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Posts Tagged ‘Nena’

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Abr 30

COLE

He ido hoy a buscar las notas al cole de mi Nena. Sí, a mi Nena la califican. Numericamente. Y le hacen exámenes. Y tiene tres cuadernos: uno para inglés, otro para amárico y otro para matemáticas.

La cartilla de notas estaba bastante bien: en teoría tendrían que evaluar aptitudes como el compartir juguetes, la concentración, la memoria, la capacidad de seguir instrucciones… sólo que en todas esas casillas las maestras pusieron el mismo número. Un número basado únicamente en la capacidad de leer y escribir de mi Nena, que en este momento es nula. Y así, nos han cascado un 50 sobre 100 en todas las “materias”, menos en deporte, que le han puesto 100, y en “honestidad”, que también les han puesto 100 a todos los niños. Creo que puede ayudar a entender la situación el contar que mi Nena tiene tres años y medio, que hace el equivalente a Primero de Infantil, y que creo que fue la niña con las notas más bajas de toda la clase (los demás tenían entre 70 y 90). Los cuadernos se notaba descaradamente que se los rellenan las maestras. Mi Nena no podría dibujar un “8” ni borracha. Tampoco sé por qué se los rellenan: yo ya sé que no sabe escribir.

Y este es el quid de la questión: quiero decir, yo no me preocupo. Me limito a pensar que mi Nena no está echa para el sistema educativo infantil etíope (o viceversa), que es todavía pronto para saber leer y escribir, y que los demás niños son algo más mayores que ella (algunos hasta dos años más mayores que ella, aquí cada quien empieza Infantil cuando se acuerda de empezarlo). Pero, dando vueltas al tema, me veo un poco como esas madres que mantienen contra viento y marea que sus hijos son normales, que sólo necesitan tiempo… y luego al final se encuentran con un marrón enorme porque el niño realmente tenía problemas y no se buscó la ayuda a tiempo. Aparte de que ignorar todo lo que me dicen en la escuela –básicamente que la niña se porta/reprime mega bien, juega normalmente, canta como un ruiseñor, pero no es capaz de hacer ningún ejercicio escrito- me parece un poco heavy. Quiero decir: si no tomo en cuenta nada de lo que me dicen las maestras, ¿por qué la mando al cole? Por socializar, me repito. Para que juegue, me repito. Según las maestras tendría que trabajar con ella en casa por lo menos una hora todas las tardes. Ya he dicho que tiene tres años y medio. Pasamos una hora todas las tardes en los columpios, y no sé si está dispuesta a cambiar columpios o juegos en la calle en el barrio por una hora de desarrollo de destrezas escritas. En el hipotético caso de que yo realmente fuera capaz de enseñarle destrezas escritas. O de que ese tipo de enseñanza se llamara “destrezas escritas”, que creo que me lo he inventado.

Y en el fondo me preocupa, porque no es que vea a la Nena “un poquitín” por detrás. Es que está a años luz de alcanzar el nivel que piden. Cuando le preguntas si sabe escribir, te responde “sí, sé escribir el cero”. Y te casca un cero que es un gozo. En los días inspirados, le dibuja rayos y lo convierte en un sol.

Y tampoco es tan indiferente a mi preocupación el hecho de que las niñas de mis Señoras Vulnerables analfabetas sí han sacado 80s y 90s. Y la Nena de la frenji… la última de la clase. Con Einstein, me consuelo, mientras rezo para que niña, al menos me aprenda cinco letras en amárico de aquí a final de curso. Así sólo le quedarán doscientas sesenta para el año que viene.

 

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Jul 31

A ELLA MISMA

Dice uno de los personajes de Orange Is The New Black que en la coronilla siempre hueles a ti mismo. Cuando duerme a mi lado, la coronilla de la Nena me huele a berberé. Otros días me huele a humo. Me huele a polvo y, según dónde haya jugado, a veces a estiércol de vaca. Me huele a pipí de otros niños, a wot*, a vaselina para el pelo. En estos días de Ramadán, me huele a perfume barato si ha estado en brazos de algún musulmán. Me huele a sudor de la canguro. Me huele a hierba, y a Carrot Oil. Me huele a incienso y a café tostado. Me huele a Saba Samuna** y a pella hervida.

La coronilla de la Nena, me huele a Etiopía.

 

*Wot: La salsa que acompaña la injeera.

** Saba Samuna: jabón para lavar la ropa a mano.

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Nov 26

WORK IN PROGRESS

Aquí seguimos, de crianza en el gueter. Yo sé que más de uno me envidia, o, al menos, envidia a mi Nena, por esa oportunidad que me cuesta tantos supiros de crecer en su cultura y con su gente. Como ya expliqué, mi Nena cada mañana marcha al recinto donde vive la niñera, y se pasa las horas allí. No he encontrado guardería.

A las pocas semanas, intrigada, le pregunté a la niñera si podía ir un día a verla. Me contestó invitándome a tomar café un domingo por la mañana, junto a la familia que antes ocupaba el puesto que nosotras ocupamos ahora.

El recinto es un cuadrado de arena y piedras bastante amplio, circundado por casas de barro no demasiado desastradas. Mejor de lo que pensaba. Peor de lo que supongo recomiendan las revistas de temática familiar.

Lo más llamativo, era el cambio de conducta de la Nena en ese ambiente. Lejos de ser la Nena caótica y desordenada que es cuando está conmigo, allí se sentó con los demás niños alrededor del plato de injeera y comía shiro wot a las diez de la mañana con precisión y orden ejemplares. Acabado el plato, los tres niños hicieron la fila y se lavaron las manos, la cara y los pies. Siempre con una mano, como hacen los etíopes (en la otra mano aguantas la jarra para echarse el agua). Ni un grito, ni una voz. Si cuando yo le doy de comer, a nada que la comida esté caliente se lanza desaforada a gritar “¡¡¡¡quema, quema!!!” que parece que la estén quemando viva, allí apenas hizo una mueca mientras se bebía el té todavía humeante. Hasta levantaba el dedo meñique. Entiéndase que yo he dejado de ir a Misa porque me avergüenzo de mis habilidades como madre desde que la Nena se echó por encima los cacillos con el agua bendita de la entrada, entre gritos con mucha más alegría de la que me hubiera gustado para un momento tan serio como es la Consagración, para pasmo de todos los niños etíopes de su edad, que aguantan sin pestañear las dos horas de celebración. De ahí mi asombro ante esa niña que decía gracias y que, cuando llegamos, saludó educadamente casa por casa, llamando a todos sus ocupantes por nombre de pila.

Con resignación, pronuncié el diagnóstico: “decididamente, la Nena es más feliz aquí”. Mientras mis amigos me consolaban, una de las señoras, pensando que el poema de mi cara era porque estaba preocupada, me dijo ”no te preocupes. La cuidamos bien. Es nuestra niña”. Ya te digo.

Al final decidí abrazar el lado positivo del tema, que es que mi Nena va a una guardería informal donde aprende un montón de cosas todos los días. Y además me la devuelven con el pelo trenzado.

Algunos días después de la visita, la niñera decidió que teníamos que quitar el pañal a la Nena. La otra nena de su edad que vive en el recinto estaba también en pleno potty training etíope y la niñera decidió que mi Nena seguiría el modelo estándar: cada media hora, los mayores mandan a los pequeños a cagar (literalmente). Los nenes se acuclillan en círculo y están así hasta que han producido lo que tengan que producir. Tengo que decir que ha funcionado. Diez días más tarde, el pipí lo tenemos dominado. La caca, menos. Lo que no tenemos dominado es el concepto “váter”. Cuando tiene ganas, la Nena simplemente busca el lugar más próximo con hierba, se baja los pantalones, se acuclilla y mea. A mí no me parecía mal. Está graciosa, acuclilladita en mitad de la calle. Hasta que el otro día, finalizado el pipí, cogió una hojita del suelo y se limpió el culete con gran destreza. Muerta quedé. Cuando, minutos más tarde, usó otra hoja para limpiarse los mocos, decidí que tenía que poner freno a la crianza africana. Me la imaginaba en el baño de un Bachiller español preguntando a sus amigas con piercings dónde estaban las hojas para limpiarse el culo. O sacándose los mocos con la mano en el after y tirándolos al suelo o estampándolos en la pared, que es otra cosa muy etíope que también hace con alegría flamenca.

La Nena, qué duda cabe, será un cruce de culturas. Esperemos sólo que no sea un atasco. O una colisión.

prueben ustedes a adivinar quién es la Nena

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Oct 23

GUETER

Como les comentaba, llevamos ya un mes instaladas en el Gueter. Lo llevamos bastante bien. La Nena sobretodo.

Ha encontrado mi Nena su alma gemela en este Geter africano: la nueva niñera que tenemos. Cada mañana a las 8.10 exactas salen de casa, con su mochila preparada, y se pasan la mañana en casa de la niñera, jugando con niños que yo, obviamente, no conozco. Una de las cosas que tengo que hacer es ir a ver dónde pasa mi Nena la mitad de su tiempo despierta. Vuelven a mediodía, llenas de polvo y barro (todavía llueve algo), oliendo a berberé y riendo como dos perturbadas. Un día, al entrar en casa, mi adorada Nena, muerta de la risa, me saludó “mami… you, you, you!”, que es lo que gritan los niños de Zway a los extranjeros. Muerta me quedé.

Le llegada al campo africano nos ha resuelto la confusión lingüística que exhibía mi Nena. Ahora se dedica a mugir las veinticuatro horas del día, para gran regocijo de la concurrencia. Si está contenta, muge en alto, y cuando se enfada hace “guá!”, que es una exclamación que usan los etíopes para amenazar, acompañada del acusatorio dedo índice, y empieza a mugir con un tono de una gravedad insólita para su pequeño cuerpo. Y allí, tengo que decirlo, acojona.

La casa donde vivimos, para que ustedes se hagan una idea, se parece a las que salen en ciertos reportajes de televisión. Concretamente en los reportajes que hablan del tráfico de drogas en la Cañada Real. Sólo que sin televisor de chopocientas pulgadas en el salón, entre muebles desvencijados y manchurrones de pintura vieja. Los muebles y los manchurrones sí los tenemos.

Mi vida actual haría las delicias de los partidarios del Slow Life. No porque tenga mucho tiempo libre –que no lo tengo, y de ahí la parálisis temporal de este blog- sino porque todo, todito, todo me lo tengo que hacer yo con estas manitas.

No se crean que me he dejado vencer por la adversidad. El primer día, al salir el sol, me eché a la calle y me compré tres cubos de plástico. Para hacer hogar. Y así hasta hoy. He cambiado el váter, el implante del lavabo, ordenado doscientos mil armarios y pintado la que será mi habitación con una precisión que ni los apartamentos de muestra del Ikea. Lo mejor que me dejaron los anteriores habitantes de esta casa fueron dos botes de Pronto, y así, yo el Pronto y yo el paño, tengo los muebles desvencijados que me lucen más que el sol.

A la Nena la casa le gusta bastante. Tenemos permanentemente atada una vaca (loca) en la puerta. Y tenemos dos perros. A ver ahora qué narices le regalo yo para su cumple. Había pensado un pato, pero me temo que los perros se lo comerán.

En uno de los capítulos de la Segunda Temporada de Orange Is The New Black, la protagonista, en prisión, se pasa el día buscando una cucaracha capaz de llevar cigarrillos sobre el lomo de una celda a otra. Nuestras cucarachas podrían moverte un armario. He instruído adecuadamente a mi progenie, y así la Nena ya no pierde los nervios: “Mamá, cuqui”, me grita; y allí llego rauda y veloz, armada de escoba y recogedor, a librarla de esa cucaracha que podría protagonizar una película de Disney, y hasta una serie de la HBO, grande como es.

Ustedes no lo saben, pero yo estuve dos años recogiendo fondos para que mi Santa Infancia tuviera un reluciente minibús para sus desplazamientos en Addis. Del citado minibús, he pasado a la bicicleta. Como si viviera en Amsterdan. Sólo que me está detrozando las posaderas.

Y así entre vacas, burros y caballos pasamos nuestros días. ¿Querías África? Pues toma dos tazas.

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Jun 30

MONITORING AND EVALUATION

Viviendo en África, el modelo en el que estoy criando a la Nena se aproxima más al que en Europa se conoce como “crianza con apego”. El modelo, como la mayoría de cosas en mi vida, no lo he elegido yo. Lo ha elegido toda la gente que me rodea y que constituyen el día a día de la Nena. A continuación, evaluación de lo súper bien que nos va con algunos aspectos de lo que yo supongo que es el modelo estándar (no sé si lo de la tribu está en los libros o no…)

. El porteo. En Europa la gente se piensa que llevar a los niños a la espalda es una cosa súper fácil y súper natural, con sólo ventajas (te deja las manos libres, el niño va tranquilo y permanente dormido…). Ya.

Normalmente las señoras africanas con niño a la espalda las vemos en fotos. Si las viéramos en vídeo, nos daríamos cuenta de que esa naturalidad serena y relajada la mantienen sólo los cinco segundos de la foto. Las señoras africanas con niño a la espalda no paran quietas e, incluso ellas, que lo llevan en los genes, se pasan la vida recolocandose niño y pañuelos varios constantemente. Un sin vivir.

En mi caso específico, porteo como las locas porque con nuestras calles irregulares el carrito sirve más bien poco. Esto es, porteo porque no me queda otra. Pero la llevo en brazos normalmente. Como buena frenji viviendo en África, he probado en varias ocasiones a llevarla a la espalda, con diferentes grados de fracaso. La niña está inquieta porque tiene la sensación de que se cae (no es sensación. Se cae), y aún se mueve más. Es verdad que cuando se la pone la niñera va mucho más tranquila, pero es verdad que tampoco es que la niñera pueda hacer punto de cruz durante horas con la niña a la espalda porque irle mirando a alguien la coronilla todo el rato, incluso para un niño de año y medio, es un coñazo.

. La crianza en tribu. La Nena ha aprendido a decir mamá en un plis plás. De hecho, me lo llama a mí y a media docena de señoras más. La única diferencia que marca es que, dado que conmigo se suele portar peor, supongo que es porque me considera ya familia. Como se habrá ya intuído, nuestra tribu es amplia como el mundo. Sólo que cada miembro de la tribu se considera más capacitado que los demás para orientar el crecimiento de la Nena. Y así, aunque yo diga que de picante nada, siempre hay quien, de tapadillo, me la llena de shiro wot. Y aunque yo diga que todavía no traga bien, como el resto de la tribu jamás ha conocido a nadie que se haya afixiado con palomitas, allí que van. Y además, como tiene esa sonrisa tan mona, pues puede hacer un poco lo que le salga de los webs (pegar a otros niños, quitarles las galletas, pisarle la cola a los perros, abrir la llave del gas…) porque “es tan mona…” Ya veremos dónde está la tribu cuando me toque lidiar con una Miley Cyrus desatá porque “es tan mona…” Por descontado, llama papá a todo lo que tenga barba, y a Brother House, a pesar de que no tiene barba.

. El colecho: en su momento ya expliqué nuestras vicisitudes nocturnas. Íbamos avanzando bastante bien, y ya llevábamos varios días donde la nena y yo dormíamos juntas, y era estupendo, porque me agarraba una oreja y se quedaba dormidita, y yo me quedaba disfrutando de ese diminuto garfio en mi oreja. Hasta que hace un par de días me encontraba tan a gusto que me dormí profundamente. La Nena se cayó de la cama y casi se abre la crisma. En cualquier caso, esto ha reforzado nuestro vínculo: pasamos las noches abrazadas estrechamente sin pegar ojo ninguna de las dos, aterradas ante la posibilidad de que vuelva a caerse. Podríamos trasladarnos a una cama que pegue con la pared, pero, como somos reinas, nos quedamos en la King Size (las otras son canijas) y disfrutamos de la adrenalina que supone el anticipar un despertar en el vacío. Como en Inception.

Y así, con estas chorradas, se nos pasa el verano, que aquí ha traído, un año más, lluvias, nubes y frío. Y el recuerdo de que hace un año, entre lluvia, nubes y frío, conocí a mi Nena. Miro dónde estaba, y miro dónde estoy. Y la lluvia este año me gusta mucho. Porque también se moja mi Nena.

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May 10

La Nena y la Semana Santa

Estos días de vacaciones voy de trabajo hasta el cuello y más arriba. La Santa Infancia me echa una mano y, cuando tengo que trabajar en casa, se cojen a la Nena y se la llevan de festival religioso. Desde el Viernes Santo, cada vez que ve un velo blanco, se reverencia y pronuncia con gran claridad “Amen”. Tóma ya.
El caso es que la Santa Infancia anda estos días mosca con el tema de la educación religiosa de la Nena. Ellos están convencidos de que debería bautizarla en una iglesia ortodoxa. “Ella es abeshá”, señalan con rotundidad. De allí deducen que lo más lógico es que profese la fe ortodoxa. Dos y dos son cuatro. Mientras me explican estas cosas, yo piensDSC_0054o que tendríamos que ser más protestantes, y haberlos convertido a todos años ha.
Ajenos a mis indicaciones, han comenzado a evangelizar a la Nena. A lo bestia. La cocinera de la Santa Infancia ha dado instrucciones precisas: en cuanto me descuido, se la llevan. Coge a la Nena y se recorren el comedor, donde hay colgados varios cuadros de santos etíopes. Delante de cada uno, se reverencian ambas dos y dicen “Amen”. Cuando acaban la ruta, le da de merendar shiro-wot. Madre de Misericordia… Amen. Arcángel Miguel… Amen Y así.
Con esta preparación, cuando llegó el Viernes Santo, la Nena estaba plenamente concienciada. Yo no fui con ella porque, como digo, estaba currando. Así, con las mayores de la Santa Infancia, se metieron en nuestra parroquia que sigue a rajatabla el rito católico que es bastante igual al ortodoxo estos días. La Nena se pasó toda la mañana tirada por el suelo de la Iglesia, mientras los parroquianos procedían con sus reverencias penitenciales. Sólo que dicen que la Nena hacía mucha gracia, porque pone el culo en pompa, y de vez en cuando gritaba “Amen”, y claro, a los demás se les escapaba la risa. El párroco no estaba todo lo contento que hubiera debido por la presencia de la Nena en un acto tan ceremonial.
Sólo salieron de la Iglesia para cambiarla y ponerle las manoletinas con un vestido monísimo de pana que tiene y una camiseta del decatlón que colisionaba cromática y estilísticamente con todo lo demás. Por supuesto, le plantaron hasta el netelá (velo blanco).
“Ha aguantado toda la mañana”, resumieron cuando me la devolvieron a la hora de comer. “Deberías aprender de ella”, completaron.

 
En los juicios de adopción en Etiopía, el juez te pregunta si te comprometes a criar a tus hijos en el conocimiento y respeto de las tradiciones y la cultura etíopes. Tienes que contestar que sí. A mí, ya entonces, me daban ganas de contestar “qué remedio, señora, qué remedio”.

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Abr 11

LA NENA Y LA YESHI

En este blog que va un poco a su aire, intentaré hoy dar continuidad y final a alguno de los temas expuestos. Closure, lo llaman en inglés. Concretamente, hoy daremos continuidad al tema babysitter. Escojo los temas más punteros, como ustedes pueden ver.

Después de Abebayew y de un par de días de dedicarme a mis labores, la Santa Infancia me presentó a Yeshi, una chica del Wello de unos 17 años. Como la desesperación amenazaba con convertirse en un miembro más de nuestra exigua familia, la acojí con gran alegría.

El primer día, bajé a la puerta de la calle, como hago cada mañana, para abrirla. Gran susto cuando me la encontré ya esperando. Faltaban quince minutos para el inicio de su horario laboral. Alguien que llega antes de su hora. Flipa.

Pensé que era debido a la novedad del trabajo y al deseo de propiciar una primera impresión positiva. Eso ya me impresionó, porque nadie suele llegar tan lejos en sus razonamientos laborales. Nuestro nuevo contable se presentó el primer día en chándal, y tiene una licenciatura.

Pero no. La Yeshi llega siempre puntual como un reloj. Todos. Los. Días. La mitad de las veces me pilla todavía en pijama. Por si esto fuera poco, limpia que es un gozo. Hasta quita el polvo de los muebles. Incluso los fogones de la cocina. Hasta las telarañas de la escalera. Nada escapa a su ojo crítico ni a su furia limpiadora.

Desde que llegó a nuestras vidas, la Nena ha aprendido un montón de cosas. Sabe decir one-two-three en inglés y, de vez en cuando, acompaña con sonidos los números hasta el diez (menos el ocho, que, no sé por qué, a la Yeshi se le suele olvidar). También le ha enseñado una canción en amárico muy mona, con un baile en el que la Nena mueve las manos en molinillo que te mueres de la risa. Si antes los cuatro libros que teníamos la Nena los usaba básicamente para babear encima, ahora pasa las páginas con precisión británica, imitando los ruidos de los animalitos (en amárico, eso sí). Cuando acaba con el libro, lo devuelve a su caja. Antes yo solía encontrarme juguetes hasta dentro del wáter. Ahora jamás.

En definitiva: estamos acojonados. Nunca habíamos tenido una trabajadora así de eficaz. Mantenernos a la altura nos cuesta un mundo. Yo me levanto antes para que no me pille con la casa manga por hombro. Aparte de que, a furia de ordenar, ya no conseguimos encontrar nada, ni yo ni mis compañeros de casa. Que se te ha perdido el USB del Internet, pues seguro que la Yeshi sabe dónde está. Que te falta el calcetín rosa de la Nena, pues no te preocupes que la Yeshi te lo encuentra. Es una máquina.

Sólo hay dos “peros”. El primero: el sentido estético. Cuando estuvimos en España, a la Nena le regalaron varios pares de zapatos, entre los que había unas manoletinas blancas, que yo pensé “mira, por si las bodas”. Son las favoritas de la Yeshi. Da igual lo que yo le ponga por las mañanas a la Nena. En cuanto llega la Yeshi, manoletinas al canto. Con chándal o con vaquero. Con pijama o con enterizo africano que nos trajeron de Senegal. La pregunta ya no es qué le pongo a la Nena, sino qué le pongo para que le combine con las manoletinas. Son un must. Como siga así, la Nena va derecha a las perlas con chándal de táctel, o al animal print (leopardos de toda la vida).

El segundo “pero” es más serio: no tengo ninguna gana de que vuelva nuestra señora G., que es la babysitter con plaza. Es que mola mucho no tener que limpiar los fogones. Es como si estuviera cambiando el viento, y vieras a Mary Poppins que va abriendo el paraguas. Ese paraguas limpio y reluciente que tienes ahora porque, eso también lo ha hecho, me ha limpiado el paraguas. Pero es que la señora G. es familia. Mary Poppins no era familia. Por eso se fue de casa de los Banks.

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Abr 08

LA NENA Y MI PRIMERA CAGADA

Al final, me convencieron. Les cuento: a mi Nena, en torno a Navidad, le crecían los rizos que era un gozo. Cuando volvimos a Addis, mi Santan Infancia (incluyendo las trabajadoras, que a veces se comportan como niños de preescolar), lejos de admirar mis logros, se limitó a señalar “los pelillos del final de la frente todavía le salen bastante finos. Tienes que raparla”. Y así, empezaron a dar el coñazo todos a una: que si luego le saldría un pelazo; que si total de cara es linda, qué más da si la rapas; que ella es etíope y a los etíopes se les rapa… Al final, accedí. “No te preocupes”, me tranquilizaron, “nos la llevamos a casa y tú ven en veinte minutos”.

Tengo que decir que la Nena no sufrió. Mientras una cocinera la rapaba, una niña le sujetaba la cabecita y otra le hacía carantoñas y chorradas. Cuando llegué, al cabo de veinte minutos, los rizos de la Nena estaban esparcidos por el suelo de nuestro salón. Tengo que reconocer que la habían pelado con gran habilidad, y sin hacerle ni un rasguño.

Estaba horrenda. Parecía E.T. Un marciano raro que me sonreía mientras jugaba con sus propios rizos cortados, como los cocodrilos de la granja de Arba Minch, que se comen las pezuñas y las cabezas de sus congéneres muertos. Y allí lo ví con claridad meridiana: primera cagada. Pobre nena. Parecía uno de esos niños madrileños que huían hacia Madrid al comienzo de la guerra civil, y que retrata Antonio Muñoz Molina en el libro que me estoy leyendo estos días. Daba una penica… (los niños de la guerra de Madrid y mi Nena).

Para consolarme, la Santa Infancia me ha enseñado a ponerle pañuelos en la cabeza. Para consolarme, y para que les perdone. Porque saben que se han aprovechado de mi debilidad de carácter para experimentar con mi Nena. Desde que llegó, se lo pasan bomba con ella. Han decidido por su cuenta y riesgo que la Nena tiene que seguir el modelo de crianza etíope, y en cuanto se la dejo más de diez minutos, me la devuelven oliendo a berberé, o a punto de la asfixia con granos de kolo, o tarareando Sora Sora, que es una canción tradicional que machaca los nervios que es un dolor. Al nuevo corte de pelo le ven como principal ventaja que ahora la Nena sí parece uno de ellos. Uno de los pobres, se entiende.

Será un milagro si la Nena sobrevive a su grupo étnico y social.

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Mar 10

DESPERATE HOUSWIFE

Uno lee este blog y le parece que mi vida es súper interesante, que vivo siempre en una intensidad emocional brutal, y que el peso del mundo descansa sobre mis hombros. Al menos, esa es mi intención. Así que el post de hoy les va a decepcionar. Mis cuitas de hoy se reducen a una sola: estoy sin babysitter. Y al borde del colapso.

La señora que nos ayuda habitualmente tiene a su madre enferma. Cosas que pasan. El problema es que la enfermedad fundamental de la madre es que tiene 80 años. Y eso no se le va a pasar ni hoy ni mañana. Ustedes dirán que soy despiadada, pero no. Soy tan encantadora que le dije: “no te preocupes, tómate tu tiempo, lo importante ahora es tu madre. Yo ya encontraré a alguien” Never mind, I’ll find someone like you, que diría Adelle. Ya. No sabía yo lo que estaba diciendo.

Después de pedir consejo a múltiples personas, llegó a nuestras vidas Abebayew, una chica joven. Ya el tercer día se presentó a mediodía, alegando que estaba enferma. Se le había infectado un pelo en la pierna. Yo he trabajado normalmente con pelos infectados en las ingles. Tuve que medicárselo, para asegurarme que viniera el día después. No la mandé a paseo porque a la Nena le caía bien. Tenía unas tetas enormes que a la Nena, aparentemente, le daban seguridad. Lo sé porque desde entonces no hace más que mirarle las tetas a todo el mundo y, si le dejas, aposenta la mano entre ellas. Así, calentita.

Una semana después, Abebayew se tomó otro día libre. El pelo infectado se le había curado, pero le habían entrado a robar en casa, y tenía que ir a la policía a poner la denuncia. O eso dijo. Otro día perdido.

Abebayew nos avisó el sábado de que hoy, lunes, no vendría. Dijo que le dolía la cabeza. Por otras fuentes he sabido que ha encontrado otro curro, pero ella me dijo que le dolía la cabeza y que seguramente el lunes también le iba a doler. Yo iba a contestarle que ni yo era su marido, ni quería sexo con ella, pero no lo hice y la dejé marchar.

El domingo encontré otra señora que hoy ni siquiera se ha presentado. La Nena ha estado toda la mañana llorando, y creo que echa de menos las tetas de Abebayew. Mira las mías, y rompe a llorar (estoy bastante, bastante menos dotada que Abebayew).

Y así las cosas, he puesto a la Nena a dormir, y me he dado a la vida de la perfecta Housewife. Ya me he visto dos episodios de Modern Family y este es el tercer post que escribo (la Nena duerme mucho). ¿Trabajar? Las señoras bien y las babysitters estamos exentas.

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Mar 06

LA NENA Y EL MANUAL

Soy una madre de manual. De manual de la madre desastre, se entiende. Para empezar, ya me he leído los dos libros: Duérmete niño y Bésame mucho. Error. Debería haberlo sabido, visto que los dos tienen títulos en imperativo. Soy de voluntad débil y tiendo a pensar que todo el mundo sabe más que yo. Los dos escritores (curiosamente, ambos dos hombres) te dan patrones bastante radicales –al menos desde mi punto de vista- sobre como criar a tu progenie. Ambos dos, como recordaba hace tiempo Madre de Marte, tienen legiones de seguidores y fans. Yo es que, desde que conseguí superar Beverly Hills 90210 (no por nada, pero eso ya era una serie, y ahora hay series bastante más basura), no he sido fan de nada. Los Backstreet Boys me pillaron un poquitín mayor, y a los One Direction no alcanzo ni a entenderles el pelo. A nivel nacional, Pereza me da eso, pereza, y el tío de El Canto del Loco me parece que tiene la expresividad de una piedra. Y que el pop-rock español cada vez me gusta menos. Como las series españolas.

Volviendo a los libros, ambos dos sugieren que, ante todo, la familia debe estar de acuerdo en el método a seguir. Y allí llego al primer problema. Yo, por mí, sería más bien Gonzalista. La Nena, en cambio, me ha salido Estivilista recalcitrante.

Empecé con Duérmete niño y, como ya dije, quedé bastante satisfecha. Gracias al orfanato, la Nena duerme como el bebé que es. Me deja siempre un par de horas libres después de comer y otra hora desde que ella se acuesta hasta que me acuesto yo. Así puedo dedicarme con calma a cosas que me satisfacen y me llenan como persona, como planchar. Para poderme apuntar a yoga o a pilates, la Nena debería dormir veinte horas al día y yo debería vestirla con sacos de plástico y darle de comer piedrecitas del recreo.

Luego me lancé con Bésame mucho y descubrí que mi Nena es profundamente desgraciada, porque ni la he amamantado, ni colechamos. Lo de dar el pecho (la biología me impediría amamantar eficazmente, salvo que la Nena se pasara semanas chupando ininterrumpidamente) hay quien lo propone como incentivo para el vínculo (se vinculará más mejor). La Nena ya tiene bastantes dientes, y cuando se emociona tiende a morder. Si la abrazo más de diez segundos, me muerde las orejas con pasión. Y ya en las orejas duele. Cuando le doy el bibe, que maneja de manera autónoma desde que la conozco, me sonríe con adoración.

Como soy madre primeriza, no quiero perderme nada de la experiencia maternal. Pero la Nena no piensa lo mismo, y rechaza dormir conmigo. Hemos mejorado, y ahora sí me soporta en la misma habitación. Las primeras semanas, si se despertaba por la noche, no se volvía a dormir hasta que yo me iba al sofá. Sí que me pide que la coja en brazos, pero, aunque estuviera diez horas con ella en brazos, no se dormiría. Quien viajó conmigo desde El Cairo hasta Madrid puede dar fe de ello. Para dormirse en mis brazos, primero tiene que pasar por todos los estadios posibles de frustración, estrés y enfado. Al final, como nada es eterno, se duerme exhausta.

Me consuelo pensando que Bésame mucho se basa en seguir las demandas de los niños. Si siempre tienen razón cuando solicitan dormir con los padres, supongo que no podemos contradecirlos cuando demandan dormir solos. Sé que el Dr. González me diría que es todo fruto de las rutinas del orfanato (donde, aunque no habían leído el libro, se ve que eran fanes de Estivill, lo cual te hace también reflexionar sobre la humanidad de este último método: es el que siguen en las instituciones, consciente o inconscientemente, luego es el más eficaz cuando no puedes atender como debieras a tu hijo), pero, siguiendo con el método del Dr. González, que compara frecuentemente la conducta infantil con la adulta, si a ti, de la noche a la mañana, una desconocida (simpaticona, pero desconocida) te forzara a dormir con ella sólo para satisfacer sus ansias de maternidad, igual te mosqueabas.

Así que la niña duerme en su cuna, a los pies de mi cama. A veces me tumbo al lado y, cuando se despierta, nos miramos a través de los barrotes y nos sonreímos. Como si estuviéramos en la cárcel. Mi Nena sonríe siempre por las mañanas. Yo no, pero estoy aprendiendo. Como a todo.

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