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Archive for the ‘Nena’ Category

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Jul 31

A ELLA MISMA

Dice uno de los personajes de Orange Is The New Black que en la coronilla siempre hueles a ti mismo. Cuando duerme a mi lado, la coronilla de la Nena me huele a berberé. Otros días me huele a humo. Me huele a polvo y, según dónde haya jugado, a veces a estiércol de vaca. Me huele a pipí de otros niños, a wot*, a vaselina para el pelo. En estos días de Ramadán, me huele a perfume barato si ha estado en brazos de algún musulmán. Me huele a sudor de la canguro. Me huele a hierba, y a Carrot Oil. Me huele a incienso y a café tostado. Me huele a Saba Samuna** y a pella hervida.

La coronilla de la Nena, me huele a Etiopía.

 

*Wot: La salsa que acompaña la injeera.

** Saba Samuna: jabón para lavar la ropa a mano.

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Nov 26

WORK IN PROGRESS

Aquí seguimos, de crianza en el gueter. Yo sé que más de uno me envidia, o, al menos, envidia a mi Nena, por esa oportunidad que me cuesta tantos supiros de crecer en su cultura y con su gente. Como ya expliqué, mi Nena cada mañana marcha al recinto donde vive la niñera, y se pasa las horas allí. No he encontrado guardería.

A las pocas semanas, intrigada, le pregunté a la niñera si podía ir un día a verla. Me contestó invitándome a tomar café un domingo por la mañana, junto a la familia que antes ocupaba el puesto que nosotras ocupamos ahora.

El recinto es un cuadrado de arena y piedras bastante amplio, circundado por casas de barro no demasiado desastradas. Mejor de lo que pensaba. Peor de lo que supongo recomiendan las revistas de temática familiar.

Lo más llamativo, era el cambio de conducta de la Nena en ese ambiente. Lejos de ser la Nena caótica y desordenada que es cuando está conmigo, allí se sentó con los demás niños alrededor del plato de injeera y comía shiro wot a las diez de la mañana con precisión y orden ejemplares. Acabado el plato, los tres niños hicieron la fila y se lavaron las manos, la cara y los pies. Siempre con una mano, como hacen los etíopes (en la otra mano aguantas la jarra para echarse el agua). Ni un grito, ni una voz. Si cuando yo le doy de comer, a nada que la comida esté caliente se lanza desaforada a gritar “¡¡¡¡quema, quema!!!” que parece que la estén quemando viva, allí apenas hizo una mueca mientras se bebía el té todavía humeante. Hasta levantaba el dedo meñique. Entiéndase que yo he dejado de ir a Misa porque me avergüenzo de mis habilidades como madre desde que la Nena se echó por encima los cacillos con el agua bendita de la entrada, entre gritos con mucha más alegría de la que me hubiera gustado para un momento tan serio como es la Consagración, para pasmo de todos los niños etíopes de su edad, que aguantan sin pestañear las dos horas de celebración. De ahí mi asombro ante esa niña que decía gracias y que, cuando llegamos, saludó educadamente casa por casa, llamando a todos sus ocupantes por nombre de pila.

Con resignación, pronuncié el diagnóstico: “decididamente, la Nena es más feliz aquí”. Mientras mis amigos me consolaban, una de las señoras, pensando que el poema de mi cara era porque estaba preocupada, me dijo ”no te preocupes. La cuidamos bien. Es nuestra niña”. Ya te digo.

Al final decidí abrazar el lado positivo del tema, que es que mi Nena va a una guardería informal donde aprende un montón de cosas todos los días. Y además me la devuelven con el pelo trenzado.

Algunos días después de la visita, la niñera decidió que teníamos que quitar el pañal a la Nena. La otra nena de su edad que vive en el recinto estaba también en pleno potty training etíope y la niñera decidió que mi Nena seguiría el modelo estándar: cada media hora, los mayores mandan a los pequeños a cagar (literalmente). Los nenes se acuclillan en círculo y están así hasta que han producido lo que tengan que producir. Tengo que decir que ha funcionado. Diez días más tarde, el pipí lo tenemos dominado. La caca, menos. Lo que no tenemos dominado es el concepto “váter”. Cuando tiene ganas, la Nena simplemente busca el lugar más próximo con hierba, se baja los pantalones, se acuclilla y mea. A mí no me parecía mal. Está graciosa, acuclilladita en mitad de la calle. Hasta que el otro día, finalizado el pipí, cogió una hojita del suelo y se limpió el culete con gran destreza. Muerta quedé. Cuando, minutos más tarde, usó otra hoja para limpiarse los mocos, decidí que tenía que poner freno a la crianza africana. Me la imaginaba en el baño de un Bachiller español preguntando a sus amigas con piercings dónde estaban las hojas para limpiarse el culo. O sacándose los mocos con la mano en el after y tirándolos al suelo o estampándolos en la pared, que es otra cosa muy etíope que también hace con alegría flamenca.

La Nena, qué duda cabe, será un cruce de culturas. Esperemos sólo que no sea un atasco. O una colisión.

prueben ustedes a adivinar quién es la Nena

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Oct 23

GUETER

Como les comentaba, llevamos ya un mes instaladas en el Gueter. Lo llevamos bastante bien. La Nena sobretodo.

Ha encontrado mi Nena su alma gemela en este Geter africano: la nueva niñera que tenemos. Cada mañana a las 8.10 exactas salen de casa, con su mochila preparada, y se pasan la mañana en casa de la niñera, jugando con niños que yo, obviamente, no conozco. Una de las cosas que tengo que hacer es ir a ver dónde pasa mi Nena la mitad de su tiempo despierta. Vuelven a mediodía, llenas de polvo y barro (todavía llueve algo), oliendo a berberé y riendo como dos perturbadas. Un día, al entrar en casa, mi adorada Nena, muerta de la risa, me saludó “mami… you, you, you!”, que es lo que gritan los niños de Zway a los extranjeros. Muerta me quedé.

Le llegada al campo africano nos ha resuelto la confusión lingüística que exhibía mi Nena. Ahora se dedica a mugir las veinticuatro horas del día, para gran regocijo de la concurrencia. Si está contenta, muge en alto, y cuando se enfada hace “guá!”, que es una exclamación que usan los etíopes para amenazar, acompañada del acusatorio dedo índice, y empieza a mugir con un tono de una gravedad insólita para su pequeño cuerpo. Y allí, tengo que decirlo, acojona.

La casa donde vivimos, para que ustedes se hagan una idea, se parece a las que salen en ciertos reportajes de televisión. Concretamente en los reportajes que hablan del tráfico de drogas en la Cañada Real. Sólo que sin televisor de chopocientas pulgadas en el salón, entre muebles desvencijados y manchurrones de pintura vieja. Los muebles y los manchurrones sí los tenemos.

Mi vida actual haría las delicias de los partidarios del Slow Life. No porque tenga mucho tiempo libre –que no lo tengo, y de ahí la parálisis temporal de este blog- sino porque todo, todito, todo me lo tengo que hacer yo con estas manitas.

No se crean que me he dejado vencer por la adversidad. El primer día, al salir el sol, me eché a la calle y me compré tres cubos de plástico. Para hacer hogar. Y así hasta hoy. He cambiado el váter, el implante del lavabo, ordenado doscientos mil armarios y pintado la que será mi habitación con una precisión que ni los apartamentos de muestra del Ikea. Lo mejor que me dejaron los anteriores habitantes de esta casa fueron dos botes de Pronto, y así, yo el Pronto y yo el paño, tengo los muebles desvencijados que me lucen más que el sol.

A la Nena la casa le gusta bastante. Tenemos permanentemente atada una vaca (loca) en la puerta. Y tenemos dos perros. A ver ahora qué narices le regalo yo para su cumple. Había pensado un pato, pero me temo que los perros se lo comerán.

En uno de los capítulos de la Segunda Temporada de Orange Is The New Black, la protagonista, en prisión, se pasa el día buscando una cucaracha capaz de llevar cigarrillos sobre el lomo de una celda a otra. Nuestras cucarachas podrían moverte un armario. He instruído adecuadamente a mi progenie, y así la Nena ya no pierde los nervios: “Mamá, cuqui”, me grita; y allí llego rauda y veloz, armada de escoba y recogedor, a librarla de esa cucaracha que podría protagonizar una película de Disney, y hasta una serie de la HBO, grande como es.

Ustedes no lo saben, pero yo estuve dos años recogiendo fondos para que mi Santa Infancia tuviera un reluciente minibús para sus desplazamientos en Addis. Del citado minibús, he pasado a la bicicleta. Como si viviera en Amsterdan. Sólo que me está detrozando las posaderas.

Y así entre vacas, burros y caballos pasamos nuestros días. ¿Querías África? Pues toma dos tazas.

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Jun 19

LA DOLCE VITA

Cuando expresé mi deseo de iniciar un proceso en adopción, hubo gente en mi entorno que se preocupó por motivos obvios: soy una madre sola y trabajo como voluntaria. Hace años que no ingresa un euro en mi cuenta corriente, y vivo en el extranjero, lejos de mi familia próxima y de mis amigos más antiguos. Mi jornada estándar de trabajo, en aquel momento, eran diez horas diarias, siete días a la semana, colmada de responsabilidades inaplazables.

He leído una entrada de Madre de Marte y creo que, seis meses después de la llegada de la Nena, puedo afirmar con rotundidad que, si ustedes me conocieran, me envidiarían. Mogollón. Todo lo que he hecho hasta el momento me ha conducido a la situación óptima para ser madre soltera.

Desde el minuto 1, mi entorno de trabajo ha asumido que, después de ocho años de entrega dedicada, mi prioridad ahora es la Nena. Sigo trabajando diez horas al día, pero en muchos momentos la Nena está conmigo. Es verdad que echar broncas mientras la Nena se mea de la risa y me mete los dedos en la nariz puede ser un desafío, pero es mejor que vivir con sentido de culpa y resentimiento hacia la Humanidad mientras mi Nena espera en casa a que yo llegue. Además, tengo los fines de semana libres. Y, si un día me agobio, tengo doscientas niñeras eventuales encantadas de llevarse a la Nena a dar una vuelta mientras yo me relajo. Y, sobre todo, mi trabajo me sigue encantando.

El hecho de vivir en Etiopía me permitió adoptar como madre soltera. En España no me habrían dado la idoneidad ni borrachos. No por mi desequilibrio mental –que disimulo bastante bien-, sino por mi paupérrima situación económica. En Etiopía accedí a la adopción nacional, y aquí sí cumplo los requisitos. Hay una asociación que certificó que tengo un presupuesto a disposición para mis gastos con un límite bastante más alto de lo que el sentido común y mi conciencia me marcan.

Comparto mi casa con otros voluntarios. A priori, se puede pensar que esto te quita intimidad y privacidad y demás. Como saben las madres solteras, los momentos de angustia son mucho, mucho más angustiosos si estás sola. Los que viven conmigo me apoyan y, sobre todo, quieren mucho a la Nena. Si quiero, puedo salir cualquier noche a darme un garbeo sin problemas. Si no salgo, es porque estoy cansada o no me apetece separarme de la Nena, no porque no tenga o no pueda pagar a alguien de confianza con quién dejarla. La semana pasada tuve dolor de espalda. El voluntario que vive conmigo se levantó antes y vino a sacarme a la Nena de la cuna. Cuando él se fue a trabajar, llegó la niñera. Estuve toda la mañana en la cama viendo 30 Rock. Entre episodio y episodio, me levantaba a ver a la Nena, que, por supuesto, ni siquiera se enteró de que yo no estaba bien.

Nuestra casa es enorme. A veces presenta overbooking, pero la Nena tiene siempre un salón enorme para jugar, e incluso un jardincillo con su columpio y su tobogán. Cuando llegó la Nena, a mi me parecía que teníamos ya de todo. Hasta que abrí la bolsa que me mandó mi madre y descubrí lo que nos faltaba: pijamas. No se me había ocurrido que podía necesitar pijamas. Pero llegó esa bolsa, y muchas otras de más gente después, y a día de hoy tenemos ropa que jamás me habría podido permitir, y juegos de segunda, tercera o primera mano, hechos por mí o regalados, con los que, de momento, no se aburre.

Es verdad, nuestro plan para emergencias gordas se reduce a una lista de personas que darían medio brazo por nosotras sin rechistar (plan para emergencias pequeñas no tenemos, porque la emergencia es un poco nuestro estado natural). Pero eso ya es mucho. Y mi baja por maternidad se redujo a un mes y medio, pero si un día no voy a trabajar porque la niñera no viene, ni me echan, ni se acaba el mundo. Hago lo que puedo con la Nena a cuestas y sanseacabó. Y, si decido trabajar en fin de semana, es porque quiero o porque me divierte, no porque nadie me obligue.

Como yo soy mucho de prepárame para lo peor, me puse en un proceso de adopción que, según mis previsiones, tenía muchas posibilidades de emparejarme de por vida con un niño/a cargado de traumas y con problemas de conducta. La Nena, por el momento, es la niña ideal. Muy, muy trasto, pero capaz de concentrarse cuando algo le gusta. Cuando ocasionalmente me disculpo por tener una niña capaz de destrozarte la plancha en treinta segundos, hay quién me pregunta si de verdad yo, que soy culo inquieto, esperaba que el destino me asignara una niña toda zen. Además de movida, es muy afectuosa, apegada a mí desde el primer minuto. Sigo con mi idea de prepararme para lo peor (adolescencia resentida) pero de momento he conseguido convencerme de que puede ser que sí, puede ser que realmente haya tenido tanta suerte. Y me dedico a disfrutar de este primer año como familia. La veo crecer, y me creo lo que me dice la Santa Infancia: que es una Nena preciosa y feliz. Me ha costado creérmelo (no puede ser, algo tiene que ir mal), pero lo consigo cada día.

Cuando en Navidad estuvimos en España, pasé por delante de un vendedor de lotería. Normalmente, siempre compro algún número si estoy en España en esas fechas. Nunca se sabe. Este año no compré. Me pareció que sería pedir demasiado. Y no puedo pedir más, porque lo tengo ya todo. Y, sinceramente, creo que lo que no tengo (casa en propiedad, marido, nómina, revistas de cotilleo periódicas, conexión decente a Interné…) es porque no lo necesito.

 

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May 10

La Nena y la Semana Santa

Estos días de vacaciones voy de trabajo hasta el cuello y más arriba. La Santa Infancia me echa una mano y, cuando tengo que trabajar en casa, se cojen a la Nena y se la llevan de festival religioso. Desde el Viernes Santo, cada vez que ve un velo blanco, se reverencia y pronuncia con gran claridad “Amen”. Tóma ya.
El caso es que la Santa Infancia anda estos días mosca con el tema de la educación religiosa de la Nena. Ellos están convencidos de que debería bautizarla en una iglesia ortodoxa. “Ella es abeshá”, señalan con rotundidad. De allí deducen que lo más lógico es que profese la fe ortodoxa. Dos y dos son cuatro. Mientras me explican estas cosas, yo piensDSC_0054o que tendríamos que ser más protestantes, y haberlos convertido a todos años ha.
Ajenos a mis indicaciones, han comenzado a evangelizar a la Nena. A lo bestia. La cocinera de la Santa Infancia ha dado instrucciones precisas: en cuanto me descuido, se la llevan. Coge a la Nena y se recorren el comedor, donde hay colgados varios cuadros de santos etíopes. Delante de cada uno, se reverencian ambas dos y dicen “Amen”. Cuando acaban la ruta, le da de merendar shiro-wot. Madre de Misericordia… Amen. Arcángel Miguel… Amen Y así.
Con esta preparación, cuando llegó el Viernes Santo, la Nena estaba plenamente concienciada. Yo no fui con ella porque, como digo, estaba currando. Así, con las mayores de la Santa Infancia, se metieron en nuestra parroquia que sigue a rajatabla el rito católico que es bastante igual al ortodoxo estos días. La Nena se pasó toda la mañana tirada por el suelo de la Iglesia, mientras los parroquianos procedían con sus reverencias penitenciales. Sólo que dicen que la Nena hacía mucha gracia, porque pone el culo en pompa, y de vez en cuando gritaba “Amen”, y claro, a los demás se les escapaba la risa. El párroco no estaba todo lo contento que hubiera debido por la presencia de la Nena en un acto tan ceremonial.
Sólo salieron de la Iglesia para cambiarla y ponerle las manoletinas con un vestido monísimo de pana que tiene y una camiseta del decatlón que colisionaba cromática y estilísticamente con todo lo demás. Por supuesto, le plantaron hasta el netelá (velo blanco).
“Ha aguantado toda la mañana”, resumieron cuando me la devolvieron a la hora de comer. “Deberías aprender de ella”, completaron.

 
En los juicios de adopción en Etiopía, el juez te pregunta si te comprometes a criar a tus hijos en el conocimiento y respeto de las tradiciones y la cultura etíopes. Tienes que contestar que sí. A mí, ya entonces, me daban ganas de contestar “qué remedio, señora, qué remedio”.

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Mar 10

DESPERATE HOUSWIFE

Uno lee este blog y le parece que mi vida es súper interesante, que vivo siempre en una intensidad emocional brutal, y que el peso del mundo descansa sobre mis hombros. Al menos, esa es mi intención. Así que el post de hoy les va a decepcionar. Mis cuitas de hoy se reducen a una sola: estoy sin babysitter. Y al borde del colapso.

La señora que nos ayuda habitualmente tiene a su madre enferma. Cosas que pasan. El problema es que la enfermedad fundamental de la madre es que tiene 80 años. Y eso no se le va a pasar ni hoy ni mañana. Ustedes dirán que soy despiadada, pero no. Soy tan encantadora que le dije: “no te preocupes, tómate tu tiempo, lo importante ahora es tu madre. Yo ya encontraré a alguien” Never mind, I’ll find someone like you, que diría Adelle. Ya. No sabía yo lo que estaba diciendo.

Después de pedir consejo a múltiples personas, llegó a nuestras vidas Abebayew, una chica joven. Ya el tercer día se presentó a mediodía, alegando que estaba enferma. Se le había infectado un pelo en la pierna. Yo he trabajado normalmente con pelos infectados en las ingles. Tuve que medicárselo, para asegurarme que viniera el día después. No la mandé a paseo porque a la Nena le caía bien. Tenía unas tetas enormes que a la Nena, aparentemente, le daban seguridad. Lo sé porque desde entonces no hace más que mirarle las tetas a todo el mundo y, si le dejas, aposenta la mano entre ellas. Así, calentita.

Una semana después, Abebayew se tomó otro día libre. El pelo infectado se le había curado, pero le habían entrado a robar en casa, y tenía que ir a la policía a poner la denuncia. O eso dijo. Otro día perdido.

Abebayew nos avisó el sábado de que hoy, lunes, no vendría. Dijo que le dolía la cabeza. Por otras fuentes he sabido que ha encontrado otro curro, pero ella me dijo que le dolía la cabeza y que seguramente el lunes también le iba a doler. Yo iba a contestarle que ni yo era su marido, ni quería sexo con ella, pero no lo hice y la dejé marchar.

El domingo encontré otra señora que hoy ni siquiera se ha presentado. La Nena ha estado toda la mañana llorando, y creo que echa de menos las tetas de Abebayew. Mira las mías, y rompe a llorar (estoy bastante, bastante menos dotada que Abebayew).

Y así las cosas, he puesto a la Nena a dormir, y me he dado a la vida de la perfecta Housewife. Ya me he visto dos episodios de Modern Family y este es el tercer post que escribo (la Nena duerme mucho). ¿Trabajar? Las señoras bien y las babysitters estamos exentas.

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Mar 06

LA NENA Y EL MANUAL

Soy una madre de manual. De manual de la madre desastre, se entiende. Para empezar, ya me he leído los dos libros: Duérmete niño y Bésame mucho. Error. Debería haberlo sabido, visto que los dos tienen títulos en imperativo. Soy de voluntad débil y tiendo a pensar que todo el mundo sabe más que yo. Los dos escritores (curiosamente, ambos dos hombres) te dan patrones bastante radicales –al menos desde mi punto de vista- sobre como criar a tu progenie. Ambos dos, como recordaba hace tiempo Madre de Marte, tienen legiones de seguidores y fans. Yo es que, desde que conseguí superar Beverly Hills 90210 (no por nada, pero eso ya era una serie, y ahora hay series bastante más basura), no he sido fan de nada. Los Backstreet Boys me pillaron un poquitín mayor, y a los One Direction no alcanzo ni a entenderles el pelo. A nivel nacional, Pereza me da eso, pereza, y el tío de El Canto del Loco me parece que tiene la expresividad de una piedra. Y que el pop-rock español cada vez me gusta menos. Como las series españolas.

Volviendo a los libros, ambos dos sugieren que, ante todo, la familia debe estar de acuerdo en el método a seguir. Y allí llego al primer problema. Yo, por mí, sería más bien Gonzalista. La Nena, en cambio, me ha salido Estivilista recalcitrante.

Empecé con Duérmete niño y, como ya dije, quedé bastante satisfecha. Gracias al orfanato, la Nena duerme como el bebé que es. Me deja siempre un par de horas libres después de comer y otra hora desde que ella se acuesta hasta que me acuesto yo. Así puedo dedicarme con calma a cosas que me satisfacen y me llenan como persona, como planchar. Para poderme apuntar a yoga o a pilates, la Nena debería dormir veinte horas al día y yo debería vestirla con sacos de plástico y darle de comer piedrecitas del recreo.

Luego me lancé con Bésame mucho y descubrí que mi Nena es profundamente desgraciada, porque ni la he amamantado, ni colechamos. Lo de dar el pecho (la biología me impediría amamantar eficazmente, salvo que la Nena se pasara semanas chupando ininterrumpidamente) hay quien lo propone como incentivo para el vínculo (se vinculará más mejor). La Nena ya tiene bastantes dientes, y cuando se emociona tiende a morder. Si la abrazo más de diez segundos, me muerde las orejas con pasión. Y ya en las orejas duele. Cuando le doy el bibe, que maneja de manera autónoma desde que la conozco, me sonríe con adoración.

Como soy madre primeriza, no quiero perderme nada de la experiencia maternal. Pero la Nena no piensa lo mismo, y rechaza dormir conmigo. Hemos mejorado, y ahora sí me soporta en la misma habitación. Las primeras semanas, si se despertaba por la noche, no se volvía a dormir hasta que yo me iba al sofá. Sí que me pide que la coja en brazos, pero, aunque estuviera diez horas con ella en brazos, no se dormiría. Quien viajó conmigo desde El Cairo hasta Madrid puede dar fe de ello. Para dormirse en mis brazos, primero tiene que pasar por todos los estadios posibles de frustración, estrés y enfado. Al final, como nada es eterno, se duerme exhausta.

Me consuelo pensando que Bésame mucho se basa en seguir las demandas de los niños. Si siempre tienen razón cuando solicitan dormir con los padres, supongo que no podemos contradecirlos cuando demandan dormir solos. Sé que el Dr. González me diría que es todo fruto de las rutinas del orfanato (donde, aunque no habían leído el libro, se ve que eran fanes de Estivill, lo cual te hace también reflexionar sobre la humanidad de este último método: es el que siguen en las instituciones, consciente o inconscientemente, luego es el más eficaz cuando no puedes atender como debieras a tu hijo), pero, siguiendo con el método del Dr. González, que compara frecuentemente la conducta infantil con la adulta, si a ti, de la noche a la mañana, una desconocida (simpaticona, pero desconocida) te forzara a dormir con ella sólo para satisfacer sus ansias de maternidad, igual te mosqueabas.

Así que la niña duerme en su cuna, a los pies de mi cama. A veces me tumbo al lado y, cuando se despierta, nos miramos a través de los barrotes y nos sonreímos. Como si estuviéramos en la cárcel. Mi Nena sonríe siempre por las mañanas. Yo no, pero estoy aprendiendo. Como a todo.

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Mar 05

DE VUELTA

Es mi primer día en el trabajo. T.  entra en la oficina, y comienza a mirar a un lado y a otro, buscando algo. La mayoría de la Santa Infancia, en un modo u otro, ya me ha saludado. Él, aunque me ha visto, no ha dicho nada:

_ ¿Puedo ayudarte?– le pregunto. Me gusta fingir que mi oficina es una oficina normal, y que yo soy la secretaria perfecta

_ La Nena… ¿dónde está?

_ En casa

_ Oí que estaba enferma…

_ Sólo fueron unos análisis raros,- le explico-, y nos tuvimos que quedar un poco más

_ Pero… ¿está bien?

_ Sí, está bien

_ ¿Y cuándo vendrá?

_ Luego la traigo

_ Vale… entonces me quedo para verla

Y así, cuando traigo a la Nena, T. recupera el control de la sillita de paseo, y, como ya hacía antes de Navidad, le da cien vueltas por el porche. A veces se para, y le dice cosas bajito en el oído. La Nena se ríe.

Estamos contentas de haber vuelto.

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