• Home
  • tariKe.org
Blue Orange Green Pink Purple

Posts Tagged ‘Sociedad’

You can use the search form below to go through the content and find a specific post or page:

Ago 02

IDEAS SIN RUMBO… (2)

Post Anterior: ideas ¿sin rumbo?

Un día fuimos a visitar a una ex Señora Vulnerable. Pasábamos por la puerta de su casa, y mi compañera de trabajo me pidió que entráramos, porque había parido hace poco. La nueva nena, que se llama igual que mi Nena, tiene un mes. “En cuanto pueda, se la doy a alguien”. Los dos hijos mayores de los seis que ya tiene esta señora están ya con otra familia en Addis. Familia de la que la señora sabe poco o nada. Supongo que volverá a saber cuando echen a sus hijos de casa.

Al poco de mi llegada el proyecto, una Señora Vulnerable abandonó a sus cuatro hijos. Vació la casa donde vivían, quemó el colchón infestado de chinches, los dejó a cargo de distintos vecinos sin dar muchas explicaciones, y se piró diciendo que se iba a los países árabes para no volver más. La llamamos por teléfono varias veces, suplicándole que volviera, hasta que empezó a no responder. O a colgarnos en cuanto escuchaba la voz de sus hijos. “Es la línea, que se ha cortado”, les decíamos.

En aquella tesitura, me dirigí a los servicios sociales de la ciudad. Los niños eran dos chicos de 13 y 11 años, ya con experiencias de vida en la calle, y dos niñas de cuatro y siete. Mi plan de acción: internar a los chicos en un proyecto y dar a las niñas en adopción. El plan de acción de los servicios sociales: esperar a que volviera la madre. “Ya no hay adopciones”, me dijeron. “Mentira podrida”, les dije yo. “Si no vuelve su madre, nos cogemos uno cada trabajador de esta oficina en nuestra casa”. Propuesta del siglo. “No necesitan un sitio donde dormir”, les contesté, “ya tienen un sitio donde dormir. Necesitan una madre”.

La señora volvió al cabo de cinco meses porque los de la inmigración ilegal la dejaron tirada en Addis Abeba. Llamamos a los Servicios Sociales para establecer un plan de reunificación de la familia. La madre se rebotó y los Servicios Sociales la metieron una noche en la cárcel. Lo juro. Su counselling: “si vuelves a abandonar a tus hijos, te volvemos a meter en la cárcel”. Flipa.

Tres meses después, los dos niños mayores están en la calle. Uno en Zway, otro en Addis. A las dos niñas se les ha pasado la fecha de inscribirse en el colegio, por lo que tendremos que pedir varios favores si queremos que se escolaricen con normalidad. Y pagarles todo porque el exiguo sueldo que su madre recibe a cambio de trabajar en los invernaderos apenas le da para pagar los múltiples préstamos que pidió para su viaje de la desesperanza. Han dejado de odiarla, o al menos en vez de odiarla abiertamente la ignoran pacíficamente. Siguen viniendo a mis brazos y pidiéndome que las acune como si fueran bebés de seis meses.

Leemos constantemente que ya no hay niños adoptables. Etiopía se declara públicamente capaz de atender a todos sus menores. Todo mentiras podridas. Lo que no hay son Servicios Sociales capaces de detectar situaciones reales de abandono y/o negligencia, con capacidad para retirar niños de sus familias, sea de manera temporal o permanente, y darles el apoyo que realmente necesitan. Pero que hay niños sin familias, niños abandonados, niños no queridos, niños desatendidos… los hay y son Legión.

Dice el gobierno que la adopción internacional da una imagen de pobreza del país. Al parecer, la lepra, la creciente presencia de niños de la calle, no sólo en Addis, sino también en ciudades pequeñas como la nuestra, y los niños constantemente desatendidos, no. Al parecer, la mentalidad que identifica “familia” con “lugar para dormir” es una mentalidad súper desarrollada.

En todas estas cosas pienso yo cuando veo a las dos hijas de la señora viajera, a la bebé que su madre quiere regalar. A la niña S., cuya madre le niega los antirretrovirales porque no quiere que nadie sepa que tiene Sida. Y tengo la certeza de que estarían mejor en otra parte. Y ese eslogan que dicen “siempre, siempre, lo mejor es la madre biológica” se me agrieta en la cabeza y en el alma. Porque todos tenemos la imagen de unas madres biológicas forzadas por las circunstancias, que con todo el dolor de su corazón abandonan a sus hijos para darles una vida mejor. Y no siempre es así. A veces, aun pudiendo recuperar a los hijos que mandaron como siervos a los nueve años, las Señoras Vulnerables eligen comprarse un televisor. A veces la circunstancia de no haber elegido ser madres, de haberlo sido a la fuerza, oscurece todo lo demás, nubla todo lo bueno que pueda tener una maternidad. Y en algunos casos son situaciones que no tienen salida, que no mejorarán jamás, con ningún tipo de asistencia. Son situaciones que sólo pueden traducirse en un sufrimiento para el menor.

Como digo, yo tenía claro que un niño siempre tiene que permanecer con su familia biológica, salvo en casos extremos de riesgo para el menor. Ahora me doy cuenta que entre el riesgo físico de muerte inminente y la satisfacción apropiada de las necesidades físicas y emocionales de un niño hay toda una gama de situaciones a medio camino que normalmente producen niños emocionalmente heridos y profundamente rotos. Y no tiene tanto que ver con el nivel económico de las madres, sino más bien con el background cultural y vital de estas señoras. Hay Señoras Vulnerables que adoran a sus niños, seguramente porque ellas también fueron niñas queridas. No son todas, y hay días en los que pienso que no son ni siquiera la mayoría.

Dicen que salen miles de niños cada año. Deberían salir millones.

Comparte esto:

  • Twitter
  • Facebook
Jul 29

CINCO AÑOS

Esta semana fui al banco. Para variar, no había luz. A mi lado, en la cola, un señor le preguntó al cajero: “¿Y cuándo volverá la luz?” Sin pensarlo, disparé: “esperemos que dentro de cinco años”.

No diré que ha vuelto a pasar. Diré que lo han vuelto a hacer. Han ganado los mismos. En buena lógica, lo más realista es aceptar el hecho de que va a seguir sin cambiar nada. De que vamos a seguir sin luz y sin agua y sin comunicaciones y sin sanidad decente. De que vamos a seguir pagando impuestos desorbitantes a cambio de servicios inexistentes. De que los etíopes se van a seguir muriendo de enfermedades perfectamente tratables sin que a nadie le importe mucho el hecho de que haya almacenes llenos de medicinas sin distribuir porque los funcionarios están demasiado ocupados cobrando los per-diem de las capacitaciones internacionales de turno como para trabajar. Llevan años con el building capacity. Y lo único que se está construyendo son centros comerciales vacíos e inservibles. Y el tren de Addis. Y la presa. El puto tren de Addis cuyas obras han vuelto la ciudad invivible y la puta presa que siempre están a punto de acabar y que nunca se acaba.

Cuentan que antes de las elecciones pasadas, hace cinco años, el partido regalaba cabras a cambio de votos. Lo considero un desperdicio. Con una camiseta les hubiera bastado. Este año, se ve que han optimizado recursos, y, como no había observadores, actuaron directamente a pie de mesa electoral. Cuando alguien preguntaba cómo se tenía que votar, le indicaban sucintamente que tachara el símbolo de la abejita. Como mucha gente va a votar sólo para que le vendan el aceite barato en el ayuntamiento, pues la gente tachó la abejita, y así se aseguraron otros cinco años de impunidad. Tiro por la culata a todos los niveles, porque el mes de antes de las elecciones distribuyeron aceite cuatro veces, y el mes de después ya pasaron a dos. Y tú, que vendiste tu voto a cambio de dos litros de aceite de palma, te has quedado sin aceite, y sin voto. Y sin dignidad. Literalmente, a dos puñeteras velas, que es lo que toca encender cada noche.

Leí en un libro, creo que en El Negus, de Kapuczinsky, que el pueblo etíope ayuna demasiado como para tener fuerzas para rebelarse. De acuerdo al cien por cien. El gobierno vende que no hay mejor democracia que un plato de injeera para todos y cada uno de sus ciudadanos, y en aras de ese desarrollo económico que –dicen- sacude al país en los últimos años, se vulneran Derechos Humanos y Libertades (en el banco la gente me miró como si les hubiera mentado la madre o como si hubiera mentado la madre del cajero). El plato de injeera no llega, la luz tampoco, el agua menos y el Interné… el Interné en esta ciudad de provincias cuesta más de cincuenta euros al mes (bastante más que el salario medio), y, si no, al Internet café. Cuando hay luz, claro.

Advirtieron que podía haber disturbios el día de la publicación de los resultados. Y no pasó nada. Absolutamente nada. Nada que no pase una vez cada cinco años.

Comparte esto:

  • Twitter
  • Facebook
Feb 04

ESAS FOTOS DE HAMBRUNAS…

Desde hace ya algunos años, sobre todo desde que los índices de crecimiento económico dan la razón sobre el papel al gobierno, todo artículo que se precie sobre Etiopía comienza haciendo referencia al imaginario colectivo sobre el país: las hambrunas de los 80 y esas fotos de niños famélicos. Y entonces los artículos, sobre todo los que aparecen en los periódicos de aquí, te dicen que todo eso ya no es así. Que estamos creciendo como la espuma. Que el gobierno se está empeñando con todo su ser para que todos tengan su plato de injeera cotidiana. Yo percibo siempre este esfuerzo soterrado de ir más allá del tópico, de cambiar el imaginario colectivo, de presentar Etiopía como un país en marcha, activo, con futuro.

En todas estas cosas pensaba yo cuando me pusieron en brazos al sobrino de la señora B., un niño de menos de un mes cuya madre había fallecido a la semana de dar a luz. Había ido al hospital, le dijeron que todavía no le tocaba parir, volvió a casa y parió allí y una semana después murió. La señora B. decidió llevarse al recién nacido, porque estaba algo pachucho y porque el viudo tenía otros cinco hijos de los que ocuparse. Y yo, oliéndome de lejos la tostada, fui a visitarla y a preguntarle cómo estaba su sobrino. Pues eso, no del todo bien, me dijo. Traémelo, le pedí, como si fuera un rey medieval, preséntame a tu hijo. Mandíbula desencajada cuando mi compañera desenvolvió el paquetillo y nos encontramos al imaginario colectivo: niño aparentemente prematuro (y eso explicaría la absurda confusión hospitalaria) con un grado híper alto de malnutrición. Así, a simple vista.

Dí el pistoletazo de salida y todas a correr como locas. En unos hospitales no tenían la leche especial que necesitaba el pequeño y en otros, sencillamente, no tenían permiso para tratar malnutridos recién nacidos. De oca a oca y tiro porque me toca. En un país que recibe miles de millones de todas las monedas posibles para el combate a la malnutrición, y en trescientos kilómetros a la redonda ningún hospital público tenía los recursos ni la capacidad de tratar a nuestro pequeño todavía sin nombre. Eso sí, para no aumentar los números sobre mortalidad, ni siquiera lo ingresan. Así no es su responsabilidad. Así se queda sin nombre, sin número. Fuera.

En un momento dado de la carrera, me lo volvieron a plantar en los brazos, mientras las Señoras Vulnerables organizaban todo para el enésimo traslado. Y allí es donde, mientras miraba a aquel monillo recién nacido, ya desfigurado, respirando débilmente, con aquellos dedos que supongo que eran de longitud normal, pero que parecían muy, muy largos porque eran finos, finos, con miedo de que cualquier gesto, cualquier movimiento, pudiera quebrarle la vida, pensé en todos esos artículos, en todos esos intentos de negar la realidad sólo porque se ha convertido en mainstream. He conocido mucha gente que, cuando viene a Etiopía, queriendo ir más allá del tópico, se fijan sólo en lo positivo (que lo hay). Y Etiopía, hoy por hoy, es todavía niños que mueren de hambre. Y adultos que mueren de hambre. En Etiopía todavía hay mucha, muchísima gente que pasa hambre. De la de verdad. Y muchas mujeres que mueren al dar a luz. Y luego te dicen que es porque, culturalmente, nadie va al hospital. Pero en esta ciudad donde vivo todos saben que el hospital tiene de hospital sólo eso: el nombre.

Me gustaría decirles que esta historia acabó bien. Que el monillo sobrevivió y que pudimos buscarle un nombre más adecuado que el que se nos ocurrió para rellenar el registro en el primer hospital en el que estuvimos (le pusimos un nombre ortodoxo y luego resultó que el niño era musulmán). Pero no. Behamlak falleció diez días después de su ingreso en un hospital de la Iglesia Católica. Falleció en un sitio digno, donde hicieron mucho más de lo que habían hecho en los tres hospitales precedentes, públicos y privados. Pero falleció. De hambre. Y de ignorancia. Y sí, Behamlak es Etiopía. Y como él, tantos otros.

Comparte esto:

  • Twitter
  • Facebook
Feb 02

TRIBUS ETÍOPES: LAS TIGGISTS

Hay gente que nació para llamarse Tiggist. Niñas. Y mujeres.

Tiggist quiere decir “paciencia” y, como ya dije hace tiempo, es un nombre extremadamente común. En ciertos sectores.

Las Tiggist suelen ser gente nacida en el campo. En la ciudad nadie llamaría a su hija Tiggist. Rara vez son hijas únicas. Lo más normal es que sean la quinta o la cuarta de una fila de siete u ocho hijos. Cuando se te acaban las ideas, pues le pones Tiggist. De pequeñas son niñas tranquilas, que te las puedes llevar a cualquier sitio y ni te enteras de que están. A lo mejor porque pasan su vida sin que nadie se entere de que están. Las crían hermanos y hermanas, con la ayuda de madres normalmente analfabetas y profundamente ignorantes. Así, las Tiggist cuando crecen, a lo mejor sí aprenden a leer y escribir, pero el poso de ignorancia se lo quedan de por vida.

La Tiggist estándar suele ser mujer de pocas luces y menos energía. La Tiggist media hace lo justo y necesario para sobrevivir. Suelen ser seres anodinos que, con el tiempo, desaparecen de tu memoria o intercambian caras e historias en tu recuerdo. Conoces tantas que te lías, y ya no te acuerdas quién era la señora de la limpieza y quién la madre de varios de la Santa Infancia. Porque las Tiggist rara vez escapan a su destino. Suelen perpetuar roles: casarse con un marido no elegido, parir hijos así como hacen todo… con desgana y un poco porque es lo que toca.

Las más despiertas, en cuanto pueden, se cambian el nombre, y se ponen Yordanos o Selamawit. Y a veces realmente consiguen ser Yordanos o Selamawit: gente de ciudad, con posibles, despiertas, activas. Si se quedan con Tiggist, suelen embarazarse a los 18 a más tardar y perpetúan los roles de aquella madre que un día, porque ya se había quedado sin ideas, las llamó Tiggist. O Addisé. O Abeba.

La parte positiva es que en Etiopía los niños nunca se llaman como los padres, por lo que es poco probabe que una madre Tiggist le ponga a su hija Tiggist. Y que a poco que pienses un poco el nombre, se te ocurren cosas más bonitas. Y que, por suerte, cada vez hay menos mujeres que tienen más de cinco hijos. En ciertos sectores.

En mi trabajo actual, una de los miembros del staff se llama Tiggist. Cuando me la presentaron, le pregunté a mi colega si era una Tiggist de manual. Después de mi explicación sucinta de lo que era un Tiggist de manual, mi colega me confirmó que nuestra trabajadora era eso: una Tiggist. Sin muchas luces. Sin mucha maldad, tampoco. Pocas picardías. Pocos sueños. Anodina. Gris en esta Etiopía aranguadi-bicha-key (verde-amarillo-rojo).

P.D: Espero que nadie se ofenda porque su hija o su esposa/compañera o su madre se llaman Tiggist. Me encantan los tópicos. Este es sólo otro más. También les digo que nada me alegra más que encontrar una Tiggist meando fuera del tiesto con los cinco sentidos alerta… sólo que por el momento no me ha pasado nunca.

Comparte esto:

  • Twitter
  • Facebook
Ene 30

TARGET 2: LAS CHICAS GUETER

Además de las Señoras Vulnerables, mi nuevo proyecto tiene otro target, que para mí es El Target: adolescentes. Finalmente. Me fascinan.

Nuestras Chicas Gueter son chicas de un cierto nivel, porque están cursando estudios medios o superiores. Vamos, que saben leer. Algunas hasta están estudiando Information Technology. Y son tan listas que aprueban sin saber decir ni siquiera What’s your name? Flipa.

Como nos enseñó Mean Girls, en cualquier grupo adolescente que se precie se pueden apreciar las distintas especies con claridad. Así, al interno de las Chicas Gueter se pueden visualizar y distinguir las guays, las responsables, las tristes, las catetas y las raras de cualquier tipo, raza y condición. Por nombrar algunos grupos.

A pesar de que el target me encanta, a mí y a las Chicas Gueter nos separa algo que con la Santa Infancia ya habíamos superado: no saben quién son Bella Swan ni Katniss Everdeen. Y así cómo van a llegar a nada, si no tienen modelos que seguir. No me desanimo y ya les he dicho que, apenas reúna la pasta, les compro un proyector, porque esta ciudad no puede seguir viviendo en la ignorancia. O al menos en la ignorancia sin fantasía y sin vía de escape, porque creo firmemente que, entre los cinco y los veinte años de edad, no hay penuria ni desgracia que no curen dos horas y media de Narnia bien explicado. Al menos temporalmente.

Lo más interesante de mis dos nuevos targets es la delgada línea que las separa, una línea definida: las Señoras Vulnerables han parido, y las Chicas Gueter, no. A veces las juntamos, y las adolescentes miran al grupo adolescente de las Señoras Vulnerables, chicas que eran exactamente iguales a ellas, con las mismas esperanzas, los mismos sueños… hasta que se quedaron embarazadas y alguien las abandonó (su familia, su marido/ligue/violador). Caminan de puntillas, las Chicas Gueter, porque saben que el día menos pensado se pueden volver, de golpe y porrazo, Señoras Vulnerables.

Con las unas y las otras, hacemos todo lo que podemos. Para que las Chicas Gueter nunca sean Vulnerables. Y para que las Señoras, de alguna manera, puedan retomar aquellos sueños y vivirlos, ahora, con sus Tiggist y sus Habtamus colgados de la teta.

Comparte esto:

  • Twitter
  • Facebook
Dic 05

LA OTRA CARA

Si ustedes han leído mis anteriores posts sobre nuestra vida en el gueter, estarán ya al tanto de la fascinante adaptación de mi Nena, que se está criando cien por cien etíope (a veces, más de lo que me gustaría). Si los leen atentamente (¡anímense!), verán que siempre me he referido a momentos en que la Nena y yo estábamos en casa o a momentos en que la Nena está con otras personas etíopes. Esa es la parte bonita. La otra cara, lo que se nos hace más duro, es salir a la calle juntas. Sí, algo tan normal como salir a comprar o a dar una vuelta, se nos transforma en una gimkana a prueba de nervios.

En el barrio donde vivíamos en Addis, la gente a mí me tenía más vista que el tebeo. La llegada y la presencia de la Nena despertaba comentarios amables en un noventa por ciento de los casos. Los primeros días incluso hubo gente que vino a felicitarnos a casa con regalos. De esas primeras semanas nos ha quedado un guardarropa tradicional de lo más variado.

Aquí no. Aquí yo soy nueva, la Nena también, y las dos juntas más. Al principio fue muy duro. No exagero si digo que se paralizaba la vida en torno a nosotras. La gente salía de las tiendas para vernos pasar. Los carros se paraban, la gente se daba codazos, se levantaba de los puestecillos de té para vernos… Y lo peor es que, de cada cinco personas que nos cruzábamos, tres sentían la imperiosa necesidad de hacernos saber su opinión. A veces a gritos, a veces observaciones hechas con el convencimiento de que no podíamos entenderlos. Sólo que sí los entendemos. Y la mitad eran agradables, y hasta graciosos, pero la otra mitad no. La otra mitad eran crueles.

Salir de casa y que en los primeros diez metros otras tantas personas te recuerden que “esa no es tu hija” es, honestamente, un calvario. “No la has parido” (¿en serio?, no jodas), “ella es abeshá y tú no” (nueva constatación de la evidencia), “de dónde la has sacado”, “a quién se la has robado”, “quién te la ha vendido”… suma y sigue. Los primeros quince, los aguantas. Hasta finges no escucharlos. Como un pedo que se tira alguien que tienes al lado o como las palabras que la gente ha buscado en Google para llegar a ti. Algo externo, de alguna manera vinculado a ti, pero que en lo que no puedes influir. Luego, te hartas y contestas:

_ ¿De quién es la niña?– preguntado por un macarra de unos veinte años

_ Tuya. ¿Con quién estabas hace dos años?

_ ¿De quién es la niña? ¿A quién se la has robado? – otro joven aspirante a detective

_ No la he robado. Me la vendió tu madre. Cabrón.

Ha habido otros graciosos, como un señor que nos dijo “¡anda! Mirinda y Coca”. La Nena se lanzó a gritar Mirinda, porque le gusta mucho, a pesar de que le aclaré que mucho me temía que ella era la Coca. Y luego los consabidos “God bless you”, como si no te hubiera bendecido ya, o como si debiera bendecirte por adoptar, o como si adoptaras por compasión. Hubo un señor que, entre lágrimas, hasta me dio las gracias en nombre de toda Etiopía. Los hay que se erigen en embajadores de las cosas más extrañas.

Lejos de desanimarme, no he reducido un ápice la frecuencia de nuestros paseos, y me refugio en los números. Si esta ciudad tiene veinte mil habitantes, calculando que aproximadamente la mitad nos tengan que decir algo, y a un ritmo de unas cincuenta opiniones por paseo (paseo estándar de una hora; más opiniones en menos tiempo si es día de mercado), me costará unos doscientos paseos, pero, al final, toda la ciudad habrá expresado sus opiniones sobre el complicado tema de la adopción. Para entonces, espero, nos dejarán en paz. Calculo un año (paseamos mucho). Como de momento la Nena no parece entender mucho, pues me fío de eso. Es verdad que sale de casa mucho más contenta con la niñera que conmigo. Y es verdad que la niñera sale mucho más contenta de casa si no voy yo con ellas. Además, no sé por qué, he observado que la frecuencia de estos comentarios se incrementa alarmantemente si vamos las dos solas, o si la llevo con el pañuelo a la espalda (al principio, inocente de mí, pensé que parecer más “africanas” nos ahorraría comentarios). Si vamos con más gente, especialmente si vamos con el otro voluntario (chico) que vive con nosotras, me da la impresión de que nos gritan menos.

Luego, en el día a día, con la gente con la que tengo oportunidad de hablar, sí que creo que estamos contribuyendo a normalizar la adopción transracial. Digo transracial porque realmente ahora vivimos en la región de Oromia, y la palabra que se usa legalmente para designar la adopción es oromo (gudeficha). Aparentemente, en esta región se producen muchos abandonos y es común que las familias críen hijos que no son biológicamente suyos, por lo que en teoría el concepto de adopción no debería ser extraño. Es verdad que, al igual que en amárico estricto (miasadeg), este gudeficha oromo no quiere decir realmente adopción, sino “hacer crecer”. En amárico no se habla de padres adoptivos sino de gente “que te crece” (que te cría). Como la mayoría de padres adoptivos estarán pensando, falta un matiz. No estamos haciendo crecer a nadie. Son nuestros hijos. De verdad. No son hijos de vecinos muertos que acogemos de buena voluntad, pero con los que no nos vinculamos legalmente, que a lo mejor hasta los queremos, pero siempre menos que a nuestros hijos biológicos. Esa es la parte que en Etiopía cuesta hacer entender. No lo hacemos por pena, ni por ayudar, ni para ser mejores personas. Lo hacemos porque queremos ser padres. Y son nuestros hijos. Sin fecha de caducidad. Sin posibilidad de escape.

Tengo que decir que con los días, la cosa mejora. A veces realmente sólo nos saludan. El mercado que se celebra dos días por semana, con alta afluencia de gente que viene de pueblos cercanos, todavía se nos resiste, pero en los paseos normales ya hay gente que nos reconoce. En el mercado, normalmente, las señoras que venden sólo hacen bromas, o te preguntan si es tuya, y tú les dices “sí, es mía”, y entonces me contestan “pues es bien guapa”. Y de esto hablaré otro día: la Nena, al parecer, es verdaderamente guapa.

 

Comparte esto:

  • Twitter
  • Facebook
Nov 26

WORK IN PROGRESS

Aquí seguimos, de crianza en el gueter. Yo sé que más de uno me envidia, o, al menos, envidia a mi Nena, por esa oportunidad que me cuesta tantos supiros de crecer en su cultura y con su gente. Como ya expliqué, mi Nena cada mañana marcha al recinto donde vive la niñera, y se pasa las horas allí. No he encontrado guardería.

A las pocas semanas, intrigada, le pregunté a la niñera si podía ir un día a verla. Me contestó invitándome a tomar café un domingo por la mañana, junto a la familia que antes ocupaba el puesto que nosotras ocupamos ahora.

El recinto es un cuadrado de arena y piedras bastante amplio, circundado por casas de barro no demasiado desastradas. Mejor de lo que pensaba. Peor de lo que supongo recomiendan las revistas de temática familiar.

Lo más llamativo, era el cambio de conducta de la Nena en ese ambiente. Lejos de ser la Nena caótica y desordenada que es cuando está conmigo, allí se sentó con los demás niños alrededor del plato de injeera y comía shiro wot a las diez de la mañana con precisión y orden ejemplares. Acabado el plato, los tres niños hicieron la fila y se lavaron las manos, la cara y los pies. Siempre con una mano, como hacen los etíopes (en la otra mano aguantas la jarra para echarse el agua). Ni un grito, ni una voz. Si cuando yo le doy de comer, a nada que la comida esté caliente se lanza desaforada a gritar “¡¡¡¡quema, quema!!!” que parece que la estén quemando viva, allí apenas hizo una mueca mientras se bebía el té todavía humeante. Hasta levantaba el dedo meñique. Entiéndase que yo he dejado de ir a Misa porque me avergüenzo de mis habilidades como madre desde que la Nena se echó por encima los cacillos con el agua bendita de la entrada, entre gritos con mucha más alegría de la que me hubiera gustado para un momento tan serio como es la Consagración, para pasmo de todos los niños etíopes de su edad, que aguantan sin pestañear las dos horas de celebración. De ahí mi asombro ante esa niña que decía gracias y que, cuando llegamos, saludó educadamente casa por casa, llamando a todos sus ocupantes por nombre de pila.

Con resignación, pronuncié el diagnóstico: “decididamente, la Nena es más feliz aquí”. Mientras mis amigos me consolaban, una de las señoras, pensando que el poema de mi cara era porque estaba preocupada, me dijo ”no te preocupes. La cuidamos bien. Es nuestra niña”. Ya te digo.

Al final decidí abrazar el lado positivo del tema, que es que mi Nena va a una guardería informal donde aprende un montón de cosas todos los días. Y además me la devuelven con el pelo trenzado.

Algunos días después de la visita, la niñera decidió que teníamos que quitar el pañal a la Nena. La otra nena de su edad que vive en el recinto estaba también en pleno potty training etíope y la niñera decidió que mi Nena seguiría el modelo estándar: cada media hora, los mayores mandan a los pequeños a cagar (literalmente). Los nenes se acuclillan en círculo y están así hasta que han producido lo que tengan que producir. Tengo que decir que ha funcionado. Diez días más tarde, el pipí lo tenemos dominado. La caca, menos. Lo que no tenemos dominado es el concepto “váter”. Cuando tiene ganas, la Nena simplemente busca el lugar más próximo con hierba, se baja los pantalones, se acuclilla y mea. A mí no me parecía mal. Está graciosa, acuclilladita en mitad de la calle. Hasta que el otro día, finalizado el pipí, cogió una hojita del suelo y se limpió el culete con gran destreza. Muerta quedé. Cuando, minutos más tarde, usó otra hoja para limpiarse los mocos, decidí que tenía que poner freno a la crianza africana. Me la imaginaba en el baño de un Bachiller español preguntando a sus amigas con piercings dónde estaban las hojas para limpiarse el culo. O sacándose los mocos con la mano en el after y tirándolos al suelo o estampándolos en la pared, que es otra cosa muy etíope que también hace con alegría flamenca.

La Nena, qué duda cabe, será un cruce de culturas. Esperemos sólo que no sea un atasco. O una colisión.

prueben ustedes a adivinar quién es la Nena

prueben ustedes a adivinar quién es la Nena

 

Comparte esto:

  • Twitter
  • Facebook
Jul 04

SEGURO

B. tiene 16 años, y nunca ha sido muy habladora. Tan poco, tan poco sabemos de ella, que nos enteramos un mes más tarde de que ha sido mamá. Recojo toda la alegría absurda que puedo y voy a verla. Si fuera con mi idea de “cariño, te has arruinado la vida de buena manera”, a lo mejor se la arruinaba más. Además de alegría absurda, robo aquí y allá ropita de recién nacido. Un bebé no deseado vestido lindo es siempre mejor que un bebé no deseado hecho una porquería. En cualquier caso, encuentro al bebé bastante limpio y sano.

La historia es, con pocas variantes, la de siempre: violada y embarazada. Lo cuenta sin grandes dramas. Cosas que (le) pasan.

La visita resucita en mí una de mis obsesiones cuando pienso en la vida de las madres de la Santa Infancia: la mayoría de ellas, nunca ha conocido el amor. No quiero decir el amor de películas de Meg Ryan. Simplemente el amor de pareja, entendido como que te guste alguien, que te atraiga, que consigas que se fije en ti, que establezcas una relación en la que, aunque sea por un breve período de tiempo, piensas que has encontrado a alguien que te entiende como nadie en este ancho mundo. La mayoría se encuentran un día con un señor que necesita un sitio donde vivir. Si tienen suerte, el señor pagará el alquiler de la chabola. Si no, no. En la cumbre de la tristeza, normalmente este señor les exigirá que echen de casa a los hijos de emparejamientos precedentes. Y lo harán. Eso sí, cuidarán a los hijos de los emparejamientos precedentes del señor. Hasta que el señor se canse, o encuentre un alquiler más barato, o se muera. Este es el ciclo vital de una pareja en el target donde yo trabajo.

Volviendo a B., me cuenta que dentro de una semana sacarán al bebé de casa. Primer paseo. Destino: el kebelé (ayuntamiento de zona). Dicen que dan ayuda a niños de madres solteras. Dan leche en polvo. “Pero él te coge bien el pecho”, le digo, mientras el bebé succiona con alegría delante de mí. “La leche la venderá mi madre”, me responde. Ni siquiera se la beberá ella. La venderán.

Yo a la madre de B. hace años que la odio con todas mis fuerzas. Ahora mismo, yo no me creo que la violación de B. sea algo tan fortuito. Más me creo que su madre la vendió al mejor postor. Dos hijas, las dos abusadas. Ni siquiera aquí el azar es tan cruel.

De lo que puedo entender, entiendo que la señora ha encontrado una nueva IGA (Income Generating Activity): el nieto. Primera vez que lo sacan de casa y es para usarlo como reclamo para recibir ayuda, después de años de peregrinar con sus propias hijas de proyecto en proyecto.

A veces creo que tendríamos que insistir más en el abandono. No puede ser que la única motivación para quedarte con un hijo sea que, mientras es pequeño, el mundo te ayudará. Suele pasar que cuando crece y el mundo deja de ayudarte, te deshaces del pequeño IGA. Sólo que entonces ya es tarde y nadie lo quiere, y el pequeño IGA que, como es chico, no puedes vender, malvive como puede.

Cuando nos vemos en estos círculos sin fin aparente, un poco la desesperación se te sube a la chepa. Para vencerla, el mejor de los remedios: miras al pequeño IGA, cómodamente instalado en su mantita, ajeno a la ignorancia, verdadera dueña y señora de la chabola donde ha venido a nacer. Y esperas que el pequeño IGA lo consiga. De momento, tiene ya más que muchos: está sano y su madre es joven y podrá criarlo. Y, si tiene suerte, su abuela se morirá dentro de no tanto.

Lo bueno de la Vida es que por cada fracaso, te da una nueva oportunidad.

Seguro que ahora sí lo conseguimos.

Comparte esto:

  • Twitter
  • Facebook
Jun 30

MONITORING AND EVALUATION

Viviendo en África, el modelo en el que estoy criando a la Nena se aproxima más al que en Europa se conoce como “crianza con apego”. El modelo, como la mayoría de cosas en mi vida, no lo he elegido yo. Lo ha elegido toda la gente que me rodea y que constituyen el día a día de la Nena. A continuación, evaluación de lo súper bien que nos va con algunos aspectos de lo que yo supongo que es el modelo estándar (no sé si lo de la tribu está en los libros o no…)

. El porteo. En Europa la gente se piensa que llevar a los niños a la espalda es una cosa súper fácil y súper natural, con sólo ventajas (te deja las manos libres, el niño va tranquilo y permanente dormido…). Ya.

Normalmente las señoras africanas con niño a la espalda las vemos en fotos. Si las viéramos en vídeo, nos daríamos cuenta de que esa naturalidad serena y relajada la mantienen sólo los cinco segundos de la foto. Las señoras africanas con niño a la espalda no paran quietas e, incluso ellas, que lo llevan en los genes, se pasan la vida recolocandose niño y pañuelos varios constantemente. Un sin vivir.

En mi caso específico, porteo como las locas porque con nuestras calles irregulares el carrito sirve más bien poco. Esto es, porteo porque no me queda otra. Pero la llevo en brazos normalmente. Como buena frenji viviendo en África, he probado en varias ocasiones a llevarla a la espalda, con diferentes grados de fracaso. La niña está inquieta porque tiene la sensación de que se cae (no es sensación. Se cae), y aún se mueve más. Es verdad que cuando se la pone la niñera va mucho más tranquila, pero es verdad que tampoco es que la niñera pueda hacer punto de cruz durante horas con la niña a la espalda porque irle mirando a alguien la coronilla todo el rato, incluso para un niño de año y medio, es un coñazo.

. La crianza en tribu. La Nena ha aprendido a decir mamá en un plis plás. De hecho, me lo llama a mí y a media docena de señoras más. La única diferencia que marca es que, dado que conmigo se suele portar peor, supongo que es porque me considera ya familia. Como se habrá ya intuído, nuestra tribu es amplia como el mundo. Sólo que cada miembro de la tribu se considera más capacitado que los demás para orientar el crecimiento de la Nena. Y así, aunque yo diga que de picante nada, siempre hay quien, de tapadillo, me la llena de shiro wot. Y aunque yo diga que todavía no traga bien, como el resto de la tribu jamás ha conocido a nadie que se haya afixiado con palomitas, allí que van. Y además, como tiene esa sonrisa tan mona, pues puede hacer un poco lo que le salga de los webs (pegar a otros niños, quitarles las galletas, pisarle la cola a los perros, abrir la llave del gas…) porque “es tan mona…” Ya veremos dónde está la tribu cuando me toque lidiar con una Miley Cyrus desatá porque “es tan mona…” Por descontado, llama papá a todo lo que tenga barba, y a Brother House, a pesar de que no tiene barba.

. El colecho: en su momento ya expliqué nuestras vicisitudes nocturnas. Íbamos avanzando bastante bien, y ya llevábamos varios días donde la nena y yo dormíamos juntas, y era estupendo, porque me agarraba una oreja y se quedaba dormidita, y yo me quedaba disfrutando de ese diminuto garfio en mi oreja. Hasta que hace un par de días me encontraba tan a gusto que me dormí profundamente. La Nena se cayó de la cama y casi se abre la crisma. En cualquier caso, esto ha reforzado nuestro vínculo: pasamos las noches abrazadas estrechamente sin pegar ojo ninguna de las dos, aterradas ante la posibilidad de que vuelva a caerse. Podríamos trasladarnos a una cama que pegue con la pared, pero, como somos reinas, nos quedamos en la King Size (las otras son canijas) y disfrutamos de la adrenalina que supone el anticipar un despertar en el vacío. Como en Inception.

Y así, con estas chorradas, se nos pasa el verano, que aquí ha traído, un año más, lluvias, nubes y frío. Y el recuerdo de que hace un año, entre lluvia, nubes y frío, conocí a mi Nena. Miro dónde estaba, y miro dónde estoy. Y la lluvia este año me gusta mucho. Porque también se moja mi Nena.

Comparte esto:

  • Twitter
  • Facebook
May 27

EL DIABLO Y ASOCIADOS

Pasada la Pascua, y a la espera de Pentecostés, la Iglesia Ortodoxa etíope está que se sale. Hace tres días, la Santa Infancia me informó de que estaban vendiendo un CD titulado “Ye Seitan Mahaber” (La Asociación de Satán) por el módico precio de 25 birr. Obviamente lo compramos y, en la grata compañía de cinco de mis chicos grandes, nos dispusimos a verlo en casa. 40 minutos de alta comedia. De mearte.

El CD estaba presentado por un diácono ortodoxo, vestido de blanco, quien nos explicaba que en los albores de la Iglesia Católica (en serio, precisaba que era la IC), un monje hizo un pacto con el Diablo, quien le dio fuerzas para escribir la Biblia de Satán. Lo escenificaban con escenas de El Nombre de la Rosa. Según este diácono, la Biblia de Satán ha tenido una gran difusión en el mundo y, recientemente, un desalmado la ha traducido al amárico, y se está difundiendo también en Etiopía. Además, el DVD te explica que la Asociación de Satán la forman todo tipo de personalidades a las que el Diablo les ha dado fama y dinero a cambio de adorarlo. El elenco de los miembros de tan selecto club es de lo más granado: Justin Bieber, Jay Z, Beyonce, Miley Cyrus y, cómo no, Rihanna. Rihanna, según el DVD, es la que está peor porque se hizo una foto tipo reverencia en medio de un triángulo. Con esa foto, el DVD te explica cómo los huesos de los musculados hombros de Rihanna componen las orejas del carnero diabólico. Realmente creo que es el efecto que buscaba Rihanna con la foto. Lo de hacer el triángulo con las manos, o los cuernos, es para esta gente un símbolo inequívoco de pertenencia a la Asociación de Satán.

El DVD termina con una tertulia entre el presentador, otro diácono etíope y, -tachán, tachán- un diácono frenji que habla un amárico más que aceptable, y que va vestido con sotana negra. El diácono dice llamarse Rowan Williams, y asegura que antes de fraile fue rastafari y DJ, que es lo peor que se puede ser en la vida. A mí, después de buscar en Interné, me da que el nombre es totalmente fake (así se llamaba el patriarca anterior de la iglesia anglicana, mucha coincidencia). Y que me pone bastante de los nervios el hecho de que, si lo dice un frenji, será verdad por fuerza.

El hermano Rowan, actualmente diácono Tesfamikael, explica que las canciones religiosas (mesmur) vienen de Dios, y que toda la música que no es Mesmur (que se llama Zefen) es diabólica y viene del diablo. Dice que él lo sabe bien porque, hasta que vio la luz, era DJ. Después de una detallada explicación sobre las bondades de escuchar música no religiosa (vas derecho al Infierno), los tres diáconos se ponen a cantar una canción sobre la Virgen, pareciéndose mucho, mucho a los teletubis. Y luego se acaba el DVD.

El Mahaber o asociación cultural, para el que no lo sepa, son asociaciones formadas normalmente por mujeres, que se reúnen periódicamente, beben café juntas, y rezan y hablan de sus cosas. Yo me imaginaba a Rihanna y Beyoncé sentadas en mini bancos de madera, haciendo café, junto a Jay Z y Justin Beaber, y se me escapaba la risa.

Además, el DVD te dice que Michael Jackson también formaba parte del Mahaber, pero que luego se quiso salir, y que por eso lo mataron. Te ponen hasta una parte del video de Thriller para demostrarlo.

Lo peor de lo peor es que mi Santa Infancia, que a veces es más tonta de lo que parece, anda loca borrándose las canciones de Rihanna del móvil para evitar el consabido destino infernal. Eso sí, los vaqueros de pitillo (ye Beyonce surri, los llaman, los pantalones de Beyonce), que no se los quite nadie. Hasta que salga otro DVD de la iglesia ortodoxa, supongo. Yo ya les he dicho que si en el Infierno me puedo encontrar a Rihanna, a Beyonce, a Justin, a Jay Z, a Miley y a Michael todos juntos tostando café, allí que me voy de cabeza. A hacerme un selfie y colgármelo en el Face. Y, luego, ya si eso, when the sun shine we’ll shine together.

Comparte esto:

  • Twitter
  • Facebook
« Newer Posts | Older Posts »

tariKe.org

  • Acerca de Tarike
    • tariKe.org
  • Etiquetas
    Addis Abeba Adopción Amárico Brother House Cine Comercio Cuarentena Drogas Emigración España Esperanza Etiopia Filas Gueter Idioma Iglesia Internet Juguetes Kaktus Koshe Manuales Música Nena niños confinamiento Nombres Etíopes Opinión Películas Racismo Radio Regalos Religión Salud Santa Infancia Sociedad Suministros Tarike Teatro Tiempo libre Tráfico Viaje Voluntariado Zway
  • Categorías
  • Sitios que visitaría sin dudar
    • Chino Chano

      Cerrar vista previa

      Loading...
    • Con Viento Fresco

      Cerrar vista previa

      Loading...
    • Diario del Altoaragón
    • Elia
    • Hombre Revenido

      Cerrar vista previa

      Loading...
    • Mama Etiopia

      Cerrar vista previa

      Loading...
    • Road to Ethiopia

      Cerrar vista previa

      Loading...
  • Entradas anteriores
    • abril 2020 (2)
    • noviembre 2017 (1)
    • octubre 2017 (2)
    • septiembre 2017 (4)
    • abril 2017 (4)
    • marzo 2017 (5)
    • diciembre 2016 (10)
    • mayo 2016 (1)
    • abril 2016 (4)
    • agosto 2015 (3)
    • julio 2015 (2)
    • febrero 2015 (2)
    • enero 2015 (2)
    • diciembre 2014 (1)
    • noviembre 2014 (3)
    • octubre 2014 (3)
    • julio 2014 (2)
    • junio 2014 (3)
    • mayo 2014 (2)
    • abril 2014 (2)
    • marzo 2014 (8)
    • diciembre 2013 (3)
    • noviembre 2013 (4)
    • octubre 2013 (6)
    • junio 2013 (3)
    • mayo 2013 (4)
    • abril 2013 (5)
    • marzo 2013 (7)
    • diciembre 2012 (2)
    • noviembre 2012 (3)
    • octubre 2012 (2)
    • julio 2012 (4)
    • junio 2012 (3)
    • mayo 2012 (1)
    • abril 2012 (2)
    • febrero 2012 (4)
    • diciembre 2011 (2)
    • noviembre 2011 (4)
    • octubre 2011 (4)
    • julio 2011 (1)
    • junio 2011 (2)
    • mayo 2011 (5)
    • abril 2011 (2)
    • marzo 2011 (2)
    • febrero 2011 (2)
    • enero 2011 (3)
    • diciembre 2010 (1)
    • noviembre 2010 (4)
    • octubre 2010 (5)
    • agosto 2010 (1)
    • julio 2010 (2)
    • junio 2010 (4)
    • mayo 2010 (5)
    • abril 2010 (2)
    • marzo 2010 (4)
    • febrero 2010 (6)
    • enero 2010 (7)
    • diciembre 2009 (5)
    • noviembre 2009 (5)
    • octubre 2009 (7)
    • septiembre 2009 (2)
    • agosto 2009 (2)
    • julio 2009 (4)
    • junio 2009 (9)
    • mayo 2009 (10)
    • abril 2009 (10)
    • marzo 2009 (3)
  • abril 2026
    L M X J V S D
     12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    27282930  
    « Abr    
  • Privacidad y cookies: este sitio utiliza cookies. Al continuar utilizando esta web, aceptas su uso.
    Para obtener más información, incluido cómo controlar las cookies, consulta aquí: Política de cookies
  • Archives
    • abril 2020
    • noviembre 2017
    • octubre 2017
    • septiembre 2017
    • abril 2017
    • marzo 2017
    • diciembre 2016
    • mayo 2016
    • abril 2016
    • agosto 2015
    • julio 2015
    • febrero 2015
    • enero 2015
    • diciembre 2014
    • noviembre 2014
    • octubre 2014
    • julio 2014
    • junio 2014
    • mayo 2014
    • abril 2014
    • marzo 2014
    • diciembre 2013
    • noviembre 2013
    • octubre 2013
    • junio 2013
    • mayo 2013
    • abril 2013
    • marzo 2013
    • diciembre 2012
    • noviembre 2012
    • octubre 2012
    • julio 2012
    • junio 2012
    • mayo 2012
    • abril 2012
    • febrero 2012
    • diciembre 2011
    • noviembre 2011
    • octubre 2011
    • julio 2011
    • junio 2011
    • mayo 2011
    • abril 2011
    • marzo 2011
    • febrero 2011
    • enero 2011
    • diciembre 2010
    • noviembre 2010
    • octubre 2010
    • agosto 2010
    • julio 2010
    • junio 2010
    • mayo 2010
    • abril 2010
    • marzo 2010
    • febrero 2010
    • enero 2010
    • diciembre 2009
    • noviembre 2009
    • octubre 2009
    • septiembre 2009
    • agosto 2009
    • julio 2009
    • junio 2009
    • mayo 2009
    • abril 2009
    • marzo 2009
  • Search






  • Home
  • tariKe.org

Este blog este bajo una licencia de Creative Commons. Creative Commons License Designed by FTL Wordpress Themes brought to you by Smashing Magazine

Back to Top