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Archive for the ‘Etiopia’ Category

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Abr 18

TIPOLOGÍA DEL VOLUNTARIADO

Ya Juan Pablo II tuvo la intuición de afirmar que el voluntariado es uno de los signos de nuestro tiempo. En los últimos años, ha proliferado exponencialmente el voluntariado internacional, tanto de corta como de larga duración. Como se puede imaginar, en mis siete años como gallina clueca del voluntariado en el corral de mi Santa Infancia, he visto pasar decenas de personas durante una semana, un mes, un año o un lustro. Así, intentando no ofender a nadie (no prometo nada), me decido a hacer un breve recorrido por los diversos tipos de voluntarios que nos llegan:

. La hippie (no confundir con hipster, que es otra cosa). Es la clásica rasta con bombachos y talento percusionista. Los veranos normalmente se iba de camping, y este año le ha dado por venir al África. Hablo en femenino porque suelen ser chicas, pero también hay chicos. Piercings a gogó y tatuajes que exhibe a la menor oportunidad. Por cierto, reina, si llevas un Buda tatuado y se lo explicas a la Santa Infancia (it’s Budah), su expresión no es de fascinación, sino de miedo. “Buda” quiere decir “mal de ojo” en amárico. Otra cosa: los piercings, con el polvo, la humedad y los piojos que te salen de las rastas, suelen infectarse. Tráete antibiótico. Tendencia al veganismo, ergo, si se queda más de un mes, tendencia a la anemia. Comprobado.

 

. La Kumbayá. Puede venir también con bombachos. Es un poco como la hippie, versión religiosa. Concibe el voluntariado como una experiencia religiosa (pero no de las de Enrique Iglesias). Viene equipada con guitarra y Biblia. Suelen adoptar posturas algo intransigentes, del tipo “no voy de restaurantes porque los pobres no pueden ir de restaurantes”. A pesar de que los pobres tampoco tienen ni lavadora ni agua caliente, no suelen poner reparos a ninguna de estas dos cosas. Si finalmente consigues romper sus reticencias anti-materialismo y se beben dos cubatas, no habrá Cristo que las haga volver a casa. Suelen cantar en momentos aleatorios, sin motivo aparente. Esta categoría, decididamente, está mucho más presente en el sector femenino.

 

. El manitas. Esa persona que sabe arreglar de todo… en su casa. Aquí le faltan doscientas piezas por segundo, y nada de lo que venden en las tiendas de electricidad /bricolaje/fontanería le sirve. Son eficaces hasta un cierto punto, sobre todo teniendo en cuenta que no suelen hablar ni siquiera inglés. Eso sí, suelen ser bastante mejores que tus trabajadores normales de mantenimiento, por lo tanto, bienvenidos sean.

 

. El falso cooperante. Es esa persona que se ha hecho un curso on-line de doce horas sobre Cooperación al Desarrollo, ergo, lo sabe todo, todo. Sin embargo, no sabe la diferencia existente entre cooperante y voluntario. Más allá del sueldillo (los voluntarios no tenemos), el cooperante trabaja para ONGs y agencias oficiales de Cooperación, normalmente en coordinación de proyectos. Esto es, en oficina con esporádicos viajes al terreno. El voluntario también puede trabajar para una ONG, pero suele estar implicado directamente en el proyecto y tener poco que ver con su administración y coordinación, sobre todo si viene para una semana en verano. Tiene más contacto con la gente y hace cosas como limpiar culos, que son cosas que un cooperante jamás tiene que hacer. Así, te llega el enteradillo de verano, que te hace preguntas como “¿la comunidad ha colaborado en la redacción del proyecto?”, que te dan ganas de contestarle “la evaluación la pasamos cada año, gracias. Y nos la hacen profesionales”. Después de dos días en tu proyecto, ya saben todo lo que no funciona y, sobre todo, ya saben cómo tendrías que trabajar para que todo funcionara. Una bendición de Dios.

 

. El viajero. Es esa persona que viene “a descubrir África”. La Santa Infancia le interesa sólo como elemento atropológico. Se pasará el verano dando el coñazo a las familias, de ceremonia del café en ceremonia del café, haciendo fotos con su cámara de paparazzi. La mitad de su período de voluntariado lo pasará viajando. Como suele ser bastante alternativo (si no lo fuera, se habría venido en un tour organizado, como hace la gente normal) y odia la Lonely Planet, no tiene ni idea de cómo viajar en Etiopía, por lo que tendrás que organizarle el viaje y reservarle todo en los sitios que habrás sacado de la Lonely Planet que tú sí tienes. A pesar de sus ganas de conocer África, suele ser bastante hipocondríaco: todas las diarreas le parecerán amebas y todos los catarros, pulmonías. Reza para que no se pinche con nada, porque, aunque es súper aventurero, es incapaz de ir sólo al médico.

 

. Los adolescentes. Como se imagina, en esta categoría pueden incluírse elementos ya mencionados: pueden ser rastas o aventureros o Kumbayá o fans de Física y Química. Es gente que a última hora cambió sus planes de Interrail para venir de voluntario a tu proyecto. No suele tener ningún tipo de motivación, y no suelen entender que lo que para ellos es un campamento de verano, para ti es tu vida. Vienen dispuestos a renunciar a todo durante un mes. Menos al Internet. Renuncian a limpiar, a ducharse, a cocinar, a lavar los platos (bueno, no es que renuncien, es que nunca lo han hecho), pero como no les proporciones Internet y móvil en menos de 24 horas, pueden llegar a convulsionar.

 

. Los niños de pecho. Son adultos, pero requieren la misma atención que un bebé de seis meses. Se debaten entre lo que querrían hacer y entre lo que se sienten capaces de hacer, que es más bien poco. Por lo tanto, pasan a depender de ti. No mueven un pie sin preguntarte si está culturalmente aceptado mover los pies. Jamás salen por su cuenta por la noche, ni se van de turisteo solos. No se dan cuenta de que cuando ellos oyen “¡Yupi!, nos vamos a cenar fuera”, tú oyes “mierda, adiós a la cera, otra vez cuchilla”. No parecen percibir que, cuando tú tienes vacaciones, te apetece irte a España, no a Lalibela como guía de un grupo de voluntarios de verano. No entienden que tu tiempo libre es TU tiempo libre, y que no tienes por qué pasarlo con ellos. El hecho de que viváis y trabajéis juntos un mes no los convierte en tus muy mejores amigos, y puede ser que, a pesar de todas sus virtudes, tú todavía necesites tiempo sin su presencia para tomar aire.  No quiere decir que te caigan mal, simplemente que tú, antes de ellos, ya tenías una vida (seguramente comparable a la vida que tienen ellos en sus lugares de origen), y que a lo mejor no quieres paralizar esa vida para estar con ellos cada minuto del día. Si expresas este deseo en voz alta, se ofenderán y hablarán pestes de ti cuando vuelvan a sus lugares de origen.

 

. La madre: esa señora o matrimonio que, ahora que sus hijos ya no los necesitan, se vienen al África a criar los hijos de otros. Se concentrarán en pequeñas cosas como limpiar mocos a los niños o cambiarles de ropa cuando se meen. Suelen ser apañados y dar poca guerra. Puntito Kumbayá, pero sin exagerar. La única pega es que se angustian enseguida cuando la Santa Infancia tiene problemas o se hacen heridas, aplicando el nivel de bienestar que han conseguido proporcionar a sus hijos como el obligatorio inamovible para toda la Humanidad, cuando a veces no es posible.

 

. Los voluntarios: Esto engloba todas las categoría anteriores, y alguna más. Son gente que viene con la firme intención de ayudar a los que menos tienen. Están algo cargados de tópicos y expectativas, pero la mayoría consiguen reemplazarlos por percepciones reales. Si son voluntarios de tiempo breve, seguramente la experiencia les será más útil a ellos que al proyecto pero, en cualquier caso, su presencia tiene sentido: vienen con una energía que los que vivimos aquí sólo tenemos en los días de sol, no les importan las lluvias y consiguen que vuelvas a maravillarte ante cosas que se te habían olvidado, que te acuerdes de aquellas pequeñas cosas que te emocionaron tus primeros meses aquí. Para la Santa Infancia son una novedad siempre bienvenida y una vía de contacto con el mundo exterior. De hecho, como a los que se quedan poco no les da tiempo de vivir situaciones feas ni de echar broncas, los recuerdan con gran afecto. Vivir con ellos es siempre una aventura, aunque a veces ellos no se den cuenta de que la aventura en sí misma puede ser algo tan simple como dar un abrazo, jugar a la comba, arbitrar un partido o pintar una pared.

 

Y la mayoría, eso sí, suelen acabar venerándote. Y siempre se agradece.

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Mar 21

AYUNO Y ABSTINENCIA

Al margen de los avatares de la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa Etíope procede con sus rituales anuales. Hace ya dos semanas que empezamos el período de ayuno que precede a la Pascua, y que nosotros conocemos como Cuaresma. Ellos lo llaman Ayuno, para tener que dar menos explicaciones. Tiene sentido.

El ayuno ortodoxo se mantiene durante sesenta días, en los que no se puede comer nada derivado de los animales (carne, pescado, leche, huevos), y en los que no se puede comer absolutamente nada hasta las tres de la tarde. Yo siempre había creído que Jesús murió a las seis, pero ahora he descubierto que no, que es a las tres. Yo creo que tendría más sentido empezar el ayuno a las tres, pero la Iglesia ortodoxa no comparte esta idea mía.

Mi Santa Infancia, que no conoce límites, se entrega al ayuno con devoción ejemplar. Hay que limpiarse. Yo hace años que lucho contra la limpieza, y les propongo variantes del ayuno (ayuno de insultos, ayuno de peleas en el patio, ayuno de helados guarros de hielo…) con resultados nulos por el momento. No pierdo la esperanza.

Me cuesta aceptar que toda la actividad se paralice a las tres de la tarde (las trabajadoras también ayunan). Me cuesta aceptar que tengamos que dar comidas durante cuatro horas (los de la guarde siguen comiendo a las doce). Me cuesta aceptar que decidan poner en riesgo su salud (mi Santa Infancia normalmente come carne dos veces a la semana, un promedio claramente insuficiente para niños en crecimiento).

Un día le pedí a A. que le preguntara al cura que les da el catecismo en la iglesia ortodoxa que por qué se entiende que la voluntad de Dios es que la gente pase más hambre de la que ya pasan normalmente. Al día siguiente, vino triunfal con la respuesta: “Dios nunca nos pide más de lo que sabe que podemos hacer”. Chúpate ésa.

Hoy ceno huevo frito. Como media Etiopía ayuna, la otra media nos hartamos de comer huevos, aprovechando que bajan los precios.

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Mar 19

AL VOLANTE, PELIGRO CONSTANTE

Siendo de ciudad de provincias, en España nunca he conducido. Me saqué el carnet hace años y lo he usado poco poquísimo. No tengo coche en España y, obviamente, no lo necesito. A la gente le gusta cargar conmigo en mis vacaciones.

Así, mi iniciación al mundo del automovilismo se produjo en Addis Abeba. En vez de empezar a conducir un Seat Panda o un Ibiza, como hizo toda mi generación, yo hice mis primeros pinitos con un Land Cruiser de ocho plazas que trepaba como las lagartijas por los socavones de Addis Abeba. La prosperidad americana se me acabó, y actualmente conduzco otro Land Cruiser, también de ocho plazas, pero bastante, bastante más ajado. Es una maravilla, porque cada día me sorprende con un ruido distinto. Como no tengo ni idea de mecánica, me santiguo cada mañana y me lanzo a la ciudad, haciendo caso omiso del despliegue musical de mi vehículo. Cuando se enfada, lo llevo al mecánico, y a correr.

El tráfico en Addis, como se puede imaginar, roza el delirio. El gobierno de Hailemariam se ha decidido a implementar hasta la última idea que se le pasó por la cabeza al difunto Meles, y así han vuelto levantar todas las calles recién asfaltadas para hacer…¡un tranvía! Addis nunca deja de sorprenderte.

Con varias de las principales arterias de la capital parcial o totalmente cerradas, los atascos en hora punta se multiplican. Como el parque vehicular de Addis presenta un nivel de mantenimiento paupérrimo, los coches se recalientan enseguida y, al caos del atasco, tienes normalmente que añadirle el caos que provoca cuando uno de los coches se queda parado bloqueando un carril. Si tienes suerte, el motor se funde en plena rotonda, y ahí que se queda por los siglos de los siglos (amen).

El principal problema que presenta la circulación de Addis es conceptual: concretamente, el concepto de “preferencia” se ha sustituído por el concepto de “meter el morro”. En los cruces, pasa primero quien le hecha más morro o quien aprecia menos la carrocería de su coche.

Esta ausencia de criterio da como resultado un necesario incremento de la comunicación entre conductores: te pasas la vida pitando. Cuando ves que alguien va a incorporarse, le pitas para avisarle de que no vas a parar. Cuando ves a alguien caminando por la carretera, le pitas para avisarle de que no se arrime demasiado. Esto, si lo haces en España, es de mala educación. No sólo no te paras en los pasos de cebra, sino que además le pitas a la gente que está esperando.

Otra cosa muy guay que hacen con el claxon es pitar al imposible. Ejemplo: tú estás parada en un cruce porque el guardia de tráfico que está justo delante de tu coche te ha pedido que esperes. ¿Qué hace el coche de detrás? Te pita. Para que pases. Para que atropelles al guardia, dejes sus restos desmenuzados en el siguiente socavón, y acabes en la cárcel de Kaliti. Lo mismo sucede cuando, esporádicamente, te atreves a parar en un paso de cebra y dejar que la gente pase. El de atrás te pita. Si cada vez que te pitan, arrancaras, el aumento desmedido de población en Addis se resolvería en un plis plás.

En contra de lo que pudiera parecer, el caos reinante no quiere decir que no haya reglas. Sí las hay, También hay multas. Los únicos que conocen las reglas son los guardias de tráfico. Como ellos son los que te ponen la multa, la cosa tiene sentido. Cuando te ponen una multa, no sólo te ponen la multa, sino que te quitan el carnet de conducir. Luego, tienes que ir a tráfico a pagar y después a la comisaria del señor policía a recuperar tu carnet. No es un proceso difícil, pero jode perder la mañana.

Los etíopes están convencidos de que la razón del caos es la cantidad de vehículos que hay en la ciudad. No es cierto. Considerando el número de habitantes, no hay tantos coches. Yo (experta en ser experta) apunto como razones del caos:

. las mencionadas obras

. los taxis (furgonetillas) que se paran y cambian de carril cuando les sale de los webs

. la extendida idea de que uno es siempre más listo que los demás, y los demás están esperando porque son tontos y no se les ha ocurrido invadir el carril contrario

. la extendida idea de que todos somos Iron Man. La gente camina despreocupadamente por mitad de la calzada. Todo el mundo sabe que cuando el binomio peatón-coche colisiona, siempre ganan los buenos, que sería el peatón.

. los agujerillos de la calzada, que no todos los coches pueden superar. Si tienes un utilitario normal, te pasas la vida circulando a diez por hora en el terror de morir sepultado en uno de los socavones.

. las carreras a veinte por hora. A la gente le encanta adelantar. Aunque conduzcas un camión de hace veinte años, con tráiler suplementario, cargado de piedras, y no puedas pasar de treinta kilómetros por hora, si encuentras a otro que va a veintiocho kilómetros por hora, tú lo adelantas. Por las leyes de la física, eventualmente llegará un momento en el que conseguirás completar tu adelantamiento, después de tres minutos de bloquear los dos carriles disponibles en la carretera, para gozo y regocijo de los demás conductores. Eso si, con el esfuerzo, no se te recalienta el camión y te quedas a mitad.

Sinceramente, por muy cateta que yo sea, no creo que el problema resida en que “la ciudad no es para mí”. Es que creo que no es para nadie.

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Mar 12

FEKER NA KETEMA

En los últimos tiempos, por razones que no vienen al caso y que contaré otro día, paso mis días libres de oficina en oficina gubernamental en Addis. Tengo una amiga que también comparte estas razones que no vienen al caso, y así hemos bautizado nuestros lunes “Feker na Ketema”. Para los no avanzados en amárico, sería la traducción de Sex and the City. Nos partimos de la risa solas.

Dedicamos nuestros lunes a buscar oficinas gubernativas. Así, nos hemos dado cuenta de que la burocracia etíope es culo inquieto, y cambian sus dependencias aproximadamente una vez cada dos meses. Considerando que la ciudad ha superado ampliamente al Madrid de Gallardón en lo que a obras se refiere, las tournés son siempre divertidas.

Con las semanas, cada vez nos hemos ido emocionando más. Si Carrie compra en Hermés, nosotras nos plantamos en Merkato. Ella va con los míticos Manolo’s, y yo, para emularla, me he comprado unas sandalias de cuerdas por 20 birr. Es como ir descalza. Literal. Notas todas las piedras en la planta del pie. Así, nos ponemos nuestro mejor plástico encima y nos lanzamos a la ciudad. La semana pasada, mi colega se emocionó tanto que vino hasta maquillada.

El caso es que a mí me encantaría adaptar series petardas a la cultura local. Me quedarían fantásticas. Soy capaz de verlo: una Carrie Bradshaw en Koshe, con sus bolsitas de plástico llenas de mierdas rescatadas entre la basura; una Blair Waldorf malcriada entre vacas en Wello; un Glee en una escuela de barro en Gondar. Molaría mil. Mañana llamo a la Ethiopian Television. Me veo como la próxima Lena Dunham. De verdad.

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Mar 10

LA PELU

Pues sí, fui a la pelu. El sitio me lo reservo, para que no se diga que hago publicidad a nadie (sin recibir el correspondiente honorario, claro). Era un sitio super fashion, super frenji, donde incluso tenían revistuchas de cotilleo americanas. El café también era americano. Total que lavar y cortar, con la tontería de la decoración cuqui y la peluquera recién llegada de su diáspora canadiense, me costó 200 birr (unos 8 euros al cambio). Como todas las compras culpables, pasarlo a euros ayuda mucho a dormir mejor.

Respecto al estilismo en sí, yo iba con Alice (la hermana de Edward) en la cabeza, y al final ha resultado ser una versión algo (sólo algo) más moderna del mítico hongo nuclear que en tiempos me cascaba la peluquera armenia.

Al día siguiente, la Santa Infancia acogió mi nuevo corte de pelo con gran algarabía, dentro del duelo que mantienen cada vez que me corto el pelo. Me preguntaron que dónde me lo había cortado:

_ En una peluquería – dije yo, sin especificar que las peluqueras vestían unos uniformes monísimos, y que había incluso agua caliente en el local.

_ Y cuánto te ha costado – y allí me decidí a mentir. Es duro decirle a un niño que te has gastado el equivalente a la mitad del alquiler mensual de su casa en cortarte el pelo. Así, fui a lo seguro:

_ Treinta birr

_ Desde luego, te lo hemos dicho mil veces, que tienes que ir con nosotros a los sitios. Te estafan siempre.

Se ve que realmente cuesta 25 birr. Pero seguro que en esos sitios donde ellos me llevarían no tienen revistas guays.

 

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Dic 06

SI YO PUDIERA

Si yo pudiera evitarte la vida que te espera. Si yo pudiera protegerte siempre. Si yo pudiera borrar la pena que despiertas en las almas compasivas. Si yo pudiera darte alas para que no tuvieras que correr desmadejadamente. Si yo pudiera hacer que todos vieran lo mucho que mejoras cada día.

Si yo pudiera, te haría la reina del mundo. Hasta por encima de Alanis, te pondría yo. Si de mí dependiera, nadie te querría menos que yo. Si alguien me diera a elegir, te elegiría a ti.

Si yo pudiera, te salvaría de todas las dificultades que encontrarás. Si yo pudiera, jamás llorarías.

Si yo pudiera, te protegería de los piojos. Si yo pudiera, la vida pasaría de largo y te dejaría en paz, congelada en tu sonrisa desordenada. Si yo pudiera guardarte, llevarías siempre un pelo precioso.

Yo por ti lo haría todo. Menos recrearte, eso no. Porque ya eres perfecta.

Si yo pudiera, lo sabría todo el mundo.

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Nov 21

DOCTOR, DOCTOR

El pueblo etíope tiene una relación cuando menos curiosa con sus propios cuerpos. Si alguno de nuestros lectores ha tenido la oportunidad de trabajar en el ámbito sanitario etíope, seguro que recuerdan con cariño algunas de estas expresiones:

. “Me he roto un brazo”. Cuando se caen, siempre se rompen cosas. No dicen “me he dado un golpe en el brazo”, sino “me he roto el brazo”. Esto, los primeros días, te asusta un mucho, hasta que aprendes a hacer las preguntas adecuadas: “¿te has roto el hueso?”, y entonces ya te dicen que no, que el hueso lo tienen bien. Y les das su pomadita para golpes y a correr.

. “Se me ha caído el corazón”. Esta es súper común. Se llevan un jaleo con el corazón que no hay quién lo entienda: que si se les cae, que si se les cansa, que si les tiembla…. Factores a tener en cuenta:

  1. Consideran corazón a todo lo que es el pecho
  2. En la mayoría de los casos es gastristis (acidez). Es lo que tiene desayunar berberé, que a los cinco años ya sabes lo que es el Pepto Bismol.
  3. Cuando no es acidez, quiere decir que sienten que el corazón les late más fuerte de lo normal lo que, sobre todo en niños, puede ser síntoma de fiebre.

. “La garganta no me deja comer injeera”. Y entonces tú les preguntas: “¿te duele?”, y ellos te repiten “no me deja comer injeera”. Tú, que eres avispada, ya has entendido que es un modo de decir “me duele la garganta”. Sólo que vinculado a la máxima utilidad de la garganta, que es la deglución de injeera.

. Bichos mil: La palabra “awre” quiere decir bicho o animal salvaje. Esto aplica lo mismo para un ogro que para una araña. Cuando oyen ruidos que no saben de dónde vienen, pues los hace un awre. Ejemplo: “se me ha metido un awre en el oído”. Y tú te quedas muerta, pensando “pues a ver cómo lo sacamos…”. Pero no. Es que oyen ruidos. Lo más divertido es pedirles que te reproduzcan los ruidos que hace el animal. Reproducirán como un vientecillo silbante la mar de gracioso. Traducción: tímpano agujereado. Si el awre habla cosas concretas, preocúpate porque NO es el tímpano.

A veces el awre puede entrarles en el cuerpo e instalarse cómodamente a vivir en el corazón. Suele provocarles ardor de estómago.

. “Me duele el riñón”. Esto es una declaración que, al menos yo, había oído normalmente a personas mayores. Aquí te lo dicen hasta los niños de cuatro años. Te llega un mico de Primero de Guardería y te salta “me duele el riñón”. Cágate. El riñón. Tienen una conciencia de sus órganos internos que no es normal. Lo del riñón puede ser de todo, desde flato hasta gases, pasando por dolor de espalda. Normalmente, no es el riñón. Y cuando sí es el riñón, tú eres la que se da cuenta de que olvidaron mencionarte que mean marrón intenso y que tienen los tobillos inflados como botijos. Entonces no se les ocurre que pueda ser el riñón.

. Vida interior. Etiopía es el paraíso de los parásitos intestinales. Servidora, cuando recibe la visita de estos inquilinos, se ve obligada a cambiar radicalmente sus prioridades, convirtiéndose el “no cagarse encima” en el objetivo general de la jornada. Los etíopes, que tienen más callo, pueden hacer vida normal en compañía de amebas, giardias y solitarias.

Lo más llamativo es la multitud de teorías sobre el origen de las lombrices. Según mi Santa Infancia, las lombrices te las pillas:

. por comer plátanos (por los hilos, que tienen la misma forma)

. por comer wot hecho de patatas y zanahorias (no sé por qué, porque está cocinado)

. por tomar demasiada azúcar (yo esto también lo he oído de pequeña. Desconozco si el azúcar reactiva los parásitos o no)

Lo más curioso es que ninguno relaciona las lombrices con su verdadera causa, que sería el comerse la mierda propia y/o ajena. Cuando se lo explico, normalmente me responden sucintamente: “No. Estás equivocada”.

Esto me pasa mucho. Los awres sólo les entran a los abeshá, por eso los frenjis no sabemos lo que son. Yo soy una persona despiadada, por lo tanto no tengo corazón que recoger cuando se me cae. Así es la vida.

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Nov 15

ECHANDO DE MENOS (Y DE MÁS)

Hace unos días vino B., que a veces parece un poco tonto, pero que no lo es en absoluto, y me dijo:

_ Estoy enfadado contigo

_ ¿Y eso? –yo, ante estas declaraciones de amor, reacciono con normalidad. Trabajo con adolescentes. SIEMPRE hay alguien rebotado conmigo.

_ Te has llevado a M. , y no me has dicho nada

_ No me lo he llevado –corrijo- lo hemos metido en un internado – es verdad, desde hace un mes, está felizmente internado con una congregación de curas. Dicen que es la sensación del internado – y sabes que es por su bien.

_ Ya, pero no me habías dicho nada

_ Lo siento –concedo

_ Y lo echo de menos

Y ahí sí no puedo ayudarle. Yo también lo echo de menos, pero estoy infinitamente contenta de que hayamos encontrado una solución que lo ha apartado de las calles y de su madre. Porque en los últimos meses, M. se había convertido también en la sensación del barrio, la mascota de todos los macarras.

 

En vez de venir al cole, se iba a pedir limosna a los minibuses. Hasta ahí, pues normal. Nuestra Santa Infancia tiene una tendencia natural a pedir (y a necesitar) limosna. Yo intenté combatir el instinto:

_ M., tienes que venir a clase. La calle es peligrosa. Para los macarras eres como un cachorro, y te abandonarán cuando crezcas – es verdad. La gente le toma cariño a los niños pequeños y, cuando crecen, los mandan a tomar por saco. Este año era el turno de M. como Niño Gracioso. Como la presidencia de la Unión Europea, el título de Niño Gracioso caduca más o menos a los seis meses.

_ Además, -proseguí-, te estás jugando la vida por unos céntimos de nada – la efectividad de sus actos puede ser un concepto difícil para un niño de seis años, pero no imposible – porque, ayer, al final, ¿cuánto dinero recogiste?

M., baja los ojos. Evita siempre el contacto visual, para regocijo de las que nos empapamos de manuales de psicología evolutiva. Se lleva la mano al bolsillo, cuenta, y me comunica:

_ Ciento cincuenta birr

Coño pelota. Eso es una pasta.

_ Un señor me dio cien birr, y los otros cincuenta me los dio otra gente. Además, una señora me dio ropa nueva y zapatos.

Y, mientras miraba a nuestro pequeño Huckleberry Finn, vestido más limpio que en todos los días de su vida, me di cuenta de que el problema era serio. Si yo fuera él, y cada día me encontrara ciento cincuenta birr, más ropa, más zapatos, con las narices que iba yo al colegio.

Y así procedimos a buscarle un internado en el campo. Y, con mucha ayuda de mucha gente, lo encontramos.

Lo echo de menos. Los macarras del barrio me preguntan por él. También ellos lo echan de menos. Luego me he enterado de que es porque el pequeño M. les pagaba la comida con lo que sacaba mendigando. Desde que se fue, no han vuelto a comer caliente.

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Nov 08

VUELTA AL KARMA

Hace ya algunas semanas, en este post, comenté que una de las cosas que no me gustan de Etiopía es el racismo. En este retorno de karma sin fin que es mi vida, la semana pasada, me enteré de una cosa sobre la concepción que los etíopes tienen de España que me dejó muerta: nos consideran un país extremadamente racista. No un poquitín racista. Un mucho racista.

Por casualidades de la vida, he mantenido en los últimos días varias conversaciones “Where are you from?” En este punto de mi vida, considero que nada bueno puede salir de una conversación que comienza así. Digamos que, después de quinientas cincuenta y dos veces, la frase de marras pierde su encanto como lo que los americanos llaman “pick-up line” y que en español se diría “pregunta idiota para ligar”. Yo la veo como el equivalente local del “estudias o trabajas”. En mis tiempos. Ahora, visto que nadie trabaja, supongo que ya no se usará tanto en los bares españoles de madrugada, porque es meterse en terreno escabroso. Supongo.

A lo que iba, en los últimos días, cuando respondo que soy española, la gente me suelta “oh, ahí hay mucho racismo”. Lo comenté con una amiga mía, profesora de instituto, y ella se animó a preguntar a sus alumnos cuáles consideraban que eran los países más racistas del mundo mundial. Respuesta: Estados Unidos y España.

Que por qué. Pues muy fácil. ¿Ustedes se acuerdan de que, en algún momento entre 2005-2006, en diversos partidos de fútbol, Samuel Eto’o sufrió la humillación de que lo llamaran “mono”? ¿Que se les ha olvidado? Pues a los etíopes no. Y, como España es fútbol, y el fútbol es racista, pues España es racista.

Endevé. Y lo peor es que seguramente tienen razón. Eso justificaría que el hecho de que en ese ambiente haya quien se comporte civilizadamente nos sorprenda tanto que nos pongamos a darles premios a mansalva. Si yo tuviera mi cuenta económica tan bien surtida, creo que podría ser mucho más dulce y agradable. Todo sería probar, ¿no?

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Oct 15

¿TE ACUERDAS?

Aguarda en la puerta de la oficina. Es una chica de unos quince años. Me saluda educadamente y se me queda mirando, como esperando algo. Su cara me suena, pero no sé muy bien de qué

Finalmente, se arranca:

_ ¿Te acuerdas? –y yo le digo que no, que no me acuerdo.- Yo era uno de vuestros niños – completa

Me cuenta una historia que, a fuerza de oírla, no consigo ubicar. Que estuvo tres años con nosotros. Que luego su madre murió, su padre la sacó del centro y la puso a servir en una casa. Que seis años después su padre se ha vuelto al campo, ella ha huído de la casa donde limpiaba y vive con una señora que la ha acogido. Que ha vuelto a matricularse en la escuela. Tercero de Primaria. Que ni loca vuelve al campo con su padre.

Busco en el ordenador y me sale su expediente. “Una niña tímida y educada. Buena estudiante. Afectuosa con los educadores. Un poco triste” escribí en aquel entonces. Lo acompaña una foto que me recuerda a una niña de vestido verde komche, piel brillante y sonrisa a medio componer. Pone que tenía diez años, pero supongo que es un dato que incluí a boleo.

Miro a la joven que tengo ante mí. La sonrisa, a lo que parece, nunca llegó a componerse del todo. La piel ha perdido brillo. Tiene cuerpo y cara de señora cansada. La tristeza sigue allí.

Le explico que lo mejor que puede hacer es irse con la familia que le queda en el campo, donde me cuenta que tiene una hermana. Que en nuestro barrio, para las chicas como ella, sólo hay prostitución y miseria. Que nuestro nivel de éxito en casos como el suyo se acerca a cero. Que lo hablaré con Brother House, a ver qué piensa él.

Le enseño la foto de su expediente en la pantalla del ordenador, y se queda mirándola un rato. “Esa era yo”, me dice. Y llora con esas lágrimas calladas que vierten las niñas que crecieron antes de tiempo, las mujeres heridas que nunca tuvieron nada. Llora por todo lo que pudo ser y no le dejaron ser. Por lo que nunca será. No es rabia ni enfado, sólo tristeza.

Yo no lloro porque, a fuerza de oírla, su historia la he olvidado.

P.D: Cuando escribo estas líneas (11 de Octubre), el mundo celebra el Día Internacional de la Niña. Una ONG nos ha enviado un sms al móvil recordándolo. Yo me acuerdo de todas las niñas a las que, como a E., les han robado la niñez. Niñas sin muñecas. Niñas sin pijama. Niñas madre y niñas mujer.

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