gozo. Shortage de agua, dado que los cienes de miles de ratoneras edificios construidos en todas las esquinas de Addis Abeba no disponen de las infraestructuras mínimas, y la gente se encuentra con que por primera vez en su vida tiene baño, pero ni una gota de agua. Shortage de moneda extranjera, lo que deja a todo el país en bragas: por un lado no hay para pagar a los chinos del sol naciente que están haciendo las carreteras, y por otro los comercios no pueden importar ná de ná, con la consiguiente subida de precios de todo lo importado. Y sobre todo, queridos míos, el shortage de mentalitá, porque manda huevos que estemos más de la mitad del tiempo sin agua y sin luz y nadie alce la voz para decir al gobierno que dejen de echar agua -metafóricamente hablando- al pozo en que vivimos, que nos estamos ahogando.

    P.D: En vez de “No woman no cry” (San Bob Marley, aquí en Etiopía), la Santa Infancia se ha inventado “No water, no light”, que creo que se ajusta mucho mejor a la cultura local.

jun 24

WENE (Tengo)

Tengo.

Tengo una llamada en mitad de la noche. Tengo el aullido herido de tu hermano, que me dice que te has ido.

Tengo su segunda llamada insistente, para avisar al jefe del heder*, decidle que ha muerto una hija de los pobres.

Tengo la mirada alucinada de tus otros hermanos y tus amigas, cuando te llevo de vuelta a casa, metida en una caja, tu cuerpo envuelto en algodón y plástico, siempre plástico, con el amanecer comiéndonos el alma.

Tengo la memoria de las flores que recogieron y compraron para ti la Santa Infancia. Nadie lleva flores a los pobres, dijeron. Para nosotros, nunca lo fuiste.

Tengo la cinta que los mayores pintaron sobre las coronas, que te identificaba, sin lugar a dudas, como una de los nuestros. Se oía por las calles del barrio: “Se murió una niña de House”.

Tengo la mirada perdida de Brother House, sentado en el colchón que te compró para que sufrieras (un poco) menos. Tengo su estupefacción, los proyectos que, a lo largo de los años, construyó para ti. Porque tú sí, tú ibas a conseguirlo. Eras una de las pocas.

Tengo el grito desgarrado de tu madre: “Ven, Zewde, que han venido a verte tu otro padre, tu otra madre y todos tus hermanos”, cuando ayer fuimos a velarte.

Tengo el silencio triste de las mañanas, cuando rezamos por ti, cuando nos damos cuenta de que ya no vendrás más.

Tengo a tu hermana M., que, de repente, ya no sabe cómo vivir sin tenerte cada día a su lado.

Tengo también a G. y a F., que se pasan aquí el día, porque les da miedo tu velatorio. Todavía no han entendido que no volverás a venir con ellos, que su presencia es lo último que nos has dejado.

Tengo las caras exhaustas de tus amigas, que de vez en cuando vienen a descansar. Llevan dos días apostadas en tu casa, cuidando de que nada falte a los que te lloran.

Tengo una oración apenas musitada, ayer, a la puerta de tu casa, todos juntos, los niños de House.

Tengo el cariño de los que sí entienden que la diferencia entre 399 y 400 puede ser brutal. Es brutal. Y que no cabe en ningún formulario.

Tengo la comprensión -inútil, ya- de los que en su momento me criticaron por saltarme reuniones y trainings para llevarte de hospital en hospital.

Tengo un sobre lleno de análisis y pruebas, que leo y releo, buscando en qué me equivoqué, en qué se equivocaron.

Tengo un post escrito hace un mes, hablando del miedo que me daba perderte, que nunca publiqué porque, como te dije, yo no iba a dejar que nada de esto pasara.

Tengo un mar de porqués, de “y si…”.

Tengo palabras vacías, consuelos vanos, tristeza sólida y espesa.

Tengo, tengo, tengo. Y tú,… tú no tienes nada.

Tú estás muerta.

Wene, Zewdiye, wene.

Heder: Asociación tradicional a la que las familias pagan cada mes para poder tener un funeral digno cuando uno de sus miembros fallece.

« Newer Posts | Older Posts »

tariKe.org

  • Acerca de Tarike
    • tariKe.org
  • Entradas anteriores
    • febrero 2012 (1)
    • diciembre 2011 (2)
    • noviembre 2011 (4)
    • octubre 2011 (4)
    • julio 2011 (1)
    • junio 2011 (2)
    • mayo 2011 (5)
    • abril 2011 (2)
    • marzo 2011 (2)
    • febrero 2011 (2)
    • enero 2011 (3)
    • diciembre 2010 (1)
    • noviembre 2010 (4)
    • octubre 2010 (5)
    • agosto 2010 (1)
    • julio 2010 (2)
    • junio 2010 (4)
    • mayo 2010 (5)
    • abril 2010 (2)
    • marzo 2010 (4)
    • febrero 2010 (6)
    • enero 2010 (7)
    • diciembre 2009 (5)
    • noviembre 2009 (5)
    • octubre 2009 (7)
    • septiembre 2009 (2)
    • agosto 2009 (2)
    • julio 2009 (4)
    • junio 2009 (9)
    • mayo 2009 (10)
    • abril 2009 (10)
    • marzo 2009 (3)
  • Sitios que visitaría sin dudar
    • Badil Be Glamorous

      Cerrar vista previa

      Loading...
    • Chino Chano

      Cerrar vista previa

      Loading...
    • Con Viento Fresco

      Cerrar vista previa

      Loading...
    • Cubitos

      Cerrar vista previa

      Loading...
    • Diario del Altoaragón
    • Elia
    • Hombre Revenido

      Cerrar vista previa

      Loading...
    • Mama Etiopia

      Cerrar vista previa

      Loading...
    • Peibols Beckham

      Cerrar vista previa

      Loading...
    • Picando Puertas

      Cerrar vista previa

      Loading...
    • Road to Ethiopia

      Cerrar vista previa

      Loading...
    • Soitu.es

      Cerrar vista previa

      Loading...
  •  
    febrero 2012
    L M X J V S D
    « dic    
     12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    272829  
  • Etiquetas
    Amárico Brother House Comercio Etiopia Filas Idioma Internet Juguetes Kaktus Manuales Música Nombres Etíopes Racismo Radio Religión Salud Santa Infancia Sociedad Tarike Teatro Viaje
  • Archives
    • febrero 2012
    • diciembre 2011
    • noviembre 2011
    • octubre 2011
    • julio 2011
    • junio 2011
    • mayo 2011
    • abril 2011
    • marzo 2011
    • febrero 2011
    • enero 2011
    • diciembre 2010
    • noviembre 2010
    • octubre 2010
    • agosto 2010
    • julio 2010
    • junio 2010
    • mayo 2010
    • abril 2010
    • marzo 2010
    • febrero 2010
    • enero 2010
    • diciembre 2009
    • noviembre 2009
    • octubre 2009
    • septiembre 2009
    • agosto 2009
    • julio 2009
    • junio 2009
    • mayo 2009
    • abril 2009
    • marzo 2009
  • Search






  • Home
  • tariKe.org

Este blog este bajo una licencia de Creative Commons. Creative Commons License Designed by FTL Wordpress Themes brought to you by Smashing Magazine

Back to Top