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Posts Tagged ‘Etiopia’

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May 03

LAGARTO, LAGARTO

La semana pasada, a la hora del recreo, sufrimos un pequeño (diminuto) tornado. Duró poco y el viento sólo empujó a una niña que jugaba, haciéndole un raspón en la rodilla. Y ya. La Santa Infancia extrajo sus conclusiones en 0,2 segundos: Satán. Les dije que Satán está súper bussy en el Infierno y que dudo mucho que tenga tiempo de venir hasta nuestro compound para organizar pequeños tornados con el único objetivo de que una niña se haga un raspón en la pierna. Por supuesto, no me creyeron.

Los etíopes tienen fama de orgullosos. Los aragoneses también nos consideramos un pueblo orgulloso. Sólo que donde nosotros lucimos el “orgullosos”, el resto de España nos asigna un “tozudos como mulas”. Cabezudos o cabezones. Los etíopes son un poco así también, y desarraigar cosas como la presencia constante del diablo mismo en nuestras vidas, pues es un poco cansado y bastante improductivo.

La Santa Infancia está llena de supersticiones. Por ejemplo, están convencidos de que si a un niño pequeño se le da miel para comer, el niño será tartamudo. Los defensores de las culturas tradicionales (de todo hay en este mundo) me dirán que normalmente estas cosas tienen un fondo de verdad, a saber: a los bebés no se les puede dar azúcar. Supongo que si a un niño de meses le das miel, sí que le puede dar un tabardo y quedarse perjudicadín, pero no entiendo por qué tiene que quedarse precisamente tartamudo. La Santa Infancia dice que esto es una verdad universal, y que lo saben hasta los niños de pecho. Y esto me lo dicen los tartamudos. Se ve que los niños de pecho saben más que sus madres.

Otro de los grandes mitos cuenta que, si a un bebé le da la luz del sol, se quedará bizco. Así, las recién paridas y sus hijos se quedan en casa, encerradas a cal y canto, durante cuarenta días después del parto si es una niña, u ochenta días si es un niño. Este período varía según las etnias. A partir de esa fecha, cuando finalmente salen al mundo exterior, al niño lo llevan envuelto en siete netelás (por lo menos). En la práctica, una cierta cantidad de sol ayuda a que el calcio se fije en los huesos de los bebés. El estrabismo lo tienen bastante controlado, pero Etiopía sería el stand oficial del raquitismo en una hipotética feria de las enfermedades, con niños de huesos frágiles como cañas.

Mi Santa Infancia de rodillas deformadas y frentes en las que se podría proyectar un Power Point, me contaba también que, siempre que una gallina incuba una hornada de huevos (¿hornada? ¿alguien sabe cómo se llama el conjunto de huevos que incuba una gallina?), uno de los huevos nunca llega a eclosionar. Vamos, que uno de los huevos vendrá sin pollito. Esto me lo creo. La Santa Infancia dice que es que se lo queda la Virgen María, que tiene que estar ya amarilla limón de tanto huevo. Dicen que, por otro lado, cuando los ratones paren, siempre se comen una de las crías de la camada, y esto es una ofrenda que la señora ratona le hace a Satán, que se ve que también controla la natalidad del sector roedores. Pongo estas dos creencias juntas, porque otro mito dice que, donde hay pollos, hay ratones. Esto es verdad. Y encima, los ratones adoran a Satán. Por si no tenías bastante con su sola presencia.

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Abr 17

FOLLOW ME

Como nuestros informados seguidores ya sabrán (y, espero, también los que se informan menos), la lengua oficial de Etiopía, además del amárico, es el inglés. El inglés es una lengua maravillosa. Esto lo digo para desanimar de un plumazo a todos los lectores que cursan la ESO.

Si hay algo que nos hermana a españoles y abeshás es la dificultad genética para hablar en lenguas pertenecientes a culturas allende los mares. Los abeshás, eso sí, son más lanzados que los españoles y lo intentan, con resultados bastante divertidos. A continuación, en esta fuente de pérdida de tiempo que es Tariké, un elenco de cosillas graciosas que los ojos de servidora han visto en estos años:
_ “We wash you all the best”. Esto escrito por las señoras de la limpieza en una tarjeta de despedida a una persona que pasó varios meses aquí. Lo encontré súper simbólico.
_ “When you fill some pain, take one tab”. Receta de un médico. A lo mejor hay una cantidad de dolor que todos tenemos que cubrir en la vida y, sólo entonces, podemos tomarnos la pastillita.
_ “I live you”. Esto me lo escribió uno de la Santa Infancia en un dibujo que me regaló, en el que había un corazón enorme. Lo más bonito es que a lo mejor tenía razón.
_ “One cup of tea and a peace of bread”. Las señoras de esta cafetería se ve que dieron mucho más que comida a sus clientas aquel día, y así lo reflejaron en su factura. El pan debía estar súper rico.

Más allá de éstas, que encuentro verdaderamente hilarantes (yo es que soy mucho de la risa tonta), tenemos las comunes divisiones de palabras que normalmente van juntas, como break fast, well come, o –en un libro de texto- el explorador Living Stone. Hilarious.

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Mar 14

ANIMALICOS

Hace ya unos años traté de hacer un juego con los pequeños de la Santa Infancia. La dinámica era bastante sencilla: uno se ponía en el medio del corro, imitaba a un animal, y los demás lo tenían que adivinar. Como mi Santa Infancia a veces es un poco cortita de entendederas, pues empecé yo poniéndome en el centro, para dar ejemplo. Con mi mejor voluntad, me puse a cuatro patas y empecé:
_ ¡Muuu!, ¡muuu!– mientras pensaba “tener estudios pa’ esto”
Por si la humillación no fuera ya bastante, la Santa Infancia no conseguía adivinar el animal que yo estaba representando, y me miraban con cara de “ya está. El día ha llegado. Se ha vuelto loca”. Después de cinco minutos mugiendo desesperadamente, me levanté y les comuniqué que el animal que yo intentaba representar era la vaca. Una simple vaca, coño.
_ Aaahhh… es que lo estabas haciendo mal– me repusieron
_ ¿…?– nunca se me había ocurrido que se pudiera errar en el imitar a una vaca
_ Las vacas hacen embuá, embuá– y todos se pusieron a hacer embuá.
Tras haber experimentado en mis propias carnes este episodio de desencuentro cultural, como soy una persona curiosa me documenté sobre el particular. Así, en el libro de ciencias de Primero de Primaria encontré que:
. el gallo no hace kikirikí, que hace kukulukú
. el burro no hace ia, ia, sino hi, hi, hi
. la oveja ni hace be, sino ba
. los pollos no hacen pío. Hacen pí. Y basta.
Y luego habrá quien hable de globalización. Si ni siquiera las bestezuelas se ponen de acuerdo…

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Mar 08

FASHION HEROES

Hoy me he levantado divertida, y, aparcando facturas en amárico, familias que no llegan a pagar el alquiler y niñas con brazos quemados, me he puesto a curiosear en el Facebook. Yo curioseo mucho el Facebook, más que nada para mantenerme al día de los avances conseguidos por algunas amigas mías, empeñadas en la loable labor de repoblar el mundo, esfuerzo que, aunque ellas no lo saben, comparten con algunas de las madres de mi Santa Infancia. Nuestras señoras dicen que lo hacen para garantizar el futuro de nuestro proyecto: mientras su útero y sus ocasionales maridos den de sí (y sigan teniendo suerte con los partos home made) jamás nos faltarán beneficiarios para nuestro proyecto. Eso sí, habrá que pagarles el alquiler, porque con tanto niño en casa, o pagas el alquiler, o la chiquillería se te muere del hambre. Como se ve, tengo algunas obsesiones profundamente arraigadas.

Y así, curioseando, curioseando, me he encontrado con esta entrevista realizada en Cibeles a Ana Locking. Reveladora. Especialmente la parte relativa a la grifería–bisutería. A mí, que debido a mis pérdidas de peso llevo los cinturones para realmente mantener los pantalones más o menos en su sitio (herejía fashionista, soy consciente), la primera duda que me ha surgido es la de cómo harán para ajustar los cinturones–tubo de agua recubiertos en oro de 17 kilates. Este tipo de arreglos, ¿te las hace una modista, un herrero, un joyero o directamente el fontanero?

Esto, en la vida cotidiana, te abre un horizonte de nuevos temas de conversación:
_ Hola cari, ¿qué haces hoy?
_ Me coges saliendo por la puerta para ir de shopping, que tengo boda el mes que viene. La ruta normal: Zara, Mango, H&M y Leroy Merlín, que están de rebajas en fontanería y calefacción.
_ Huy, pues ya que vas, ¿me puedes pillar dos tapones de bañera? Me estoy customizando la parte de arriba del bikini para este verano.

Ustedes dirán que no, pero en el párrafo anterior hay como dos o tres ideas que te pueden solucionar una jornada de Cibeles. Yo las doy gratuitamente. Basta que se siga la licencia Creative Commons y citen la procedencia. ¿Los bikinis hechos con alcachofas de ducha en la parte del pecho, tubos varios, y el grifo –recubierto en oro de algunos kilates, vale- instalado en la entrepierna pesarán demasiado para bañarse con ellos? Caramba, hoy estoy que me salgo.

Sin conocer a Ana Locking, nuestra Santa Infancia también sigue también esta filosofía del todo vale. S. (niño, nueve años) juega de portero con un guante de cocina que encontró Dios sabe dónde. Bueno, que sí sabemos dónde: en Koshe . Y. (niño, siete años) vino un día con un disfraz de Spiderman por toda vestimenta. A. (niña, nueve años) solía venir cuando era pequeña con bonitos vestidos que tomaba prestados de su joven mamá. Su joven mamá practicaba en aquel entonces el oficio más antiguo del mundo (CSW – Commercial Sex Worker, en el argot del desarrollo) y los vestidos eran saltos de cama rojos de raso con muchas, muchas puntillas. Daba un poco de cosica.

A sus quince años, N. va calzado con manoletinas de Skechers y su amigo Y. vino un día con zapatos de tacón (unos cinco centímetros), porque no había encontrado nada más que ponerse en los pies.

Y eso que hemos mejorado con el tiempo. Hace unos años, nos llegó un contenedor de Austria lleno de ropa de segunda mano. Nuestra Santa Infancia desarrolló entonces una pasión por los monos de esquiar que todavía recuerdan con nostalgia. En aquel entonces, el mono de esquiar (que en amárico llamaron “la ropa completa”) junto con las chanclas eran para ellos lo más lindo entre lo lindo. Algunos de los peques, hay días en que, con seis y siete años, se presentan con pijamas enterizos de niños de dos, con sus pies cosidos al final y todo. Los botones para cambiar el pañal se les desabrochan siempre, porque les van algo canijos.

En complementos también dan lo mejor de sí mismos: gorros de bolchevique ruso, de señora de los andes peruanos, de esquiador con borla en la punta y todo y, cómo no, de rapero americano metido en rehab.

Estoy por llamar a Cibeles y reservarme pasarela para la próxima edición. Me ofrezco hasta a pagar el servicio de control de plagas y desinfección necesarios al final de nuestro show. En la bolsita promocional, regalaré collares antipulgas para que los famosos puedan sentarse despreocupadamente en mi front row. Cayetana y Alfonso, Borja Thyssen y consorte, Alfonso de Borbón y chica millonaria del Venezuela, hijos de Nati Abascal, Nati Abascal, participantes en reality shows varios… invitados quedáis. (Tengo en mente un front row–homenaje a la indolencia patria).

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Ene 08

FUNERAL

El domingo me fui de funeral. El modo y los ritos con los que los etíopes acompañan la muerte requerirían una enciclopedia. Por ahora, baste decir que a la gente la entierran pocas horas después de morir, y que luego se pegan una semana de recepción en casa.

El funeral al que yo fui era de una señora tigriña (del Tigray), madre de una chica que, sin ser Santa Infancia, la queremos como si lo fuera. Y allí me enteré de una cosa muy curiosa: la gente juega en los funerales. Es decir, yo hasta ahora había visto a los hombres jugar a cartas. La cosa funciona así: de repente, alguien se pone a llorar, y la demás gente lo/la sigue con gritos alucinantes, hasta que uno de los ancianos presentes se levanta y les dice que ya vale. Entonces la gente se calla y vuelven a lo que estaban, fuera charlar, comer o jugar a cartas. Así, dicen, se aseguran de que aguantarán toda la semana, porque estar gritando siete días puede ser bastante destructivo. Ahí les doy la razón.

En los funerales de los tigriños, las señoras también juegan. En el que estuve yo, había una señora muy graciosa que lanzaba varias conchas pequeñitas encima de una panera de mimbre, y hacía como que leía el futuro y adivinaba cosas según la posición de las conchas. A mí me adivinó que procedía de un país extranjero. Qué lista, le dije. Luego siguió adivinando, y me dijo que yo ganaba mucho dinero. Y ahí las señoras que me conocían le dijeron que se había equivocado. Luego me dijo que me iba a casar, pero no me supo decir con quién (y mira que se lo pregunté). Y que a mi padre le caería bien mi marido, o sea que podría casarme por amor. Y me dijo que sería muy feliz. Aunque yo ya me considero una persona feliz, le agradecí la intención.

Con la chorrada, nos reímos un montón, porque yo quería que las conchas me contestaran a un montón de cosas, y la señora me decía que me estaba emocionando demasiado, que sólo era un juego, pero a pesar de todo se inventaba respuestas bastante molonas (me dijo que mis hijos serían abeshás, y que mi marido sería rico riquísimo). Hasta que alguien se echó a llorar, y la señora guardó las conchas y se puso a llorar también.

Así es este país: de la risa al llanto, del dolor a la vida, de la muerte al futuro. Todo junto, al mismo tiempo, unido, inextricable. Una Etiopía y millones de formas de vivirla, de sufrirla. De amarla.

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Dic 21

TRIBUS URBANAS 2: LAS SECRETARIES

Bien es verdad que las secciones de este blog van un poco como les da la gana. Y así, este intento de retratos sociales que comencé con los seveñás, sólo había tenido continuidad en mi cabeza.

En esta segunda entrega analizaremos las secretaries, esos seres maquillados y enigmáticos que se esconden tras los escritorios de empresas, oficinas estatales y oenegés varias.

La secretary media presenta un físico bastante notable del cual saca el mejor de los partidos. Las secretaries tienen esta rigurosa lista de prioridades:

  1. Ir impecables
  2. Ya si eso, trabajar. Pensemos que nuestras secretaries no tienen Internet, por lo que la única alternativa al trabajo es el aburrimiento total y absoluto. Lo prefieren. Como en las películas de la posguerra, se liman las uñas.

Una de las habilidades más notables de la secretary media se pone de manifiesto con la estación de las lluvias: da igual el nivel de barro de la calle, ellas llegan con el tacón inmaculado. Que lleguen puntuales es otro cantar muy distinto. Llegan cuando llegan (y nunca antes), pero con los zapatos impolutos. A ti, que vas en deportivas todoterreno, de las de “hasta luego chicos, me voy mañana al Annapurna”, se te mete el barro hasta las bragas. Ellas pisan estratégicamente en las piedras más diminutas que sobresalen del barro, y así, con seguridad, de chinita en chinita, llegan a su oficina.

Ya en la oficina, las secretaries intentan que su cubículo de trabajo (aquí las oficinas no son muy grandes) refleje en todo su esplendor su cuqui personalidad. Así, en el ABC del equipamiento de oficina etíope figuran:

  1. Flores de plástico. Lindas, lindas.
  2. Un cartelillo con una imagen religiosa, tipo Sagrado Corazón, y una frase de la imaginería religiosa local, tipo “todo procede de Dios”, “Dios es el todo”, o “Dios lo ha creado todo” (son bastante absolutistas).
  3. Fotos de la familia. Si las secretaries tienen hijos, ponen la foto de los niños vestidos de tradicional (las niñas con el pelo alisado, como las mamás). Si las secretaries no tienen niños, ponen las de los sobrinos vestidos de tradicional. Si son bebés, el niño aparece tumbado en una cama sobre un edredón de raso rojo horrendo, con bordados en forma de corazón.
  4. La impresión en papel de uno de esos dulzones mails en cadena tipo “Diez motivos por los que hoy es un día radiante” o “Cien razones para reconocer a un verdadero amigo”, o “mandamientos para una vida ejemplar”. En Etiopía, las secretaries todavía no han descubierto los libros de autoayuda. Cuando éstos lleguen, las editoriales se van a de forrar. Descarao.

En lo relativo a su conducta, las secretaries normalmente son seres de pelo artificialmente liso, con una personalidad contradictoria. Me explico: normalmente no hacen ni el huevo, y no parecen ser capaces de hacer mucho más de lo que ya hacen. Pero esto es sólo fachada. No te equivoques: el jefe rara vez es mejor que su secretary, por lo que, aunque no lo parezca, la que corta el bacalao es la chica de las uñas estupendas. Si tú consigues ganarte a la secretary, tendrás acceso a todo lo que acontece en esa oficina, porque la tía saber, sabe. Otra cosa es que quiera compartir ese conocimiento contigo.

Caerle bien a las secretaries que trabajan a tu alrededor es vital. Yo no siempre lo consigo. Cuando perdí momentáneamente los payrolls, una de las secretaries me echó una bronca que casi me hace llorar. Y luego que son gente de modales, a la que le gusta conversar (pillar capazos, en argot de mi ciudad de procedencia), y no pueden entender que a lo mejor tú no tienes tiempo para los setecientos saludos rituales etíopes o para preguntarles por toda su familia (a la que no conoces más allá de las fotos del escritorio).

Me encanta observarlas, pero siempre me ha faltado el valor de contratar una para mí sola, no porque no la necesite, sino porque me haría sombra, sobre todo en el terreno estético. Yo para mi Santa Infancia soy (y seré) siempre la más guapa del lugar, pero opino que, a su tierna edad, no es bueno confundir su criterio dándoles elementos innecesarios de comparación. A ver si se van a liar.

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Nov 24

INCULTURACIÓN

Hemos vuelto al Amanuel Hospital con T. De hecho, hemos vuelto varias veces en las últimas dos semanas. El jueves pasado, fuimos a la desesperada, porque T. no sólo intentó hacer daño a los demás, sino que también intentó hacerse daño a sí mismo. Así que lo metimos en el coche como buenamente pudimos, y nos fuimos al hospital. Llegados al hospital, tengo que decir que, entre la fauna reinante, T. nos situaba en la cúspide del caos. Era el que más gritaba de todo el hospital. Decidieron ingresarlo pero, al ir a preguntar a la señora que administra las camas, la señora dijo que no había camas. Y allí yo me reboté un bastante, porque me sentía incapaz de controlarlo un día más.

El viernes volvimos al hospital y, oh milagro, estaba la misma señora administrando camas:
_ Perdone, buenos días, estuvimos ayer aquí…
_ Sí, me acuerdo– me contestó secamente- y os dije que os llamaría cuando hubiera una cama. Y no os he llamado
_ Ya… es que hemos pensado en venir directamente y así, si se quedaba una cama libre, pues usted no tenía que tomarse la molestia de llamar…
_ Sentaos a esperar – me cortó
Hasta a mí me quedó claro que mi perorata del día anterior sobre de quién iba a ser la responsabilidad si T. de verdad hacía algo gordo durante la noche le había molestado a la señora. Intenté disculparme, más que nada porque la tía de T. había tenido que quitarle cuchillos de las manos un par de veces durante la noche, y cuando al final lo echó de casa, a las cuatro de la mañana, T. se puso a gritar por todo el barrio, hasta que, a las seis, decidió cambiar de sitio y venir a gritar a mi ventana, hasta que me levanté y le dí de desayunar. Luego lo duché, porque había venido sin zapatos, con un ojo morado y lleno de mierda. A pesar de mis disculpas, la señora se negó a rebelarme si había una cama disponible o no. Pues a esperar.

Durante la espera, T. dio lo mejor de sí mismo: cabezazos contra la pared, proposiciones sexuales a todas las señoras de la redolada, sermones religiosos a voz en cuello… Yo lo frenaba como buenamente podía, asegurándole que todo iba a ir bien, que Dios lo quiere mucho, y pidiendo perdón a las señoras. Él a ratos me gritaba que yo era la enviada de Satán, y a veces lloraba y me pedía perdón porque yo era la Virgen María. Una fiesta, oiga.

La señora de las camas no perdía comba, porque su oficina daba al patio donde estábamos. Al final, salió:
_ ¿Eres su madre?- me preguntó
_ No– repuse- sólo soy alguien que lo ayuda
_ Pues pareces su madre– me replicó, a lo que yo me quedé sin saber muy bien qué responder.
_ Ayer no me caíste bien – me explicó- pero hoy he cambiado de idea. Se ha quedado una cama libre, y os la voy a dar a vosotros.

Hace algunos años, me hubiera puesto a despotricar como las locas, asombrada de que algo tan importante como la adjudicación de una cama de hospital psiquiátrico dependa del criterio arbitrario de una secretaria medio analfabeta. El viernes sólo tenía ganas de besar los pies de aquella señora, que se apiadaba de mí y de mi niño loquito, que ya no me llama por las noches, porque le tiemblan tanto las manos que no puede marcar los números.

A lo mejor eso es lo que llaman inculturarse: dejar de preguntarse cómo deberían de ser las cosas, dejar de asombrarte, cuz this is Africa. Callar, aceptar, rezar, trabajar. Y, cuando la suerte te sonríe, seguir luchando por los tuyos. Como las madres de mi Santa Infancia. Como yo, que no soy madre, pero a veces lo parezco.

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Oct 26

THE CITY AND… THE CITY

Hoy vamos a hablar de La Ciudad. Addis Abeba. Me ha costado cinco años adquirir los conocimientos necesarios para redactar este post. Como saben mis amistades, una de mis grandes carencias es el sentido de la orientación. No es que Dios no me haya bendecido con el don de orientarme, no. Es que me quitó el que venía de serie.

Si alguien me preguntara por mi zona favorita (una pena que nadie me pregunte ese tipo de cosas), le respondería sin dudar: Kasanchis. Me encanta Kasanchis. Si fuera una frenji como Dios manda –es decir, con un sueldín-, me iría a vivir a Kasanchis. Estás cerca de todo y fuera de la Bole. La Bole también me gusta, pero ya que te molestas en vivir en un país que no es el tuyo, digo yo que una mínima interacción con la fauna local está bien tenerla. Y en la Bole eso no te pasa demasiado, porque hay mucho frenji suelto, y los abeshás que viven allí son más frenjis que los propios frenjis. Y que, puestos a vivir en la Bole, pues vive en la Tele Bole (que es la calle de al lado de la Bole), que es más mona y tiene menos tráfico. La llaman Tele Bole porque hay un edificio de las telecomunicaciones. Los nombres aquí son bastante imaginativos, como se ve.

Kasanchis está cerca de Bole, pero no es tan pijo como Bole. Tiene de todo, los alquileres son más baratos que en Bole y, si te aburres, siempre puedes darte un garbeo a la noche para observar la elevada densidad de prostitutas por metro cuadrado. Además, allí está La Vòtre, que es un bar como muy apañado donde celebran hasta el Oktober Fest. Y dan salchichas de verdad y cerveza de barril. He oído que a veces lo frecuentan españoles.

Después de Kasanchis, mi segundo barrio en el ránking es Piazza y sus numerosas tiendas. Un poco como Rodeo Drive. Puedes encontrar desde sillas de ruedas hasta generadores eléctricos, pasando por madera, lámparas y accesorios de fontanería. Hay una calle toda de joyerías, donde venden los míticos sistemas solares (son como planetas dorados) que se ponen las novias trenzados en los cabellos para las bodas.

No demasiado lejos de Piazza, llegas a Arat y Setdist Kilo (Cuatro y Seis Kilómetros respectivamente), que son barrios universitarios, también bastante apañados, a los que normalmente vas cuando visitas los museos de Addis. Yo recomiendo el Museo de la Universidad, que cuenta los últimos días del Emperador, que a mí me parece mucho, mucho más mono (y más limpio) que el Museo Nacional y su horrenda reproducción de Lucy, también situado en la misma zona.

¿Que dónde vivo yo? En Mekanissa, reina. En llegando a tomar por culo, sigue la peste, que llegas fijo. A mí me gusta, porque me encanta Kore, que es donde vive mi Santa Infancia, pero reconozco que esto es algo que no todo el mundo aprecia. Eso y que el barrio de al lado del basurero se llama Ayer Tena, que quiere decir El Aire de la Salud, y me muero de la risa cada vez que lo pienso. Como centros neurálgicos tenemos Koshe, el Alert Hospital y, pasado Ayer Tena, el Fistula Hospital. Museos no hay. Luz en las calles por la noche, tampoco. Pero de vez en cuando vemos carros tirados por caballos (llamados gari), que siempre te dan alegría, un poco rollo rociero. Y olé.

P.D: El título es un homenaje a Carrie Bradshaw. Mi sueño es hacerme una sesión de fotos, vestida con el tutú de Sarah Jessica, en lo más alto de Koshe. Es lo que tiene Addis, la ciudad de los sueños imposibles.

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Oct 15

DIARIO DE KAKTUS JONES

Querido diario:

Hoy hemos decidido empezar a preparar Thanksgiving con las voluntarias americanas (de ahora en adelante, Las Criaturas Americanas). Nos ha pegado la ventolera frenji y hemos decidido engordar nuestro propio pavo. Digo la ventolera frenji, porque a la mayoría de frenjis que viven aquí les da por acabar criando algo (perros, cervatillos, avestruces, ovejas… de todo han visto mis ojos en los patios traseros de las mejores casas de Bole).

Metidas ya en situación frenji, hemos decidido ir nada menos que a Debre Zeit (55 kilómetros de Addis) a buscar el pavo de nuestros sueños en la Genesis Farm, que es un sitio muy frenji (y muy protestante) en el que, además de yogures y leche, también venden verduras y huevos. Pero no pavos. Ni pollos, según nos hemos enterado cuando nos hemos plantado allí. Bueno, nos han dicho que a lo mejor un pollo nos lo podrían vender, pero pidiendo cita primero. Vamos, que hay que reservar el pollo, se ve.

Sin desanimarnos, hemos buscado la complicidad de un alegre lugareño que nos ha llevado en una maravillosa turné por todas las granjas de pollos de Debre Zeit. Lo del pavo nos ha dicho que era una utopía. Y, después de que se nos hayan reído en la cara en todas las granjas del lugar, al final en una han accedido a vendernos un pollo de corral. Como era muy pequeño, y los lugareños aseguraban que se nos iba a morir, pues hemos comprado dos. Y nos hemos vuelto a Addis con nuestros dos pollos. De corral.

He llegado justo a tiempo para ir a la reunión de padres de una de las escuelas estatales a las que asiste nuestra Santa Infancia. La escuela en cuestión está pegada al Alert Hospital, en mitad del barrio-slum de Kore. He ido en el coche que estoy cuidando (alguien me dejó un coche para que lo cuidara durante un tiempo), porque no quería llegar tarde, porque la Santa Infancia me había asegurado que empezaba a la una. Quiá. He llegado la primera entre las primeras. He aparcado en la puerta. Cuando el seveñá de la escuela me ha dicho que entrara el coche dentro del recinto, he empezado a explicarle que bastante cantazo es ya ser la única frenji como para ser también la única que llega en coche. Y en esas estaba yo cuando ha saltado la alarma antirrobo del coche, dando por finalizados mis planes de incógnito. Se ha formado un círculo bastante curioso, en lo que yo averiguaba cómo desconectar la cosa ésa.

Finalmente ha empezado la reunión. En una de las clases estábamos un centenar de padres y yo, que iba con A., a la que le encanta fingir que verdaderamente somos madre e hija, ante la estupefacción de la concurrencia. Yo ya ni me molesto en desmentirla. La gente intentaba explicarle que era materialmente imposible que yo fuera su madre de verdad de la buena. Y ella que nada, que ésta es mi madre y que lo de la diferencia cromática, una mera anécdota.

Yo empezaba a sentirme invadida por una sensación extraña. Una desazón. He entendido lo que era cuando hemos tenido que votar algo relativo a la distribución de los libros (de la mitad no me he enterado, y he votado lo que me ha dicho A., que para algo es la que asiste a la escuela). Al ochenta por ciento de los allí presentes les faltaban dedos. Yo era de las pocas poquísimas que tenía los diez dedos de la mano. El Alert está especializado en lepra, y gran parte de la gente que vive en Kore ha sufrido esta enfermedad, como bien testimoniaban los padres de la clase donde yo me encontraba.

Había también un señor que nos ha hablado un rato, que ha dicho que pertenecía a la Asociación de Padres. Y yo le he dicho a A., “mira, éste sí tiene todos los dedos” (porque los tenía). Y A. me ha respondido: “pero lleva muletas”. No me había fijado, porque el señor estaba de pie, pero se apoyaba en muletas para caminar.

Tres horas, querido diario, ha durado la reunión. Es lo que tienen los leprosos, que nunca tienen prisa, porque la mayoría no curran. Han estado dos horas discutiendo los dos euros de cuota escolar anual que hay que pagar. La gentes estaba súper indignada. Había un señor sin nariz que gritaba el que más. Al final me he hartado, y me he animado a participar en el debate. Le he pedido al señor que gritaba que dejara de gritar porque:
1. Dos euros por todo un año de educación no son n.a.d.a. En los tres cafés que todo cristo se toma al día se gastan mucho más. Calculando, salían tres birr al mes. Un cuaderno pequeño vale tres birr. Medio kilo de naranjas vale tres birr. Dos huevos valen tres birr. Coño, ahorre.
2. El señor en cuestión, que lo había visto yo, está ayudado en un proyecto de una ong que le paga las cuotas escolares de los niños, con que no sé a qué venía tanto grito. Lo mismo aplicaba para una gran mayoría de los descontentos. Los leprosos son target prioritario para la mayoría de proyectos de la zona (incluidos nosotros). Y somos unos cuantos (proyectos y leprosos).

En cualquier caso, la gente estaba tan estupefacta al ver una frenji hablando amárico que no sé si se han enterado muy bien de lo que he dicho, pero se ha acabado la discusión, porque, total, las cuotas las hemos pagado ya. Luego han hablado algo del Sida, y allí hemos descubierto que la gente con dedos era seropositiva.

He llegado a casa, querido diario, justo a tiempo para comprobar que había cerrado mal la puerta, el perro había entrado dentro, y se había zampado mis dos pollos de corral sin dejar ni una pluma.

Y nada más.

Hasta mañana:

Kaktus

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Oct 08

PESADOS

En este sitio, que es un sitio en el que me tienen mucho aprecio (ellos sabrán por qué), me regalaron en agosto una báscula monísima, de esas planas de cristal con números digitales. La puse, lógicamente, en el suelo de la enfermería. Sólo que la Santa Infancia no sabe lo que es, y cada uno que entra se dirige directamente a la báscula, la coge, y me dice: “se te ha caído esto”. A lo que yo les respondo: “no se me ha caído, su sitio es el suelo”. Y el siguiente: “se te ha caído esto”. Y yo, “déjalo donde estaba”. Y otro, “mira que se te ha caído esto”. Y así cien veces.

Al final he cedido. La tengo en cima de la mesa y la pongo en el suelo para pesarlos. Sólo que ahora cada frenji que entra me pregunta que qué hace la báscula encima de la mesa. Hay días que acabo como un poquitín fatigada. No sé.

P.D: Hoy T. se me ha dormido en los brazos mientras le cantaba bajito esta canción. Él no lo sabe, pero yo todos los días trabajo para que T. y el resto de la Santa Infancia puedan un día levantar la vista y ver una tierra que ponga Libertad.

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