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Posts Tagged ‘Voluntariado’

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Oct 20

SOUTH OF NOWHERE

Hace ya un mes que hice El Viaje. Ese Viaje con el que sueña todo voluntario cuando viene. Ese Viaje que te hace bajar desde el altiplano, en dirección al sol, a las acacias y a las vacas escuálidas. Ahora sí. Estás en África.

Al contrario que mucha gente que viene nueva, yo tuve la suerte de hacer ese viaje rodeada y arropada por mi ahora ex compañero de piso y una de mis cuatro o cinco BFFs. Se tomaron un día para asegurarse de que la Nena y yo llegábamos al Sur en perfectas condiciones, con nuestras ropas, nuestros juguetes y nuestras escasas pertenencias intactas.

Pensé aquel día que a lo mejor ése era el Viaje que habría debido hacer hace nueve años, cuando llegué a Addis por primera vez. En aquella ocasión, llegué a un aeropuerto a oscuras, donde me recibió una persona que ya ha fallecido. Lo que más me llamó la atención, en aquel momento, fueron los olores. Addis Abeba –me pareció- apestaba. Pasamos por el matadero, y el olor a carne podrida era nauseabundo. Algunos minutos después, el olor del Koshe que yo todavía no conocía, nos recibió en Mekanissa.

En mi Viaje de ahora no hay basurero, pero vuelvo a encontrar la pobreza. Es una pobreza distinta, creo, algo más digna, más sostenible. También más duradera (las cosas han sido siempre así) y, si cabe, más resignada.

Si alguien me busca, que me busque en Zway.

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Oct 18

ME VOY

Me llevo tres lenguas, varias habitaciones distintas y dos casas vividas en estos ocho años.

Me llevo un círculo estrecho de amigos que comparten vida, trabajo e ideales. Me llevo toda esa gente con la que he vivido, que me ha hecho sacar lo peor y lo mejor de mí. Que ha soportado y valorado lo peor y lo mejor de mí.

Me llevo las noches de hospital, los días de funeral, las carreras luchando contra lo peor, la angustia de la certeza del fracaso, el vacío de lo irreparable.

Me llevo la pobreza, entendida como niebla envolvente y pegajosa, despojada de tópicos: dura, oscura e ilimitada. Me llevo el sufrimiento humano en sus variantes más crueles, las madres que odian a sus hijos, los niños incapaces de sentir con dignidad. Me llevo historias rotas, truncadas, pero también aquellas que tienen un futuro, una esperanza.

Me llevo muertes por sorpresa, nacimientos inesperados. Me llevo la Vida como una corriente impetuosa que nos arrastra, queramos nosotros o no. Me llevo la Esperanza de las pequeñas cosas, las sonrisas torcidas y aquellas enormes. Me llevo lágrimas y juegos, la escritura vacilante de G, las piernas torcidas de A., los pulmones negros de Y., su respiración, años después, segura y sana. Me llevo abrazos, tantos abrazos. Y besos con babas, con mocos, piojos en la ropa, hongos en la piel.

Me llevo las caídas de D., la vida normalizada de R., la primera regla de L, las pastillas (y todo lo demás) de M. Los “te odio”, los “eres la mejor madre que he tenido”, los “te quiero y eres la más guapa del mundo”.

Me llevo ET volando en una bicicleta, Harry Potter que se para en su octava película, a falta de los veinte minutos finales, me llevo la traducción de Matrix y la pasión por Lobezno.

Me llevo la habilidad de conducir, el saber manejar un taladro, los reports, los proyectos diseñados. Me llevo la ilusión por cambiar el mundo, la certeza de no haberlo logrado, la satisfacción de haberlo intentado, las ganas de intentarlo todavía, con todas mis fuerzas.

Me llevo la creencia de que todo lo que hice, lo hice porque respondía a una llamada más grande que yo. La misma llamada que ahora me lleva a otro sitio.

Me lo llevo todo. Porque es mío. Me lo he ganado.

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Mar 25

CONSEJOS PARA VOLUNTARIOS DE VERANO

A ustedes no se lo parecerá, pero el verano ya llegó. Nosotros, como muchos otros proyectos, empezamos a recibir solicitudes para pasar el verano con nosotros. Si en años anteriores me permití presentarles una tipología del voluntariado, este año me desmarco con algunos consejos y/o observaciones que harán la estancia de los voluntarios más fructífera:

  1. Seguramente no tendréis Internet y puede ser que tampoco teléfono. Haceos a la idea. Como ya apunté en su día, si necesitas hablar con una persona cada dos días, a lo mejor deberías estar pasando el verano con ella. Todo el mundo viene súper concienciado sobre culturas tribales, tamborileo y percusión, y estampados coloridos, pero nadie parece haber asumido que hay lugares en el mundo en los que, simplemente, no hay cobertura. O no hay agua. O no hay luz. Y, por cierto, la gente que ya vive allí no es tu secretaria ni tu cabina de teléfono. Al final del verano nos llegan unas facturas de cagarte, y nosotros somos voluntarios todo el año, ergo no tenemos ni un puto duro para pagar esas facturas que, by the way, no son nuestras. Tampoco nos gusta que nos hagas perder una mañana buscando postales, oficina de correos y sellos. No te has ido de vacaciones a Roma. Y cambiarte la foto de perfil del Facebook puede esperar un mes (y hasta toda la vida). Desconectarte, centrarte en lo que tienes delante, te ayudará a que verdaderamente la experiencia de verano te sirva para algo. Tienes todo el año para contarlo. Como corolario diré que abrirte un blog donde te comprometes a actualizar todos los días puede ser una promesa que no consigas cumplir. ¿Vas a escribir un blog o a trabajar?
  2. Trabaja con lo que tienes. Si tienes puzles, haz puzles. Si tienes piedras, piensa juegos con piedras. Sí, dibujar camisetas es más divertido que hacer un puzle, pero puede ser que no haya colores para tela, o que no sean los que tú quieras, o los que tú sabes usar o los que duran más sobre la tela. Sé apañado e imaginativo. Si tienes la posibilidad de preveer qué actividades vas a desarrollar, tienes al menos 20 kilos de maleta para llevar lo que necesites. Y, si no puedes llevar lo que necesitas, significa que tendrás que pensar en necesitar menos.
  3. Miss Niño Encantador del Verano. Es casi imposible pero, en caso de que vayas a un proyecto con niños, intenta no privilegiar descaradamente un niño sobre los demás. No es tu hijo. Dentro de un mes, no volverás a verlo en la vida. Es más el daño que le haces (luego no tendrá esa atención, y se resentirá) que la alegría de compartir treinta días contigo. Entiende que muchos proyectos tienen que pensar en el conjunto de niños que acuden al proyecto. Sería maravilloso que pudiéramos satisfacer todas las necesidades emocionales, materiales y educativas de todos y cada uno de nuestros niños, aprovechando sus particularidades y potenciando sus capacidades. En la práctica, semejante grado de individualidad es imposible. A lo mejor a ti te parece un Einstein incomprendido, pero seguramente todos los niños del proyecto, vistos de cerca, son genios. Siempre vas a llevarte mejor con unos grupos que con otros, es normal, pero intenta que no sea un solo niño.
  4. Tú lo vales, aunque no des nada material. La tentación fundamental es dar zapatos al que va descalzo, y un jersey al que va en camiseta. Coger tu Niño Favorito del Alma y ducharlo y vestirlo entero, y llevarlo a pasar la tarde a un centro comercial. ¿De verdad piensas que los responsables del proyecto no se han dado cuenta de que el niño va descalzo? Dar zapatos es súper fácil. Lo difícil es conseguir que el padre se quite veinte birr de alcohol para comprar zapatos a su hijo. Y seguramente el proyecto está trabajando en ello. No te metas. Si quieres dar algo, dalo a los responsables del proyecto que se ocuparán de distribuirlo a quien más lo necesita. Los más sucios no son los más pobres, sino los que menos se lavan. Estás premiando la dejadez y castigando al que se remienda los pantalones. Y, sobre todo, estás incentivando que todos los voluntarios sean evaluados por su capacidad de dar cosas materiales. Sé honesto, ofrece lo que eres. Toma el camino difícil y trata de pensar que, como persona, tienes valor sin necesidad de dar nada material a nadie. Cree que tu servicio es mucho más que dar zapatos.
  5. No juzgues. Nadie es perfecto. Como espero que haya quedado claro en este blog, quien pasa aquí todo el año se enfrenta cotidianamente a sus debilidades y sombras. Muchas de las decisiones del proyecto tienen motivaciones que en un me no alcanzarás ni siquiera a vislumbrar. Se basan en relaciones y trabajo de años. No pretendas, en quince días, saber todo lo que yo debería saber pero que, en ocho años, todavía no he conseguido averiguar. Observa todo lo que puedas, intenta ser lo más compasivo posible, y trata de entender a quien, al final, es la persona que se quedará aquí cuando tú estés en casa actualizando tu blog. Que vivamos en un país africano, o que hayamos decidido dedicar nuestra vida gratuitamente al servicio de los demás, no nos convierte en seres perfectos. Podemos ser igual de rastreros y mezquinos que el resto del mundo. A veces lo somos. Si fueras a hacer prácticas a una empresa, no esperarías que tu jefe fuera la Madre Teresa. Hay quien espera que nosotros lo seamos, y, obviamente, rara vez estamos a la altura de las expectativas. Hay menos héroes de los que parece. Y, por cierto, en un conflicto entre un voluntario y un trabajador, puede ser que el proyecto le dé la razón al trabajador y no al voluntario. Si uno de prácticas se pelea con la secretaria, puede ser que la empresa le dé la razón a la secretaria. O puede que no, si no la tenía. Pero, desde luego, no asumirá inmediatamente que el de prácticas tiene razón.
  6. No eres un turista. Puede ser que te pierdas la visita al monumento nacional de país en cuestión. Puede ser que nadie quiera llevarte a ver campos de refugiados (no son Disneylandia), o puede ser que te pases todo el mes sin salir del recinto del proyecto. Un mes es poco tiempo, va a haber muchas cosas que te quedes sin ver y sin saber. Pero, ¿has venido a ver o a trabajar? Los responsables del proyecto tienen como responsabilidad principal la gestión del proyecto, no la gestión de los voluntarios. Es su deber darte algo que hacer, pero no es su deber enseñarte todos y cada uno de los rincones del país. Si quieres ser turista, viaja como turista. Y, por cierto, salvo que los proyectos se incluyan en un circuito de turismo “solidario”, tener visitantes es siempre una carga. Si todos los visitantes de Calcuta van a visitar la casa central de las MOC, no sé cómo puñetas pueden acoger visitantes y trabajar. Y, salvo que seas japonés (y en ese caso estamos hablando de una pulsión patológica), no hace falta que saques fotos las 24 horas del día.
  7. No salvarás ninguna vida. Hazte a la idea. Vienes un mes. En una empresa normal, te dejarían, como mucho, contestar al teléfono la última semana de tu período de prácticas. No pretendas tener la responsabilidad total del proyecto en un mes. Tampoco pretendas que se organicen actividades exclusivamente para que tú te sientas realizado y útil. Puede ser que exista la posibilidad (hospitales que se dedican exclusivamente a cirugías oculares durante una semana) o puede que no, pero, en cualquier caso, la validez de una actividad la determina el grado de servicio que se ofrece a los beneficiarios del proyecto, no lo bonitas que le queden las fotos al voluntario. Tampoco pretendas resolver la vida de todos los beneficiarios en un mes. Seguramente, ni siquiera llegarás a conocer todos los nombres. Y si en España al hijo de tu vecino no se te ocurriría darle antibiótico si no eres médico, en Etiopía tampoco lo hagas. Todo el mundo tiene derecho a servicios de calidad. Si no eres enfermero, mantente alejado de la enfermería, y deja que los responsables del proyecto hagan lo que sea que hagan normalmente cuando se presenta una emergencia médica. No hagas cosas que obviamente requieren una actuación profesional si no eres un profesional (aquí incluyamos el conducir camiones o tractores o vehículos de más de treinta asientos si no lo has hecho en tu vida. Si en España ni se te ocurriría asumir la responsabilidad de conducir un autobús de sesenta plazas cargado de niños, no lo hagas tampoco en África. La responsabilidad es la misma, pero el seguro es peor, sobre todo si tu carnet de conducir no es válido en el país).
  8. Escoge el proyecto adecuado. Busca el proyecto que más se ajuste, no sólo a tus capacidades, sino también a tus creencias. Si te pasas todo el año despotricando como un loco sobre la Iglesia Católica, no te vayas con monjas en verano. No digo que a los proyectos de iglesia católica sólo puedan ir voluntarios católicos practicantes (de hecho, en nuestro proyecto no es así), pero, al menos, tiene que ser gente que no odie a la Iglesia Católica. No es tanto pedir.
  9. Entiende que de vez en cuando te dirán que no. Ningún proyecto puede acoger a todos los voluntarios que lo solicitan. Ningún responsable de proyecto puede decir que sí a todas las ideas que tengan los voluntarios. Aunque tú te ofrezcas de buena fe, aunque a ti te parezca que es beneficioso para todos, intenta entender que a lo mejor el proyecto no está preparado para acogerte o no puede garantizarte una experiencia que sea mínimamente útil tanto para ti como para el proyecto.
  10. Que no se acabe en el otoño. La finalidad fundamental de acoger voluntarios a tiempo breve, salvo que se trate de trabajos concretos (ingenieros que vienen a construir un puente, doctores que viene para una serie de cirugías, gente que viene para impartir un curso…) es reducir la distancia física que separa el proyecto de sus simpatizantes y/o donadores. Aunque estemos en continentes distintos, una finalidad de nuestro proyecto es también sensibilizar en Europa sobre la necesidad de un cambio que favorezca a los más pobres. Ayúdanos a conseguirlo. Si vuelves a casa y nunca más participas en ninguna actividad relacionada con desarrollo y sensibilización, date cuenta de que esa experiencia habrá tenido más de egoísmo (te habrás limpiado la conciencia) que de otra cosa. No hace falta irse al África para hacer voluntariado. A dos pasos de tu casa seguramente hay una sede de Cáritas o de cualquier otra organización que puede ofrecerte experiencias de voluntariado. Eso sí, las fotos quedan peor en Facebook. Allí, como todo, depende de lo que estés buscando. Y de lo que estés dispuesto a ofrecer.
  11. El servicio de las pequeñas cosas. Lo más útil que pueden hacer los voluntarios a tiempo breve suele ser pequeños servicios: presencia en el recreo, organizar juegos, pintar paredes, limpiar ventanas que no se limpian en todo el año, ordenar almacenes… No hay servicios o trabajos pequeños o grandes, sino personas pequeñas o grandes. Lo que hagas, hazlo lo mejor que puedas. A lo mejor no es el trabajo de tu vida, pero recuerda que sólo vas a hacerlo durante un mes. No tiene por qué cambiarte la vida (aunque puede que lo haga), sólo tiene que servir a alguien para estar mejor.

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Oct 29

Y VENGA Y DALE…

Vuelvo hoy al tema adopción. No tengo ni idea del mismo (o poquita, en comparación con los que llevan años empapándose), sufro como una bestia (todavía no soy mamá), pero estoy poniendo mi mejor empeño en sentar cátedra. De lo que sea. Y que, si no me pongo en serio con el blog, se me va a acabar olvidando el español, y ya verás tú que follón. Podría escribir de otras cosas, pero no (quiero).

Leía en Madre de Marte el relato de una chica adoptada etíope que, ya de joven (tiene 23 años, si ella es mayor, ¿qué soy yo?), había decidido venirse a vivir aquí. De los comentarios, me ha parecido deducir que el tema “el niño/a se quiere ir a Etiopía” es de candente actualidad.

Como consuelo para las familias diré que yo jamás amenacé con cruzar ni siquiera el Ebro. Y hace ya casi una década que no vivo ni siquiera en el mismo continente que mis progenitores y mis sufridos hermanos. Que uno no amenace, no quiere decir que no le dé la ventolera y se pire. En mi futura maternidad, obviamente me parecerá más que lógico si mi hija decide vivir en Etiopía. Me parecería raro si se fuera a Islandia. En fin, para que ella pudiera volver, primero tendríamos que habernos ido. A veces me pasa, que me pongo a hacer planes con lustros de antelación.

Llendo a lo que yo verdaderamente quería contar hoy (estos días tengo la cabeza en Góndar y más allá), en los últimos años el auge del voluntariado internacional nos ha traído hasta el centro varios voluntarios de verano nacidos en Etiopía y criados en Europa o América. A veces han combinado el voluntariado con la búsqueda de su familia de origen y a veces se han limitado a las actividades propias de los voluntarios. Como eran personas distintas, los resultados y experiencias han sido distintas (últimamente, razono siempre como si estuviera hablando con alumnos de párvulos), pero, reflexionando sobre el conjunto, he encontrado algunos puntos en común a todos los chicos y chicas que han venido. Los enumero (párvulos, coged el lápiz):

 

. La edad: por el momento, todos han tenido entre 18 y 20 años. Es decir, en que han sido mayores para salir del país y han podido pagarse el billete de avión, se han venido a ver Etiopía. Para todos era su primera experiencia en el extranjero. De todos los países del mundo, han elegido conscientemente Etiopía, su lugar de nacimiento y, para algunos, el lugar donde habían pasado su primera infancia.

. En contra de lo que pudiera parecer, el volver a Etiopía no les ha aportado más recuerdos. Los que habían borrado completamente la parte de sus vidas que transcurrió en Etiopía (y algunos habían cumplido aquí los diez años), no recuperaron esas vivencias. Sí decían que recordaban los olores (injeera, berberé…) y ciertas sensaciones, como la del ansia de esperar a la persona que, en el orfanato, asignaba a los niños a las familias. Pero los que habían “olvidado” la lengua no la recuperaron (al menos en el mes que estuvieron) y no consiguieron tampoco recuperar recuerdos relacionados con su familia biológica. No sé si con asistencia profesional la cosa hubiera cambiado.

. Todos vinieron solos. Algunos con el apoyo emocional de sus familias adoptivas y otros no (normalmente, en estos casos, el chaval tenía, además, otros problemas con su familia adoptiva), pero ninguno ha venido acompañado ni de sus padres ni de sus hermanos. Hubo, incluso, un caso de dos hermanos biológicos, adoptados en la misma familia, pero que han venido solos en años distintos. En todos los casos, las familias se pusieron en contacto con nosotros y tuvieron a bien facilitarnos la mayor cantidad de datos posibles, incluso datos menos bonitos o situaciones difíciles. En todos los padres, hasta ahora, he podido percibir una cierta angustia, también muchas veces ligada al hecho de que tu niño/a se va a un país africano con la mochila a buscar gente que no sabe si encontrará. Lo veo lógico. Vista desde fuera, la experiencia tiene muchas papeletas para resultar frustrante y/o peligrosa.

.Para todos los que consiguieron encontrar alguien relacionado con sus familias de origen (hermanos, tíos, primos…) la experiencia, de lo que yo pude percibir, fue positiva. Nadie los asedió a peticiones ni con complejos de culpa. Para todas las familias fue una alegría ver que el niño o niña que se había ido hace años estaba bien. Algunas de estas familias, sobre todo en el caso de primos o hermanos, habían ya contactado a los chavales en Facebook. Esto, obviamente, es más fácil que pase si la adopción se produjo con el chaval ya mayorcito (la cara no le cambia tanto) y si la familia decidió dejarle su nombre etíope (y si el chaval en Facebook ha mantenido su nombre etíope y no se llama “Guerrero de la noche estrellada africana”, y tiene una foto donde se le ve la cara, y no una foto de su codo a contraluz).

. Hablando con ellos, me quedó claro que, para aquellos que mantienen amistad con otros chicos y chicas adoptados, y sobre todo para los que mantienen contacto con chicos o chicas que vivieron con ellos en el orfanato, estas amistades son importantes. Se sienten parte de ese grupo, donde son comprendidos y aceptados con todas sus contradicciones. Incluso para el hijo pre-adolescente de la Doctora, el conocer a estos voluntarios etíopes que viven en Italia le resultó fascinante, y les asediaba a preguntas: a las chicas les gusta tu pelo, si soy etíope me puedo casar con una italiana o no… como al que se lo preguntó era bastante ligón, D. se quedó contento y feliz, e incluso, cuando volvió a Italia con su familia, quiso mantener el contacto con este chico, que le sirve de referencia y depósito de dudas y consultas. Y además tenía músculos.

. El nivel de comprensión de la cultura etíope de estos chicos y chicas era exactamente igual que el de los otros voluntarios de su edad. Es decir, sabían más cosas del folclore, la historia, las etnias… pero a la hora de entender el comportamiento de la gente o ciertas dinámicas basadas en concepciones culturales, tenían las mismas dificultades que los demás. Algunos sí se definían como etíopes, otros menos. Todos eligieron vivir durante ese mes con los demás voluntarios y no con sus familias de origen. Me explico: a todos las familias les ofrecieron que se quedaran en las casas, algunos –sobre todo los que más se definían como etíopes, y los que todavía conservaban algo de amárico-, llegaron hasta a pasar algunos días con sus familias. Pero, al final, la diferencia en las condiciones de vida (y no todas las familias eran pobres pobrísimas) se les hacía demasiado dura y elegían vivir con los demás voluntarios, incluso alguno que, inicialmente, venía sólo a conocer a su familia y pensaba quedarse con ellos todo el verano, y, después de cuatro días, se puso en contacto con nosotros buscando, básicamente, alojamiento con estándar occidental.

A nivel personal, siempre me ha dado un poco de susto acoger a estos chicos y chicas, sobre todo cuando el objetivo principal de su visita es encontrar a su familia de origen, de la que no saben nada. En primer lugar –y muchos me llamarán egoísta-, el objetivo del voluntariado de verano no es encontrar a tu familia de origen. Tener una persona con ese tipo de necesidades en un grupo de más gente requiere tiempo y dedicación, y a veces no tenemos ni ese tiempo ni esa dedicación. Como idea, sugeriría a las agencias de adopción (todas tienen proyectos en el país) que montaran campos de verano para este tipo de voluntarios (incluso mezclados con voluntarios no adoptados). Para mí es difícil, además, porque no pertenezco al “ambiente” adopción (no conozco casi agencias ni sigo de cerca sus proyectos, ni sé cómo funcionaba la adopción hace diez años, ni soy investigadora privada, ni puedo ir haciendo preguntas en registros oficiales sin llamar peligrosamente la atención).

Por otro lado, considero bastante arriesgado dejarlos en mis manos –o en manos de otros voluntarios como yo-, porque soy de las que piensan que a veces no hay nada como un seguimiento profesional en ciertos momentos de tu vida. Con el tiempo, he vencido esta segunda reticencia, no porque las cosas hayan ido mejor o peor, sino porque cada vez me resulta más clara una cosa: quieren hacerlo SOLOS. Si me piden ayuda logística (que llame por teléfono o les acompañe para traducir), lo hago. Pero no suelen hacerlo. Se apañan mejor de lo que muchos pensamos. Y, muchas veces, prefieren ser acompañados por un etíope (por ejemplo, uno de los mayores de mi Santa Infancia), que por una frenji. Todos son conscientes de que se pueden pegar el hostión de su vida. Ha habido quien ha sufrido un mundo. Pero, al final, todos se han vuelto a sus vidas contentos de haber, al menos, intentado buscar a sus familias. Porque es parte de lo que son.

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May 02

LA DOCTORA

La Doctora llegó un día con su ingeniero, su bata blanca y sus niños de colores, encontró un sitio bonito, y se puso a trabajar. Durante años, la Doctora luchó contra las siglas, las estadísticas y la burocracia. Creó un oasis de vida donde reparaba personas y donde le pasaban cosas tremendamente divertidas y otras que no lo eran tanto. O que no eran en absoluto divertidas.

Una noche la llamaron del sitio bonito porque estaban pasando cosas feas. Por azares de la vida, la acompañé por primera vez a su campo de batalla. Cuando llegamos allí, cuatro bebés del tamaño de cuatro ratas masticaban el aire. Había gente que corría aquí y allá, como pollos descabezados. A la Doctora ni siquiera se le torció el gesto. Comenzó a repartir instrucciones, y con cinta adhesiva y tijeras dividió el único tubo de oxígeno disponible. Yo, después de ayudarla en la parte MacGiver de la operación, como se puede imaginar, pintaba poco allí. No tengo especiales habilidades médicas y, sinceramente, el aspecto de los niños hubiera hecho las delicias de los fotógrafos de Naciones Unidas.

Sin saber muy bien qué hacer, me senté en una esquina para molestar lo menos posible, y esperé. Y la ví allí, segura, fuerte, concentrada. Con una determinación que hubiera podido mover montañas. Sólo que las montañas de aquella noche eran muy, muy grandes.

Y allí, en ese instante, le ví sentido a Todo. A las renuncias, a los días de mierda, a la incomprensión, al miedo. Porque el trabajo de la Doctora, su creer en lo increíble, justificaba todo. Esos niños podrían vivir o morir, pero no lo harían en el olvido. Sus vidas o sus muertes no serían indiferentes. Recé para que la Doctora siguiera luchando siempre. Recé para que venciera siempre, porque la suya era una guerra de las que son necesarias.

Aquella noche vivieron los cuatro. Dos fallecieron durante la siguiente semana. Hace algunos años, una familia italiana me contó que una de aquellas ratas boqueantes se había convertido en su resplandeciente hija.

Hace ya seis meses que la Doctora, su Ingeniero y sus hijos de colores se fueron a Italia. Echo de menos nuestras conversaciones donde nos reíamos de cosas terribles:

_ Hoy he pasado consulta a un señor con 1 de Hemoglobina

_ Hala, y ¿de qué color estaba?

_ No sé… ¿blanco roto?

_ Anda, como los vestidos de novia

Echo de menos su serenidad y su fuerza. Yo no tengo hermanas, pero la vida me ha dado unas cuantas, y la Doctora es una de ellas. Las renuncias se acumulan. La fortuna de poder renunciar, de haber conocido a quienes han cambiado pequeños mundos sigue compensándolas.

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May 01

LUNES

El lunes es mi día favorito de la semana. Es mi día libre. Llevo años intentando institucionalizar la cosa. Y me ha costado muchos “vine, y no estabas”, “yo quería decírtelo el lunes, pero no estabas”, y “el lunes no viniste a trabajar”, dichos con cara de resentimiento, pero yo los lunes me los cojo libres.

O casi.

La señora F. tiene citas en el médico cada mes. Está muriéndose, y en las citas le controlan la velocidad de su deterioro físico. Las citas son en un hospital en la otra punta de la ciudad. Y siempre son en lunes. Yo la llevo en coche, porque ahora no tenemos ni coche de proyecto, ni chófer, ni ná, y luego, con otra señora que la acompaña, vuelven por sus propios medios en taxi que pago yo. También la otra señora la pago yo. Son dos horas y media entre ir y volver a dejarla. Pero es que se está muriendo. Quién le negaría dos horas y media de su tiempo a una persona que se está muriendo. Y, total, a partir de las diez y media de la mañana, sigue siendo mi día libre.

Hasta mediodía. Me llaman. Que hay que ir a hacerse análisis. Que no les basta el dinero que les he dado esta mañana. Que no saben adónde ir a hacerse los análisis. Y entonces voy. Quién le negaría una tarde a una señora que se está muriendo. Sería no tener corazón. Imagínate que se muere llendo en transport a hacerse los análisis.

Y vamos, y hacemos los análisis. Y luego me dicen que no han podido comprar las medicinas que necesita en la farmacia del hospital, y así nos recorremos varias farmacias de la redolada. Otra hora y media.

Cuando acabamos, ya que estamos, la llevo hasta su casa. Se está muriendo. Qué persona sin entrañas dejaría a una moribunda el final del asfalto, en vez de entrarla de nuevo hasta su misma cama.

Y así vuelvo a casa ya de noche. Y, la verdad, no me siento una persona mucho mejor por haber dedicado mi día libre a la moribunda. Lo que sí me siento es cansada, muy cansada. Y la perspectiva de que, de mis cuatro días libres mensuales, le dedicaré a la moribunda la mitad hasta que decida morirse, no me ayuda a descansar mejor.

Decido que, persona despiadada o no, el dinero se inventó para eso. De ahora en adelante, la señora moribunda irá siempre en taxi que pagaré a precio de avión. El precio de mi tiempo libre. El precio de mi conciencia.

Como se muera en el taxi, me da un tabardo.

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Abr 18

TIPOLOGÍA DEL VOLUNTARIADO

Ya Juan Pablo II tuvo la intuición de afirmar que el voluntariado es uno de los signos de nuestro tiempo. En los últimos años, ha proliferado exponencialmente el voluntariado internacional, tanto de corta como de larga duración. Como se puede imaginar, en mis siete años como gallina clueca del voluntariado en el corral de mi Santa Infancia, he visto pasar decenas de personas durante una semana, un mes, un año o un lustro. Así, intentando no ofender a nadie (no prometo nada), me decido a hacer un breve recorrido por los diversos tipos de voluntarios que nos llegan:

. La hippie (no confundir con hipster, que es otra cosa). Es la clásica rasta con bombachos y talento percusionista. Los veranos normalmente se iba de camping, y este año le ha dado por venir al África. Hablo en femenino porque suelen ser chicas, pero también hay chicos. Piercings a gogó y tatuajes que exhibe a la menor oportunidad. Por cierto, reina, si llevas un Buda tatuado y se lo explicas a la Santa Infancia (it’s Budah), su expresión no es de fascinación, sino de miedo. “Buda” quiere decir “mal de ojo” en amárico. Otra cosa: los piercings, con el polvo, la humedad y los piojos que te salen de las rastas, suelen infectarse. Tráete antibiótico. Tendencia al veganismo, ergo, si se queda más de un mes, tendencia a la anemia. Comprobado.

 

. La Kumbayá. Puede venir también con bombachos. Es un poco como la hippie, versión religiosa. Concibe el voluntariado como una experiencia religiosa (pero no de las de Enrique Iglesias). Viene equipada con guitarra y Biblia. Suelen adoptar posturas algo intransigentes, del tipo “no voy de restaurantes porque los pobres no pueden ir de restaurantes”. A pesar de que los pobres tampoco tienen ni lavadora ni agua caliente, no suelen poner reparos a ninguna de estas dos cosas. Si finalmente consigues romper sus reticencias anti-materialismo y se beben dos cubatas, no habrá Cristo que las haga volver a casa. Suelen cantar en momentos aleatorios, sin motivo aparente. Esta categoría, decididamente, está mucho más presente en el sector femenino.

 

. El manitas. Esa persona que sabe arreglar de todo… en su casa. Aquí le faltan doscientas piezas por segundo, y nada de lo que venden en las tiendas de electricidad /bricolaje/fontanería le sirve. Son eficaces hasta un cierto punto, sobre todo teniendo en cuenta que no suelen hablar ni siquiera inglés. Eso sí, suelen ser bastante mejores que tus trabajadores normales de mantenimiento, por lo tanto, bienvenidos sean.

 

. El falso cooperante. Es esa persona que se ha hecho un curso on-line de doce horas sobre Cooperación al Desarrollo, ergo, lo sabe todo, todo. Sin embargo, no sabe la diferencia existente entre cooperante y voluntario. Más allá del sueldillo (los voluntarios no tenemos), el cooperante trabaja para ONGs y agencias oficiales de Cooperación, normalmente en coordinación de proyectos. Esto es, en oficina con esporádicos viajes al terreno. El voluntario también puede trabajar para una ONG, pero suele estar implicado directamente en el proyecto y tener poco que ver con su administración y coordinación, sobre todo si viene para una semana en verano. Tiene más contacto con la gente y hace cosas como limpiar culos, que son cosas que un cooperante jamás tiene que hacer. Así, te llega el enteradillo de verano, que te hace preguntas como “¿la comunidad ha colaborado en la redacción del proyecto?”, que te dan ganas de contestarle “la evaluación la pasamos cada año, gracias. Y nos la hacen profesionales”. Después de dos días en tu proyecto, ya saben todo lo que no funciona y, sobre todo, ya saben cómo tendrías que trabajar para que todo funcionara. Una bendición de Dios.

 

. El viajero. Es esa persona que viene “a descubrir África”. La Santa Infancia le interesa sólo como elemento atropológico. Se pasará el verano dando el coñazo a las familias, de ceremonia del café en ceremonia del café, haciendo fotos con su cámara de paparazzi. La mitad de su período de voluntariado lo pasará viajando. Como suele ser bastante alternativo (si no lo fuera, se habría venido en un tour organizado, como hace la gente normal) y odia la Lonely Planet, no tiene ni idea de cómo viajar en Etiopía, por lo que tendrás que organizarle el viaje y reservarle todo en los sitios que habrás sacado de la Lonely Planet que tú sí tienes. A pesar de sus ganas de conocer África, suele ser bastante hipocondríaco: todas las diarreas le parecerán amebas y todos los catarros, pulmonías. Reza para que no se pinche con nada, porque, aunque es súper aventurero, es incapaz de ir sólo al médico.

 

. Los adolescentes. Como se imagina, en esta categoría pueden incluírse elementos ya mencionados: pueden ser rastas o aventureros o Kumbayá o fans de Física y Química. Es gente que a última hora cambió sus planes de Interrail para venir de voluntario a tu proyecto. No suele tener ningún tipo de motivación, y no suelen entender que lo que para ellos es un campamento de verano, para ti es tu vida. Vienen dispuestos a renunciar a todo durante un mes. Menos al Internet. Renuncian a limpiar, a ducharse, a cocinar, a lavar los platos (bueno, no es que renuncien, es que nunca lo han hecho), pero como no les proporciones Internet y móvil en menos de 24 horas, pueden llegar a convulsionar.

 

. Los niños de pecho. Son adultos, pero requieren la misma atención que un bebé de seis meses. Se debaten entre lo que querrían hacer y entre lo que se sienten capaces de hacer, que es más bien poco. Por lo tanto, pasan a depender de ti. No mueven un pie sin preguntarte si está culturalmente aceptado mover los pies. Jamás salen por su cuenta por la noche, ni se van de turisteo solos. No se dan cuenta de que cuando ellos oyen “¡Yupi!, nos vamos a cenar fuera”, tú oyes “mierda, adiós a la cera, otra vez cuchilla”. No parecen percibir que, cuando tú tienes vacaciones, te apetece irte a España, no a Lalibela como guía de un grupo de voluntarios de verano. No entienden que tu tiempo libre es TU tiempo libre, y que no tienes por qué pasarlo con ellos. El hecho de que viváis y trabajéis juntos un mes no los convierte en tus muy mejores amigos, y puede ser que, a pesar de todas sus virtudes, tú todavía necesites tiempo sin su presencia para tomar aire.  No quiere decir que te caigan mal, simplemente que tú, antes de ellos, ya tenías una vida (seguramente comparable a la vida que tienen ellos en sus lugares de origen), y que a lo mejor no quieres paralizar esa vida para estar con ellos cada minuto del día. Si expresas este deseo en voz alta, se ofenderán y hablarán pestes de ti cuando vuelvan a sus lugares de origen.

 

. La madre: esa señora o matrimonio que, ahora que sus hijos ya no los necesitan, se vienen al África a criar los hijos de otros. Se concentrarán en pequeñas cosas como limpiar mocos a los niños o cambiarles de ropa cuando se meen. Suelen ser apañados y dar poca guerra. Puntito Kumbayá, pero sin exagerar. La única pega es que se angustian enseguida cuando la Santa Infancia tiene problemas o se hacen heridas, aplicando el nivel de bienestar que han conseguido proporcionar a sus hijos como el obligatorio inamovible para toda la Humanidad, cuando a veces no es posible.

 

. Los voluntarios: Esto engloba todas las categoría anteriores, y alguna más. Son gente que viene con la firme intención de ayudar a los que menos tienen. Están algo cargados de tópicos y expectativas, pero la mayoría consiguen reemplazarlos por percepciones reales. Si son voluntarios de tiempo breve, seguramente la experiencia les será más útil a ellos que al proyecto pero, en cualquier caso, su presencia tiene sentido: vienen con una energía que los que vivimos aquí sólo tenemos en los días de sol, no les importan las lluvias y consiguen que vuelvas a maravillarte ante cosas que se te habían olvidado, que te acuerdes de aquellas pequeñas cosas que te emocionaron tus primeros meses aquí. Para la Santa Infancia son una novedad siempre bienvenida y una vía de contacto con el mundo exterior. De hecho, como a los que se quedan poco no les da tiempo de vivir situaciones feas ni de echar broncas, los recuerdan con gran afecto. Vivir con ellos es siempre una aventura, aunque a veces ellos no se den cuenta de que la aventura en sí misma puede ser algo tan simple como dar un abrazo, jugar a la comba, arbitrar un partido o pintar una pared.

 

Y la mayoría, eso sí, suelen acabar venerándote. Y siempre se agradece.

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