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Archive for the ‘Etiopia’ Category

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Oct 06

FoQ YOU

De verdad, quería escribir hoy sobre la Santa Infancia. Pero es que este post que ustedes están a punto de leer lo llevo en el alma hace mucho, carcomiéndome las entrañas. De lo que verdaderamente quiero hablar hoy es de series españolas. Concretamente sector adolescente. Y ya, si ustedes quieren, pueden dejar de leer.

Porque aquí donde ustedes me leen, yo me pasé el mes de verano bendiciendo a la Neox, que me reponía Física o Química a la hora de mi siesta, serie que jamás vi cuando vivía en España, y a la que me enganché en agosto. Me fascinan los adolescentes de ahora mismo, momento actual. Me encantan sus contradicciones: de cintura para abajo van híper escuetos con sus pitillos, y de cintura para arriba se ponen una capa detrás de otra, coronadas por palestinos, cinta para el pelo, pendiente y ferralla varia, y parecen un árbol de navidad que se va viniendo a menos conforme se acerca a la raíz. Menos Paulita, que con los dos piercings, como dice Míster K., parece una jabalina (lo que viene siendo una jabata o hembra de jabalí, pero dicho mal, que nos hace más gracia).

Luego son gente maja. Cuando duermen. En el colegio ése son unos cabrones de mucho cuidao. El mote más original que tiene la serie es el que le han puesto a la Yoli, a la que todos cariñosamente llaman “zorra poligonera”. Sin rencores. Me vi la primera temporada, ésa en la que Cova casi se queda preñá por accidente. Que quién es Cova. La lista de la clase. Luego me han dicho que Paulita es la tonta que va y se queda preñá, pero de verdad. De Gorka. Y luego dirán que los porros dan problemas de esterilidad. El niño se fuma tres canutos por episodio. Allí estás tú, en tu sofá, repantingada, en el séptimo cielo y Gorkita en tu televisor, echándose un petardo detrás de otro y diciendo una chorrada cada vez más grande que la anterior. Adoro la vida en el primer mundo. Tiene esos momentos “karma” donde todo encaja.

Por si FoQ no fuera bastante (me encanta el nombre, me pasé el verano gritando por casa what the FoQ?!!! a voz en cuello), una amiga me ha grabado…. tachán, tachán… El Internado, esa serie en la que a todos los personajes les falta oxígeno y por eso tienen los labios morados. No me quejo, porque los labios hacen juego con la expresividad de sus caras. La mitad del casting muestra un abanico de emociones comparable al de una piedra de río. Eso sí, no tienen ni un grano, y allí le ganan la partida a FoQ, que sólo tiene un buenón (Cabano), mientras que en EI, pues tienen dos. Y dos es mejor que uno. Sobre todo si hablamos de pseudoporno adolescente.

Además, los de EI llevan menos flequillo, uno de los grandes excesos de FoQ.

Me estoy haciendo tan fan, tan fan, que estoy por cambiar el uniforme de la guardería de la Santa Infancia y ponerles los mismos colores que los de El Internado. Pero con la falda como dos metros más larga, que el hecho de que sean pobres no quiere decir que no tengan dignidad, como nos recuerda Elenita Furiase capítulo sí, capítulo también.

Y sí, yo también creo que Evelyn está muerta, y que sólo la ve Paulita, que está un pelín perjudicá.

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Oct 04

SONRISAS Y…

Este año tenemos un manatí . Obviamente, no es un manatí real. Es un miembro de la Santa Infancia que, a Dios pongo por testigo, tiene cara de manatí. La Santa Infancia al principio decía que tiene cara de rata, porque no saben lo que es un manatí. Ahora, aunque todavía no saben lo que es un manatí (no he encontrado ninguna foto), pues todos lo llaman Manatí. Es curioso, porque los únicos que pillamos el chiste somos los frenjis, que nos encanta decir cosas como, “el Manatí se ha cagado, hay que limpiarlo”, o “el Manatí está berreando en mitad del patio”. Y es que al Manatí, que tiene siete años, antes lo llamábamos Claxon, porque cada dos minutos se ponía a rugir como un becerro y nos mataba bastante los nervios.

Además de la cara, el Manatí tiene piel de manatí. Nunca he tocado un beluga, pero su piel tiene por fuerza que ser igual de suave que la de nuestro Manatí. De verdad que es como alucinante: no es que tenga la piel como el culito de un bebé, es que tiene la piel como una reproducción sintética y perfeccionada, elaborada experimentalmente en los laboratorios de Procter & Gamble, del culito de un bebé. Me paso horas acariciándole las mejillas y el Manatí se ríe sin saber muy bien por qué, porque es algo tonto.

Como digo, el Manatí al principio nos sacaba de quicio, porque a lo mejor estábamos jugando a pillar, y alguien empujaba por error al Manatí, y de repente se tirada al suelo y se ponía a chillar como un lechón al que le están haciendo un tatoo del Entierro del Conde Orgaz en el omoplato, y no había quien lo calmara.

Esto la Santa Infancia lo hace mucho, que por cualquier tontería se pegan jartás de llorar. Yo instruyo siempre a nuestro personal: si chillan, es que no les pasa nada. Es una verdad universal. Cuando a la Santa Infancia le duele algo de verdad de la buena, no dicen ni mú. Cuando a la Santa Infancia algo le hace mal, al máximo les caen dos o tres lágrimas, como gotas de agua de las estalactitas, que llevan meses preparándose a caer, hasta que al final ruedan mejilla abajo. Un poco como en los anuncios de Veri.

Eso nos pasó el otro día con T. (once años), que lloraba bajito porque le da mucha rabia tener que ir a mendigar con su padre que es ciego. Porque a T. no le parece justo que, para dos meses al año que su padre pasa en casa (los necesarios para procrear otro hermanito con la madre de T.), él tenga que cuidarlo todo el tiempo. Porque a T., aunque no lo dice, lo que de verdad le gustaría es que su padre no volviera más. A T., además, le da mucha rabia ser pobre, y, cuando le preguntamos si tiene algún problema, sólo baja la vista y deja correr dos lágrimas. Una y dos.

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Jul 16

REFLEXIONES ESTIVAS

Este verano tenemos invitados. Son cuatro niños procedentes de un orfanato de una conocida congregación religiosa. Son niños ya mayores -más de ocho años- a los que alguien en su día juzgó no aptos para la adopción, por lo que se han quedado en el orfanato. Dado que normalmente pasan sus días rodeados de niños con cabezas de perímetro antinaturalmente grande, entre otras muchas discapacidades físicas y mentales (los que han estado allí saben de qué estoy hablando), pues a una voluntaria de allí se le ocurrió que a estos cuatro, que son casi normales, les vendría bien pasar el verano con nuestra Santa Infancia que, no siendo muy normal, tampoco presenta en su mayoría taras tan llamativas como los niños del orfanato.

La Santa Infancia los ha acogido bien porque, como digo, entran bastante en el average nuestro: una joroba, ligeras limitaciones mentales, una dermatitis algo aparatosa… nada nuevo bajo el sol. El primer día lo pasaron bien, hasta que llegó la hora en que les damos galletas antes de irse a casa. Entonces, uno de estos cuatro, cuando le tocó el turno de coger sus galletas, dijo:
_ No, gracias. No tengo hambre.
Y allí se hizo un silencio como muy sepulcral, y todos se quedaron mirando a esos cuatro niños sin hambre. Y alguien, por lo bajini, dijo: _ Estos niños son un poco raros, ¿no?

Hoy ha sido su segundo día, y ya estaban más sueltos y hablaban con la Santa Infancia que, como suele hacer, les ha asediado a preguntas sobre dónde viven, a qué escuela van, si tienen padres o no y otros particulares de interés. Estos cuatro les han explicado que viven en un orfanato.
_ Y allí donde vosotros vivís, ¿los niños se quedan para siempre?
_ No – ha replicado uno de ellos-, hay algunos que encuentran padres y se van
_ ¿Adónde?
_ A otros países. A España
-lo juro, que lo ha dicho el primero- , a América, a Bélgica…
_ ¿Y quién elige a los que se van?
– la Santa Infancia no conoce el concepto de “temas tabú”
_ Los frenjis -han repuesto
_ Y a vosotros… ¿por qué no os han elegido?

Y allí se ha hecho de nuevo un silencio bastante incómodo. Bueno, yo lo he encontrado incómodo, porque los cuatro niños simplemente se han quedado pensando un rato, y al final, han dicho:
_ Ene enyá

Y se han puesto a jugar con los aros de goma, de esos que se empujan con un alambre, que la Santa Infancia les ha fabricado como regalo de bienvenida.

Este verano tenemos invitada a la cara oculta de la adopción, a los que fueron asignados al equipo que nunca gana, a los que sólo verán partir a los demás.

Este verano nos lo vamos a pasar chicha. Verás tú qué fiesta.

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Jul 13

¿CAMPEONES?

Lo estoy llevando lo mejor que puedo. El Mundial, digo. La gente me para por la calle y me felicita, como si hubiera jugado yo. O como si me fueran a dar alguno de los miles de euros que les darán a los chicos de La Roja. Yo acepto los parabienes con la máxima dignidad, e intento no pensar en el asquillo que me dan este tipo de cosas, este encumbrar a dioses mediocres, este presuponerles valores humanos de pureza e integridad inalcanzables para el resto de los mortales. Me concentro en ideas como que eventos como el Mundial dan esperanza a mucha gente que realmente necesita evadirse de la dureza de la vida cotidiana (no todos pueden ver Glee), aunque en el fondo estoy convencida que es el “pan y circo” de nuestro tiempo. Sólo que sin pan.

Ayer vi brevemente el sarao montado en España, con millones de personas en las calles viendo el partido. Es lo que tiene el paro, que te deja mucho, mucho tiempo libre. Como conclusión positiva (soy una persona bastante contradictoria), diré que me parece justo que hayamos ganado el primer mundial celebrado en África: dentro de poco, nuestras cifras de desempleo no tendrán nada que envidiar a las de la mayoría de países africanos.

Y encima, la Santa Infancia ha comenzado a emular alguno de los peinados imposibles de las estrellas del Mundial.

Pues eso, que ya lo dice Shakira: Waka, waka.

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Jun 21

ANIVERSARIO

Hoy F. ha tomado posiciones en mi dobladillo a primera hora de la mañana. A media mañana, ya me había comentado cinco veces que hacía un día precioso, y yo estaba empezando a mosquearme, porque la verdad es que hoy ha hecho un día bastante londinense.

Al final, me lo ha dicho:
_ Mi madre quiere que vengas hoy a casa.
_ ¿Por qué?
_ Porque hoy hace un año
_ ¿Un año de qué?

Y se me ha quedado mirando, callada, porque no le salían más palabras, porque no quería decirlo. Porque hoy hace un año que nos pasó esto. Porque hemos conseguido vivir sin ella, y todavía nos da la sensación de que no hubiéramos debido lograrlo.

Su familia ya no vive en la misma casa. Han alquilado el apartamento que recibieron del gobierno porque no llegaban a pagar las mensualidades. Con el dinero de ese alquiler, además de pagar la mensualidad del apartamento, alquilan una pequeña casa de ladrillo, bastante digna, con dos habitaciones. Han comprado una máquina para hacer injeera y parece que las cosas les van bastante bien. Su madre todavía lleva el jersey de chándal de Zewde. Empiezo a preguntarme si se lo ha quitado alguna vez en el último año. Al margen de ello, la señora me ha saludado con su habitual afecto, un afecto que no merezco, sobre todo si tenemos en cuenta que le devolví a su hija en una caja de madera.

La misma F. ha cambiado. Ahora lleva el pelo largo, y ya no nos duele tanto que se parezca tanto a su hermana.

El tiempo pasa, las heridas siguen allí, pero duelen siempre un poco menos. Un año después, somos más fuertes, somos mejores, somos distintos. Un año después, miramos atrás, y entendemos que podemos seguir adelante. Podemos seguir adelante, incluso aunque ella no pudiera. Un año después, su ausencia hay días que duele tanto que nos corta el aliento. Pero seguimos respirando.

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Jun 18

VEO VEO

A la Santa Infancia le gusta jugar con mi cara. Me apartan el flequillo y exclaman ¡mira, parece otra! Me quitan las gafas y también parezco una persona distinta. Imito a un pez, y parezco un pez. Hago como que duermo, y parece que me he muerto. Finjo enfadarme, y les doy miedo porque no me reconocen.

Con los años, la Santa Infancia me conoce mejor que yo misma. Les basta una mirada para saber el contenido exacto de mis emociones. Saben hasta dónde pueden probarme, saben cuándo estoy triste (normalmente también saben los motivos de mi tristeza), y saben que hay días en los que no me canso de cantar.

Este año he empezado a conducir. Hace poco llevé a varios de los grandes en el coche un domingo. Cuando volvimos, les pregunté que qué les habían parecido mis habilidades conductoras.
_ Lo haces bien, pero te falta seguridad en ti misma.

Si mi madre no estuviera viva y coleando, pensaría que su espíritu ha poseído a mi Santa Infancia. Esta frase podría resumir a la perfección mi vida entera, supongo. Ellos son así, cuando menos te lo esperas, te ahorran la visita al psicólogo. Y gratis, tú.

La Santa Infancia son tremendamente intuitivos. Rara vez ven las cosas blancas o negras, sino que ven los matices, los grises, los rojos… Te miran y ven la persona que eres, pero también la que te gustaría ser y la que deberías ser. Te miran y te ven tal como eres, con tus sombras y tus dudas, con tus culpas y tus logros. Toda tú, concentrada en sus ojos, en sus vidas.

A veces da miedo que alguien te conozca tan bien.

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Jun 04

NUEVA VIDA

La semana pasada nos llegó D., fresquita y todavía con aroma a autobús desde el gueter. Es de Goyam, huérfana y vive con su abuela a la que, para variar, le faltan cachos. Trece años y, hasta el momento, ni una letra en su vida. Fue verla y admitirla todo uno, porque decididamente pertenece a nuestro target de beneficiarios.

Los dos primeros días, como suele suceder, los pasó sentada al lado de Brother House, callada, tratando de pasar desapercibida y mayormente aterrada. Saludaba educadamente por las mañanas y antes de irse por las tardes. Y ya.

El tercer día… el tercer día le dio el subidón, y empezó a reírse por todo. Y empezó a besarme, y a abrazarme constantemente, maravillada de la vida. Y yo la abrazaba también, y nos reíamos como dos tontas. Tontas del bote. Y yo hacía muecas, y ella las imitaba, y nos volvíamos a reír. Y el resto de la Santa Infancia nos miraba un poco perpleja, porque ya se les ha olvidado que ellos también, un día, descubrieron las risas y los abrazos, y que a ellos también les dio un subidón que parecía que iban drogados de vida.

Los días han pasado, y D. se ha tranquilizado un poco, a Dios gracias. Sigue maravillándole cuando pronuncio su nombre por las mañanas, y todavía bastante a menudo viene y me abraza fuerte, fuerte, como si tuviera miedo de no poder hacerlo nunca más.

La Santa Infancia, a veces, se ríe de ella y le toma el pelo, y la llama komche. Ellos, que nacieron en New York. Hace un par de días me enfadé, y les dije que reírse de D. es reírse de ellos mismos, de sus padres, de su cultura. Y asintieron circunspectos (ellos también saben), y se pusieron a trenzarle el pelo a D., para que parezca un poco menos komche.

Ella está encantada de la vida, pero a mí, a veces, cuando la veo tan, pero tan emocionada, se me hace un nudo en el estómago, porque sé que la emoción pasa, y te queda la soledad de una ciudad en la que cada uno va a lo suyo, en la que no entiendes nada y en la que nadie te entiende. Porque los niños komche, aunque se olviden de que una vez fueron komches, siempre tienen como una tristeza dentro, como una nostalgia en los ojos. Nostalgia de piedras, de montañas, de espacios abiertos. Nostalgia de gueter, supongo. A los frenjis nos pasa algo parecido.

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May 28

POLÍTICA

Sí, nena, que este también es un blog con aspiraciones. Porque ustedes, a tenor de lo que leen en esta página, deben de pensar que servidora vive en el limbo, que no se entera de nada. Y mayormente es así. Pero no siempre.

Las elecciones fueron el pasado domingo. La jornada, de lo poco que se sabe (o que sé yo), transcurrió con normalidad. Durante las dos últimas semanas, el partido oficial (de cuyas siglas nunca consigo acordarme) llenó la ciudad de carteles con abejitas, que es el símbolo del partido. Que yo al principio pensaba que era que vendían miel, pero luego ya empezó a mosquearme que se vendiera miel en cada rotonda de Addis Abeba, y decidí pararme a leer uno, y me dí cuenta de que no era que vendieran miel ni que hubieran rociado insecticida contra los mosquitos de la malaria. Los cartelillos con los que nos han empapelado pedían el voto para el partido del amigo Meles. Parece la ciudad el feudo de Ruiz Mateos, con tanta abeja y tanta colmena. O la Facultad de Farmacia de Pamplona.

Además del partido de mister Zenawi, están los demás, la oposición que, a lo que parece, son un ciento, bastante pequeños, y mal avenidos. Y que el amigo Meles, que controla todos los medios de comunicación del país, pues no les deja mucho espacio en ningún sitio para promocionarse, y eso te limita. Claro.

El caso es que, tras algunos incidentes en los campus universitarios de Arat y Setdist Kilo hace un par de semanas, las elecciones transcurrieron el domingo con normalidad. Y así, para celebrarlo, el martes el partido oficial organizó un acto de apoyo a sí mismo en Meskel Square, que, según lo visto en televisión, se convirtió en una fiesta de la victoria. Vamos, que tenemos Meles Zenawi pa’ rato, porque a estos no los quitas ni con agua caliente.

Y ahora a esperar los resultados que, me da a mí en la nariz que los darán coincidiendo con la próxima fiesta que conmemora la caída del Derg (la junta de gobierno comunista que gobernó después de Haile Selassie) y, hala, más victoria todavía.

Y es que el amigo Meles, dicho así entre nosotros, siempre gana. Y si no, que venga alguien a discutírselo. Yo, desde luego, no pienso, a ver si me van a cerrar el garito, y me tengo que poner a buscar un trabajo asalariado.

P.D: La Embajada nos ha invitado a la recepción/fiesta de apoyo a la selección de fútbol, dentro de una cosa que se llama Desafío Cruzcampo y que no tengo ni idea de lo que es, porque todas las páginas webs que he intentado consultar para averiguarlo son de fútbol y están llenas de animaciones imposibles de abrir. En cualquier caso, adivina quién no va a ir…

P.D 2: Me he enterado de que, al final, el dinero de la Cooperación sí se toca. Y yo que ya me estaba haciendo la camiseta con la frasecilla…

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May 21

THE BOSS

Nunca pedí ser jefa de nadie. Hay quien tiene aspiraciones, quien se siente empujado a altas responsabilidades. Yo no. A mí me encanta ser subordinada, obedecer, ser la empleada perfecta. Y eso se me nota. De hecho, mis actuales empleados me toman por el pito del sereno.

Ayer, sin ir más lejos, eran las ocho y, salvo las señoras de la cocina que empiezan a las siete, el resto de trabajadores estaba totalmente missing. Una limpiadora, una encargada de taller, tres profesoras, una enfermera, un chófer y un trabajador social. Todos llegaron con retraso. La mayoría alegaron la lluvia (increíble, pero aquí la lluvia es un motivo ampliamente aceptado para llegar tarde a trabajar). Sólo que empezó a llover a las ocho y cinco.

Lo mejor del caso es que, si yo les hago notar que me molesta profundamente que lleguen tarde, se rebotan y no me hablan el resto del día. Y entonces me angustio y me pongo a pensar que a lo mejor tendría que habérselo dicho de otra manera, o que, total, no es para tanto, llegar tarde cuatro de cada cinco días. Y, al final, casi, casi que les acabo pidiendo perdón.

Como se habrá entendido, soy alérgica a los enfrentamientos de cualquier tipo. Me paso la vida evitando confrontaciones. Pienso que a mí me causaría una profunda crisis que alguien me dijera que soy una vaga, y no puedo evitar pensar que este sentimiento es universal. En esta línea, intento evitar sufrimiento a las personas que trabajan conmigo. Y así, cuando ya van dos semanas en que la señora de la limpieza pasa de limpiarme la oficina, ¿qué hago?. Pues me cojo el trapo, la fregona y la escoba y la limpio yo. Como una reina. Y si el trabajador social se niega a hacer los reports que le corresponden, pues llego yo, y, cuando ya pasan quince días de la fecha en que debía haber entregado sus informes, se los hago y pongo su firma junto a la mía, para que los que lo supervisan no se den cuenta de que no los ha hecho él. Y luego aguanto sus quejas diciendo que me entrometo demasiado en su trabajo.

Soy una jefa terrible, lo sé. Ellos también lo saben.

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May 19

LLAMADA EN ESPERA

La Santa Infancia se encontró el otro día una calculadora rota con forma de teléfono móvil, y nos hemos inventado un nuevo juego. Jugamos a que yo soy su secretaria, y recibo llamadas para ellos que les cambian la vida. Por ejemplo, que los llama la hija de Al-Amoudin, que es el señor más rico por estos lares, diciendo que, pasando por Koshe, ha visto a A. y se ha quedado profundamente prendada de su belleza, y que se quiere casar con él y ser felices y comer perdices en uno de los fabulosos palacios de su señor padre para el resto de sus días.

O que llaman para comunicarle a Z. que ha ganado el concurso de Míster Komche 2002 (no lo hay, pero debería haberlo), y que, a raíz de eso, lo han seleccionado para aparecer en un anuncio en televisión anunciando mantequilla de una cooperativa financiada por USAID en Welo (la veracidad está en los detalles). Y que, como el citado anuncio está también financiado por USAID, pues negociando, negociando (además de su secretaria, hacemos que soy su representante), conseguimos que le paguen dos mil birr por un día de trabajo (110 euracos).

O que un productor de Bolywood llama a D. para ofrecerle un papel estelar en la primera película india con protagonista etíope de todos los tiempos. Allí, además del salario, negocio las escenas de desnudo y besos, y nos morimos de la risa.

La verdad es que me sale bastante bien. De vez en cuando hago eso tan etíope -y, en mi honesto parecer, tan cateto- que es decir “ah?, ah?” cuando no entiendes algo al teléfono; y, cuando le comunico al interesado el objetivo de la llamada, tapo el auricular con la mano, para que la hija de Al-Amoudin o el productor de Bolywood no escuchen cosas que no son de su incumbencia.

Hay veces que se emocionan, sobre todo cuando negocio dinero de sus trabajos como actores en un serial de la Ethiopian Television, y me dicen por lo bajini “no insistas mucho, a ver si no nos van a dar nada”.

Cuando cuelgo, se quedan siempre un poco plof porque les encanta vivir la ilusión de lo imposible, e inmediatamente me dicen “mira que están llamando otra vez”, y me tengo que inventar otra historia.

Me gustaría creer que un día será verdad. Que alguien los llamará, y adivinará exactamente el color de sus sueños, y los hará realidad. Como mi fe no es lo bastante firme, de momento les cojo los recados que les da la vida. O los que debería darles.

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