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Posts Tagged ‘Etiopia’

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Jun 03

LA SEÑORA PARLAMENTO

Los cuarenta días después de Pascua y hasta Pentecostés son el tiempo de las bodas en Etiopía. Se suelen celebrar en domingo y la gente, como es muy apañada, suele irse a currar el lunes vestido con lo mismo que llevaba el día anterior para la boda. Te encuentras a los seveñás vestidos de traje y corbata, que parecemos una embajada.

Cuando fui a hablar con la señora Zeib, directora de la Oficina de Asuntos del Niño y la Mujer de Addis Abeba, pensé que ella también había estado de boda el día anterior, visto que lucía una túnica de terciopelo negra que parecía una actriz de segunda fila vestida para hacerse el book que la lanzará a la fama (o eso cree ella).

Yo había echado mi solicitud de adopción en su oficina cuatro meses antes, donde, como ya expliqué en su momento, me habían informado de que cada mes se reunía un comité presidido por ella, con los expedientes de las familias y los expedientes de los niños amontonados en dos orfanatos públicos de Addis Abeba, y procedían a las asignaciones. Los meses habían pasado y, ante la ausencia de ningún tipo de noticias, me colé en su oficina, junto a G., una amiga mía, también extranjera residente en Addis, cuya familia estaba en aquel momento en la misma situación que yo.

Tras los saludos iniciales, procedimos a explicarle que nuestras solicitudes habían muerto en la mesa de sus asistentes.

_ Aquí no hacemos adopciones internacionales– nos cortó

_ Ya… nosotros no somos adopción internacional. Somos residentes en el país desde hace más de dos años. Por lo tanto para la legislación etíope, somos una adopción nacional- le explicamos.

_ No. Vosotros hacéis adopciones internacionales, porque sois extranjeros

_ Residentes en Etiopía, no podemos solicitar adopción internacional porque vivimos aquí – obviamente, yo no puedo adoptar desde España, porque no vivo en España y no puedo solicitar la idoneidad en España.

_ Ya, pero os vais a ir- sentenció

_ Llevamos aquí ocho años, y no pensamos irnos antes de otros dos– respondimos, sabiendo que ella tiene toda su familia ya en el extranjero y que seguramente se irá antes que nosotros.

_ Ya. Pero no conocéis realmente Etiopía. No sabéis el amárico

_ Sí sabemos el amárico – esto, obviamente, lo dijimos en amárico.

_ Pero lo habláis mal

_ Trabajo en amárico. Traduzco en amárico. Leo en amárico– le respondí, como si fuera una escolar aplicada

_ A mí lo de las madres solteras no me gusta- siguió, mirándome fijamente- el niño será siempre medio huérfano. Mi madre se volvió a casar con un señor que no era mi padre, y siempre me pregunté quién era mi padre– completó

_ Todos nos hacemos preguntas sobre nuestros orígenes. Es normal. –contesté, a punto de soltarle “aishósh”- y respeto su opinión sobre la maternidad soltera– mentira, no la respeto, pero bueno- pero la ley etíope y la ley española me dan el derecho de adoptar como madre soltera

_ Aquí las leyes las hago yo- me soltó

_ Uy,– contesté- yo pensaba que las hacía el Parlamento

_ Bueno… es que no es ley, son reglamentos internos, y los estoy cambiando

_ Realmente, la posibilidad está recogida en la Ley de Familia. Y, en cualquier caso, usted todavía no ha cambiado nada.

_ Yo quiero centrarme en las adopciones nacionales- reiteró. Y allí procedió a explicarnos que las familias etíopes querían más a los niños adoptados: que los adoptaban en la primera semana de vida y que los elegían con rasgos similares a los de los padres adoptivos, y que nunca les decían que eran adoptados. Ergo los querían más. El niño, según la señora Zeib, crecía sin problemas de identidad.

Según sabíamos, en aquellos cuatro meses, su oficina había recibido quince solicitudes de familias, ocho frenjis y siete abeshás. Le preguntamos si cabía la posibilidad de que dieran prioridad a las abeshás, y luego nos asignaran a los frenjis. Respondió categóricamente que no había tantos niños en situación de adopción en Addis Abeba. Sólo el Kebede Tzehay –uno de los orfanatos bajo jurisdicción de su oficina- tiene doscientos niños de entre uno y seis años. Aseguró que todos están allí temporalmente, en lo que sus familias arreglan cualesquiera que sean los problemas que han conducido al abandono. Mientras pensaba que esta señora y su túnica son, eventualmente, también jefas del sector donde yo trabajo, le pregunté si Servicios Sociales tenía algún programa de seguimiento de estas madres que habían dejado a sus hijos allí. Tienen muchos programas me dijo. Ninguno específico para ese target. En cualquier caso, me dijo, la vida en Addis ha mejorado mucho en los últimos años. La gente vive mucho mejor. Le dije que yo vivía en Kore. Es verdad, el basurero prospera saludablemente. La gente que se pasa el día buscando entre la mierda, también.

Dio por concluido el encuentro asegurándonos que jamás nos asignaría ningún niño porque éramos dos familias extranjeras. Que ella a los frenjis no nos daba niños. Ni siquiera uno del Gambella, aunque nadie lo quisiera porque no se iba a parecer a nadie. “Y voy a cerrar la adopción para las madres solteras”, concluyó, mirándome. Ella sola.

Aparentemente, está casada con alguien del Partido. En los orfanatos bajo su cargo entran y salen los niños sin ningún control. De noche y de día. Sus hijos estudian en Estados Unidos, pagados por agencias de adopción.

Hay a quien sus asistentes, que aparentemente no tienen ninguna comunicación con ella, le han asegurado que sí pueden asignar, a cambio de una donación. Sé que hay gente que adoptó poco antes que yo y que sí consiguió asignación normal en su oficina. Realmente, no sé en qué momento su filosofía delirante tomó el control de la oficina. Su jefa directa, que sería la directora de la Oficina de Asuntos del Niño, la Mujer y el Joven, nos dijo que era consciente de esta situación, pero que no podía hacer nada. Nos recomendó ir a pagar a alguna otra parte.

Aquel día me prometí que, si mi futuro hijo llevaba todavía pañal, me lo llevaría a saludarla, Y lo dejaría encima de los sofás de cuero nuevos relucientes que la señora tiene en su oficina. Sin pañal. Fresquito.

Sorteé a la señora Zeib yéndome a adoptar a otra región de Etiopía. Al final, algunas semanas después de que la Nena llegara, volví a retirar mis documentos de la mesa de su secretaria. Había cuatro fotos de carnet mías que a lo mejor me sirven para algo. Evité verla. Hui sin mirar atrás. El problema no es la señora, creo. El problema es que todos hacemos eso: cogemos a nuestros hijos y huimos sin mirar atrás.

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May 27

EL DIABLO Y ASOCIADOS

Pasada la Pascua, y a la espera de Pentecostés, la Iglesia Ortodoxa etíope está que se sale. Hace tres días, la Santa Infancia me informó de que estaban vendiendo un CD titulado “Ye Seitan Mahaber” (La Asociación de Satán) por el módico precio de 25 birr. Obviamente lo compramos y, en la grata compañía de cinco de mis chicos grandes, nos dispusimos a verlo en casa. 40 minutos de alta comedia. De mearte.

El CD estaba presentado por un diácono ortodoxo, vestido de blanco, quien nos explicaba que en los albores de la Iglesia Católica (en serio, precisaba que era la IC), un monje hizo un pacto con el Diablo, quien le dio fuerzas para escribir la Biblia de Satán. Lo escenificaban con escenas de El Nombre de la Rosa. Según este diácono, la Biblia de Satán ha tenido una gran difusión en el mundo y, recientemente, un desalmado la ha traducido al amárico, y se está difundiendo también en Etiopía. Además, el DVD te explica que la Asociación de Satán la forman todo tipo de personalidades a las que el Diablo les ha dado fama y dinero a cambio de adorarlo. El elenco de los miembros de tan selecto club es de lo más granado: Justin Bieber, Jay Z, Beyonce, Miley Cyrus y, cómo no, Rihanna. Rihanna, según el DVD, es la que está peor porque se hizo una foto tipo reverencia en medio de un triángulo. Con esa foto, el DVD te explica cómo los huesos de los musculados hombros de Rihanna componen las orejas del carnero diabólico. Realmente creo que es el efecto que buscaba Rihanna con la foto. Lo de hacer el triángulo con las manos, o los cuernos, es para esta gente un símbolo inequívoco de pertenencia a la Asociación de Satán.

El DVD termina con una tertulia entre el presentador, otro diácono etíope y, -tachán, tachán- un diácono frenji que habla un amárico más que aceptable, y que va vestido con sotana negra. El diácono dice llamarse Rowan Williams, y asegura que antes de fraile fue rastafari y DJ, que es lo peor que se puede ser en la vida. A mí, después de buscar en Interné, me da que el nombre es totalmente fake (así se llamaba el patriarca anterior de la iglesia anglicana, mucha coincidencia). Y que me pone bastante de los nervios el hecho de que, si lo dice un frenji, será verdad por fuerza.

El hermano Rowan, actualmente diácono Tesfamikael, explica que las canciones religiosas (mesmur) vienen de Dios, y que toda la música que no es Mesmur (que se llama Zefen) es diabólica y viene del diablo. Dice que él lo sabe bien porque, hasta que vio la luz, era DJ. Después de una detallada explicación sobre las bondades de escuchar música no religiosa (vas derecho al Infierno), los tres diáconos se ponen a cantar una canción sobre la Virgen, pareciéndose mucho, mucho a los teletubis. Y luego se acaba el DVD.

El Mahaber o asociación cultural, para el que no lo sepa, son asociaciones formadas normalmente por mujeres, que se reúnen periódicamente, beben café juntas, y rezan y hablan de sus cosas. Yo me imaginaba a Rihanna y Beyoncé sentadas en mini bancos de madera, haciendo café, junto a Jay Z y Justin Beaber, y se me escapaba la risa.

Además, el DVD te dice que Michael Jackson también formaba parte del Mahaber, pero que luego se quiso salir, y que por eso lo mataron. Te ponen hasta una parte del video de Thriller para demostrarlo.

Lo peor de lo peor es que mi Santa Infancia, que a veces es más tonta de lo que parece, anda loca borrándose las canciones de Rihanna del móvil para evitar el consabido destino infernal. Eso sí, los vaqueros de pitillo (ye Beyonce surri, los llaman, los pantalones de Beyonce), que no se los quite nadie. Hasta que salga otro DVD de la iglesia ortodoxa, supongo. Yo ya les he dicho que si en el Infierno me puedo encontrar a Rihanna, a Beyonce, a Justin, a Jay Z, a Miley y a Michael todos juntos tostando café, allí que me voy de cabeza. A hacerme un selfie y colgármelo en el Face. Y, luego, ya si eso, when the sun shine we’ll shine together.

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Mar 26

MADRES EN CUARESMA

En estos viernes de Cuaresma, por la tarde, con la Nena nos vamos al Via Crucis de la parroquia que tenemos en el mismo recinto (no todos podemos llevar a nuestros hijos a Eurodisney). Para los no versados en materia religiosa, decir que el Vía Crucis recuerda, a través de quince estaciones, el camino de Cristo hacia la Crucifixión y su Muerte. Obviamente, con la Nena no aguantamos ni hasta la Verónica (Sexta estación), pero nuestra presencia da un aire un poco más familiar al exiguo número de parroquianos que tenemos.

Desde hace ya tiempo, para mí la Pasión no es el misterio de la muerte de Cristo. Es el misterio de una Madre que pierde a su Hijo. Esa, me parece a mí, es la gran tragedia de la muerte de Jesús: su madre, que ve cómo matan a su Hijo y no puede hacer nada. Tienes que creértelo mucho para aceptar que tu Hijo está muriendo por algo tan abstracto como los pecados del mundo.

Aunque las agencias de cooperación al desarrollo seguramente no compartan mi visión, considero que el nivel de progreso de los pueblos debería medirse por la capacidad de las madres para mantener con vida a sus hijos. En Etiopía, como lo era en España hace algunas décadas, es normal perder a un hijo. Si tienes seis, sabes con meridiana certeza que alguno no sobrevivirá. Así el luto por los niños pequeños es bastante ligero: si tienen menos de cinco años, muchas veces ni siquiera los entierran en un cementerio: los envuelven en el netelá y se van al monte a enterrarlos. Por eso, durante los primeros cuarenta días de vida, ni siquiera tienen nombre. Por eso, cuando se tienen gemelos, se amamanta siempre primero al mismo, al que parece más fuerte, para asegurar que al menos, uno de los dos sobrevivirá.

En España, la muerte de un hijo, sencillamente, acaba también con la vida de la madre. Es El Horror. Lo peor que te puede pasar. Sin paliativos. Cuando tienes un hijo, lo sabes: si él o ella se muere, tú también lo harás. Puedes seguir viviendo, y seguramente lograrás que parezca que sigues viviendo. Pero no. Una parte de ti, esa gran parte de ti, morirá con él o ella. A mí, desde que llegó la Nena, me pasa que no soy capaz de ver películas o series donde muere un hijo. Ya me he quitado de Glee.

Me impresiona cómo la miseria redimensiona todo. Cómo puede volver aceptable un hecho tan terrible como es la muerte de un hijo. Cómo el ser humano, en ese instinto de supervivencia que es más fuerte que cualquier consideración cultural o religiosa, llega a aceptar que los hijos pueden morirse.

Yo sí aplico este indicador en mi trabajo: si incremento la capacidad de las madres para mantener con vida a sus hijos, me daré por satisfecha. “No perdí a ninguno de los que me diste”. Yo sí he perdido a alguno, y allí es el vacío absoluto, el fracaso sin paliativos. Porque todas las madres del mundo deberían poder mantener a sus hijos con vida. Y porque nosotros deberíamos, al menos, conseguir que todos vivieran.

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Mar 10

DESPERATE HOUSWIFE

Uno lee este blog y le parece que mi vida es súper interesante, que vivo siempre en una intensidad emocional brutal, y que el peso del mundo descansa sobre mis hombros. Al menos, esa es mi intención. Así que el post de hoy les va a decepcionar. Mis cuitas de hoy se reducen a una sola: estoy sin babysitter. Y al borde del colapso.

La señora que nos ayuda habitualmente tiene a su madre enferma. Cosas que pasan. El problema es que la enfermedad fundamental de la madre es que tiene 80 años. Y eso no se le va a pasar ni hoy ni mañana. Ustedes dirán que soy despiadada, pero no. Soy tan encantadora que le dije: “no te preocupes, tómate tu tiempo, lo importante ahora es tu madre. Yo ya encontraré a alguien” Never mind, I’ll find someone like you, que diría Adelle. Ya. No sabía yo lo que estaba diciendo.

Después de pedir consejo a múltiples personas, llegó a nuestras vidas Abebayew, una chica joven. Ya el tercer día se presentó a mediodía, alegando que estaba enferma. Se le había infectado un pelo en la pierna. Yo he trabajado normalmente con pelos infectados en las ingles. Tuve que medicárselo, para asegurarme que viniera el día después. No la mandé a paseo porque a la Nena le caía bien. Tenía unas tetas enormes que a la Nena, aparentemente, le daban seguridad. Lo sé porque desde entonces no hace más que mirarle las tetas a todo el mundo y, si le dejas, aposenta la mano entre ellas. Así, calentita.

Una semana después, Abebayew se tomó otro día libre. El pelo infectado se le había curado, pero le habían entrado a robar en casa, y tenía que ir a la policía a poner la denuncia. O eso dijo. Otro día perdido.

Abebayew nos avisó el sábado de que hoy, lunes, no vendría. Dijo que le dolía la cabeza. Por otras fuentes he sabido que ha encontrado otro curro, pero ella me dijo que le dolía la cabeza y que seguramente el lunes también le iba a doler. Yo iba a contestarle que ni yo era su marido, ni quería sexo con ella, pero no lo hice y la dejé marchar.

El domingo encontré otra señora que hoy ni siquiera se ha presentado. La Nena ha estado toda la mañana llorando, y creo que echa de menos las tetas de Abebayew. Mira las mías, y rompe a llorar (estoy bastante, bastante menos dotada que Abebayew).

Y así las cosas, he puesto a la Nena a dormir, y me he dado a la vida de la perfecta Housewife. Ya me he visto dos episodios de Modern Family y este es el tercer post que escribo (la Nena duerme mucho). ¿Trabajar? Las señoras bien y las babysitters estamos exentas.

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Dic 03

LA NENA Y EL PELO

Poco a poco, la Nena y yo nos vamos integrando en nuestra nueva vida. Un punto importante, obviamente, es la parte de nuestra vida que compartimos con la Santa Infancia. Como los excesos son, eso, excesivos, hemos empezado a tomar contacto poquito a poco, en los momentos en los que en vez de quinientos niños, pues sólo hay cien o doscientos.

La semana pasada estuvimos con M. y su niña de dos años, a la que todos llamamos Mita. En Etiopía las niñas pequeñas se llaman Mita y los niños pequeños Abush. Cuando creces, si tus padres se preocupan minimamente, deberías transicionar a tu verdadero nombre, pero hay quien se olvida, y se le queda Abush o Mita para toda la vida. Hago otro inciso para explicar que la Mita ha pasado dos años completos sin separarse de su madre, quien trabajaba sólo cuando la Mita la dejaba en paz. En los intervalos en los que su madre trabajaba, la Mita ha jugado sin descanso con un batallón de niños mayores que ella. Estoy convencida de que la infantita Leonor no ha crecido tan estimulada como la Mita. Como resultado de la larga baja maternal de su mamá, la Mita dejó el pañal antes de cumplir los dos años, y, algunos meses después, es capaz de expresar una gran variedad de opiniones y emociones con claridad. Están intentando enseñarle a tostar el café. Además, estos días está aprendiendo el significado de la palabra “celos”, porque se huele que la Nena le está robando el puesto.

_ ¿Qué tiempo tiene la Nena?– me preguntó M.
_ Mmmm… no sé, como un año y medio
_ ¿Y todavía no camina?– me preguntó de nuevo, mirando alternativamente a la Mita y a la Nena.
_ Esto… no- respondí sucintamente. Y M. que seguía comparando la Mita y la Nena, la Nena y la Mita. Anticipando el golpe, reaccioné –la Mita a esa edad ya caminaba, ¿no?
_ No, -me repuso dignamente- la Mita cuando cumplió el año ya corría y todo. Al año y medio ya contestaba el teléfono.

Es lo que tenemos las madres, que nos encanta tener razón. A los 35 y a los 18. Además de las opiniones de M., –“la Nena no te camina porque la tienes que coger sólo de una mano, no de las dos”-, tengo todas las opiniones del resto de la Santa Infancia, que aunque no tengan hijos, sí han criado varios hermanos. “Tienes que masajearle las piernas con vaselina al sol”, “no hagas nada, ya caminará cuando quiera”, “le tienes que hablar en inglés, sino nunca aprenderá inglés” (NO quiero que aprendar inglés, quiero que aprenda español, pero es que la Santa Infancia se olvida frecuentemente de mi nacionalidad y lengua de orígen), “¿pero no tienes dinero para ponerle mantequilla en el pelo?”. Como se ve, el modelo de crianza etíope está pensado o para hermanos mayores sin escolarizar o para madres que no trabajan. Aquí también, es materialmente imposible que te dé tiempo de hacer todo lo que se supone que tienes que hacer con tu hijo y su cuerpo (masajes, pelos, ejercicios varios…).

Lo del pelo me dejó muerta. Más que nada porque tenían un punto de razón: la cabeza de la Nena aparecía un poquitín descamada. Oh, Dios Mío. La tiña, pensé. “No, no es tiña, es sólo seco”, me dijo M., marisabionda ella. “Sólo tienes que cuidarla más”. Remató.

Después de dialogar con la señora G., ese ángel que vela por nosotras, ante mi negativa a ponerle mantequilla, vengo a saber que lo más de lo más para el cuero cabelludo de la Nena es el aceite de zanahoria. A 153 birr la botella, señores. En los días de mi Etiopía me he gastado yo ese dineral en un champú. No me ha quedado más remedio, porque me he dado cuenta de que el estado de la cabeza de mi Nena sirve como barómetro público de mis capacidades como madre de una niña abeshá.

Y que se joda la Mita, que el pelo le crece todavía a cachos porque siempre duerme en la misma postura. Yo a mi Nena la giro, para que le crezca uniforme. Seguro que eso a M. no se le ha ocurrido.

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Nov 11

MÁTAME

_ Kaktus, me quiero cambiar el nombre

_ No

_ Mi madre ya me ha dado permiso

_ Yo no te doy permiso

_ Pero si el nombre te va a encantar –arqueo la ceja, porque no es que me fascinen los nombres nuevos que se buscan, y lo saben

_ De ahora en adelante, me llamaré Ana Paula.

Toma ya.

Y así vengo a saber que lo que ahora está de moda en Etiopía son las telenovelas. Bueno, esto no es novedad, ya expliqué en su día  que la Ethiopian Television hace unas telenovelas de mearte de la risa. El cambio –creo- es que se han quedado sin pasta para producción local y han decidido comprar en el extranjero, concretamente en Televisa Land (México Lindo). Y así ahora el prime time etíope lo copan dos novelas mexicanas (convenientemente dobladas al inglés): Cuidado con el Ángel y La que no podía amar.

Mi Santa Infancia se ha dado al fenómeno fan con devoción ejemplar y, aunque yo paso siete pueblos de las novelas (y de la tele etíope en general), ellos, que se preocupan por mi integración en la sociedad que me rodea, me mantienen al tanto de las cuitas de Ana Paula y Marichui (les juro que El Ángel se llama Marichui).

De lo que he podido entender, Marichui está enamorada del doctor Juan Miguel (Hakim Huan Miguel para mi Santa Infancia), un chico decididamente demasiado joven para ser doctor de ningún tipo. Marichui fue violada de chiquitilla, y no puede amar. Ah, no, esa es Ana Paula. Marichui creo que era niña de la calle hasta que la descubrió el Hakim Huan Miguel. O algo así.

Con el tiempo, la Santa Infancia –que no es tonta- se ha coscado de mi falta de interés tanto en la vida de Ana Paula como de Marichui. Hasta que un día me pillaron con una canción de Jesse y Joy en el ordenador, que, aparentemente, es la canción de cierre de la telenovela de Marichui (ye Marichui sefen, para los avanzados en amárico). Y han decidido que mi sarcasmo encierra una pasión oculta. Y aquí me tienen, que todos los días me llegan con el relato completo del episodio.

Creo que al final Marichui sí se queda con el Hakim. Lo que no sé es cómo, porque el Hakim está casado con una que se murió pero que no está muerta.

El mundo cada vez es más chiquitico, mi reina

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Nov 01

LO QUE PIENSAN LOS DEMÁS

En una de mis entradas precedentes sobre adopción (hay quien las lee), en los comentarios, mucha gente vino a decirme “no hay que preocuparse tanto por lo que piensen los demás”.

Yo también pensaba así y, generalmente, me identifico con el “lo que piensen los demás está de más” (mítico Mecano. Sí soy así de mayor). Hasta que vine a vivir aquí. Entendámonos, me tocan los dos pies muchas de las opiniones que otra gente pueda tener sobre mí, sobre todo si es gente que no me conoce y/o no me tiene ningún aprecio (de todo hay en el mundo). El problema es cuando este amplio colectivo de gente que no me conoce (en serio, son un montón) verbaliza sus opiniones una media de diez veces por minuto. Cuando vas por la calle, aproximadamente una de cada tres personas que te cruces te gritará “frenji”. Incluso sin necesidad de salir a la calle, tus compañeros de trabajo se referirán a ti como “la frenji”. Las madres de la Santa Infancia también preguntarán por “la frenji”. Cuando alguien quiera hablar de ti, te llamará por ese mismo denominativo. Siempre. Aparte de la constatación de tu raza con una palabra que –por mucho que haya quien afirme lo contrario- es peyorativa (yo la comparo con la denominación “gringo” para los estadounidenses en América Latina), es una palabra que te asocia con un montón de tópicos (superficial, colonizadora, explotadora, con aires de superioridad, rica, desesperada por limpiarte la conciencia a base de caridad…) basándose única y exclusivamente en tu color de piel.

Cuando vas con niño, de cualquier raza o edad, estas observaciones se multiplican. De una de cada tres personas, pasan a decirte algo la mitad de las personas con las que te cruzas, esperas en la cola de la fruta o vas en el minibus. No es exageración, es así. Una cosa es que te insulten una vez cada dos o tres meses (y, aún así, entiendo que puede ser terrible). Otra cosa es que te juzguen basándose únicamente en el color de tu piel (ergo, racistamente) una vez cada, aproximadamente, diez minutos. Todos los días. Siempre.

Al final, no puedes evitar que te importe y, sobre todo, te planteas si a tu hija le quieres hacer sufrir de esa manera. Porque, cuando cruce contigo la puerta de tu casa, exactamente la mitad de las personas que se encuentre le preguntará, sin ningún rubor de dónde viene, que relación tiene contigo, cuándo y por qué fue abandonada, y qué le parece el hecho de tener una mamá frenji. La mayoría de las veces se dirigirán a ella sin ni siquiera molestarse en preguntarme a mí primero, dando por descontado que ella sabe amárico y yo no (cuando, por el momento, es al revés).  Habrá quien preguntará con simpatía e intentando comprender una realidad diferente. Habrá quien lo hará buscando encasillarnos en el enésimo tópico racista. Pero todos, todos preguntarán. Y, cuando estés harta de responder y digas “nena, vamos a tomarnos un café, que no puedo más”, la camarera, antes de tomaros nota, os hará todas y cada una de las mencionadas preguntas.

Y sí, al final importa. Y es un problema. Para mí, honestamente, el problema más enorme de vivir en Etiopía.

 

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Oct 18

RABIA

Hace dos meses que se murió E. A pesar de que siempre pareció un poco tonto, no debía de serlo tanto, visto que murió suplicando que lo llevaran al hospital. Para su desgracia, su familia decidió llevarlo a las aguas benditas, que están justo al lado del hospital. Se bebió lo que le dieron y murió.

Horas más tarde, fui a su funeral. En animada concurrencia, me encontré a muchos de los progenitores de mi Santa Infancia, disfrutando de la tradicional comida funeraria. La madre de E., cumpliendo su papel a la perfección, lloraba inconsolable: “ojalá me hubiera muerto yo en su lugar”.

Ya. Ojalá.

Ojalá –pensé- ojalá os murierais todos. Los que pegáis a vuestros hijos, los que pasáis siete pueblos de ellos, los que acudís a comer a los funerales, los que nunca venís cuando se os necesita, los que dejáis morir a vuestros hijos, los que abandonáis a vuestros niños, pero luego lloráis cuando se mueren. Ojalá os murieráis vosotros. Si hubiera Justicia, os moriríais vosotros.

Me ofrecieron de comer. Lo rechacé sin demasiados miramientos, mientras me acordaba de cómo E. venía mitad de los días sin desayunar. Desesperada por salir de allí, solté algo de dinero que ni me alivió la rabia ni les enseñó nada a ellos. Hay situaciones de las que, sencillamente, no puede salir nada bueno.

Hoy ha salido el sol, y me he acordado de E. De la rabia que sentí en su momento, no me queda apenas nada. Me queda la tristeza de no poder reparar lo que se rompió. Me acuerdo de la mirada de Eshetu, esa que ponía cuando no acababa de entender las cosas. Me queda la certeza –y el dolor- de saber que no vendrá más.

Supongo que ya han celebrado los cuarenta días de su muerte. No me han invitado. Mejor.

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Oct 15

COSAS QUE HACER EN ETIOPÍA CUANDO NO TIENES UN DURO

En contra de los tópicos, hacer turismo en Etiopía cuesta un dinero. Yo hoy aquí quería ofrecerles un pequeño repertorio de cosicas que se pueden hacer de manera gratuita y que, a mí particularmente, m’ncantan:

1. Vagabundar por Merkato

Ir al Merkato a comprar, como ya expliqué en su día, es El Horror. Sin embargo, yo encuentro fascinarte ir a pasear sin rumbo fijo, sólo por el placer de ver de cerca El Caos Absoluto. Es verdad que te gritan mucho y puede ser agobiante, pero la cantidad de plásticos que puedes apreciar compensa con creces los pequeños inconvenientes. El máximo de la visita: coincidir con un camión cargado hasta los topes de plásticos en sus más diversas variantes. Para mí, comparable al Louvre. Sobre todo –además de los plásticos- las partes dedicadas a la cestería y a las especias.

2. Ir al molino

El molino es ese sitio donde uno va a que le muelan lo que tenga que moler: trigo, maíz y, sobre todo, berberé. La gente lleva el berberé ya mezclado (las pepitas de los chiles, pimienta y el largo etcétera de especias que lo componen) y allí te lo muelen, dando como resultado el preciado polvo. Los molinos son sitios oscuros y pequeños, pero la gracia está en la vertiente multisensorial de la experiencia: hueles a berberé por todas partes, y, recién molido, tiene un color precioso. El proceso del berberé se combina, en la misma habitación, con la limpieza de las harinas en tamizadores y otras moliendas. Yo, cuando van las cocineras, me apunto fijo. No me gusta mucho ni el picante ni el berberé en la comida, pero el olor de la especia me encanta. Y, una vez que te dejan de llorar los ojos (berberé is in the air), puedes hasta apreciar los colores.

 3. Ir por la mañana tempranito a Meskel Square.

Sobre las seis de la mañana, el pueblo etíope se pone en marcha. Alrededor de Meskel Square, la gente se concentra para correr. En general, entre las cinco y las seis de la mañana, puedes encontrar bastante gente prácticando jogging en toda la ciudad. Mola porque parecen una gente súper emprendedora y sanota. El top es cuando tienes la suerte de encontrar a algún corredor que, con zapatos de plástico y pantaloneta gueter, corre con el mejor de sus empeños.

 4. Ver la luna llena al atardecer

Cuando, a punto de anochecer, sale la luna, y coincide que es luna llena, se ve increíblemente grande, y mucho más cerca que en Europa. Desconozco la causa científica (sí, soy así de ignorante), pero se ve muy, muy bonita. Del cielo estrellado africano no hablo porque, la verdad, en Addis sólo puedes apreciarlo cuando se va la luz. Y es verdad que sucede bastante a menudo, pero sueles estar ocupada tropezándote por toda la casa buscando esa vela o linterna que dejaste tan a mano por si acaso.

 5. Los jardines del Sheraton

El Sheraton es el conocido hotel de súper lujo en Addis. Tomarse lo que sea cuesta un patrimonio y medio, pero a los frenjis nos dejan entrar sin hacer preguntas, y pasear por los jardines aunque no te tomes nada. Hay un parque de juegos infantiles bastante chulo, pero normalmente desierto. Si vas los martes y los jueves en torno a las siete de la tarde, encienden las fuentes y los focos en los jardines. No es la experiencia de tu vida, pero son cuquis de ver. Como digo, si vais con amigos abeshás, a lo mejor os indican que el paseo por los jardines es sólo para huéspedes. Y sí, esta última observación habla de racismo.

 6. Visitar una iglesia ortodoxa

Salvo que sean las de Lalibela, en las que la entrada va camino de costar lo mismo que la de Disneyland, entrar en las iglesias ortodoxas es gratuito. Yo voy con la Santa Infancia el día de Viernes Santo, jornada dedicada a la expiación de nuestros pecados (no todo van a ser cupcakes en el mundo), cuando los jardines que circundan las iglesias se llenan de fieles que repiten miles de veces las preceptivas genuflexiones. A mí me relaja.

Habrá quien incluya la ceremonia del café en esta lista. Yo no porque, aunque vayas de colegueo, siempre está bien llevar algo. Y ese algo costará dinero. Pero vamos, que con todo lo que os comento, te llenas un día estupendo.

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Jun 14

IDEAS…¿SIN RUMBO?

Las últimas semanas están siendo complicaditas. Adentrarse en el mundo de la adopción te avoca a cienes de interrogantes morales. Leo en Internet que muchas familias comparten esos interrogantes, que a la mayoría les han surgido después de la adopción. No lo sabían. Yo sí lo sé, por lo que todas las decisiones que tome (espero) serán con conocimiento de causa. Hasta ahora, algunas cosas que sé:

1. Si a una señora que te viene diciendo que quiere abandonar a su hijo, te ofreces a pagarle simplemente el alquiler de su casa (estamos hablando de unos veinte euros al mes), no abandonará a su hijo. Que lo quiera o no, es otro cantar. Muchos niños, en el target en el que yo trabajo, son fruto de la violencia. Téngase siempre en cuenta que ninguna de estas señoras ha elegido ser madre.

2. Hablando con gente que trabaja en orfanatos privados, les pregunté por qué las madres abandonan a sus hijos. Me respondieron “muchas veces tienen enfermedades terminales, como cáncer o Sida”. El Sida, también en Etiopía, seguido adecuadamente, entra más en la tipología de enfermedades crónicas, como la artritis. Nadie le diría a una señora con artritis que abandonara a su hijo, y muchas de las artritis son más incapacitantes que el Sida. Me quedó claro que cada vez que uno de estos trabajadores sociales se cruza con una señora seropositiva, le recomienda que abandone a sus hijos, porque no podrá criarlos. Si yo hiciera lo mismo, tendría un bus lleno de niños.

3. En los años que llevo trabajando con mi Santa Infancia, ha habido dos casos en los que me planteé recomendar la adopción. Uno era el caso de la señora F. que, con cuatro hijos, se estaba muriendo con el hígado en proceso de cirrosis debido a la Hepatitis. No probé a dar los niños en adopción porque no estaba segura de que el sistema garantizara que los cuatro siguieran juntos, y son hermanos muy unidos. En una decisión que en su momento me pareció irresponsable, decidí esperar y rezar a ver qué pasaba. Dos años después, la señora sigue viva y en estado de relativa buena salud. Depende absolutamente de nuestro centro para su supervivencia y la de sus hijos, pero siguen todos juntos. Si hubiéramos dado a los niños en adopción, estoy segura de que la señora F. se hubiera muerto.

Cuando M. se quedó embarazada tenía 16 años y a nadie en el mundo. Por supuesto, no quería ser madre. Incluso cuando fuimos a parir, el principal problema fue que ella no quería parir, porque no quería tener un hijo. A gritos, la hicimos parir. Desde ese momento, la apoyamos en todo lo que necesitó. A día de hoy, quiere muchísimo a su niña, que ahora tiene dos años, y que es lo mejor que nos ha pasado jamás. Ni la madre ni la hija son autosuficientes, y si les retiráramos la ayuda que les damos, acabarían inmediatamente en un prostíbulo. Dada la fragilidad de la madre, tampoco estoy tan segura de que, si aparece un eventual nuevo “marido”, no mande la niña a tomar por saco. Pero de momento forman una familia modélica. En su día, no le comenté la posibilidad de dar la niña en adopción porque seguramente lo hubiera hecho, y yo me habría quedado con una adolescente desestabilizada después de un parto que seguramente me habría reprochado de por vida que la hubiera convencido para dar a su hija a otras personas.

4. En Etiopía, si tú sueltas, digamos, 4,000 euros, salvo que sea para construirte una casa, puedes estar seguro de que una parte de ese dinero irá a parar donde no debiera. No es normal que tanta gente del sector adopciones tenga coche. Tener coche en Etiopía es súper, súper caro. Por mucho proyecto de desarrollo que gestionen, con su formación, su sueldo no debería permitirles comprarse un coche, salvo que trabajen para Naciones Unidas. He visto gente del sector que viaja con coches que cuestan, con los impuestos, 150,000 euros.

5. Una madre que esté dispuesta a vender a su hijo, por la cantidad o la circunstancia que sea –no sólo las que aceptan dinero a cambio de abandonarlos, sino también las que deciden mandar a sus niñas de nueve años a limpiar a casas de otras personas en la ciudad- seguramente no está preparada para ser madre, y seguramente su hijo/a estará mejor en otra familia que lo/la quiera.

6. Los operadores oficiales del sector se llenan la boca diciendo que están promocionando las adopciones locales (entendidas como adopciones solicitadas por familias etíopes). Vale. El problema es que la adopción, entendida como incorporar a tu familia un niño/a al querrás igual que a tus hijos biológicos y que será, a todos los niveles, tu hijo/a, no existe en la cultura etíope. Y nadie está haciendo nada para incorporar esa idea a la mentalidad general. Básicamente, lo que subyace, es que no quieren dar niños etíopes a familias frenjis. Porque no. No les interesa garantizar a cada niño una familia en la que crecer sino, simplemente, frenar las adopciones de niños etíopes en familias frenjis. Hay quien disimula y hay quien te lo suelta directamente a la cara. Normalmente, los que no se esconden son las personas a cargo de los distintos pasos del servicio. No consigo entender como las adopciones pueden depender de personas que no creen en la adopción. Es como si pusieras de patriarca ortodoxo a un musulmán.

7. Ni una sola de las personas que he encontrado en estas semanas y que trabajan en los distintos pasos del proceso de adopción parecen tener ni la más mínima idea de lo que supone adoptar para una familia. Para ellos es un proceso burocrático y tú eres, simplemente, una persona con prisa. Da igual que les repitas una y otra vez que el problema no es esperar, el problema es entender qué estás esperando. Para ellos tú eres un colonizador que ha venido a robar un niño. No entienden que las informaciones contradictorias te confunden. No entienden que, en lo más importante que harás en tu vida, consideras vital recopilar toda la información que puedas. No entienden que la incertidumbre te hace sufrir. No entienden que haces listas inútiles con lo que has conseguido averiguar, y que rezas para que, entre todos, no te coloquen en una posición en la que tengas que decidir entre ser madre o dormir tranquila el resto de días de tu vida.

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