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Archive for the ‘Santa Infancia’ Category

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Jun 29

DIENTES, DIENTES

Hace ya algunos años, fuimos con un grupo de la Santa Infancia a la clínica de la Doctora, donde había una dentista israelí que se había comprometido a pasar consulta a una docena de nuestros niños así, por la jeta. De los niños, claro.

Nuestra Santa Infancia es verdad que cuando más se lucen es cuando los sacamos de casa (y del barrio). Así, vinieron todos repulidos a la visita con la doctora israelí y esta chica se emocionó ya un bastante cuando le expliqué que no es que todos los días vengan con chándales con brillos plateados, sino que los brillos eran fruto de la impresión de acudir a un dentista de verdad.

Al final de las consultas, tras una breve deliberación con la Santa Infancia, decidimos pagar a la doctora. Como la cosa no iba de dinero, la Santa Infancia le pagó con la historia de la versión local del Ratón Pérez.

Aquí lo que hay no es un ratón, sino un pájaro. El pájaro no tiene nombre y sólo se llama así, Pájaro. Pájaro tiene el pico lleno de dientes preciosos. El pico es grande, largo y dentudo. Así, cuando se te cae un diente, tienes que tirarlo encima de un tejado para que Pájaro pueda venir a buscarlo. Pájaro se lleva tu diente, y ¿qué te da a cambio? Pues un diente nuevo directamente de su pico, y vas que te matas. Después de la historia, la dentista de Israel se enterneció tanto que nos saturó de cepillos de dientes, tubos de pasta con las etiquetas escritas en hebreo y enjuagues bucales.

Como la Santa Infancia tiene los tejados de las casas algo destartalados, normalmente tiran los dientes en los tejados del centro para asegurarse de que Pájaro vendrá a buscarlos y les dará dientes nuevos y bonitos (dientes retornables, vaya). Así, te vienen a buscar en mitad de reuniones sobre reasignamientos de presupuesto con unas ansias tremendas porque se les ha caído un diente. Y tienes que dejar la reunión, abrir una de las clases, y cantar con ellos una cancioncilla que básicamente dice “Pájaro, Pájaro, llévate mi diente y tráeme un nuevo”. Y luego tiras el diente. Es mejor que lo tires tú, porque así se queda más lejos. Y da menos asco, porque no hay nada que dé más bajón que abrir la ventana de una clase y encontrarte cinco dientes justo en el alféizar. Y luego, con el diente correctamente posicionado en el tejado, te vuelves a tus reasignaciones de presupuesto con formatos Excel para rellenar, mientras las personas Excel te miran un poco raro porque ellos no creen en Pájaro. Peor para ellos, que Pájaro no les dará dientes nuevos.

P.D: Según mis investigaciones, Pájaro no vuela en toda Etiopía, sino sólo en ciertas regiones como Wello.

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Jun 01

UNDER CONTROL

Me he quedado de encargada del garito. Brother House ha tenido que ausentarse repentinamente durante un par de semanas y, según la Santa Infancia, esta circunstancia me hace ascender automáticamente en nuestra sencilla escala de mando. Soy la boss.

Y lo llevo divinamente, oiga usted. De momento:
. T. ha decidido dejar sus benditas medicinas y se pasa todo el día enfadado con el mundo. Ayer intentó que aceptáramos “cuchillo”como “complemento de moda”. Dice que lo trajo para pelarse el mango. Así dicho queda un poquitín ordinario, pero es verdad que ahora les damos mangos casi todos los días para postre. De momento, apenas sale el sol, me tengo que levantar y darle en la boca sus drogas. Lo mismo antes de que el sol se ponga. Para que no se transforme en vampiro, supongo.

. Z . nos reveló finalmente que lo que la consumía hace algunas semanas no era una maldición, sino un embarazo. Y que lo de excavar las aguas benditas era mayormente una mentira como un piano. Cuando descubrió que estaba embarazada, contrariamente a lo que hizo M . decidió tirar por el camino más corto y acudió a Marie Stopes, que es una red de clínicas fundada por una señora cuando menos particular (esto lo digo basándome únicamente en la Wikipedia), en las que se dedican a “ayudar” a chicas “en problemas”. Afortunadamente para Z., hay una de estas clínicas cerquita de nuestro barrio (las hay que nacen con suerte), y, dado que ya es mayor de edad y el aborto se legalizó completamente hace unos meses en Etiopía, pues pudo deshacerse de su “problema” sin mayores consecuencias. No me lo dijo porque yo jamás la habría dejado abortar. Z. es bastante perspicaz, como se ve. Una pena que la perspicacia le venga cuando ya no le hace falta para nada, cuando todos los principios que hemos intentado inculcarle en los últimos diez años se han demostrado totalmente carentes de sentido.

. Llevo tres días seguidos enviando un niño diario a la clínica a que le cosan la cabeza. El pegote de esparadrapo forma ya parte del uniforme de la guarde. Se ve que con el inicio de las lluvias, a nuestra Santa Infancia le pesa más la cabeza y se me desequilibran constantemente.

. A G . lo han vuelto a expulsar del colegio. Sus padres han decidido secundar al colegio, y lo han echado también de casa. Duerme cada día con una familia diferente del barrio.

Como ven ustedes, todo bajo control. Una balsa de aceite. Nada me turba, nada me espanta.

P.D. Hoy me dijeron que tu niña J. nació demasiado chiquita para este mundo tan grande. Mientras esperamos a que crezca, os envío esta canción . Ánimo, campeonas. Os pienso.

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May 19

LA CHARLA

A. (quince años) va al catecismo a la iglesia ortodoxa. Está encantada, porque dice que al final del año, si aprueba el curso este del catecismo, la pasarán al coro de la iglesia, y le darán una túnica para que cante acompañando al Arca de la Alianza en la fiesta de Timket, que como ustedes pueden imaginar es lo más parecido a una ilusión de vida que tiene la Santa Infancia.

Un día vino a decirme que el grupo de catecismo estaba organizado una excursión a una iglesia en los alrededores de Addis:
_ Hay una lista en la que se pueden apuntar los niños huérfanos, y así la iglesia les paga la excursión –me explicó, mirándome de un modo un poco raro
_ Ah, qué apañados
_ Yo no me he apuntado – A. es huérfana desde hace mucho, mucho tiempo
_ ¿Y eso?
_ Porque esa lista es para niños que no tienen a nadie. Y yo te tengo a ti –concluyó, triunfal -,¿verdad?
_ Esto… ¿y cuánto dices que cuesta la excursión esta?

Como ya he explicado más de una vez (concretamente aquí y aquí ), a A. le encanta pregonar que yo soy su madre. Y es verdad que es un poco limitada (si se ríe mucho, hasta se le cae la baba), pero así y todo siempre he intentado que viera la realidad, que es que la quiero mucho, mucho, pero que no soy su madre. Y así, algunos días más tarde me decidí a mantener La Conversación:
_ A., tú sabes que yo no soy tu madre real, ¿verdad?
_ Sí, claro –me respondió -, pero yo te quiero como si lo fueras
_ Y sabes que un día me voy a ir…
_ Ya…– y allí le falló un poco la determinación – pero me da igual – se recuperó- yo te voy a querer igual si estás aquí que si no estás.

Igual sí que tiene razón, y Dios me ha dado una hija. Una hija tonta y que se le cae la baba. Porque alguien que te quiere tanto tiene por fuerza que ser familia, ¿no?

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May 04

ONCE UPON A TIME…

Ayer Y. (seis años) me contó muy emocionado que tenía dos libros en casa. Según él, eran dos libros preciosos en inglés que un cliente le había dado a su madre. Lo del “cliente”, como él mismo se dio cuenta justo después de decirlo, se le escapó. En teoría, la mamá de Y. no trabaja. Y no tiene “clientes”. Y no es puta.

Y. me dijo que me traería los dos libros, para que viera lo bonitos que eran y se los leyera. Hoy los ha traído. Uno era el folleto de normas y regulaciones de la Universidad de Addis Abeba de hace tres años. El otro, que tenía hasta dibujos, era el libro de instrucciones de un televisor. Y me ha pedido que se los leyera. Con el primero, como no tenía dibujos, le he contado la historia de los tres cerditos. El segundo ha sido más difícil, porque traía ilustraciones de un mando a distancia, y entonces le he contado una historia de un niño de su misma edad, que vivía en Addis, y, al que, como al propio Y, le encantaba rebuscar en la basura en busca de mierdetas con las que armar juegos estupendos. Esto es real. Y. con cuatro porquerías se monta unos juguetes que son la envidia de toda la Santa Infancia. Una vez, con cuatro tapones de botella, cuatro palillos y una bolsa de leche se hizo un barco con ruedas que causó sensación. Secretamente albergo la ilusión de que llegue a ingeniero.
El niño de la historia, buscando, buscando, se encontraba un mando a distancia mágico, y que cada vez que pulsaba un botón le sucedían cosas maravillosas. Pulsaba el 1, y desaparecía Koshe . Pulsaba el 2, y se encontraba un sofá. Pulsaba el 3, y le caían del cielo unas zapatillas de tacos para jugar a fútbol. El último botón se lo dejaba pulsar a su mamá, y ¡zas!, su mamá ya no tenía que trabajar y podía pasarse todo el día dándole abrazos a ese niño tan espabilado que se había encontrado un mando a distancia mágico. Y eran todos muy felices.

Los mayores se han coscado de que yo estaba mintiendo como una bellaca, y de que en los libros no ponía nada de eso. Misteriosamente, no han dicho nada, y hasta han colaborado en algunas partes de la historia (lo de los zapatos que caen del cielo es suyo). Y. se ha ido a casa súper contento con sus dos libros de historias imposibles. Espero que los pierda, se le mojen o se los roben antes de que aprenda inglés, porque se va a llevar un chasco…

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May 03

LAGARTO, LAGARTO

La semana pasada, a la hora del recreo, sufrimos un pequeño (diminuto) tornado. Duró poco y el viento sólo empujó a una niña que jugaba, haciéndole un raspón en la rodilla. Y ya. La Santa Infancia extrajo sus conclusiones en 0,2 segundos: Satán. Les dije que Satán está súper bussy en el Infierno y que dudo mucho que tenga tiempo de venir hasta nuestro compound para organizar pequeños tornados con el único objetivo de que una niña se haga un raspón en la pierna. Por supuesto, no me creyeron.

Los etíopes tienen fama de orgullosos. Los aragoneses también nos consideramos un pueblo orgulloso. Sólo que donde nosotros lucimos el “orgullosos”, el resto de España nos asigna un “tozudos como mulas”. Cabezudos o cabezones. Los etíopes son un poco así también, y desarraigar cosas como la presencia constante del diablo mismo en nuestras vidas, pues es un poco cansado y bastante improductivo.

La Santa Infancia está llena de supersticiones. Por ejemplo, están convencidos de que si a un niño pequeño se le da miel para comer, el niño será tartamudo. Los defensores de las culturas tradicionales (de todo hay en este mundo) me dirán que normalmente estas cosas tienen un fondo de verdad, a saber: a los bebés no se les puede dar azúcar. Supongo que si a un niño de meses le das miel, sí que le puede dar un tabardo y quedarse perjudicadín, pero no entiendo por qué tiene que quedarse precisamente tartamudo. La Santa Infancia dice que esto es una verdad universal, y que lo saben hasta los niños de pecho. Y esto me lo dicen los tartamudos. Se ve que los niños de pecho saben más que sus madres.

Otro de los grandes mitos cuenta que, si a un bebé le da la luz del sol, se quedará bizco. Así, las recién paridas y sus hijos se quedan en casa, encerradas a cal y canto, durante cuarenta días después del parto si es una niña, u ochenta días si es un niño. Este período varía según las etnias. A partir de esa fecha, cuando finalmente salen al mundo exterior, al niño lo llevan envuelto en siete netelás (por lo menos). En la práctica, una cierta cantidad de sol ayuda a que el calcio se fije en los huesos de los bebés. El estrabismo lo tienen bastante controlado, pero Etiopía sería el stand oficial del raquitismo en una hipotética feria de las enfermedades, con niños de huesos frágiles como cañas.

Mi Santa Infancia de rodillas deformadas y frentes en las que se podría proyectar un Power Point, me contaba también que, siempre que una gallina incuba una hornada de huevos (¿hornada? ¿alguien sabe cómo se llama el conjunto de huevos que incuba una gallina?), uno de los huevos nunca llega a eclosionar. Vamos, que uno de los huevos vendrá sin pollito. Esto me lo creo. La Santa Infancia dice que es que se lo queda la Virgen María, que tiene que estar ya amarilla limón de tanto huevo. Dicen que, por otro lado, cuando los ratones paren, siempre se comen una de las crías de la camada, y esto es una ofrenda que la señora ratona le hace a Satán, que se ve que también controla la natalidad del sector roedores. Pongo estas dos creencias juntas, porque otro mito dice que, donde hay pollos, hay ratones. Esto es verdad. Y encima, los ratones adoran a Satán. Por si no tenías bastante con su sola presencia.

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Mar 14

ANIMALICOS

Hace ya unos años traté de hacer un juego con los pequeños de la Santa Infancia. La dinámica era bastante sencilla: uno se ponía en el medio del corro, imitaba a un animal, y los demás lo tenían que adivinar. Como mi Santa Infancia a veces es un poco cortita de entendederas, pues empecé yo poniéndome en el centro, para dar ejemplo. Con mi mejor voluntad, me puse a cuatro patas y empecé:
_ ¡Muuu!, ¡muuu!– mientras pensaba “tener estudios pa’ esto”
Por si la humillación no fuera ya bastante, la Santa Infancia no conseguía adivinar el animal que yo estaba representando, y me miraban con cara de “ya está. El día ha llegado. Se ha vuelto loca”. Después de cinco minutos mugiendo desesperadamente, me levanté y les comuniqué que el animal que yo intentaba representar era la vaca. Una simple vaca, coño.
_ Aaahhh… es que lo estabas haciendo mal– me repusieron
_ ¿…?– nunca se me había ocurrido que se pudiera errar en el imitar a una vaca
_ Las vacas hacen embuá, embuá– y todos se pusieron a hacer embuá.
Tras haber experimentado en mis propias carnes este episodio de desencuentro cultural, como soy una persona curiosa me documenté sobre el particular. Así, en el libro de ciencias de Primero de Primaria encontré que:
. el gallo no hace kikirikí, que hace kukulukú
. el burro no hace ia, ia, sino hi, hi, hi
. la oveja ni hace be, sino ba
. los pollos no hacen pío. Hacen pí. Y basta.
Y luego habrá quien hable de globalización. Si ni siquiera las bestezuelas se ponen de acuerdo…

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Mar 08

FASHION HEROES

Hoy me he levantado divertida, y, aparcando facturas en amárico, familias que no llegan a pagar el alquiler y niñas con brazos quemados, me he puesto a curiosear en el Facebook. Yo curioseo mucho el Facebook, más que nada para mantenerme al día de los avances conseguidos por algunas amigas mías, empeñadas en la loable labor de repoblar el mundo, esfuerzo que, aunque ellas no lo saben, comparten con algunas de las madres de mi Santa Infancia. Nuestras señoras dicen que lo hacen para garantizar el futuro de nuestro proyecto: mientras su útero y sus ocasionales maridos den de sí (y sigan teniendo suerte con los partos home made) jamás nos faltarán beneficiarios para nuestro proyecto. Eso sí, habrá que pagarles el alquiler, porque con tanto niño en casa, o pagas el alquiler, o la chiquillería se te muere del hambre. Como se ve, tengo algunas obsesiones profundamente arraigadas.

Y así, curioseando, curioseando, me he encontrado con esta entrevista realizada en Cibeles a Ana Locking. Reveladora. Especialmente la parte relativa a la grifería–bisutería. A mí, que debido a mis pérdidas de peso llevo los cinturones para realmente mantener los pantalones más o menos en su sitio (herejía fashionista, soy consciente), la primera duda que me ha surgido es la de cómo harán para ajustar los cinturones–tubo de agua recubiertos en oro de 17 kilates. Este tipo de arreglos, ¿te las hace una modista, un herrero, un joyero o directamente el fontanero?

Esto, en la vida cotidiana, te abre un horizonte de nuevos temas de conversación:
_ Hola cari, ¿qué haces hoy?
_ Me coges saliendo por la puerta para ir de shopping, que tengo boda el mes que viene. La ruta normal: Zara, Mango, H&M y Leroy Merlín, que están de rebajas en fontanería y calefacción.
_ Huy, pues ya que vas, ¿me puedes pillar dos tapones de bañera? Me estoy customizando la parte de arriba del bikini para este verano.

Ustedes dirán que no, pero en el párrafo anterior hay como dos o tres ideas que te pueden solucionar una jornada de Cibeles. Yo las doy gratuitamente. Basta que se siga la licencia Creative Commons y citen la procedencia. ¿Los bikinis hechos con alcachofas de ducha en la parte del pecho, tubos varios, y el grifo –recubierto en oro de algunos kilates, vale- instalado en la entrepierna pesarán demasiado para bañarse con ellos? Caramba, hoy estoy que me salgo.

Sin conocer a Ana Locking, nuestra Santa Infancia también sigue también esta filosofía del todo vale. S. (niño, nueve años) juega de portero con un guante de cocina que encontró Dios sabe dónde. Bueno, que sí sabemos dónde: en Koshe . Y. (niño, siete años) vino un día con un disfraz de Spiderman por toda vestimenta. A. (niña, nueve años) solía venir cuando era pequeña con bonitos vestidos que tomaba prestados de su joven mamá. Su joven mamá practicaba en aquel entonces el oficio más antiguo del mundo (CSW – Commercial Sex Worker, en el argot del desarrollo) y los vestidos eran saltos de cama rojos de raso con muchas, muchas puntillas. Daba un poco de cosica.

A sus quince años, N. va calzado con manoletinas de Skechers y su amigo Y. vino un día con zapatos de tacón (unos cinco centímetros), porque no había encontrado nada más que ponerse en los pies.

Y eso que hemos mejorado con el tiempo. Hace unos años, nos llegó un contenedor de Austria lleno de ropa de segunda mano. Nuestra Santa Infancia desarrolló entonces una pasión por los monos de esquiar que todavía recuerdan con nostalgia. En aquel entonces, el mono de esquiar (que en amárico llamaron “la ropa completa”) junto con las chanclas eran para ellos lo más lindo entre lo lindo. Algunos de los peques, hay días en que, con seis y siete años, se presentan con pijamas enterizos de niños de dos, con sus pies cosidos al final y todo. Los botones para cambiar el pañal se les desabrochan siempre, porque les van algo canijos.

En complementos también dan lo mejor de sí mismos: gorros de bolchevique ruso, de señora de los andes peruanos, de esquiador con borla en la punta y todo y, cómo no, de rapero americano metido en rehab.

Estoy por llamar a Cibeles y reservarme pasarela para la próxima edición. Me ofrezco hasta a pagar el servicio de control de plagas y desinfección necesarios al final de nuestro show. En la bolsita promocional, regalaré collares antipulgas para que los famosos puedan sentarse despreocupadamente en mi front row. Cayetana y Alfonso, Borja Thyssen y consorte, Alfonso de Borbón y chica millonaria del Venezuela, hijos de Nati Abascal, Nati Abascal, participantes en reality shows varios… invitados quedáis. (Tengo en mente un front row–homenaje a la indolencia patria).

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Feb 10

WOULD YOU KNOW MY NAME?

Hoy me he acordado de un día en que tuve que llevar a W. (“que qué es lo que tengo, que tengo de tó”) a la casa de unas monjas muy amigas nuestras donde ha vivido los últimos meses. Aquel día, a W. le dolía la tripa. W. a sus once años, raro es el día que no le duele algo, y por eso damos prioridad a la solución de sus necesidades. Es lo que tienen las enfermedades raras autoinmunes, que te duele un poco todo, y que la gente que te rodea se acojona enseguida cuando te duele algo nuevo.

Cuando llegamos a la pequeña casa de las sisters, la tumbé en su cama, situada en una de las dos habitaciones para diez personas (concretamente, en la habitación de las señoras). Las sisters estaban rezando, que es una cosa que hacen mucho, y me senté a esperar, porque no me parecía bien dejar allí el paquete y pirarme. Al rato, W. comenzó a estar mejor, y empezamos a hablar. Me dí cuenta de que tenía un cuento debajo del colchón, y le pedí que me lo leyera. Para poderlo leer juntas, me tumbé a su lado.

Cuando una lleva una vida tan apasionante como la mía, sucede un poco que, en que te quedas parada dos minutos –y más si es en posición horizontal-, te viene un sopor mortal. Y así no llegué ni a la segunda página que me quedé sopa, con el fondo de la vocecilla de W. que me leía este cuento sobre un caballo blanco y otro negro.

Cuenta la leyenda que las monjas salieron de rezar y me encontraron completamente sobada en su habitación para señoras enfermas, con W. que ya había acabado el cuento y que también se había quedado traspuesta. Me desperté dos horas más tarde, cuando empezó a sonarme el móvil echándome en cara que tenía otros niños que sí estaban despiertos a los que atender.

Hoy me he acordado de aquella siesta improvisada, donde pasé de cuidadora a cuidada. Me he acordado también de todos esos besos sin fuerza que W. me ha dado en el último año. Su padre apareció ayer por sorpresa y, sin atender ningún tipo de razones, decidió que W. estaba ya curada de todo y que se la llevaba a Goyam con su familia. A W. la idea no le pareció mal, porque tiene hermanos y hermanas a las que echa de menos. A las sisters y a mí, que sabemos con precisión lo difícil que es tratar una enfermedad autoinmune en Etiopía, la idea nos ha parecido un poco menos bien. Si pienso en lo mal que lo va a pasar los dos días de autobús que hacen falta para llegar al Goyam me pongo a llorar del gozo.

Yo sólo pido que no la deje morir, que nos la traiga de vuelta cuando empiece a estar mal, pero aún se pueda hacer algo. Yo sólo pido que, antes o después, la vuelva a ver. A veces la vida nos da regalos que luego, no sabemos muy bien por qué, se nos escapan entre las manos. A lo mejor es que no somos dignos de ellos. A lo mejor no nos los merecemos.

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Feb 03

¿ME SE ENTIENDE?

Entre mis labores figura la de gestora del cine que montamos los domingos por la tarde. Básicamente, selecciono la película, apaño todas las cuestiones técnicas (proyector, sonido…) y, la mayoría de los días, hago la traducción simultánea del inglés al amárico con un micrófono. Los días que no estoy yo, tengo ya entrenado a uno de los mayores que, en la tira de años que lleva con nosotros, se ha visto la mayoría de las películas y puede traducirlas bastante bien. Si no todos los diálogos, al menos sí traduce la idea general de la historia.

Hace algunas semanas me apetecía ver algo nuevo, y así, al azar, seleccioné V de Vendetta. Lo único que yo sabía de la película era que salía Natalie Portman y que estaba basada en un cómic. “Pues será como los X-Men”, pensé, imaginando a Natalie tipo Kate Beckinsale en Underworld, disparando rayos ultrasónicos y ataviada con vestidos ridículamente ajustados salidos de la mente del John Galiano de turno. Y resultó que no. No era como los X-Men.

Para los que no la hayan visto, V de Vendetta es una parábola atemporal sobre cómo los gobiernos explotan los terrores más profundos del populacho para uniformizar mentalidades y ahorrarse esas molestas ideas propias. Una película ligerita, vaya. Facilita de ver. A eso, súmale mi deber de adaptar mensaje y diálogos a un público suburbial de entre cinco y veinticinco años con mi precario amárico como única herramienta, añade la trepidante verborrea del protagonista principal (V) y completa el cóctel con todo el simbolismo que la película rezuma. Escalar el Chogori en chanclas tiene por fuerza que ser más fácil. A los diez minutos de película ya estaba sudando.

Más o menos me las ingenié para transmitir la mayoría de diálogos y las tramas principales, hasta que Natalie Portman acaba en una extraña cárcel donde, en uno de los recovecos de su celda, encuentra una carta de una prisionera anterior, encarcelada por homosexual. Y ahí me quedé un poco atrancada, porque la homosexualidad no entra mucho en el panorama vital de mi Santa Infancia (ni de la población etíope en general):
_ La carta que ha encontrado es de una prisionera que estuvo antes en la misma celda por…– en la pantalla comienza un flash back donde la chica de la carta se besa con más chicas-… porque pensaba distinto… porque era diferente, y en vez de casarse con un marido, tenía muchas, muchas amigas, y esto al gobierno no le gustó un pelo, y la metieron en la cárcel.

Soy perfectamente consciente de que no es el modo más adecuado de explicar la homosexualidad, pero en el momento era eso o quedarme callada ignorando lo que sucedía en pantalla, que es algo que no me gusta hacer porque la Santa Infancia se cosca y me echan la bronca.

Yo pensé que la Santa Infancia se pondría a aullar, que es algo que hacen cuando salen besos en las películas, pero no. No dijeron ni pío. Se portaron bastante bien durante toda la peli. Supongo que porque, al igual que yo, estaban intentando entenderla.

Después de casi dos horas de vadear lingüísticamente en el atolladero ideológico de la película, se atascó el DVD, con lo que nos quedamos sin ver los diez minutos finales. A pesar de eso, tanto a la Santa Infancia como a mí nos gustó la película mucho. Lo que pudimos entender, claro (tampoco verla en inglés es súper fácil).

Lo mejor del caso es que al final me dí cuenta de que había conectado mal el DVD al proyector, y la estábamos viendo en blanco y negro, cuando realmente era en color. Yo le veía totalmente sentido a que la peli fuera en blanco y negro. Hasta se lo expliqué a la Santa Infancia: “los gobiernos, a veces, no nos dejan ver los colores”. Toma ya. Menos mal que el permiso de trabajo no me toca renovarlo hasta Marzo, porque, si había alguien afín al gobierno en la sala, me arriesgaba a tener que pasar las Navidades en casa. Y eso, nunca.

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Ene 02

HUESOS DE SANTA (INFANCIA)

En los últimos meses, mi Santa Infancia ha adoptado una curiosa costumbre: romperse huesos en domingo. De lunes a viernes consiguen mantener todo en su sitio, pero el domingo, no sé por qué, parecen incapaces de no accidentarse. Como se entenderá, le he cogido bastante tirria a los domingos. Deberían estar prohibidos.

El pasado domingo acabé en el mítico Black Lion con un fémur roto. El Black Lion, como ya expliqué en su día, es ese sitio al que vas cuando no tienes otro sitio al que ir, y donde aproximadamente cada tres minutos te entran ganas de llorar. Una estampa muy típica son esos niños moribundos que esperan cama en el pasillo de las urgencias pediátricas, que fue, básicamente, el destino que nos asignaron. Decidieron poner la pierna de B. en tracción con el innovador sistema de atar la pierna al banco donde estaba tumbado, con una bolsa de plástico de las baratas con tierra dentro colgando al final de la pierna. Fueron generosos y, además de dejarnos dos bancos, le pusieron cartones debajo a B. para que él y su fémur súper roto estuvieran más cómodos.

En el día y medio que B. ha pasado en el Black Lion hemos visto de todo en ese pasillo. Hubo un momento, cuando ya llevábamos más de doce horas en el banco, en el que yo, B, su madre y su hermana nos limitábamos a mirar a nuestro alrededor con la boca abierta, como los zombis.

Al final, me lo he llevado a un hospital privado que me ha conseguido La Doctora, porque no soportaba dejarlo allí otra noche, y no parecían muy dispuestos a darle una cama en planta. Lleva 24 horas ingresado en el nuevo hospital (donde decidieron que la tracción no era un sistema tan bueno, y le han operado) y ya hemos gastado más de tres mil birr (150 euros, el equivalente al sueldo mensual de una senior nurse con una década de experiencia, trabajando en el sector privado). La pregunta es siempre la misma: ¿qué hacen los que no pueden pagar? Los que no pueden pagar, reina, se mueren.

Selección artificial.

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